POESIA PALMERIANA

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La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

domingo, 21 de febrero de 2021

Simbologia secreta de la decadencia de la flauta y reinado de los fantasmas de Ramón Sijé, por Ramon Fernández Palmeral

 


Ramón Sijé es el compañero del ala en la Elegíam de Miguel Hernández

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PRÓLOGO

 

 

APUNTES PARA UN ENSAYO SOBRE RAMÓN SIJÉ

       El nombre del malogrado escritor oriolano José Marín Gutiérrez (1913-1935), más conocido por el seudónimo literario compuesto por el anagrama de su nombre y primer apellido, Ramón Sijé, representa para mí los años juveniles e ilusionados de un joven licenciado en Filología Hispánica que admiraba al poeta de Orihuela Miguel Hernández y que, allá por el año 1980,  acudió a su profesor de literatura, por entonces recién llegado a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, Miguel d´Ors, para que le dirigiese su memoria de licenciatura sobre el poeta, que no sobre el ensayista. Fue este mismo profesor quien me sugirió que la realizase sobre Ramón Sijé, en especial por lo desconocida y enigmática que resultaba entonces su figura literaria. Y así fue como decidimos que afrontara la recopilación y el estudio de la obra periodística dispersa del oriolano, introducidos por el magnífico volumen del doctor Vicente Ramos sobre Miguel Hernández, publicado por editorial Gredos, donde dedica a Ramón Sijé enjundiosas páginas por las que siempre le estaré agradecido, pues constituyeron mi guía en aquellos momentos iniciales.

      A aquel estudio dediqué al menos dos años y durante varios meses consulté cuantos periódicos y revistas de la época se encontraban, tanto en la Biblioteca Pública Municipal “Fernando de Loazes”, de Orihuela como en la Biblioteca Provincial de Alicante que, si no recuerdo mal, se encontraba en la calle Juan Bautista Lafora. Lo mismo debo decir de la Biblioteca “Gabriel Miró” de la entonces Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, dirigida por el doctor don Vicente Ramos y en donde trabajaba el poeta oriolano residente en Alicante, Manuel Molina. Conocí y traté a ambos personalmente: con el primero aún mantengo una entrañable amistad, con el segundo la tuve, pero desgraciadamente ya no está entre nosotros. Él escribió el prólogo para mi edición de Textos sobre Ramón Sijé (1985). Suponía una alegría indescriptible para mí poder manejar aquellos periódicos y revistas de la época en los que colaboró el asombroso adolescente de Orihuela, descubrir sus textos y en muchos casos copiarlos a mano, ya que no era posible fotocopiar en ocasiones los periódicos.

     Otras veces, como en la Biblioteca “Gabriel Miró” de Alicante,  pude manejar esos mismos medios a través del microfilm. Mucho debo, en la realización de aquel trabajo inédito, a las facilidades y materiales bibliográficos que me fueron proporcionados por don Vicente Ramos y por el poeta Manuel Molina, amigo personal de Miguel Hernández, para quienes guardo un sentimiento de perenne gratitud. Del mismo modo, hube de realizar consultas en la revista madrileña “Cruz y Raya”, dirigida por José Bergamín; en la gaditana “Isla”, dirigida por Pedro Pérez Clotet; en el periódico madrileño “El Sol” y en la revista sevillana “Nueva Poesía”, entre otras. También acudí a la Hemeroteca Municipal de Murcia, donde localicé las páginas literarias de “La Verdad” en que publicaron sus textos Ramón Sijé y Miguel Hernández, y en donde encontré datos de notable interés.

      Dos volúmenes de unas 400 páginas en total, que guardan entre sus cubiertas el esfuerzo y la ilusión de un joven licenciado que recogió y estudió la obra periodística del autor de La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas, ensayo sobre el romanticismo que varias décadas después publicaría el Instituto de Estudios Alicantinos, de la Diputación Provincial de Alicante, hoy Instituto de Cultura Juan Gil-Albert.  Por aquel tiempo conocí o entré en contacto con muchas personas relacionadas con Miguel Hernández y Ramón Sijé. Entre ellos no debo dejar de citar al abogado oriolano don Antonio García-Molina, quien me llevó hasta don José Torres López, cuñado de Ramón Sijé (casado con su hermana María Dolores), a don Francisco Jiménez Mateo, de una bondad y de una generosidad sin límites, marcadas por su extremado amor a Orihuela;  al matrimonio formado por Jesús Poveda Mellado y a Josefina Fenoll, “La panadera del pan más trabajado y fino” -como la llamó en sus versos Miguel Hernández-, quien fuera novia de Ramón Sijé. Ambos habían regresado a España después de largos años vividos en su exilio de México y residían entonces junto al mar de Torrevieja.

      No debo olvidar tampoco al oriolano residente en Murcia Ramón Pérez Álvarez, de quien conservo una extensa correspondencia y que me proporcionó, desinteresadamente, innumerables datos y materiales sobre los jóvenes escritores de aquel grupo de Orihuela, en especial el texto de la conferencia que Ramón Sijé leyó en la Universidad Popular de Cartagena con el título “Oleza, pasional natividad estética de Gabriel Miró”, de la cual realicé una nueva edición, pues había sido publicada con anterioridad en un periódico de esta ciudad murciana. Conocí también a otro oriolano, autor de una biografía sobre Miguel Hernández,  Francisco Martínez Marín; así como al catedrático murciano don José Muñoz Garrigós, seguramente el mejor especialista, junto a don Vicente Ramos, en la obra de Ramón Sijé. Él había realizado por entonces un estudio sobre la revista de pensamiento católico positivo “El Gallo Crisis”, de la cual conozco dos ediciones publicadas por el Excmo. Ayuntamiento de Orihuela. Más tarde pude consultar, del profesor Muñoz Garrigós, su Vida y obra de Ramón Sijé, en edición patrocinada por la Universidad de Murcia y la Caja Rural Central de Orihuela, uno de los estudios más completos sobre el escritor oriolano que me ha sido posible conocer.

      Entré en contacto con otros hernandianos, como el catedrático zaragozano Agustín Sánchez Vidal o el ferviente hernandiano Francisco Esteve Ramírez, Presidente de la Asociación de Amigos Miguel Hernández de Madrid; o el poeta Juan Ruiz Peña, residente en Salamanca y vinculado a la revista “Nueva Poesía” de Sevilla, con la que Sijé mantuvo una polémica que perduraría hasta el final de sus días. Muy especialmente debo mencionar también a la poeta y académica cartagenera Carmen Conde, quien me escribió cartas y me remitió libros tales como el titulado  Antonio Oliver Belmás y la Universidad Popular de Cartagena, de José Rodríguez Cánovas, con muy enjundiosos datos sobre Sijé; y a Josefina Manresa, de quien conservo igualmente algunas cartas, las cuales fueron publicadas en la revista literaria almeriense “Batarro”. Muchas de estas personas han fallecido y para todas ellas guardo un emocionado sentimiento de gratitud en mi corazón. Sepan disculparme con generosidad todos aquellos a quienes no menciono, expresamente, pero que me ayudaron de una u otra manera, tanto en mi trabajo sobre Sijé como en mi desarrollo personal y profesional en aquellos años decisivos para mí.

      Pero todo aquel mundo y aquella época espléndida de la literatura de Orihuela cumplió su tiempo en mi existencia. Ahora, el escritor, investigador y pintor Ramón Fernández Palmeral acude a mí para que ponga unas palabras preliminares a su ensayo Simbología secreta de  “La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas”, un estudio que ahonda en el ensayo sijeniano sobre el romanticismo histórico con ocasión de cumplirse en este año el septuagésimo aniversario de la muerte de su autor.  La decadencia de la flauta…, de Ramón Sijé,  agotó sus energías últimas: “He escrito mi ensayo levantándome al alba, escribiendo junto a la ventana para no ahogarme...” -dejó dicho en él-   Destaco la radical originalidad de las teorías sijenianas, hipótesis y argumentos. Lejos de ser un ensayo racionalmente académico, es un estudio que encara como pocos la esencia misma del concepto ensayo y la teoría de la literatura romántica. Sus intuiciones resultan tan acertadas como sorprendentes en ocasiones. Algunos de sus puntos de vista fueron esbozados en otros textos de Sijé, aparecidos con anterioridad en “El Gallo Crisis”, tales como que “el surrealismo era un romanticismo de escuela llevado a sus consecuencias últimas”. Resulta poco menos que asombrosa la complejidad y madurez de este ensayo para un joven que moriría  precozmente a los 22 años de edad, dejando tras de sí una obra que no tiene parangón alguno con cualquier otra en nuestra literatura reciente, en circunstancias similares. Pero en Ramón Sijé todo estaba por hacer. Resulta tópico decirlo, pero no deja de ser así, desafortunadamente. ¿Qué talento prodigioso el suyo? ¿Qué sorprendentes y lúcidas obras nos hubiera dejado, de haber vivido, aquel pelado y moreno “adolescente” de Orihuela, que falleció en la Nochebuena del año 1935? Prosa densa la suya, conceptual donde las haya, sometida a una tensión dialéctica, a menudo extrema, que no deja respiro a la inteligencia, audaz e innovadora, pese a su barroquismo esencial. Puede parecer obvio que en la mente de Sijé luchaba por fraguarse una maduración de conceptos y lecturas que truncó su temprana muerte. Su ensayo resulta de compleja lectura para el lector actual, pero junto a la revista “El Gallo Crisis” constituye, sin duda, el más valioso legado que nos dejara aquel pasmoso y joven abogado a quien Miguel Hernández dedicara su estremecedora “Elegía”, en El rayo que no cesa, para inmortalizar su nombre.

      En la Navidad de este 2005 van a cumplirse setenta años de la muerte de este oriolano irrepetible. Constituye un deber inexcusable para quienes admiramos y respetamos una obra tan singular como la suya, contribuir a su difusión y a su recuerdo... O como ha hecho Ramón Fernández con este elogiable trabajo que prosigue analizando en profundidad La decadencia de la flauta…: entrando en el críptico mundo sijeniano y llevando su investigación a extremos desconocidos hasta ahora. Él ha estudiado el romanticismo histórico y ha reparado en hallazgos que han pasado por alto otros investigadores, a lo que ha unido sus dibujos plásticos de fantasmas con flautas y otros instrumentos musicales, convirtiendo el texto en un ameno ejercicio ilustrado que nos anima a la lectura y comprensión de un libro de por sí árido y complejo.  Quizás lo mejor que podamos hacer por la memoria de Ramón Sijé sea releer sus artículos y ensayos sin que éstos dejen de asombrarnos por la originalidad y el talento que en ellos se refleja.

                                            José A. Sáez Fernández 

                                         Albox (Almería), diciembre 2005

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