POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com.
La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

lunes, 29 de noviembre de 2021

"Los cerezos en Japón". Libro regalo de haiku y senryu de Mª Consuelo Giner Tormo, ilustrado por Palmeral

Se acaba de publicar el libro "Los cerezos en el Japón" de María Consuelo Giner Tormo, ilustrado a todo color con 34  haiga o ilustraciones de Ramón Palmeral. Editorial ECU de San Vicente del Raspeig (Alicante-España).

Año 2021

 

                             Autora de los haiku y senryu

                            Autor de las ilustraciones

マリア・コンスエロ・ギナー・トルモによる「日本の桜」と題された壮大なギフトブックが出版されました。34の俳画またはラモン・パルメラルによるイラストがフルカラーで描かれています。サンビセンテデルラスペイグの編集ECU ISBN978-84-18573-37-8

アリカンテ-スペイン
Arikante - Supein

Maria konsuero ginā torumo ni yoru `Nihon no sakura' to daisa reta sōdaina gifuto bukku ga shuppan sa remashita. 34 No haiga matawa Ramon parumeraru ni yoru irasuto ga furukarā de egaka rete imasu. Sanbisentederurasupeigu no henshū ECU. ISBN: 978 - 84 - 18573 - 37 - 8

 

domingo, 28 de noviembre de 2021

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ DESALOJADO DE LA GENERACIÓN DEL 98

 

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ DESALOJADO DE LA GENERACIÓN DEL 98

 Por Francisco Fuster García/ Cuadernos Hispanoamericanos

Desde el punto de vista estrictamente cronológico, resulta difícil negar la pertenencia de Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 29 de enero de 1867 – Menton, Francia, 28 de enero de 1928) a ese grupo de escritores e intelectuales españoles al que la historiografía ha dado en llamar generación del 98, empleando una fórmula acuñada por Azorín y fundada, de forma tan discutible como eficaz, en el poder evocador de una fecha marcada a fuego en la historia contemporánea de España. Blasco tenía tres años menos que Miguel de Unamuno, dos menos que Ángel Ganivet, uno menos que Ramón del Valle-Inclán, cinco más que Pío Baroja, seis más que Azorín, siete más que Ramiro de Maeztu y ocho más que Antonio Machado. Fue, por tanto, coetáneo de los autores citados (a la mayoría de los cuales, además, conoció personalmente) y compartió con todos ellos ese complejo periodo del pasado de nuestro país que cubre, más o menos, las últimas décadas del siglo xix y las primeras del siglo xx. No obstante estos datos objetivos, lo cierto es que son escasos los manuales de historia de la literatura en los que se le considere un miembro de pleno derecho de esa generación; y en aquellos pocos en los que sí se le nombra, siempre se añade un matiz para justificar que, en puridad, la obra blasquista no forma parte del canon porque es algo distinto que conviene valorar aparte, como separado de lo que sería el núcleo duro del 98, integrado por Baroja, Azorín, Unamuno, Valle-Inclán, Maeztu y Machado.

Para entender esta especie de marginación o aislamiento, que no es en absoluto caprichoso, sino que obedece a una serie de razones, hay que remontarse hasta la época del cambio de siglo y situarnos en el momento histórico en el cual se produjo la aparición de los miembros de la generación del 98 en el «campo literario» del fin de siglo español, por usar la categoría teorizada por el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Desde esta perspectiva, lo primero que hay que tener en cuenta es que la irrupción de esta generación de escritores coincide en el tiempo y en el espacio de la España finisecular con el periodo de máximo reconocimiento de escritores realistas ya consagrados como Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Armando Palacio Valdés, Juan Valera o Pedro Antonio de Alarcón; autores que lograron vivir con cierta solvencia gracias a lo generado por la venta de sus libros. Por otro lado, no hay que olvidar tampoco que muchos de estos escritores fueron jóvenes de provincias que emigraron a Madrid buscando hacerse un hueco en el mundillo literario de la capital, donde intuían mayores oportunidades. Como ha señalado José-Carlos Mainer, la conquista del público se convirtió en el asunto clave en esos primeros años del siglo durante los cuales «se ha incrementado copiosamente la nómina de pretendientes al Parnaso» (2010: 46). En ese contexto de choque generacional, las relaciones entre los aspirantes a escritores profesionales y aquellos que ya habían logrado ese objetivo no siempre fueron fáciles ni cordiales, entre otras cosas porque los más jóvenes (la autodenominada «gente nueva») consideraban a los mayores (la llamada «gente vieja») como «representantes de los odiados valores de la Restauración y les reprochan sobre todo que ocupen posiciones morales e intelectuales dominantes que se oponen (o ponen freno) al pleno reconocimiento de su talento» (Lissorgues y Salaün, 1991: 164).

Como explicó en su día Rafael Pérez de la Dehesa, el público lector de Galdós y de la novela realista, formado por las clases medias y los grupos de artesanos y obreros ilustrados, siguió leyendo a los continuadores del realismo como Blasco Ibáñez, mientras que los escritores jóvenes «pasaron a crear un tipo de obra que solo podía ser apreciado por medios de nivel cultural relativamente alto» (1969: 225-226), lo cual propició la formación de un nuevo público burgués más culto e incluso la aparición de nuevos editores que centraron su trabajo en este tipo de literatura, quizá más exigente con el lector. En términos de mercado editorial, lo cierto es que «ninguna de las primeras firmas de nuestro siglo, con la excepción de Blasco Ibáñez, logró superar, y en muchos casos ni siquiera igualar los ingresos de sus antecesores literarios» (1969: 225). Frente al fracaso que, a nivel de ventas, fueron los primeros libros publicados por Azorín, Baroja, Valle-Inclán o Unamuno, sabemos que, a la altura de 1905, Blasco Ibáñez era, después de Galdós, «el novelista que más vendía en España, alcanzando tiradas que, como hemos visto, eran superiores a los 15.000 ejemplares» (Varela, 2015: 521). Por otra parte, se da la circunstancia de que este extraordinario y prematuro éxito coincidió con el periodo en el que más frecuentó Madrid y más relación mantuvo con los intelectuales que allí se movían. Cerrado su ciclo de novelas valencianas con la publicación de Cañas y barro (1902), redujo su interés por la política local e inició su ciclo de novelas sociales (La catedral, El intruso, La bodega, La horda) con el inequívoco objetivo de ampliar su campo de visión y de hacerse un hueco en ese complejo campo literario de la capital, donde cualquier escritor que quisiera merecer ese título debía jugar sus cartas. Por desgracia para él, y pese a lo incontestable de su triunfo comercial, sus novelas fueron tan bien recibidas por el público como minusvaloradas por la crítica, que puso reparos a su estilo, al que juzgó de precipitado o poco elaborado, e incluso al uso de un castellano que, al estar influido por su bilingüismo, también fue tildado de incorrecto.

Como ha argumentado Peter Vickers, Blasco era un hombre de acción, con una clara vocación política, que chocaba frontalmente con el modelo de escritor de la época y que sentía un claro rechazo tanto por los modernistas, a quienes censuraba su actitud impostada e hipersensible, defensora de una concepción elitista del arte por el arte, como por los intelectuales «de tertulia» que se pasaban la vida en el café, a los que afeaba su nula predisposición a implicarse en la vida pública y en los problemas reales de la sociedad. Frente a la falta de compromiso de los modernistas y al pesimismo abúlico de los noventayochistas, Blasco ejerció como un agitador político y cultural al que ni siquiera le gustaba considerarse un escritor profesional, justo por su deseo de distanciarse de quienes sí presumían de serlo: «Yo me enorgullezco de ser un escritor lo menos literario posible; quiero decir, lo menos profesional. Aborrezco a los que hablan a todas horas de su profesión y se juntan siempre con sus colegas, y no pueden vivir sin ellos, tal vez porque sustentan su vida mordiéndoles» (León Roca, 1967: 574). En el caso concreto de su relación con el 98, la diferencia entre Blasco y los miembros canónicos de esa generación es que fueron estos los que, por distintas razones, le lanzaron ataques personales o, en el mejor de los casos, mantuvieron con él una relación cordial que, sin embargo, jamás llegó al grado de la amistad. Por su parte, y ante las distintas muestras de desconsideración que recibió de todos ellos, Blasco optó, casi siempre, por un elegante silencio: rara vez respondió a las ofensas personales y nunca entró a valorar las críticas generadas por su literatura. Por eso, más que de un enfrentamiento directo, que jamás existió, lo justo sería hablar de la imagen negativa que se desprende del repaso a las opiniones que los noventayochistas vertieron sobre la persona y la obra de Blasco.

Todos contra uno

La relación entre Ramón del Valle-Inclán y Vicente Blasco Ibáñez es paradigmática del tipo de vínculo que unió al escritor valenciano con quienes componían la generación de la que, en teoría, él mismo formaba parte. Como ha argumentado Antonio Espejo (2005: 87-89), vistas sus trayectorias de forma global y con cierta perspectiva, a Valle-Inclán y a Blasco, nacidos en 1866 y 1867, respectivamente, les unieron más cosas de las que les separaron: ambos sentían la misma admiración por Italia y por la cultura clásica; se sintieron muy atraídos por América Latina y visitaron aquel continente en diferentes ocasiones (Valle-Inclán hizo numerosas estancias allí y Blasco no sólo visitó Buenos Aires, sino que incluso llegó a fundar dos colonias en la Patagonia); se declararon antimilitaristas, ya a finales del siglo xix y, cuando estalló la Gran Guerra, los dos se pusieron ideológicamente de parte del bando aliado; por último, ambos se posicionaron en contra de la dictadura de Primo de Rivera, participando de la oposición intelectual antifascista, en el caso del primero, y actuando en contra de la Monarquía y en favor de la República desde su exilio en París, en el caso del segundo. En este sentido, no había ninguna razón objetiva que hiciese pensar en un futuro enfrentamiento. De hecho, durante esos años de mayor presencia de Blasco en la capital, a los que ya me he referido, éste acudió –junto con Azorín y Galdós, que también estuvieron presentes– a un banquete en honor de Valle-Inclán que se celebró en el Café Inglés de Madrid, en 1904, con motivo de la publicación de su novela Flor de santidad. En ese mismo banquete, tanto Valle-Inclán como Blasco participaron en una entrevista conjunta que el escritor argentino José León Pagano les hizo a ambos, en un tono cordial y bastante distendido, hasta el punto de que Blasco llegó incluso a invitar a Valle-Inclán a que escribiese una serie de artículos –que jamás se materializó– sobre el idioma castellano para el periódico republicano El Pueblo, que él mismo dirigía. En definitiva, una relación que, sin llegar a ser íntima, ni de trato cercano, sí evidenciaba un respeto intelectual y personal que, por desgracia, no se mantuvo durante mucho tiempo, al menos por parte del escritor gallego.

El inicio del conflicto, como ha señalado Espejo, debe situarse en 1910, cuando Valle-Inclán, que se encontraba de estancia en Argentina, envió una carta a Azorín en la que se quejaba del mal trato que había recibido por parte de la colonia española en Buenos Aires y atribuía ese comportamiento, entre otras cosas, a la impresión que Blasco había dejado tras su paso por aquel país: «Para estos ataques hay otras razones: mi significación tradicionalista y el fracaso de Blasco, que habiendo venido jaleado por ellos, tuvo peor acogida por el elemento intelectual, y finalmente que no los quise por intermediarios en el negocio de las conferencias, ni darles un tanto por cien como pretendían» (1989: 503). Tras este primer reproche, realizado en privado, Valle-Inclán siguió lanzando nuevas críticas, ya abiertamente en público, a la obra de un Blasco al que consideraba un imitador de los novelistas franceses y a quien acusaba, conforme al argumento más común en los ataques al escritor valenciano, de sacrificar la calidad de su obra en beneficio de la rentabilidad económica. El único reconocimiento, si se le puede llamar así, que el autor de Luces de bohemia tuvo para con él, fue el hecho de admitir, en su respuesta a una encuesta de 1927, que –al igual que se podía decir de él mismo– Blasco era un autor cuya rebeldía natural le alejaba completamente de la ortodoxia y el academicismo, cosa que el gallego sí consideraba como un mérito: «Hay un tipo de escritor que nunca será académico: Unamuno, Baroja, Blasco Ibáñez; yo desde luego… Este tipo de escritor no será académico, en primer término, porque no lo busca. Luego porque la Academia, con su espíritu, con sus normas, con su vida quieta, ata, apaga en el escritor lo que en él haya de independencia, de rebeldía, de libertad» (1995: 339).

No obstante este moderado elogio, todavía quedaba por llegar el último ataque de Valle-Inclán a Blasco Ibáñez, que fue también el más duro, no tanto por su contenido, que no revelaba ninguna sorpresa, sino por el momento en que se produjo: a las pocas horas de la muerte del escritor valenciano, y por lo poco elegantes que fueron sus palabras. El desagradable episodio, que ya fue reconstruido en su día por J.-M. Lavaud (1974), arranca con el fallecimiento de Blasco el 28 de enero de 1928 en Fontana Rosa, su mansión de Menton, en la costa azul francesa. Un día antes de confirmarse el óbito, cuando llegaron a España las primeras noticias sobre el delicadísimo estado de salud por el que atravesaba Blasco, el periódico Informaciones realizó una encuesta en la que, bajo el título «Opiniones de varias personalidades sobre el maestro», se pidió a varios escritores una breve valoración sobre la obra blasquista. Valle-Inclán respondió a dicho cuestionario afirmando que ni había leído nunca a Blasco ni se creía la noticia de su muerte, que él interpretaba como un «reclamo» propagandístico más de los que, según él, tan bien se le daban al valenciano. Palabras que, si bien pueden considerarse sinceras, resultaban claramente imprudentes y, sobre todo, muy poco elegantes para referirse a una persona que ya agonizaba.

 

sábado, 27 de noviembre de 2021

La poesía es un instrumento afilado para conmover. Pedro Vergara

 "Si después hablamos de poesía, todo lo dicho anteriormente tiene aún más vigencia y aquí la atención pasa a cada una de las palabras, imágenes usadas, uso del lenguaje y nuevamente resonancia a nivel emocional. La poesía es un arma, un instrumento afilado para conmover y mostrar una nueva perspectiva en pocas palabras y pasajes, donde la síntesis es fundamental. La historia se condensa y se hace breve. Se coagula en pocas palabras para alejarnos del mundo y volver a verlo con ojos nuevos. La fuerza de la poesía es crear ese espacio especial para sentir y pensar mediante el lenguaje que es un arma viva y a la vez mortal " (Pedro Vergara, "Escribir y narrar").

viernes, 26 de noviembre de 2021

Feria del libro de Alicante para el 2022

 La explanada de España es, según  los libreros alicantinos, la Explanada. No hay otro lugar que sea mejor escaparate. El año 2022 debe estar dedicado a Miguel Hernandez por los 80 años de su muerte. Todo depende de la decisión del alcalde Luis Barcala.

La plaza de Seneca no es un  buen lugar para la Feria del libro. Se celebró el año 2021.

domingo, 21 de noviembre de 2021

46 años de la Marcha Verde en el Sahara Occidental

 


46 años de la Marcha Verde en el Sahara Occidental

Una herida abierta entre Marruecos y España

20 noviembre 2021,

El presente mes de noviembre de 2021 se cumplen los 46 años de la maniobra de presión de los Estados Unidos y Hasan II (rey de Marruecos), para forzar a España la entrega de su colonia del Sahara Occidental. El 5 de noviembre de 1975, unos 350,000 civiles desarmados, enarbolando banderas marroquíes cruzaron la frontera del territorio colonial español del Sahara, en la llamada Marcha Verde, mientras las potencias internacionales no condenaron lo sucedido. Finalmente, España, Marruecos y Mauritania, tras tensas conversaciones diplomáticas, acordaron que España abandonaría el territorio que era y es de los saharauis. Actualmente, España no puede hacer nada a favor de la antigua colonia del Sahara Occidental sin enfadar a Rabat que lo ocupa ilegalmente desde 1975, que lo considera suyo, por el simple hecho de ser colindantes. Marruecos tiene en contra, más de 50 resoluciones de la ONU a las que no hace caso. Marruecos es miembro de la ONU desde el 12 de noviembre de 1956...

 Leer completo en Wall Street International 

 





 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

El poeta Alfredo Gómez Gil en sala Altamira de ls Sede de la Univesidad de Alicante





Sede de la Univerisiad, sala Altamira. Alfredo Gómez Gil fue presenatado por la responsable de mayores de ls Sede Universitaria, así como por los poetas Francisco Mas-Magro y Consuelo Jiménez de Cisneros en la tardel del lunes dia 15 de noviembre de 2021, quiene leyeros el  amplio currículum de poeta lucentino. Con un lleno de público amante de la buena poesía.

Fotos cedidas por Juan Antonio Urbano.
 

viernes, 12 de noviembre de 2021

La Diputación de Alicante condecora al poeta Alfredo Gómez con la Encomienda de Alfonso X El Sabio

 

La Diputación de Alicante condecora al poeta Alfredo Gómez con la Encomienda de Alfonso X El Sabio

El presidente Mazón destaca la «inconmensurable aportación» del catedrático, escritor, investigador, filósofo, periodista y traductor

ALICANTE Actualizado:

El presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón, ha presidido este lunes en el Salón de Plenos de la institución el acto de reconocimiento al poeta y catedrático Alfredo Gómez Gil, con motivo de la concesión de la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X El Sabio. Tal como ha destacado Mazón, «la provincia siente un profundo orgullo por tener entre sus nombres ilustres a una persona que ha hecho de embajador de su tierra por doquier», al tiempo que ha reconocido «su inconmensurable aportación académica y artística universal».

«Eres alicantino de nacimiento, pero ciudadano del mundo», ha apuntado el presidente, quien ha concretado que Gómez Gil «siempre ha sido un aventajado ideológico, un precursor de acciones, un romántico del aprendizaje, una persona curiosa por naturaleza, ávida por exprimir lo que la vida le ha ofrecido y lo que él ha extraído de ella».

Por su parte, la vicepresidenta primera y diputada de Cultura, Julia Parra, encargada de conducir el acto, ha manifestado que la Orden de Alfonso X El Sabio reconoce a aquellas personas y entidades, españolas o extrajeras, que se hayan distinguido por los méritos contraídos en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia o la investigación, como en el caso de Alfredo Gómez, de quien ha destacado su extenso currículo profesional, desarrollado en países como Estados Unidos, China o España.

Mazón, encargado de clausurar el acto institucional, ha señalado en su discurso que Gómez Gil, que se define como poeta antes que cualquier otra de sus múltiples ocupaciones, «ha sido siempre un verso suelto en el mundo académico y literario universal y ha abierto horizontes didácticos, intelectuales y vitales, fruto de los cuales ha engendrado relaciones laborales y de amistad con personajes como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Severo Ochoa, Pablo Neruda, Arthur Miller o Picasso, entre otros muchos».

miércoles, 10 de noviembre de 2021

El Honor en la Guardia Civil por el coronel José Hernández Mosquera Jefe de la Comandancia de Alicante.

 

 

El 10 de noviembre de 2021 en el Centro de Arte del Ayuntamiento de Alicante, y organizado por la Hermandad Monárquica de España en Alicante se ofreció sendas conferencias sobre "Valores Militares" , entre ellas, una sobre El Honor en la Guardia Civil por el coronel José Hernández Mosquera Jefe de la Comandancia de Alicante. Fueron presentados por Frasciso Burló Carbonells presidente de dicha Hernández, así como de Juan Bosco Montero y como ponentes Joaquin Vergara, Otros ponentes Teniente Coronel del Ejército de Tierra Luis Miguel González Garijo. Comandante del Ejército del Aire Francisco Moreno Agudo. Con gran exito de publico que llenó la sala.

martes, 9 de noviembre de 2021

Video del acto de reconocimiento a Alfredo Gómez Gil. Diputación de Alicante. Encomienda con placa Orden Alfonos X El Sabio. Casa Real

El 8 de noviembre de 2021 se celebró en la hemiciclo de la Diputación de Alicante un acto de reconocimiento con motivo de la concesión de la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X el Sabio, por la Casa Real al poeta, catedrático crítico y periodista lucentino Alfredo Gómez Gil. Discurso compleo de Alfredo. Asistencia de numerosos amigos y autoridades como Carlos Mazón. Luis Barcala y Julia Parra. Videos Palmeral.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Federico García Lorca y el flamenco

 

Federico García Lorca y el flamenco

En los orígenes del flamenco se han encontrado numerosas influencias de antiguas civilizaciones (Fuente: Wall Street International Magazine).

Uno de los impulsores de este yacimiento cultural vivo.

Nos vamos a ceñir a la relación del flamenco* con el poeta granadino Federico García Lorca, pero primero hemos de conocer qué es flamenco y los «andares» del flamenco, como le gusta decir al flamencólogo sevillano Antonio Burgos. Estudiaremos los supuestos orígenes del flamenco, porque su historia continúa aún sin resolverse, no existe un tiempo concreto de creación e inicio, tampoco se conocen bien sus raíces históricas ni su forja artística. Los expertos coinciden es que flamenco es el resultado de la fusión de la cultura musical rom (gitana-asiática) con lo andaluz (moriscos, judíos o hebreos y campesinos cristianos viejos), teniendo en cuenta que oficialmente los egipcianos (gitanos) llegaron a Andalucía en 1462, concretamente a Jaén.

 

Leer compelto en Hoja del lunes de Alicante, y en Wall Street International 

Publiqué un libro titulado" Federico García Lorca y el Flamenco" en Amazon.






Boletín de Espejo de Alicante de 25 de octubre de 2021

 

BOLETÍN DE ESPEJO DE AALICANTE

Alicante, 25 de octubre de 2021

Estimados asociados, queridos amigos: Esperamos que os encontréis bien.

Felicitamos efusivamente a nuestra socia Angelina Jiménez por el Premio obtenido en Poesía, convocado por la Hermandad Nacional Monárquica de España, que recogió el pasado sábado en Madrid.






-Ya estamos entregando la edición del libro del I Certamen de Poesía en Lengua Española y II Certamen de Pintura de Espejo de Alicante. Podéis pasar a recogerlo todos los artistas premiados y seleccionados los lunes por la Sede: Calle Serrano 5, Bajo.

-Felicitamos a Ramón Palmeral que nos remite su trabajo sobre García Lorca y el flamenco, publicado en la prestigiosa revista Wall Street International:

https://wsimag.com/es/cultura/67313-federico-garcia-lorca-y-el- flamenco?fbclid=IwAR0w2cyMviZVQdtOFsWRUaBGBn961SGV6sWka2 86nVhSDtjDiewl7_FFniQ

 

-Felicitamos a Julio Calvet por su artículo publicado en la Hoja del Lunes

titulado: “De libros y lazarillos”. https://www.hojadellunes.com/de-libros-y-lazarillos/

 

-Felicitamos Juan Antonio Urbano por su artículo publicado en la Hoja del Lunes: “Una      Odisea      que             nos   acompaña    hoy             (Violencia         de     género) https://www.hojadellunes.com/una-odisea-que-nos-acompana-hoy-la- violencia-de-genero/

Sale próximamente publicado también en la web de la Asociación de Periodistas Alicantinos dedicada a los sectores sociales de los adolescentes, la mujer y las personas mayores. (https://periodismointegrador.es/).

 

-Felicitamos a nuestro socio de honor Juan Giner Pastor, por su artículo “Día mundial de la ópera”, publicado en el diario Información: 

INFORMACIÓN 

Alicante, lunes 25 de octubre de 2021 

DÍA MUNDIAL DE LA ÓPERA 

Este 25 de octubre se celebra el Día Mundial de la Ópera para promover el valor cultural de este género, rendir homenaje a los creadores e intérpretes y destacar su importancia como sector de especial relevancia en la economía. La ópera contribuye a ponernos en contacto con las emociones universales, a abrir mentes, desarrollando la tolerancia y la comprensión. Porque esa maravilla extemporal llamada ópera une a gentes de todos los continentes que han llegado a amar la ópera por los más diversos caminos, convergentes allí donde las emociones de los aficionados se desbordan y los aplausos y ovaciones pueden ser indescriptibles, más allá de cualquier otro espectáculo, como los 80 minutos que Plácido Domingo consiguió en una de sus interpretaciones del Otelo de Verdi, realizada en Viena, saliendo a escena 101 veces para agradecer al público tan gran reconocimiento. La palabra «opera» significa 'obra' en italiano, porque combina las artes del canto coral y solista, declamación, actuación y danza en un espectáculo musical y escénico total. Seguramente el acontecimiento cultural más completo que existe. 

La primera composición considerada ópera fue escrita en Florencia durante 1597 y se ha perdido. Euridice, de 1600, es la primera ópera que ha sobrevivido. Pero el honor de ser la primera ópera que aún se representa regularmente le corresponde a L'Orfeo de Claudio Monteverdi, compuesta para la corte de Mantua en 1607. Aunque fue en Venecia donde Monteverdi contribuyó a la propagación popular de la ópera organizando representaciones en teatros de esa ciudad, allí estrenó en la década de 1640 sus últimas óperas, Il ritorno d'Ulisse in patria y L'incoronazione di Poppea. 

También Nápoles se convirtió en otro núcleo operístico importante, con los famosos castrati, como Farinelli y Senesino, interpretando largas arias en las que desarrollaban su virtuosismo vocal, siendo altamente demandados por toda Europa. La ópera italiana fijó el modelo barroco y los libretos italianos fueron la norma. De ellos se valió Handel, que era alemán, en las numerosas óperas que compuso para las audiencias londinenses. En esta época los principales compositores italianos de ópera fueron el siciliano Scarlatti, el veneciano Vivaldi y el napolitano Porpora. 

Pero como la ópera barroca llegó a una exageración a veces ridícula, en el siglo XVIII el alemán Gluck sostuvo que todos los diversos elementos operísticos — música (instrumental y vocal), ballet, y puesta en escena— debían subordinarse al drama, dándole una «bella simplicidad». Así lo demostró en Orfeo ed Euridice, 2 donde las líneas vocales son apoyadas por armonías simples y una presencia orquestal notablemente más rica de lo usual. 

Mozart, por diversas razones el sucesor de Gluck, combinó un magnífico conocimiento del drama, armonía, melodía y contrapunto para componer operas que permanecen entre las más populares, amadas y conocidas del repertorio, especialmente Così fan tutte, Le nozze di Figaro, Don Giovanni y La flauta mágica. Pero su prematura muerte truncó otras muchas posibilidades. 

A principios del siglo XIX, en Italia Rossini, Bellini, Donizetti y muchos otros desarrollaron las óperas del «Bel canto», con un estilo típicamente florido e intrincado, requiriendo suprema agilidad y control del tono. Representativas de este estilo operístico son El barbero de Sevilla, Guillermo Tell, La Italiana en Argel (Rossini), Norma, I puritani, La Sonnambula (Bellini), L’elisir d’amore, La favorita, Lucia di Lammermoor (Donizetti). 

Aunque el gran crecimiento en sofisticación de la ópera italiana del siglo XIX lo significa Verdi, uno de los más grandes compositores de ópera, autor de páginas musicales inolvidables, de personajes que ya forman parte ineludible de nuestra cultura, con títulos imperecederos: Nabucco, Rigoletto, Il trovatore, La traviata, Don Carlo, Otello, Aida, Falstaff… 

Posteriormente apareció en Italia el melodrama sentimental realista del «verismo», introducido por Mascagni con su Cavalleria Rusticana y Leoncavallo con Pagliacci, que utilizando argumentos con inclusión de personajes humildes, se complacen en la violencia cruda en escena y describe la acción y los estados de ánimo en una música de sombríos sentimientos. Pero la ópera verista no duró mucho más de una década; la moda fue corta y sin trascendencia. Aunque el estilo continúa presente en los escenarios de ópera mundiales con obras que encuentran lírica y firmeza de trazo teatral en Puccini, único músico capaz de dar sentido a esa época breve de la ópera italiana. Las óperas de Giacomo Puccini, que es un melodista extraordinario, dan al verismo modernidad escénica y, por su sagaz entendimiento de la sensibilidad del público, se asegura el triunfo con una intuición extraordinaria repleta de emotiva espontaneidad. Bohème, Madame Butterfly, Manon Lescaut, Tosca, La Fanciulla del West, Il Trittico, Turandot, son ejemplo del genio musical de Puccini, que llena los teatros de ópera de todo el mundo. 

Y aún se podría hablar mucho más de la ópera en Alemania, en Francia, en Rusia, en España… Pues la ópera es una de las manifestaciones más sobresalientes de la cultura y, cuando se difunde adecuada y asequiblemente, su éxito está asegurado. 

JUAN GINER PASTOR 

Catedrático

 

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