POESIA PALMERIANA

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La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

El laberinto de la soledad, de Octavio Paz por Andrea Imaginario

 

El laberinto de la soledad de Octavio Paz


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario/ Cultura Genial
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

En el libro El laberinto de la soledad, el escritor Octavio Paz reflexiona sobre la identidad de México y los valores culturales que mueven los hilos de su historia. Escrito bajo la forma del ensayo, la densidad de sus planteamientos lo han convertido en un texto referencial para toda América Latina. Por ello, en este artículo ofrecemos una breve introducción a su lectura: reseña, resumen, análisis y breve biografía del autor.

El siglo XX en Hispanoamérica abre con una pregunta nacida de una independencia apenas incipiente: ¿existe, o en qué consiste, la identidad hispanoamericana? Esta pregunta es también preocupación de Octavio Paz en este gran ensayo llamado El laberinto de la soledad, donde el autor se interroga sobre la identidad del ser mexicano específicamente. Su pregunta principal será "¿qué hace diferentes a los mexicanos?"

Estructura del libro

El laberinto de la soledad
Izquierda: Primera edición de El laberinto de la soledad. Derecha: Edición 50º aniversario.

Octavio Paz publicó El laberinto de la soledad por primera vez en el año 1950. Este, que fue su primer libro de ensayos, sufrió algunas modificaciones a partir de 1959, cuando fue lanzada la segunda edición.

En su primera edición, el libro constaba de los primeros siete capítulos, y el octavo era solo el apéndice. Desde su segunda edición, el apéndice "Nuestros días" fue incorporado como octavo capítulo.

Actualmente, todos los capítulos confluyen en un nuevo apéndice llamado “La dialéctica de la soledad”, una suerte de síntesis de las ideas esbozadas a lo largo de todo el texto. Los capítulos son:

  1. El pachuco y otros extremos
  2. Máscaras mexicanas
  3. Todos los santos, día de muertos
  4. Los hijos de la Malinche
  5. Conquista y colonia
  6. De la independencia a la revolución
  7. La inteligencia mexicana
  8. Nuestros días
    Apéndice: La dialéctica de la soledad

Tal parece que este libro representó una gran inquietud, no solo para Octavio Paz sino para los lectores mexicanos, puesto que en las siguientes ediciones fueron añadidas otras secciones. En efecto, en 1969, Paz incorporó un apartado llamado “Posdata”, que consta de las siguientes partes:

  • Olimpiada y Tlatelolco
  • El desarrollo y otros espejismos
  • Crítica de la pirámide

Posteriormente, se añadió una entrevista que Claude Fell le hiciera a Paz, publicada en la revista Plural en 1975, y que fue titulada “Vuelta a El laberinto de la soledad”.

Resumen de El laberinto de la soledad

Octavio Paz reflexiona sobre la identidad y la nación mexicana en plena mitad del siglo XX, cuando México enfrentaba ya las desilusiones de la revolución de 1910. En ese tiempo también el mundo enfrentaba una radical transformación capitalista, la expansión de la ideología socialista y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial concluida en 1945.

El autor acude al género literario del ensayo, cuya flexibilidad permite cavilar sobre un tema sin la pretensión de dictar cátedra ni revelar leyes universales. El ensayo comparte un camino reflexivo que es, en cierto modo, el discurrir de la propia conciencia. El ensayista sabe que la identidad, así como un laberinto, es un problema a resolver. Para México, es el laberinto de la soledad, condición última del ser mexicano.

En los primeros cuatro capítulos del libro, Octavio Paz observa y analiza los movimientos migratorios, los símbolos, los modales y los rituales de la cultura, todos ellos en el vértice de un proceso de transformación. Su tesis principal versará sobre la convicción de que el ser mexicano se funda en la soledad, no como cosa existencial, sino como imaginario colectivo, como imagen histórica.

Para definir al mexicano, Paz recorre el camino a la inversa: su primer esfuerzo será mirar la identidad mexicana fuera de sus fronteras. Será después que Paz retorne su mirada al corazón de México mismo, para analizar las máscaras sociales que derivan en el "ninguneo" como práctica colectiva. Recorrerá los símbolos de las fiestas y del culto a la muerte, percibida como una venganza de la vida y, finalmente, reflexionará sobre las perspectiva de un patriarcalismo, fundado en la humillación y violación simbólica de la madre.

Los capítulos del 4 al 8 repasarán la historia como un tejido elaborado a pulso, que será el tejido que arrope esta cultura previamente descrita: la conquista y la colonia, la independencia y la revolución, la inteligencia mexicana y los días contemporáneos de Paz en aquel momento, darán forma discursiva a la soledad hecha cuerpo en el imaginario colectivo.

Análisis de El laberinto de la soledad

A continuación, analizaremos en detalle, capítulo a capítulo, cada uno de los principales planteamientos de Octavio Paz en El laberinto de la soledad.

El pachuco y otros extremos (capítulo 1)

Tin Tan como pachuco
Germán Valdés "Tin Tan" como pachuco.

Resulta interesante que Paz sitúe su primer acercamiento a la identidad mexicana fuera de las fronteras de México, en Los Ángeles. Para la década de 1950, en esta ciudad existía un grupo cultural conocido como "pachucos", bandas de jóvenes, casi siempre mexicanos, con un deseo manifiesto de ser distintos, tanto a su origen como a la cultura de acogida. Para paz, el pachuco pretendía infundir miedo en busca de la autohumillación, su voluntad era la de no ser.

Así, el pachuco resulta ideal para la imagen que acompañará todo el libro: la soledad mexicana nace del sentimiento de haber sido arrancado, dice Paz. Por tanto, la tesis fundamental será que la historia de México es la búsqueda de esa filiación, la búsqueda del vínculo o del origen, de cuya pérdida deriva su soledad esencial.

Paz se pregunta: ¿qué hace diferentes a los mexicanos? ¿Qué los diferencia de los estadounidenses? El vecino del norte le resultaba a Octavio Paz confiado en el futuro; luchaba por sus ideales a través del perfeccionamiento del sistema y no de la invención; partía de un optimismo que negaba la realidad, gustaba de historias de policías y de hadas, gustaba comprender y regodearse en el humor. Eran, al menos hasta la Segunda Guerra Mundial, crédulos.

Para Paz, los mexicanos contemplan el horror en su cultura, le rinden culto a la muerte; son creyentes, pero no crédulos; no son optimistas, pero creen en los mitos y las leyendas; contemplan y viven la tristeza como identidad.

Máscaras mexicanas (capítulo 2)

En este capítulo, Octavio Paz reflexiona sobre las actitudes de autodefensa, resignación e ironía mexicanas que funcionan como máscaras que ocultan la realidad. Así, establece: el mexicano es cerrado. En esta cultura, abrirse, mostrarse, es percibido como debilidad y traición. Octavio Paz piensa que esto es visible en expresiones del lenguaje como "no te rajes", una máxima mexicana.

"Rajarse" es 'abrirse', es mostrar lo que se lleva dentro, es estar al alcance de la penetración, de la invasión, del ultraje, de la violación. Por eso, Paz relaciona el carácter cerrado del mexicano con el machismo reinante, ya que después de todo la mujer es, pues, imagen de la raja que nunca se cierra. La mujer es lo abierto por naturaleza. Abrirse es "venderse", dice Paz.

El pudor es así una máscara que protege la intimidad. Si del hombre se espera la reserva, de la mujer se espera el recato. El cuerpo "muestra" el ser. La relación con el homosexualismo y el machismo en México dará otra pista: ejercerlo no es otra cosa que "rajarse", abrirse, pero, a pesar de ello, resulta válido ser el que "raja" al otro, el que lo "abre".

Todo son máscaras: la simulación, la disimulación propia y disimulación del otro, el ninguneo y, finalmente, el silencio. Son mecanismos defensivos, no ofensivos. Esa es la lucha mexicana.

En este capítulo, Paz postula también que lo cerrado vive en México como amor a la forma. De allí el ritualismo y de allí también la consolidación del barroco, tanto literario como plástico, por sobre otros paradigmas estéticos.

Todos los santos, día de muertos (capítulo 3)

Día de muertos

No debe extrañar que el mexicano guste de las fiestas públicas. Estas son canales de purificación por medio del caos, momentos excepcionales en los que la gente puede abrirse, "rajarse". La fiesta permite la expresión, y, según Paz, expresarse es romper con uno mismo. La fiesta permite que por un día sea exhibido aquello que la cultura cotidiana impide. Ese es el lugar del día de muertos o de la fiesta del grito.

La cultura mexicana de la fiesta es un culto a la muerte que Octavio Paz observa como símbolo de una venganza contra la vida. Las representaciones populares de la muerte son abordadas por el autor como símbolos de la insignificancia de la vida humana.

Los hijos de la Malinche (capítulo 4)

Negociaciones con los españoles Tlaxcala
Desiderio Hernández Xochitiotzin: Negociaciones entre los aztecas y los españoles, Tlaxcala. Mural.
La Malinche aparece en medio actuando como intérprete entre ambas lenguas.

El capitalismo y su relación con México es una de las preocupaciones de Paz. Según el autor, el capitalismo representa el despojo de lo humano al reducirlo a mera fuerza de trabajo. El capitalismo irrumpe en la sociedad y transforma el orden y los símbolos en utilidad y utilidades.

Si el campesino, dice Paz, representa el misterio y la tradición, el obrero está disuelto en lo genérico de la clase, pues no es dueño ni de sus herramientas, ni del resultado de su obra ni de sus ganancias. El obrero cumple apenas una función en la cadena de producción. Por lo tanto, su trabajo se deshumaniza. Cosa semejante pasa con el técnico. La sociedad capitalista se hace eficaz, pero pierde el rumbo.

En medio de ello, el mexicano se mantiene en la lucha con sus entidades del pasado, cuyas fuentes se encuentran en la conquista. Será este el lugar de la expresión lingüística "¡Viva México, hijos de la chingada!"; pero ¿quién es la Chingada?, se pregunta el autor.

Será esta una frase usada en contra de los demás: los otros, los extranjeros, los malos mexicanos. Si bien chingar tiene un significado diferente en cada región de América Latina, siempre tiene una connotación violenta; siempre refiere a una forma de agresión.

Dice Paz que la chingada es, pues, "la madre abierta, violada o burlada por la fuerza". Es doña Malinche, amante de Cortés, por lo que sus hijos son el engendro de la violación. Si la Malinche "se ha vendido", ha traicionado a su gente, el mexicano no la perdona. Ha roto con su madre, ha perdido el vínculo.

Esta frase es para Paz la sarcástica humillación de la madre y la afirmación violenta del padre. Ese es el grito de la revolución. Por eso, la revolución niega lo diverso e impone al hombre en la cúspide. Cerrados una vez más, los mexicanos viven la orfandad y la soledad.

Ver también Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Conquista y colonia (capítulo 5)

diego rivera la colonizacion
Diego Rivera: La colonización o llegada de Hernán Cortés a Veracruz (fragmento).

Frente a la conquista y la colonización, los aztecas sienten que los dioses los han abandonado, los han dejado en la orfandad. España, en aquellos años, no es la España medieval cerrada, sino que está abierta a la universalidad por influencia del renacimiento. Por eso España aplica y adapta, pero no inventa, según Octavio Paz.

La Iglesia católica, también de pretensión universal, le ofrece a los indígenas una filiación, un refugio y, en última instancia, un rol o papel, así sea el último de la sociedad. De allí que la religión católica haya cumplido un papel cohesionador.

De la misma manera que España no inventa, sino que aplica y adapta, el arte novohispano no pretenderá la originalidad. Pretenderá, sí, la universalidad.

Sor Juana Inés de la Cruz será ejemplo de ello. Pero ella también, como hija del orden colonial impuesto en México, vivirá la doble soledad: la soledad de la mujer y de la intelectualidad. Como es de esperarse en la cultura de la máscara, el disimulo y el ninguneo, sor Juana acabará por guardar silencio y acatar el rol que se le ha impuesto.

De la independencia a la revolución (capítulo 6)

Independencia de México
Juan O'Gorman: Independencia de México. Fragmento. Mural.

La decadencia del orden colonial trae consigo una imagen de América Latina como un futuro por realizar y no como una tradición a continuar.

Pero según el autor, los líderes de la independencia anteponen las ideologías como una máscara, puesto que, de fondo, no plantean un nuevo orden sino la perpetuación del orden anterior en manos de los herederos. Por eso, dice Paz, la independencia mexicana será una guerra de clases y no una guerra con la metrópolis; será una reforma agraria en gestación.

La confusión que se genera en México en aquellos años permite que EE.UU. aproveche la situación para robar la mitad de su territorio, lo que hiere de muerte al caudillismo militar y golpea la moral mexicana. Es una raja, es la tierra violada, penetrada, rajada.

El porfirismo posterior será heredero del feudalismo colonial. Es la imposición de una minoría. Aparece así, una vez más en la historia de México, la simulación, apenas útil para romper con el pasado, pero incapaz de crear un orden real.

La revolución mexicana es la primera y verdadera revelación del ser mexicano para Octavio Paz, pues aunque nació sin programa, su proceso fue auténticamente de base y muy anterior a las revoluciones socialistas del siglo, empezando por la rusa.

Sin embargo, hallaría sus límites al llegar al gobierno. Por ello, atrapada en su condición orgánica sin programa ideológico, acaba por adoptar un programa liberal, asimilar un discurso socialista y sufrir las consecuencias del imperialismo. Lo que nace por primera vez desde una autenticidad se transforma, nuevamente, en un disfraz, en una máscara; en simulación y disimulo. La revolución quiere regresar al origen, y esa voluntad de regreso es fruto de la soledad.

La inteligencia mexicana (capítulo 7)

Orozco
José Clemente Orozco: Katharsis. 1934-1935. Fresco.

Octavio Paz aborda en este capítulo el surgimiento y evolución de una nueva generación de intelectuales que acompañó el proceso revolucionario o que vivió la transformación, no sin contradicciones. Surgieron toda clase de artistas e intelectuales al servicio de la revolución, que debieron formarse en áreas ajenas para desarrollar un papel en la administración del Estado. Algunos, al identificarse con el gobierno, perdieron el espíritu crítico del oficio.

Paz celebra la política educativa desarrollada por José Vasconcelos, secretario de educación, quien impulsó importantes reformas y brindó los espacios para el desarrollo de las artes de inspiración popular y nacional, como el muralismo mexicano.

Ver también 5 claves para entender la importancia del muralismo mexicano.

Autor de La raza cósmica, Vasconcelos contempla a México y América Latina como una promesa de futuro para el mundo. Sin embargo, dice Paz que la pretensión de una educación socialista, progresista y antidogmática se contradecía con el programa liberal de gobierno.

Paz destaca el valor del aporte de importantes intelectuales de méxico que marcaron la diferencia y destacaron, por lo que se constituyen en referencias fundamentales, como José Gaos y Alfonso Reyes, entre muchos otros.

Nuestros días (capítulo 8)

Siqueiros
David Alfaro Siqueiros: Imagen de nuestro presente. 1947.

Al reflexionar sobre su actualidad, Octavio Paz reconoce que la revolución creó a la nación, le dio cuerpo y nombre, le dio entidad, pero que, a pesar de ello, no fue capaz de crear un orden vital en el cual pudieran encontrarse las respuestas que los mexicanos han buscado a lo largo de su historia, especialmente desde el momento en que comenzaron a tomar consciencia de su especificidad.

Analizar su tiempo histórico lo lleva a escudriñar en los límites y alcances de los modelos de orden político, económico y social que dominan para entonces el mundo occidental, y que, de alguna manera, afectan el proyecto de país: el capitalismo y el socialismo. Ambos sistemas, sea en el discurso o en la praxis, se muestran insuficientes para dar respuesta a las necesidades mexicanas, lo mismo que las realidades de otras naciones, como las latinoamericanas, las asiáticas y las africanas.

Quizá se deje traslucir en este laberinto de Octavio Paz, de algún modo, un pequeño aliento de esperanza, de posibilidad del ser mexicano, de promesa y de futuro, que, en este caso, reclama la invención.

La revisión de la historia, los símbolos, el lenguaje y los rituales hechos por el autor hasta este punto, no son más que un esfuerzo por encontrar los derroteros que conduzcan a la liberación del hombre que es, al fin y al cabo, el propósito de toda la historia humana.

Breve biografía de Octavio Paz

Octavio Paz

Octavio Paz Lozano (1914-1998) nació en Ciudad de México. Fue poeta, ensayista y diplomático. Sus padres fueron Josefina Lozano y Octavio Paz Solórzano, quien fue un luchador activo de la revolución mexicana iniciada en 1910. Su abuelo, Ireneo Paz, fue un intelectual y novelista. En su biblioteca, el joven Octavio encontró la fascinación por la lectura, especialmente la poesía.

Se formó en la Escuela Nacional Preparatoria en San Ildefonso y, posteriormente, estudió en la Facultad de Derecho y Filosofía de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Sus primeros poemarios solían tener una gran influencia del pensamiento marxista, pero poco a poco se transforman por la influencia de las ideas de los surrealistas así como de otros movimientos literarios.

En 1944 recibe la beca Guggenheim, por lo que se traslada a los Estados Unidos por espacio de un año. Al año siguiente, inicia su carrera en el Servicio Exterior de México. Poco a poco, irá ganando mayor notoriedad como escritor, hasta convertirse en uno de los autores más leídos del mundo hispanohablante.

Recibió el premio Cervantes en el año de 1981 y el premio Nobel en 1990. Muere en Coyoacán, México.

Obras más importantes de Octavio Paz

Poesía

  • 1933.- Luna silvestre
  • 1936.- ¡No pasarán!
  • 1937.- Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España
  • 1949.- Libertad bajo palabra
  • 1954.- Semillas para un himno
  • 1999.- Figuras y figuraciones

Ensayo

  • 1950.- El laberinto de la soledad
  • 1956.- El arco y la lira
  • 1957.- Las peras del olmo
  • 1965.- Los signos en rotación y otros ensayos
  • 1966.- Remedios Varo
  • 1973.- El signo y el garabato
  • 1982.- Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe
  • 1989.- Poesía, mito, revolución
  • 1990.- La otra voz. Poesía y fin de siglo
  • 1993.- La llama doble: amor y erotismo

lunes, 29 de noviembre de 2021

"Los cerezos en Japón". Libro regalo de haiku y senryu de Mª Consuelo Giner Tormo, ilustrado por Palmeral

Se acaba de publicar el libro "Los cerezos en el Japón" de María Consuelo Giner Tormo, ilustrado a todo color con 34  haiga o ilustraciones de Ramón Palmeral. Editorial ECU de San Vicente del Raspeig (Alicante-España).

Año 2021

 

                             Autora de los haiku y senryu

                            Autor de las ilustraciones

マリア・コンスエロ・ギナー・トルモによる「日本の桜」と題された壮大なギフトブックが出版されました。34の俳画またはラモン・パルメラルによるイラストがフルカラーで描かれています。サンビセンテデルラスペイグの編集ECU ISBN978-84-18573-37-8

アリカンテ-スペイン
Arikante - Supein

Maria konsuero ginā torumo ni yoru `Nihon no sakura' to daisa reta sōdaina gifuto bukku ga shuppan sa remashita. 34 No haiga matawa Ramon parumeraru ni yoru irasuto ga furukarā de egaka rete imasu. Sanbisentederurasupeigu no henshū ECU. ISBN: 978 - 84 - 18573 - 37 - 8

 

domingo, 28 de noviembre de 2021

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ DESALOJADO DE LA GENERACIÓN DEL 98

 

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ DESALOJADO DE LA GENERACIÓN DEL 98

 Por Francisco Fuster García/ Cuadernos Hispanoamericanos

Desde el punto de vista estrictamente cronológico, resulta difícil negar la pertenencia de Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 29 de enero de 1867 – Menton, Francia, 28 de enero de 1928) a ese grupo de escritores e intelectuales españoles al que la historiografía ha dado en llamar generación del 98, empleando una fórmula acuñada por Azorín y fundada, de forma tan discutible como eficaz, en el poder evocador de una fecha marcada a fuego en la historia contemporánea de España. Blasco tenía tres años menos que Miguel de Unamuno, dos menos que Ángel Ganivet, uno menos que Ramón del Valle-Inclán, cinco más que Pío Baroja, seis más que Azorín, siete más que Ramiro de Maeztu y ocho más que Antonio Machado. Fue, por tanto, coetáneo de los autores citados (a la mayoría de los cuales, además, conoció personalmente) y compartió con todos ellos ese complejo periodo del pasado de nuestro país que cubre, más o menos, las últimas décadas del siglo xix y las primeras del siglo xx. No obstante estos datos objetivos, lo cierto es que son escasos los manuales de historia de la literatura en los que se le considere un miembro de pleno derecho de esa generación; y en aquellos pocos en los que sí se le nombra, siempre se añade un matiz para justificar que, en puridad, la obra blasquista no forma parte del canon porque es algo distinto que conviene valorar aparte, como separado de lo que sería el núcleo duro del 98, integrado por Baroja, Azorín, Unamuno, Valle-Inclán, Maeztu y Machado.

Para entender esta especie de marginación o aislamiento, que no es en absoluto caprichoso, sino que obedece a una serie de razones, hay que remontarse hasta la época del cambio de siglo y situarnos en el momento histórico en el cual se produjo la aparición de los miembros de la generación del 98 en el «campo literario» del fin de siglo español, por usar la categoría teorizada por el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Desde esta perspectiva, lo primero que hay que tener en cuenta es que la irrupción de esta generación de escritores coincide en el tiempo y en el espacio de la España finisecular con el periodo de máximo reconocimiento de escritores realistas ya consagrados como Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Armando Palacio Valdés, Juan Valera o Pedro Antonio de Alarcón; autores que lograron vivir con cierta solvencia gracias a lo generado por la venta de sus libros. Por otro lado, no hay que olvidar tampoco que muchos de estos escritores fueron jóvenes de provincias que emigraron a Madrid buscando hacerse un hueco en el mundillo literario de la capital, donde intuían mayores oportunidades. Como ha señalado José-Carlos Mainer, la conquista del público se convirtió en el asunto clave en esos primeros años del siglo durante los cuales «se ha incrementado copiosamente la nómina de pretendientes al Parnaso» (2010: 46). En ese contexto de choque generacional, las relaciones entre los aspirantes a escritores profesionales y aquellos que ya habían logrado ese objetivo no siempre fueron fáciles ni cordiales, entre otras cosas porque los más jóvenes (la autodenominada «gente nueva») consideraban a los mayores (la llamada «gente vieja») como «representantes de los odiados valores de la Restauración y les reprochan sobre todo que ocupen posiciones morales e intelectuales dominantes que se oponen (o ponen freno) al pleno reconocimiento de su talento» (Lissorgues y Salaün, 1991: 164).

Como explicó en su día Rafael Pérez de la Dehesa, el público lector de Galdós y de la novela realista, formado por las clases medias y los grupos de artesanos y obreros ilustrados, siguió leyendo a los continuadores del realismo como Blasco Ibáñez, mientras que los escritores jóvenes «pasaron a crear un tipo de obra que solo podía ser apreciado por medios de nivel cultural relativamente alto» (1969: 225-226), lo cual propició la formación de un nuevo público burgués más culto e incluso la aparición de nuevos editores que centraron su trabajo en este tipo de literatura, quizá más exigente con el lector. En términos de mercado editorial, lo cierto es que «ninguna de las primeras firmas de nuestro siglo, con la excepción de Blasco Ibáñez, logró superar, y en muchos casos ni siquiera igualar los ingresos de sus antecesores literarios» (1969: 225). Frente al fracaso que, a nivel de ventas, fueron los primeros libros publicados por Azorín, Baroja, Valle-Inclán o Unamuno, sabemos que, a la altura de 1905, Blasco Ibáñez era, después de Galdós, «el novelista que más vendía en España, alcanzando tiradas que, como hemos visto, eran superiores a los 15.000 ejemplares» (Varela, 2015: 521). Por otra parte, se da la circunstancia de que este extraordinario y prematuro éxito coincidió con el periodo en el que más frecuentó Madrid y más relación mantuvo con los intelectuales que allí se movían. Cerrado su ciclo de novelas valencianas con la publicación de Cañas y barro (1902), redujo su interés por la política local e inició su ciclo de novelas sociales (La catedral, El intruso, La bodega, La horda) con el inequívoco objetivo de ampliar su campo de visión y de hacerse un hueco en ese complejo campo literario de la capital, donde cualquier escritor que quisiera merecer ese título debía jugar sus cartas. Por desgracia para él, y pese a lo incontestable de su triunfo comercial, sus novelas fueron tan bien recibidas por el público como minusvaloradas por la crítica, que puso reparos a su estilo, al que juzgó de precipitado o poco elaborado, e incluso al uso de un castellano que, al estar influido por su bilingüismo, también fue tildado de incorrecto.

Como ha argumentado Peter Vickers, Blasco era un hombre de acción, con una clara vocación política, que chocaba frontalmente con el modelo de escritor de la época y que sentía un claro rechazo tanto por los modernistas, a quienes censuraba su actitud impostada e hipersensible, defensora de una concepción elitista del arte por el arte, como por los intelectuales «de tertulia» que se pasaban la vida en el café, a los que afeaba su nula predisposición a implicarse en la vida pública y en los problemas reales de la sociedad. Frente a la falta de compromiso de los modernistas y al pesimismo abúlico de los noventayochistas, Blasco ejerció como un agitador político y cultural al que ni siquiera le gustaba considerarse un escritor profesional, justo por su deseo de distanciarse de quienes sí presumían de serlo: «Yo me enorgullezco de ser un escritor lo menos literario posible; quiero decir, lo menos profesional. Aborrezco a los que hablan a todas horas de su profesión y se juntan siempre con sus colegas, y no pueden vivir sin ellos, tal vez porque sustentan su vida mordiéndoles» (León Roca, 1967: 574). En el caso concreto de su relación con el 98, la diferencia entre Blasco y los miembros canónicos de esa generación es que fueron estos los que, por distintas razones, le lanzaron ataques personales o, en el mejor de los casos, mantuvieron con él una relación cordial que, sin embargo, jamás llegó al grado de la amistad. Por su parte, y ante las distintas muestras de desconsideración que recibió de todos ellos, Blasco optó, casi siempre, por un elegante silencio: rara vez respondió a las ofensas personales y nunca entró a valorar las críticas generadas por su literatura. Por eso, más que de un enfrentamiento directo, que jamás existió, lo justo sería hablar de la imagen negativa que se desprende del repaso a las opiniones que los noventayochistas vertieron sobre la persona y la obra de Blasco.

Todos contra uno

La relación entre Ramón del Valle-Inclán y Vicente Blasco Ibáñez es paradigmática del tipo de vínculo que unió al escritor valenciano con quienes componían la generación de la que, en teoría, él mismo formaba parte. Como ha argumentado Antonio Espejo (2005: 87-89), vistas sus trayectorias de forma global y con cierta perspectiva, a Valle-Inclán y a Blasco, nacidos en 1866 y 1867, respectivamente, les unieron más cosas de las que les separaron: ambos sentían la misma admiración por Italia y por la cultura clásica; se sintieron muy atraídos por América Latina y visitaron aquel continente en diferentes ocasiones (Valle-Inclán hizo numerosas estancias allí y Blasco no sólo visitó Buenos Aires, sino que incluso llegó a fundar dos colonias en la Patagonia); se declararon antimilitaristas, ya a finales del siglo xix y, cuando estalló la Gran Guerra, los dos se pusieron ideológicamente de parte del bando aliado; por último, ambos se posicionaron en contra de la dictadura de Primo de Rivera, participando de la oposición intelectual antifascista, en el caso del primero, y actuando en contra de la Monarquía y en favor de la República desde su exilio en París, en el caso del segundo. En este sentido, no había ninguna razón objetiva que hiciese pensar en un futuro enfrentamiento. De hecho, durante esos años de mayor presencia de Blasco en la capital, a los que ya me he referido, éste acudió –junto con Azorín y Galdós, que también estuvieron presentes– a un banquete en honor de Valle-Inclán que se celebró en el Café Inglés de Madrid, en 1904, con motivo de la publicación de su novela Flor de santidad. En ese mismo banquete, tanto Valle-Inclán como Blasco participaron en una entrevista conjunta que el escritor argentino José León Pagano les hizo a ambos, en un tono cordial y bastante distendido, hasta el punto de que Blasco llegó incluso a invitar a Valle-Inclán a que escribiese una serie de artículos –que jamás se materializó– sobre el idioma castellano para el periódico republicano El Pueblo, que él mismo dirigía. En definitiva, una relación que, sin llegar a ser íntima, ni de trato cercano, sí evidenciaba un respeto intelectual y personal que, por desgracia, no se mantuvo durante mucho tiempo, al menos por parte del escritor gallego.

El inicio del conflicto, como ha señalado Espejo, debe situarse en 1910, cuando Valle-Inclán, que se encontraba de estancia en Argentina, envió una carta a Azorín en la que se quejaba del mal trato que había recibido por parte de la colonia española en Buenos Aires y atribuía ese comportamiento, entre otras cosas, a la impresión que Blasco había dejado tras su paso por aquel país: «Para estos ataques hay otras razones: mi significación tradicionalista y el fracaso de Blasco, que habiendo venido jaleado por ellos, tuvo peor acogida por el elemento intelectual, y finalmente que no los quise por intermediarios en el negocio de las conferencias, ni darles un tanto por cien como pretendían» (1989: 503). Tras este primer reproche, realizado en privado, Valle-Inclán siguió lanzando nuevas críticas, ya abiertamente en público, a la obra de un Blasco al que consideraba un imitador de los novelistas franceses y a quien acusaba, conforme al argumento más común en los ataques al escritor valenciano, de sacrificar la calidad de su obra en beneficio de la rentabilidad económica. El único reconocimiento, si se le puede llamar así, que el autor de Luces de bohemia tuvo para con él, fue el hecho de admitir, en su respuesta a una encuesta de 1927, que –al igual que se podía decir de él mismo– Blasco era un autor cuya rebeldía natural le alejaba completamente de la ortodoxia y el academicismo, cosa que el gallego sí consideraba como un mérito: «Hay un tipo de escritor que nunca será académico: Unamuno, Baroja, Blasco Ibáñez; yo desde luego… Este tipo de escritor no será académico, en primer término, porque no lo busca. Luego porque la Academia, con su espíritu, con sus normas, con su vida quieta, ata, apaga en el escritor lo que en él haya de independencia, de rebeldía, de libertad» (1995: 339).

No obstante este moderado elogio, todavía quedaba por llegar el último ataque de Valle-Inclán a Blasco Ibáñez, que fue también el más duro, no tanto por su contenido, que no revelaba ninguna sorpresa, sino por el momento en que se produjo: a las pocas horas de la muerte del escritor valenciano, y por lo poco elegantes que fueron sus palabras. El desagradable episodio, que ya fue reconstruido en su día por J.-M. Lavaud (1974), arranca con el fallecimiento de Blasco el 28 de enero de 1928 en Fontana Rosa, su mansión de Menton, en la costa azul francesa. Un día antes de confirmarse el óbito, cuando llegaron a España las primeras noticias sobre el delicadísimo estado de salud por el que atravesaba Blasco, el periódico Informaciones realizó una encuesta en la que, bajo el título «Opiniones de varias personalidades sobre el maestro», se pidió a varios escritores una breve valoración sobre la obra blasquista. Valle-Inclán respondió a dicho cuestionario afirmando que ni había leído nunca a Blasco ni se creía la noticia de su muerte, que él interpretaba como un «reclamo» propagandístico más de los que, según él, tan bien se le daban al valenciano. Palabras que, si bien pueden considerarse sinceras, resultaban claramente imprudentes y, sobre todo, muy poco elegantes para referirse a una persona que ya agonizaba.

 

sábado, 27 de noviembre de 2021

La poesía es un instrumento afilado para conmover. Pedro Vergara

 "Si después hablamos de poesía, todo lo dicho anteriormente tiene aún más vigencia y aquí la atención pasa a cada una de las palabras, imágenes usadas, uso del lenguaje y nuevamente resonancia a nivel emocional. La poesía es un arma, un instrumento afilado para conmover y mostrar una nueva perspectiva en pocas palabras y pasajes, donde la síntesis es fundamental. La historia se condensa y se hace breve. Se coagula en pocas palabras para alejarnos del mundo y volver a verlo con ojos nuevos. La fuerza de la poesía es crear ese espacio especial para sentir y pensar mediante el lenguaje que es un arma viva y a la vez mortal " (Pedro Vergara, "Escribir y narrar").

viernes, 26 de noviembre de 2021

Feria del libro de Alicante para el 2022

 La explanada de España es, según  los libreros alicantinos, la Explanada. No hay otro lugar que sea mejor escaparate. El año 2022 debe estar dedicado a Miguel Hernandez por los 80 años de su muerte. Todo depende de la decisión del alcalde Luis Barcala.

La plaza de Seneca no es un  buen lugar para la Feria del libro. Se celebró el año 2021.

domingo, 21 de noviembre de 2021

46 años de la Marcha Verde en el Sahara Occidental

 


46 años de la Marcha Verde en el Sahara Occidental

Una herida abierta entre Marruecos y España

20 noviembre 2021,

El presente mes de noviembre de 2021 se cumplen los 46 años de la maniobra de presión de los Estados Unidos y Hasan II (rey de Marruecos), para forzar a España la entrega de su colonia del Sahara Occidental. El 5 de noviembre de 1975, unos 350,000 civiles desarmados, enarbolando banderas marroquíes cruzaron la frontera del territorio colonial español del Sahara, en la llamada Marcha Verde, mientras las potencias internacionales no condenaron lo sucedido. Finalmente, España, Marruecos y Mauritania, tras tensas conversaciones diplomáticas, acordaron que España abandonaría el territorio que era y es de los saharauis. Actualmente, España no puede hacer nada a favor de la antigua colonia del Sahara Occidental sin enfadar a Rabat que lo ocupa ilegalmente desde 1975, que lo considera suyo, por el simple hecho de ser colindantes. Marruecos tiene en contra, más de 50 resoluciones de la ONU a las que no hace caso. Marruecos es miembro de la ONU desde el 12 de noviembre de 1956...

 Leer completo en Wall Street International 

 





 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

El poeta Alfredo Gómez Gil en sala Altamira de ls Sede de la Univesidad de Alicante





Sede de la Univerisiad, sala Altamira. Alfredo Gómez Gil fue presenatado por la responsable de mayores de ls Sede Universitaria, así como por los poetas Francisco Mas-Magro y Consuelo Jiménez de Cisneros en la tardel del lunes dia 15 de noviembre de 2021, quiene leyeros el  amplio currículum de poeta lucentino. Con un lleno de público amante de la buena poesía.

Fotos cedidas por Juan Antonio Urbano.
 

viernes, 12 de noviembre de 2021

La Diputación de Alicante condecora al poeta Alfredo Gómez con la Encomienda de Alfonso X El Sabio

 

La Diputación de Alicante condecora al poeta Alfredo Gómez con la Encomienda de Alfonso X El Sabio

El presidente Mazón destaca la «inconmensurable aportación» del catedrático, escritor, investigador, filósofo, periodista y traductor

ALICANTE Actualizado:

El presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón, ha presidido este lunes en el Salón de Plenos de la institución el acto de reconocimiento al poeta y catedrático Alfredo Gómez Gil, con motivo de la concesión de la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X El Sabio. Tal como ha destacado Mazón, «la provincia siente un profundo orgullo por tener entre sus nombres ilustres a una persona que ha hecho de embajador de su tierra por doquier», al tiempo que ha reconocido «su inconmensurable aportación académica y artística universal».

«Eres alicantino de nacimiento, pero ciudadano del mundo», ha apuntado el presidente, quien ha concretado que Gómez Gil «siempre ha sido un aventajado ideológico, un precursor de acciones, un romántico del aprendizaje, una persona curiosa por naturaleza, ávida por exprimir lo que la vida le ha ofrecido y lo que él ha extraído de ella».

Por su parte, la vicepresidenta primera y diputada de Cultura, Julia Parra, encargada de conducir el acto, ha manifestado que la Orden de Alfonso X El Sabio reconoce a aquellas personas y entidades, españolas o extrajeras, que se hayan distinguido por los méritos contraídos en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia o la investigación, como en el caso de Alfredo Gómez, de quien ha destacado su extenso currículo profesional, desarrollado en países como Estados Unidos, China o España.

Mazón, encargado de clausurar el acto institucional, ha señalado en su discurso que Gómez Gil, que se define como poeta antes que cualquier otra de sus múltiples ocupaciones, «ha sido siempre un verso suelto en el mundo académico y literario universal y ha abierto horizontes didácticos, intelectuales y vitales, fruto de los cuales ha engendrado relaciones laborales y de amistad con personajes como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Severo Ochoa, Pablo Neruda, Arthur Miller o Picasso, entre otros muchos».

miércoles, 10 de noviembre de 2021

El Honor en la Guardia Civil por el coronel José Hernández Mosquera Jefe de la Comandancia de Alicante.

 

 

El 10 de noviembre de 2021 en el Centro de Arte del Ayuntamiento de Alicante, y organizado por la Hermandad Monárquica de España en Alicante se ofreció sendas conferencias sobre "Valores Militares" , entre ellas, una sobre El Honor en la Guardia Civil por el coronel José Hernández Mosquera Jefe de la Comandancia de Alicante. Fueron presentados por Frasciso Burló Carbonells presidente de dicha Hernández, así como de Juan Bosco Montero y como ponentes Joaquin Vergara, Otros ponentes Teniente Coronel del Ejército de Tierra Luis Miguel González Garijo. Comandante del Ejército del Aire Francisco Moreno Agudo. Con gran exito de publico que llenó la sala.