(Portada del libro Edición Ateneo Blasco Ibáñez Vol LXXXV, con 286 páginas)
70 AÑOS DE LA MUERTE DE JOSÉ ORTEGA Y GASSET
(Ortega y su familia salieron para el exilio por el puerto de Alicante en barco hacia Marsella)
El gran filósofo y erudito español José Ortega y Gasset falleció la tarde del 18 de octubre de 1955, hace ahora 70 años. Al iniciarse la Guerra Civil, enfermo de cálculos biliares, y debido a la inseguridad en Madrid tuvo de exiliarse, viajó con su familia desde la estación de Atocha hasta Alicante, donde embarcó en un carguero francés rumbo a Marsella. Residió en Francia, Argentina y Portugal, hasta poder regresar a España en 1945.
2. Contrarios a la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
Golpe de Estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923, apoyado por el rey Alfonso XIII, Los hermanos Ortega y Gasset (Eduardo y José) se opusieron firmemente a la dictadura del general Primo de Rivera y Orbaneja en septiembre de 1923. La complicidad del rey Alfonso XIII con aquel régimen les pareció la gota que colmaba el vaso de los excesos de una monarquía decadente, que, en su opinión, debía desaparecer por el bien de España. En este contexto Eduardo se exilió a Francia, y José publicó en El Sol, el 15 de noviembre de 1930, el célebre artículo “El error Berenguer”, en el que denunció con singular indignación los siete años de gobierno dictatorial primorriverista.
Intelectuales como Miguel de Unamuno, Blasco Ibáñez o Eduardo Ortega y Gasset (hermano de José Ortega y Gasset) se erigen como voces críticas contra la dictadura, a menudo desde el exilio. Primo de Rivera buscaba una "dictadura regeneracionista", pero la censura y el autoritarismo generaron gran rechazo en los círculos intelectuales y políticos republicanos.
3.-La revista Hojas Libres
En este contexto, surge la publicación Hojas Libres (París, 1924-1925), una revista político-literaria impulsada por Eduardo Ortega y Gasset, hermano mayor del filósofo José Ortega y Gasset y dirigente republicano. La revista reunía a intelectuales y escritores exiliados o perseguidos por el régimen de Primo de Rivera, y buscaba ser un órgano de resistencia cultural y política contra la dictadura. Entre sus colaboradores estuvieron Blasco Ibáñez y Miguel de Unamuno. El valenciano aportaba artículos de denuncia sobre la situación política en España, con su estilo combativo. Unamuno, enviaba escritos que criticaban la falta de libertades y el servilismo de la monarquía.
Eduardo Ortega y Gasset, como director y motor de la revista, conectaba el pensamiento liberal y republicano español con los foros democráticos europeos.
Durante la II República José Ortega fue elegido diputado por la provincia de León. En el debate de totalidad del proyecto de la Comisión de Constitución de 1931, intervino como portavoz del grupo parlamentario de la Agrupación al Servicio de la República para decir que «nuestro grupo siente una alta estimación por el proyecto que esa Comisión ha redactado». Al estallar la Guerra Civil española por el fracaso del golpe de Estado en Madrid, José Ortega y Gasset, enfermo por cálculos biliares, se refugió en la Residencia de Estudiantes del Pinar, logró ponerse en contando con la embajada francesa, por ser comendador de la Legión de Honor, y además obtener pasaportes y visado expedidos por la Dirección General de Seguridad, gracias a la mediación de Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes
4. Exilio, y embarque en el puerto de Alicante
La familia José Ortega llegó de la estación de Alicante desde Atocha la mañana 31 de agosto de 1936. Ese mismo día embarcaron los Ortega en un carguero francés Corte II que había venido a recogerlos con destino a Marsella y también a Cipriano Rivas Cherif, cuñado del presidente Manuel Azaña. El paso de los Ortega por Alicante no lo sabíamos.
El paso de Ortega y Gasset por Alicante y su familia, quedó en el olvido en esta ciudad, evidentemente en la época franquista, y posteriormente olvidado como otros tantos personajes ilustres que pasaron por esta ciudad del Benacantil.
Ramón Fernández Palmeral
Libro de Navidad del Ateneo Blasco Ibáñez 2025
(Publicado entre las página 239-242)









Como escritor, conviene insistir en una distinción básica pero a menudo mal entendida: el autor no es el narrador. Esta confusión se intensifica cuando se utiliza la primera persona, como ocurre con J. D. Salinger al construir la voz de Holden Caulfield. Muchos lectores, especialmente jóvenes o poco habituados al análisis literario, tienden a identificar automáticamente ambas figuras, interpretando las opiniones del narrador como si fueran confesiones directas del autor.
ResponderEliminarSin embargo, Salinger, al igual que Honoré de Balzac o Gustave Flaubert, demuestra una notable capacidad para introducirse en la psicología o mentalidad de sus personajes. Este recurso —la creación de una conciencia narrativa autónoma— es una de las herramientas más sofisticadas de la narrativa moderna. No se trata de autobiografía, sino de construcción literaria.
El éxito de The Catcher in the Rye se vio acompañado por una recepción peculiar: muchos lectores interpretaron la obra como un reflejo directo de la vida o pensamiento de Salinger. Esto derivó incluso en que el autor recibiera cartas solicitando consejo personal, como si Holden fuera su alter ego. Esta lectura literal revela más sobre la falta de formación crítica de ciertos sectores del público que sobre la intención del escritor.
Salinger no pretendía escribir una guía moral ni una autobiografía, sino una novela transgresora que capturara el desconcierto, la alienación y la crítica social presentes en la adolescencia. De hecho, el propio término “guardián” (catcher) alude simbólicamente a la idea de proteger la inocencia infantil frente a la caída en los vicios y errores del mundo adulto: drogas, delincuencia, sexualidad mal gestionada o simple vacío existencial.
Publicada en 1951, cuando Salinger tenía 32 años, la novela ofrece una crítica que sigue vigente. Los problemas de la adolescencia que retrata —incomprensión, hipocresía social, crisis de identidad— no han desaparecido; más bien se han transformado, manteniendo su relevancia en la actualidad.
El aislamiento posterior de Salinger también se ha interpretado de múltiples maneras, pero es innegable que el impacto de su obra y la presión mediática influyeron en su decisión de apartarse de la vida pública. Gracias a los derechos de autor, pudo vivir cómodamente hasta su muerte a los 91 años, pero su legado sigue siendo, ante todo, literario, no confesional.