POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

martes, 18 de mayo de 2021

EL ARTE DE LEER. ¿CUÁNDO EMPEZAR A ENSEÑAR A UN BEBÉ A LEER? ¿Y CÓMO SE HACE?

 

 



EL ARTE DE LEER.

 ¿CUÁNDO EMPEZAR A ENSEÑAR A UN BEBÉ A LEER?

 ¿Y CÓMO SE HACE?

En el año 1956 en España, yo tenía nueve años y no sabía leer ni escribir. Cuando empezaron a enseñarme no lo entendía y me enseñaron a tortazos. Las lágrimas se me caían sobre las letras de la cartilla escolar de lectura y se me turban las palabras de la «ma- me- mi- mo- mu» para leer mama. Así aprendí, a porrazos (la letra con sangre entra, decían) en un cuartel solitario de playa donde no había una escuela.  Luego a los diez años trasladaron a mi padre a un pueblo y empecé a  ir a una escuela de primaria para los retrasados, cuando yo no lo era. No me gustaba la escuela porque yo no sabía leer ni escribir, y ya tenía diez años.  Día sí y día también hacía novillos y lo pasaba en el campo, solo dando vueltas y cogiendo cigarrones o lagartos. 

El maestro nos pegaba con una vareta de olivo fina y vibrante como una vívora. Miedo y más miedo y yo no quería ir a la escuela. Por eso soy día de mayor leo muy mal. Se me viene a la cabeza el recuerdo de la disciplina de la vareta de olivo cuando me sangraban las manos por no saber leer. Como yo llevaba un retrato de 5 o 6 años, respecto a los demás niños, éstos se reían de mí, y como yo me liaba a mamporros con ellos, y más palos recibía yo para “enderezarme”.  Empecé a tartamudear involuntariamente del  miedo que de niño tuve en el cuerpo por maestro, monja y padres autoritarios que no sabían enseñar a leer a un niño ni a escribir. Porque con lágrimas en los ojos no se ven bien las letras. La cartilla mía era un charco de lágrimas.

¿Cómo se enseña a leer? La respuesta es simple, jugando, letra a letra, deletreando o «letralia».  Se compran unos dados grandes al bebé para que no se lo puedan introducir en la boca. Y a la vez que se le dice el nombre de las letras, él las amontona. Se le enseña a hacer castillitos o las figuras que él quiera hacer libremente. De esta forma: jugando el niño o niña aprenderá a conocer las letras. Y cuando vaya a párvulo no le serán ajenas, y aprenderá muy pronto el arte de leer.

Lo cierto es que, una gran parte de la población no sabemos leer bien, es decir comprender el significado de todas las palabras, lo que se llama lingüísticamente vocabulario. Para comprender lo que hay escrito hay que conocer su significado y significante, es decir entremos en la Semántica, que dice que la cosa no es la palabra, es decir una mesa no es una palabra, es una cosa. Significado y significante. Con lágrimas no se enseña a leer. Se enseña jugando.  Cuando el niño/a empieza a leer de corrido y se equivoca, no corregirle, dejadlo, porque puedo provocarle un trauma y un mal recuerdo, y falta de seguridad para leer en público (es horrible) porque le acudirán los fantasmas de su memoria que son demonios y varetas de olivos. Era cierto el refrán de que "La letra con sangre entre". Que fue mi caso. La escuela era como un martirio. Un sala de ejecuciones, una Inquisión con maestros como frailes verdugos. Un maestro no puede ser un verdugo, meno mal que se prohibió pegar a los alumnos/as.

Los perros aprenden a obedecer jugando. Los delfines jugando y los seres humanos jugando. Hay que observan si el niño/a es disléxico o no ve sin gafas. Bien está enseñar al que no sabe, pero  de forma pedagógica.

Si no es jugando en libertad,  la lectura dejará traumas.

Anónimo