POESIA PALMERIANA

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lunes, 19 de abril de 2021

CERVANTES Y LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA, por Ramón Fernández Palmeral, revista "Baquiana" de Miami

 


 

CERVANTES Y LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA

  por

 Por  Ramón Fernández Palmeral

 

 

Una invitación al Quijote

 

     Antes de comenzar este ensayo cabría preguntarse qué celebramos  cuando en estos  días gélidos del mes de marzo de 2005 tenemos el alto honor de ver y oír en  TVE la cálida lectura que nos brinda S.M. el Rey Juan Carlos I, del Capítulo I, de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha,  de Miguel de Cervantes.

     Para  exponer esta celebración cultural nada más ilustrativo como una introducción:

     Nos hallamos de pleno ante el IV Centenario de la publicación de la I Parte del Quijote, aunque se debió empezar a celebrar a partir del pasado 2004  y no ya en medio del 2005, puesto que fue en  1604  cuando se le concedió a Miguel de Cervantes Saavedra el privilegio o cédula real  para la publicación de El ingenioso hidalgo... puesto que dicho privilegio (licencia y condiciones para su impresión) del rey Felipe III y  firmado por mandato real por Juan de Amezqueta, está fechado en Valladolid el 26-09-1604, lugar donde en aquellos años se hallaba la Corte (1601-1606), y donde además vivía el autor.

     El Testimonio de las erratas [1] fue fechado el 1 de diciembre de 1604 por el Licenciado Francisco Murcia de la Llana, que era médico de oficio.  «Halló editor en Francisco de Robles, quien lo dio a imprimir en Madrid a Juan de la Cuesta» [2]. La I Parte de don Quijote salió a la calle los primeros días del mes de enero de 1605 con muchas erratas. La novela está dedicada al duque de Béjar, que según el murciano don Diego Clemencín (1765-1834),  se trataba del séptimo duque de Béjar don Alonso Diego López de Zúñiga, que lo fue desde 1601 hasta 1619 fecha de su muerte.  Era norma que los autores dedicasen sus libros a los opulentos y poderosos con la intención de que sufragasen los gastos de publicación.

     Evento cultural que «me espanta esta grandeza» [3] y es de tal importancia para las letras universales  que no podemos dejarlo pasar sin indagar, investigar y aportar los últimos descubrimientos, y cómo no, aproximarnos a la filosofía española que tanto tiene que ver con Cervantes, incluso, aparece en el reverso de los Euros acuñados en España y el español es conocido también como «la lengua de Cervantes». Desde aquí os invitamos a la relectura del Quijote, y además a hacer un repaso a algunos de los libros y ensayos que   a lo largo de estos 400 años han escrito los más destacados analistas cervantinos. Y a través de ellos podremos tener argumentos para razonar y comprender «el quijotismo» como filosofía de lo español, no ya porque la coyuntura de la efeméride nos invite a ello, sino por el aprendizaje de la vida y del conocimiento empírico que nos dejará  las lecturas del gran molino de los libros, y a la vez, os aseguro, que nos abrirán los ojos del entendimiento y nos descubrirá un mundo de no-ficción, sino real con una vigencia palpable a través de los siglos sobre el pensamiento y la conducta más oculta y secreta del ser humano.

     Aunque la filosofía de la realidad sea una pura apariencia, pues ya Ortega y Gasset introdujo el tema de la realidad y sus diversos sentidos cuando buscamos la realidad buscamos la apariencia. «Las verdades son eternas, únicas e invariables» [4]. Para el filósofo español la realidad era una incómoda palabra, estaba convencido de que los objetos materiales poseen una tercera dimensión que ni la vemos ni la tocamos.  Y es aquí a donde queremos llegar, a sentir y percibir la tercera dimensión del Quijote, de cómo un pobre hidalgo desinteresado sueña en un mísero lugar con imperios, batallas míticas y laureles de gloria. Y como contraste tenemos a un labrador,  Sancho Panza, con los pies en la tierra, que es la sublimación del egoísmo y del materialismo.

     Sobre El Quijote y el pensamiento filosófico español [5] nos dieron lección hace más de un siglo don Nicolás Díaz de Benjumea en  su  Novísima historia crítica de la vida de Cervantes (1878). O el conferenciante don Adolfo Bonilla y San Martín  sobre Don Quijote y el pensamiento español, el 6 de mayo de 1905 en el Ateneo de Madrid,  en la que nos argumenta que Cervantes no hizo filosofía directamente; sin embargo, todas sus obras desde Galatea es filosofía española y de lo español. Patricio de Azcárate [6] consideró a Cervantes como iniciador del método racional de Descartes.  Lord Byron escribió que El Quijote es un gran libro que mató a un gran pueblo. Harold Bloom se pregunta ¿Por qué somete Cervantes a su héroe al maltrato físico de la primera parte y a las torturas sicológicas de la segunda?

     La lista nominal de escritores, poetas, pensadores y filósofos cervantistas y cervantinos es tan larga que no cabría en este corto espacio. Todo intelectual en español que se precie de serlo ha de enfrentarse alguna vez con El Quijote. Lo hizo Santiago Ramón y Cajal en su ensayo Psicología del Quijote y del quijotismo, 1902.    Escribieron también  los de la Generación del  98: Unamuno (hizo una defensa de don Quijote contra Cervantes), Azorín (apología de Cervantes y de Castilla), Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote) o Ramiro de Maeztu. Este último, creía que un hombre de cultura no debía considerar al Quijote como una guía del pensamiento, nos advertía que tiene sólo valores literarios porque expresa lo decadente de la historia de España, reiteraba que la obra de Cervantes no debía ser un ejemplo en cómo vivir ni pensar.  Maeztu, un hombre de la Generación del  98, dolido por la pérdida de la credibilidad internacional española, se adelantaba a advertir que no viéramos en la España actual el «fantasma doloroso, una cruel pesadilla» [7] de un ayer decadente, pobre y mezquino.  Maeztu consideró perjudicial tener como espejo el quijotismo, y atacó contra el complejo adquirido tras el desastre de 1898 (pérdida de Filipinas y de Cuba). 

     «Si nos creemos inferiores a otros pueblos, es por ignorancia de nuestra Historia. Cuando ésta nos muestra la perspicacia de nuestros genios, el magnífico sentido de justicia de nuestras instituciones tradicionales, el espíritu moral de nuestra civilización, las mentes escogidas pensarán, con Menéndez y Pelayo, que la extranjerización de nuestras almas es la razón de nuestra decadencia» [8].

     Se ha visto  que era un temor infundado, porque un siglo después los españoles hemos hecho de España  un país altruista  que mantiene sus tradiciones, y, cree en el progreso y en el proyecto común de una Constitución Europea, y que tiende un puente hacia Hispanoamérica.

     Los de la Generación del 27 retomaron el teatro cervantino: Rafael Alberti en Cerco de Numancia [9], en Federico García Lorca con “La Barraca”, representaba obras del Siglo de Oro: Las cuevas de Salamanca, Los dos habladores... Conferencias de Jorge Guillén y Pedro Salinas, y músicos como Manuel  de Falla (Retablo de Maese Pedro) y Oscar Esplá con su poema sinfónico Don Quijote velando las armas.  Más contemporáneos son la filósofa veleña María Zambrano (de la realidad y el ser de la novela del Quijote), los pensadores Salvador de Madariaga o el mejicano Carlos Fuentes (Premio Cervantes 1987) etc., sí hemos de hacer constar las influencias de Cervantes en la literatura hispanoamericana, las cuales  son harto evidentes, además Cervantes intentó pasar a las Indias Occidentales (América) pero no le autorizaron [10], y, ahora, actualmente como escribe Edgar Montiel en «Tesis para una filosofía americana» [11]:

     «La literatura latinoamericana ha encontrado ya un rostro propio con el que se presenta al diálogo mundial de las culturas. Esta literatura reconocida y admirada en Oriente y Occidente es una expresión de la civilización latinoamericana. Ahora le toca el turno a la filosofía. Hay que afilar las armas de la razón para convertírsela en la otra filosofía. La filosofía interlocutora de Occidente».

  

 La filosofía española

 

     El Quijote se escribió en el momento de iniciarse el declive español, y por eso es un libro de abatimiento y decadencia social, ciertamente la más genial apología de la decadencia española de primeros del siglo XVII. Por  ello Mario Vargas Llosa escribe:  « ...y la utopía que fraguaron los seres humanos para huir de algún modo de la inseguridad y el salvajismo en que vivía para encontrar refugio en una sociedad de orden, honor, de principios, de justicia y de redentores civiles...» [12], es decir, olvidarse de la realidad y vivir una ficción. Aunque con el tiempo esta ficción se convierte en realidad, en mito o en el espíritu quijotesco, que se sintetiza en el esfuerzo, en la lucha constante de levantarse de cada caída, sobreponerse a los obstáculos que se presentan con formas de pasiones o intereses, a vencer los fantasmas o enemigos visibles o invisibles, la solidaridad con los débiles, en definitiva, esta es  la filosofía española: la voluntad de poder creer en proyectos ilusionantes no ilusorios.

     Porque como expuso Menéndez Pelayo, según notas de Alberto Navarro: «no es libro triste y demoledor, sino de exaltación y de fecunda síntesis, es decir, el último y mejor libro de caballerías y el primero e insuperado modelo de la moderna novela realista». Y tiene razón, no es un libro triste, a pesar de las burlas y ofensas que recibe Don Quijote y Sancho. En cuanto estas burlas nos provocan  risas es porque no somos solidarios, o es que, por el contrario, alguna vez fuimos objetos de ellas y tomamos nuestra particular venganza.

     Es cierto que la sociedad ha cambiado a lo largo de estos 400 años; no obstante, a pesar de los adelantos tecnológicos y económicos, y el bienestar social alcanzado, creemos, y es nuestro parecer,  que poco o nada han mejorado nuestros sentimientos o las debilidades humanas. Continuamos practicando la envidia, la insolidaridad, la burla y el abuso sobre el débil, la risa sobre los locos, la picaresca en los negocios de la oferta y la demanda, y si es posible practicar la rapiña, el engaño o la apropiación, continuamos practicando el ritual de las apariencias y del qué dirán, el uso de las recomendaciones,  el abuso del patrón o del gobernante de turno, que  premian a los necios y se olvidan a los honrados, la discriminación de la mujer, la desconfianza y el recelo ante el Estado o ante la Administración, reverenciamos al famoso o a los que tienen poder, cátedras, títulos nobiliarios o académicos, importunando a los poderosos. Y me pregunto, ¿en qué sentimientos y debilidades hemos  mejorado o superado a lo largo de estos 400 años? Quizás con el romanticismo se ganó liberalismo, y con  la revolución industrial aprendimos formas nuevas de convivencia social, como el poder del sindicalismo y que la unión hace la fuerza, pero, dónde quedan los sentimientos.

     A través de las generaciones que nos precedieron, hemos heredado un legado irreemplazable que son valores reales y ciertos para el análisis y examen de nuestras  conciencias, y parte de este legado literario  es gracias al ingenio y la imaginación de Cervantes sin excluir a los dos veguistas (Garcilaso y Lope) o calderonianos, que a través de sus obras nos han abierto una ventana, una tercera dimensión a la realidad aparente y orteguiana, un punto de vista y de observación desde donde asomarnos y vernos a nosotros mismos, y nos riamos de la futilidad de la vida que no es más que el quijotismo bien entendido, y, a la vez, es nuestra idiosincrasia a la que no debemos renunciar, puesto que por ella nos hace ser reconocidos en el mundo como un doblón de oro con garantías.

     A lo largo de estos cuatro siglos el prestigio de las Letras españolas ha dado lugar a la creación de varias instituciones que llevan el nombre de Cervantes, como por ejemplo el Instituto Cervantes, dirigido actualmente por César Antonio Molina, que despliega por el mundo la enseñanza del español: una lengua para sentir y pensar. Tampoco olvidemos el importante Premio Cervantes de Literatura celebrado en la Universidad de Alcalá de Henares  y que se entrega cada 23 de abril (aniversario de la muerte de Cervantes), desde donde con un criterio exhaustivo se reconoce y premia el trabajo y la labor de intelectuales y escritores en beneficio de la lengua española. Premio que  anualmente se alterna con los escritores hispanoamericanos.    

     La influencia o proyección mundial que ha ejercido Cervantes a través del Quijote sobre filósofos, pintores, músicos, escritores, cineastas, teatro o pensadores internacionales es la prueba de convicción de la veracidad del mensaje cervantino que, como un venablo de ideas,  llega a impactar en  la sensibilidad creadora del hombre como elemento inherente al arte y a la forma de interpretar el mundo.

     Por ello, los inequívocos valores espirituales que obtenemos o que nos proporciona la lectura del libro de los libros o el molino de los libros o joya manchega, son los motivos irrefutables para recomendar una invitación a nuestro Don Quijote eterno, y a una nueva meditación que restablezca la luz y el orden en el retablo de nuestras imperfecciones humanas, con una nueva esperanza ante esta equivocada doctrina bélica y  tan de lamentar.

     Dejadme la esperanza, escribió el poeta universal Miguel Hernández en su poema: «Canción última» de su libro El hombre acecha (1939).

 

Ediciones singulares en el IV Centenario.

 

    Una de las ediciones  más celebradas en este IV Centenario es la mediática edición de la Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2004), con las notas al texto del académico Francisco Rico. Entre cuyos prologuistas se hallan las reconocidas firmas de Mario Vargas Llosa, Francisco Ayala y Martín de Riquer. Aunque echamos de menos la falta de  algún artículo del reconocido hispanista,  firma crítica, como la de Harold Bloom, para darle colorido y «canon occidental» a este evento internacional.

     Mario Vargas Llosa como indiscutible escritor peruano  en «la lengua de Cervantes»   recibió en 1994 la más alta distinción de las Letras Españolas: El Premio Cervantes, además es  académico de número, ensayista y articulista tenaz, y no tiene por lo general, críticas adversas, además de que tiene cara de buen chico,  le avalan por sí solo. Sin embargo, al leer detenidamente su artículo  «Una novela para el siglo XXI», ya anotado (ver nota 10), hemos podido observar que ha caído en generalidades dignas de ser comentadas, con la mejor intención:

     Es evidente que la intención de Vargas Llosa,  para tan selecta edición es laudatoria, con muy buenas  pretensiones logísticas sobre la carpintería interna de la novela, y,  de la que también nos habló Gabo,  debido a un indiscutible encargo de la Real Academia Española como señuelo para atraer a lectores hispanoamericanos, que también podrían  llamarse «hispanocolombinos» [13]. El artículo es sumamente ortodoxo casi sin riesgos, se divide en seis apartados: el primero doctrinal; el segundo sobre la ficción de un mito que se confunde con la realidad, parecido a lo que leímos: Consejos a un joven novelista [14] de este mismo autor; el tercero sobre la libertad individual, la libertad de pensamiento y  nos dice lo que todos sabemos que Alonso Quijano se hace caballero andante «se lanza por los caminos, a buscar remedios para todo lo que anda mal en el planeta»; el cuarto sobre el espacio concreto y humano de la España del Quijote, de un mundo plural y abigarrado de incontables patrias; el quinto es la construcción de la novela como una novela moderna, que fue en su época lo que para la nuestra es el Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido de Proust, Cien años de soledad de  García Márquez o Rayuela de Cortázar, nosotros incluiríamos también Tiempo de Silencio de Luis Martín-Santos; y finaliza el sexto apartado sobre los tiempos del de la novela en El Quijote, que entendemos de arqueo menor y se podía haber aprovechado para comentar sobre las influencias del pensamiento quijotesco o sobre la psicología del Quijote. Porque en realidad hablar cronológico de los tiempos en la novela de El Quijote, es hablar de un desastre de novela.. Porque en realidad El Quijote empezó siendo una novela ejemplar o corta, una novela a la que su autor le fue cosiendo  todo tipo de retales, recortes, sueños de cajón, y restos de novelas desechadas por los editores. No es una novela compacta, ni escrita de un tirón, ni escrita en una cárcel.

      Por lo tanto nos encontramos ante una novela narrativa sin intriga, que con el tiempo debemos hablar más de la ucronía del Quijote, o para explicarlo con la acepción de esta palabra: «utopía histórica, o construcción de la historia sobre datos hipotéticos o ficticios» [15]. Un libro que se ha ido engrandeciendo más por los incontables estudios cervantinos de cervantistas o «cervatos» de la lengua que por su lectura ya que muy pocos la han leído.  Una novela que se ha ido montando de un halo de inmortalidad con posterioridad, debido a que se ha buscado en El Quijote el sello de lo español como lo ha demostrado nuestra moneda del Euro, de lo cual nada más hay de comentar, porque Cervantes es el logotipo de España, como un recordatorio del Imperio que fue en el siglo XVI. Y nos preguntamos: ¿No hubiese sido más rentable históricamente para nuestro Euro la efigie del Emperador Carlos I de España y V de Alemania? Aunque  se hubieran enfadado belgas, holandeses, alemanes e italianos, porque aún recuerdan al malo de la película: a nuestro duque de Alba o a algún capitán Alatriste.  En fin, es Cervantes, un hombre generoso, quien tiene el honor de figurar en nuestra moneda de curso legal como espejo numismático de una historia y de una filosofía española.

     Francisco Ayala [16] (Premio Cervantes 1991), escribió el ensayo «La invención del Quijote».   Discurso leído en la fiesta de la lengua española celebrada en la Universidad de Puerto Rico el día 24 de abril de 1950. Ahora nos lo presentan sin ninguna nota de su ejecución. Este ensayo que ahonda profundamente en el pensamiento quijotesco y sancho-pancismo, necesita de un lector atento.  En el discurso de recepción del Premio Cervantes dijo Ayala:

    «La imagen de don Quijote tentando en vano el ciego muro que veda la entrada al paraíso de su fantasía me ha resultado, siempre que he vuelto a ella, patética en el más alto grado».

    De Martín de Riquer su «Cervantes y el Quijote», es un indudable trabajo eruditísimo de quien se ha dejado las pestañas en los archivos.

     Francisco Rico con sus «Notas al Texto» aporta abundantes novedades filológicas y lingüísticas, etnográficas y aclaratorias de indudable valor para un hombre actual que no tiene tiempo literario.

     Los trabajos académicos  de José Manuel Blecua, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, Margit Frenk y Claudio Guillén sobre «La lengua de Cervantes y el Quijote»,  quedan reservados para filólogos, y quienes quieran profundizar en la obra desde el punto de vista lingüístico.         

                                     

     La otra edición que más nos han llamado la atención en este IV Centenario ha sido la de Alfredo Ortells, S.L., de Valencia con los comentarios completos del murciano don Diego Clemencín [17] es a nuestro parecer la mejor edición comentada  hasta la fecha, con un amplio prólogo de don  Luis Astrana Marín y las ilustraciones del francés Gustavo Doré. Clemencín fue injustamente olvidado, casi no existen referencias a su biografía o trabajos, y es ahora gracias  a esta edición de Alfredo Ortells, cuando aparece en una publicación asequible y sus muy eruditos y abundantes comentarios al Quijote.   A la vuelta del absolutismo don Diego Clemencín fue perseguido, pero no abandonó los comentarios hasta el día de su muerte por culpa de un cólera en 1834. (El comentario contiene 949 páginas a dos columnas en letra minúscula y en papel Biblia, más extenso que la suma de las dos partes del Quijote, y luego nosotros nos quejamos cuando escribimos un folio). Si exceptuamos a Luis Astrana Marín, no ha existido un comentarista de la talla, calidad y precisión como la del murciano  Clemencín, ni Juan Antonio Pellicer, Navarrete, ni J. Eugenio Hartzenbushc, ni Vicente de los Ríos, ni Rodríguez Marín, ni Azorín o la del reverendo inglés John Bowler (comentarios aparecidos en 1781), no han podido superar la erudición de don Diego, sus análisis comparativos de los libros de caballería, romances viejos, símbolos, estudios pormenorizados de la gramática y deslices de Cervantes, que según don Diego, no tenía el «príncipe de los ingenios» la costumbre de repasar sus escritos, por ello, a Sancho le hurtaron el rucio en el capítulo XXIII y lo recuperó en el XXX. Además hizo apreciaciones de defectos sintácticos, observaciones que los cervantistas melindrosos no se lo han perdonado.

 

Conclusiones

 

     A través de estos cuatrocientos años de la publicación del Quijote (1605) de la I Parte, y diez años después la II Parte (1615), se han teorizado y escrito montañas de papel sobre el molino de los libros. Sólo la Bibliografía de ediciones críticas del Quijote entre 1606 hasta 1917, de Juan Suñé Benagés y Juan Suné Fombuena, Ediciones Perelló, Barcelona, tiene 485 páginas, de alto valor bibliográfico y económico. A la que ahora hay que añadir la Bibliografía del Quijote 1905-1997, de Jaime Fernández, SJ Sophia Universita, Japón. Consultar en la red. 

     Conocida es la observación del Quijote como arquetipo del carácter español y un modo de ser, porque tenemos una particular forma de concebir el mundo, «una manifestación histórica de eternidad» [18], o una forma de enfrentarse a los acontecimientos de la historia, ante los «ruidos» del mundo, de lucha contra el terrorismo, un heroísmo espiritual  que se resuelve como en grotesco descalabro superior.

     Este IV Centenario ha de servirnos para reflexionar sobre nuestro pasado, nuestro presente y en especial  nuestro futuro, teniendo en cuenta nuestra herencia, patrimonio cultural, identidad y valores altruistas y solidarios en un proyecto ilusionante de fe en sobreponerse a las caídas, en definitiva nuestro quijotismo y filosofía española.

  

 

Bibliografía consultada

 

-Don  Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes, Edición IV Centenario, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2004. Coordinada por el académico Francisco Rico, lleva unas 5.000 notas, "muy breves", para facilitar la lectura de la obra cervantina, además de un estudio, dividido en cinco partes, sobre "La lengua de Cervantes y el Quijote" Un glosario general del Quijote, con un índice de 7.000 palabras, locuciones, frases proverbiales y refranes, que constituirá "un instrumento valiosísimo" para todo tipo de lectores, completará la edición, según García de la Concha.

-Encuentros en el IV Centenario, Ramón Fernández Palmeral, Colección Brotes/Palmeral, Alicante, 2004. Consta de un prólogo del profesor Manuel Parra Pozuelo, y consta de 18 artículos críticos y 17 láminas.

-La verdad sobre el Quijote, Nicolás Díaz de Benjumea, Imprenta de Gaspar, Editores, 1878.

-El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra,  y comentarios de don Diego Clemencín, Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia, 1998.

-Don Quijote y el Pensamiento Español. Adolfo Bonilla y San Martín. 1905. Conferencia en el Ateneo de Madrid.

                                                       

         

Notas

 

[1] Una vez obtenido el testimonio de erratas se solicitaba la Tasa, que era el documento por el que se establecía el precio del libro de venta al público.  La Tasa para la I Parte del Quijote  la  redactó   el escribano de cámara del Rey don Juan Gallo de Andrada, fechado en Valladolid el día 20-12-1604. En cambio, la Tasa de la II Parte de don Quijote, la firmó el escribano Hernando de Vallejo.  El precio de la I Parte  se estableció en tres maravedíes el pliego, o sea, un total de 290 maravedíes, un precio muy elevado si tenemos en cuenta que una docena de huevos valía 62 maravedíes según E.J.Hamilton. Estos tres documentos habían de ser impresos en las primeras páginas del libro.

[2] Según nota de Luis Astrana Marín, uno de los más ilustres cervantistas, cuya obra Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, que tiene siete volúmenes.  Se le erigió un busto en Alcalá de Henares en reconocimiento a su magna labor.

[3] Tomado del primer verso «Al  túmulo del Rey Felipe II en Sevilla». Cervantes, (1598).

[4] El tema de nuestro tiempo (1923), cap. X: «La doctrina del punto de vista».  

[5] Sobre el pensamiento filosófico de Cervantes nos podemos remontar a uno de los primeros libros sobre el tema Exposición histórico-crítica de los sistemas filosóficos modernos y verdaderos principios de la ciencia, publicado por Patricio de Azcárate, Exposición histórico- crítica de los sistemas filosóficos modernos... (1861).  Y un folleto de Federico de Castro Cervantes y la filosofía española (1870).

[6] Patricio de Azcárate Corral (1800-1886). Filósofo y político español, historiador y traductor de la obras de Platón, Aristóteles y Leibtniz. Nació en León donde inició sus estudios, pasó a la Universidad de Oviedo y Santiago de Compostela donde se licenció en Derecho.

[7] «Ante la Fiesta del Quijote»,  Ramiro de Maeztu,  13 de diciembre 1903

[8] Ramiro de Maeztu; La hispanidad en crisis. «VI Contra moros y judíos»  (1 febrero de 1933)

[9] Edición de la Residencia de Estudiantes, Madrid, 1937,  la obra fue estrenada por la entonces esposa de Alberti: María Teresa León Goyri en el teatro de la Zarzuela en 1937.

[10] Cansado de sus correrías, en mayo de 1590 dirige una petición al presidente del Consejo de Indias, solicitando un oficio en las Indias de los vacantes a la sazón: contaduría del reino de Granada, gobierno de Soconusco, contador de las galeras de Cartagena o corregidor de la Paz. La respuesta vuelve a ser negativa y decepcionante: "busque acá en que se le haga merced".

[11] El autor de esta tesis obtuvo el Dialôme d´Etude Approfondie de Filosofía en la Sorbona, junio de 1980. Corresponde al texto que se incluye en el libro El humanismo americano. Filosofía de una comunidad de naciones. Perú, Fondo de Cultura económica, 2000.

[12] Pág. XIV, «Una novela para el siglo XXI» Edición del Quijote para el IV Centenario de l RAE y AALE. (Convenientemente anotado en la Bibliografía)

[13] Para diferenciar  a los hispanófonos, es decir,  distinguir a los americanos de lengua española de los de lengua inglesa, portuguesa y francesa de Québec. Pero esta palabra aún no ha sido incorporada al diccionario y por lo tanto no puede ser liberada de sus dos comillas o barrotes carcelarios del lenguaje artificioso.

[14] Leer en:

http:://www.Ciudadseva.com/textos/teoría/opin/vargas2.htm.

[15] Según el Diccionario Abreviado del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, de Aguilar, Madrid 2000, es decir, una novela que mucho se ha editado, vendido, y pocos han leído.

[16] Francisco Ayala García-Duarte nació en Granada el 16 de marzo de 1906. A los dieciséis años se trasladó a Madrid. Allí estudió Derecho y Filosofía y Letras. En esta época escribe y publica sus dos primeras novelas, Tragicomedia de un hombre sin espíritu e Historia de un amanecer. Colabora habitualmente en Revista de Occidente y Gaceta literaria. Reside en Berlín entre 1929 y 1931, coincidiendo con el surgimiento del nazismo. Se doctora en Derecho en la Universidad de Madrid, en donde da clases. Es letrado de las Cortes desde la proclamación de la República, y el estallido de la Guerra Civil en 1936 lo encuentra en una gira de conferencias por Sudamérica.

[17] Nació en Murcia el 27 de septiembre de 1755, de padre de descendencia francesa, niño despierto, ingresó en el seminario de San Fulgencio, donde inicia los estudios eclesiásticos, llegó a traducir varias epístolas del griego. En 1778 fue nombrado preceptor de los hijos del duque de Osuna. Viajó a París. Se casó en Madrid con la rica señora Dámasa Soriano. Fue nombrado académico de la Historia y de la Lengua. Desde la Gaceta Oficial y del Mercurio promovió en 1808 un levantamiento contra el general Murat que acabó en el 2 de Mayo. Para evitar un proceso se retiró a su finca de  Guadalajara y para distraerse y olvidar sus cuitas se inició en la lectura y los comentarios del Quijote.

[18] Francisco  Ayala, «La invención del Quijote» 1950.

 

                                             (Publicado en la revistas Baquiana de Miami nº 35/36, 2005)

Alicante, marzo del 2005

                     

 

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