Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com.
La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.
El crítico y el escritor son dos especies distintas
Con
frecuencia, la escritura y la crítica aparecen en el imaginario
literario como prácticas antagónicas. Quizá sea verdad que el escritor y
el crítico, aunque lo compartan como instrumento y objeto de trabajo,
utilicen el lenguaje de manera distinta. Sin embargo, la mayoría de las
veces la diferencia demuestra dos necesidades en apariencia básicas en
el mundo cultural: la autoafirmación y la denostación del otro. Así, que
se califique a un crítico de “escritor frustrado” y que se afirme que
los escritores saben poco de literatura –para citar sólo dos lugares
comunes al respecto– dice poco del ejercicio de la escritura o de la
crítica y mucho de las ganas de hacer ruido de la persona que reproduce
las mismas insensateces una y otra vez.
Escribir reseñas me convierte en crítico literario
Antes
de comentar sobre esto, la pregunta es: ¿por qué alguien querría
convertirse en crítico literario? O mejor, ¿por qué la necesidad de
etiquetarse y ser considerado bajo tal categoría? La respuesta simple:
autoafirmación y ego. La respuesta compleja: autoafirmación y ego.
Actualmente, el mundo está lleno de gente que publica reseñas: algunas
son buenas; otras no tanto. Así es todo en la vida.
La
importancia que le hemos dado al género –si es que le hemos dado
alguna– a veces impide que veamos la cercanía que hay entre la reseña y
otros discursos como el periodismo cultural o la publicidad. Si en tus
reseñas te dedicas a exaltar el genio del autor o a despreciar el bodrio
que es el libro, entonces eres un publicista con bastante mal carácter.
Si en tu texto aparen opiniones de otros escritores a quienes llamaste
para preguntarles su parecer, entonces eres periodista. Si en lugar de
reseña publicas lo que leíste en la presentación del libro: eso no es
crítica literaria, es pereza. Llamar por su nombre de pila al escritor y
contar cómo se conocieron no te convierte en crítico, pero sí en buen
amigo.
Hay más ejemplos, pero para volver a la idea
fija: ¿escribir reseñas me convierte en crítico literario? Qué más da.
Es difícil creer que la gente leerá o dejará de leer un libro debido a
tu opinión. La mayor parte de los lectores ya tiene los suficientes
prejuicios como para decidir, sin intermediarios, a quién leer y a quién
no.
Leer a escritores difíciles me hace mejor lector y, por lo tanto, mejor crítico
Hay
personas que encuentran un particular gozo en pretender que son mejores
lectores que los demás. Frente a eso hay muy poco que hacer: si alguien
considera que leer a Proust es mejor que leer a Stephen King, ¡bien por
eso! Si no, también. Por fortuna, la cantidad de páginas de ambos
escritores son suficientes como para que los lectores de cada uno nunca
tengan tiempo de hacer otra cosa. Si los libros se acaban, para eso
están Musil y Lovecraft. Si se acaban, para eso están los rusos y
Margaret Atwood. Si se trata de concebir la lectura como una serie de
elecciones que sólo permiten leer esto y no lo otro, lo importante es que cada quien lea lo que le da la gana.
Sobre si esto te hace mejor o peor crítico, favor de leer la idea fija anterior.
Se necesita formación académica para ser crítico literario
No.
De igual modo, la formación académica tampoco impide convertirse en
escritor. (Aquí no estaría mal aclarar que, hablando con propiedad,
nadie se convierte en nada.) Pasa que como estamos acostumbrados a
ver el mundo de forma maniquea, lo más sencillo es conservar los
estereotipos heredados en lugar de inventar los propios.
[A uno le convierten los demás en crítico o valorador de obras, en cuando empiezan a pedirte que le hagas comentarios a sus obras o prólogos a sus libros, luego empiezas y ya no acabas].
La crítica literaria en internet se ha trivializado
Sí,
de hecho todo se ha trivializado. El mundo es un amasijo de
trivialidades del que ya no hay salida. Ahora, cuando alguien dice eso
sin la conciencia de que desde 1580 hay quejas sobre lo trivial que es
la crítica literaria, lo que comunica no es indignación, sino falta de
imaginación. Si la queja se refiere únicamente a internet, lo que hay
que buscar son mejores páginas que leer. Si se han agotado todas las
posibilidades, cosa difícil de creer, siempre nos quedan los libros.
Tomado de la web: http://www.letraslibres.com/blogs/el-grafolego/5-ideas-fijas-sobre-critica-literaria
La revolución literaria que está provocando el escritor noruego Karl Ove Knausgård con su obra autobiográfica Mi luchaes
revisada por la novelista Cristina Rivera-Garza: una escritura del yo,
descarnada y radical, que viene de vuelta de las convenciones de la
ficción en Occidente y que busca no expresar sino crear en su lector la
emoción y el sentimiento por encima del artificio.
I. EXIGIR LO IMPOSIBLE
“Ya es hora de parar el experimento”, me dijo
alguna vez un alumno justo después de un seminario de lo que en Estados
Unidos se llama creative writing y que en México, y en gran
parte del mundo de habla hispana, sigue siendo denominado “creación
literaria”. “¿Podemos aceptar que hacemos esto nada más para que nos
quieran?”, insistió con la voz baja, avergonzado y bravío a la vez. La
mirada del que implora. La perplejidad me dejó callada, con la boca
medio abierta, tratando de sonreír. Algo debí de haberle contestado pero
incluso ahora que me lo propongo, tanto tiempo después, no sé en
realidad qué le dije. Años más tarde, en otro país, un estudiante de
posgrado se me acercó para platicar después de una conferencia.
“Necesitamos menos subjetividad y más sujeto en los libros”, aseguró en
un español que era claramente una segunda lengua. “Necesitamos verdad,
carne, experiencia, literalidad”. Se notaba que la lista era más larga
pero que, por cuestiones de obviedad de cortesía, la dejaría ahí. No
la perplejidad, sino el reconocimiento me hizo detenerme con interés.
“Tú estás leyendo a Knausgård”, le contesté, tratando de atinar. La
sonrisa sorprendida y abierta del muchacho me dijo, de inmediato, que
había dado en el blanco.
No se trataba, en ninguno de los dos casos, del
típico crítico conservador y temeroso que, apoyándose en la autoridad
incuestionable de una tradición oficialista y timorata, impugnaba la
capacidad de la experimentación para lograr que la escritura entablara
una relación estrecha y viva, orgánica, con el lector. Justo lo
contrario. A ambos, el joven alumno de licenciatura como el avezado
doctorando que ya preparaba su disertación, les interesaba explorar, en
total libertad, tantas estrategias de escritura como les fuera posible
para producir o leer, según el caso, textos contemporáneos y
emocionantes a la vez. Lo que una plétora de libros experimentales o
posmodernos, así los llamaron cada uno respectivamente, les habían dado
eran retos intelectuales que les resultaban interesantes, incluso
apasionantes, pero no necesariamente conmovedores. Y ellos, jóvenes al
fin y al cabo, lo querían todo: libros complicados y emotivos; libros
con reto y con refugio; libros con los que se pudiera enfrentar la vida
y, acaso, vencer la muerte. Todo junto y todo a la vez, eso querían.
Nada más, pero tampoco nada menos. No esto o lo otro. Sino esto y lo
otro. ¿Podemos parar el experimento ya? Por eso no me extrañó que, al
menos uno de ellos, se declarara abierto admirador de la obra más
reciente de Karl Ove Knausgård, el autor noruego que, después de haber
publicado dos novelas bien comportadas, merecedoras de importantes
premios en su país, optara por escribir una larga y escandalosa
autobiografía en seis volúmenes a la que tituló, de manera por demás
provocadora, Mi lucha.
En diversas entrevistas y en los volúmenes mismos
de su detallada novela autobiográfica, Knausgård ha declarado que
eligió aproximarse “al núcleo mismo de la vida”, es decir, de su vida,
porque había dejado de creer en otros géneros literarios como formas
capaces de enfrentar la creciente falta de significado del mundo —una
falta de significado evidente ya, de hecho, en la diseminación y
dominio de la ficción en todos los aspectos de la vida cotidiana—. “La
vida a mi alrededor no era significativa. Siempre quería apartarme,
dejarla atrás. La vida que llevaba no era mía. Trataba de volverla mía,
ésa era mi lucha, porque por supuesto que eso era lo que quería, pero
fracasaba” (volumen 2, p. 469).
¿Qué podría la ficción literaria frente a la ficción en que se ha
transformado la existencia misma? Su respuesta, negativa y radical
—radical, de hecho, por negativa— lo condujo a las puertas de uno de
los más feroces y peculiares trabajos con el lenguaje del yo, que es
una forma del lenguaje del nosotros, de nuestros días.
II. LA VERDAD
Una necesidad similar se encuentra, acaso, detrás
del surgimiento y creciente popularidad de la así llamada autoficción:
libros en que una diversidad de autores asumen el reto de contar la
verdad propia a sabiendas, en un mundo que ha pasado ya por el giro
lingüístico y el cuestionamiento de las grandes narrativas, de que tal
tarea es imposible. Se trata de libros que saben, y lo muestran así, al
menos dos cosas: que no hay manera de tener un contacto directo con lo
real, no al menos sin el lenguaje; y que el yo no es más que una
convención, el acuerdo del cual partimos para colocarnos en modo
íntimo, aunque transferible, ante el lenguaje. Son libros listos;
libros irónicos; libros que cultivan una distancia cuidadosa, a veces
elegante y a veces melancólica, frente a lo que saben no pueden ni
conseguir ni prometer: verdad.
Lo que Knausgård se propone y nos propone es a la
vez más descabellado y más imposible. Justo como los dos muchachos que,
cada cual a su manera, pedían un fin al experimento, Knausgård, que a
momentos ha elogiado a la novela como el último territorio en que los
adolescentes nihilistas pueden todavía plantearse las grandes preguntas
del ser, quiere la médula misma, la médula de sí, y la médula del
lenguaje. El núcleo de la vida. El esqueleto mismo de los días. El
marasmo. No lo que, pudiendo encontrar forma en algún cauce narrativo,
fuera capaz de forjar su propio sitio en “el desarrollo del significado
a lo largo del tiempo”, sino lo que, expuesto en una simultaneidad
abrumadora, pegado al cúmulo de detalles concretos del cuerpo y de la
respiración, escapara cualquier noción preconcebida de lo que es un
relato. Atento al anacronismo, Knausgård no pide disculpas por su
ímpetu neorromántico o, incluso, romántico, pero sí toma su distancia
con respecto a la inocencia teórica o el elitismo cultural.
“Esta pièce de résistance es el humo
elevándose en espiral”, así le describe Karl Ove Knausgård el objeto que
tiene frente a sí a su hermano. Se trata de una botella de cerveza
vacía, en cuyo orificio superior ha introducido unos segundos antes la
colilla de un cigarro sólo a medias apagado. Cuando el humo insiste en
subir por el cuello de la botella y propagarse así por el jardín
revuelto y desordenado que planea limpiar, Karl Ove, como le gusta ser
llamado, coloca un pequeño plato, en el que se le han ofrecido algunas
sobras de la comida a una gaviota insistente, sobre el orificio de la
botella, configurando de esta manera una azarosa escultura de lo
diario. “En cierta forma”, continúa, “esto lo hace una pieza interactiva
con el medio ambiente. No es tu escultura de todos los días. Y las
sobras representan la ruina, por supuesto. Eso también es interactivo,
un proceso, algo en flujo. O el flujo mismo. Un contrapunto a la stasis.
Y como la botella de cerveza está vacía, ya no tiene ninguna función,
¿y qué es un recipiente que no recibe nada? Es la nada. Pero la nada
tiene una forma, ¿lo ves bien? La forma es lo que estoy tratando de
enfatizar aquí” (volumen 1, p. 346).
Que Knausgård elabore esta detallada descripción y
esta interpretación de peculiar ambivalencia irónica alrededor de un
alebrije cotidiano justo cuando, junto con su hermano, se dedica a
limpiar centímetro a centímetro la casa en la que su padre acaba de
morirse de borracho —una casa llena de botellas vacías de alcohol y
mierda y ropa podrida y mugre por doquier— sólo puede ser indicativo de
la relevancia que tiene, tanto en su vida como en su obra, la relación
entre la realidad y la forma. No en pocas ocasiones a lo largo de estos
volúmenes autobiográficos Knausgård introduce referencias críticas a
ciertas formas de arte contemporáneo que descalifica como ligeras,
distanciadas o indiferentes a la realidad que las origina. Tampoco son
pocos los comentarios halagüeños a ciertas obras del siglo XIX o del
XX, especialmente aquellas que denotan y provocan emoción. De hecho,
aquí y allá, a veces de manera tangencial pero siempre con la misma
intención, Knausgård declara que la única medida de valor de una obra
de arte es, en sentido literal, la emoción que genera en el espectador.
Acaso por eso no son pocas tampoco las ocasiones en que Karl Ove, el
autor y narrador y personaje de esta obra, llora o solloza o lagrimea a
lo largo de sus muchas páginas.
El autor noruego se aproxima, pues, crítica e
irónicamente a esa distancia precavida, a esa ligera indiferencia, que
privilegia tanto arte y escritura contemporánea. Su novela
autobiográfica surge, de hecho, de un impulso contrario. Ante el
apabullante desencanto que le provoca la ausencia de sustancia tanto en
la experiencia de todos los días como en el arte del mundo actual,
Knausgård empuña en el aire, combativo y seductor a la vez, un texto verdadero.
Luego de haber escrito libros que pueden inscribirse con facilidad
dentro de cierta tradición de la ficción realista, Knausgård se
aventuró, entonces, por otros caminos: escribiría muy aprisa, casi sin
darse tiempo a corregir, sobre la muerte de su padre, recurriendo a
recuerdos propios y utilizando los nombres verdaderos. Escribiría una
autobiografía, sí, pero sirviéndose de los artilugios con los que se
escribe una novela. Más que optar por la no-ficción, Knausgård parece
haberse visto obligado a refugiarse en ella en el momento mismo de andar
huyendo de un mundo en el que la ficción no sólo está en los libros,
sino sobre todo, y para mal, en la vida. Por eso, en lugar de inventar
un personaje, Knausgård opta por trabajar de cerca con el yo —un yo sin
el asidero de un arco narrativo o un tema específico; un yo
desparramado sobre los días y sobre el recuerdo—. Un yo del cuerpo. Un
yo en pleno y de tiempo completo.
BIOGRAFIA:
Escrito por Karl Ove Knausgård
Nació en 1968. Debutó en la literatura
en 1998 con una aplaudida novela, Ute av verden (Fuera del mundo), gran
éxito de crítica y ventas, y por la que recibió el premio de los
Críticos de Noruega, que hasta entonces nunca había sido otorgardo a una
primera novela. La segunda, En tid for alt (Un tiempo para todo)
(2004), también resultó un acontecimiento. Knausgård se embarcó en otoño
de 2009 en un proyecto literario sin igual. Su obra autobiográfica Mi
lucha es, en más de un sentido, una gran proeza literaria: está
compuesta por seis novelas, y la última fue publicada en otoño de 2011. A
la primera le fueron otorgados en 2009 el prestigioso Brage Award y el
Morgenbladet Award al mejor libro del año, y en 2010, el P2 Listeners’
Prize; los tres primeros volúmenes fueron galardonados con el Sorlandet
Literary Prize también en 2010. Este fascinante experimento literario,
además de ser un gran éxito de crítica y de recibir numerosos
galardones, ha suscitado un gran interés en los medios de comunicación y
entre los críticos literarios y los lectores, y el resultado han sido
cientos de artículos, comentarios, ensayos, notas en blogs y debates.
Cuando fue publicada la sexta novela, las primeras cinco ya habían
vendido en Noruega la increíble suma de cuatrocientos mil ejemplares.
Esta ambiciosísima gesta literaria ha despertado, además, un enorme
interés internacional, con quince traducciones en marcha.
.....................
A mí no me ha gustado, empieza hablando de la muerte y de los entierros, y está obsesionado con su epitafio. Tiene mucho de la aburrida lectura de Prout. Sobre los detalles de contidiano vivir, que si entra o sale, que si se quitas las botas o de las pone. El padre como la figura represora, temida. De vez en cuando como buen nórdico se pega unos chutes de alcohol que pierde la cabeza, está separado como es normal y a volver a empezar.
Dejé e leer autobiografía porque me aburría.
Ramón Fernández Palmeral
Alicante
Querido Ramón, muchas gracias por haber
comprado mi libro HISTORIA DE YO, publicado en digital en AMAZON. Tú
sabes bien lo difícil que en esta época de crisis es publicar prosa
literaria o poesía, vender un cuadro o algo que la gente no considere
“de provecho”, en lo que, lamentablemente, siempre ¡siempre! se
encuadran los bienes culturales de todo tipo. Por eso he recurrido al
libro digital y tengo que decir que el “boca a boca” está funcionando
también que mi libro está situándose en el tema “Historia, biografías y hechos reales” del catálogo de AMAZON, entre los puestos 1 a 7 (se
actualiza de hora en hora) durante los 15 días que lleva publicado.
Supongo que ahora la mayoría de los que me lo están comprando son los
compañeros de Asociación, familiares y amigos. Pero por lo visto, hay
gente que se deja llevar por el libro que despuntan en las listas de
“los más vendidos” y esos también lo están comprando. Eso lo veré en la
primera liquidación de derechos que me envié AMAZON y espero y deseo que
el libro tenga un mayor alcance, pues modestia aparte, su calidad
literaria e interés humano está avalada por las personas que me han
instado a publicarlo, todas ellas de reconocido prestigio intelectual y
profesional en el tema literatura. Por eso yo espero tener pronto
tú opinión, que la valoro de igual manera, pues todos sabemos tu valía
como escritor y divulgador cultural especializado en diversos temas,
tales como Miguel Hernández, Antonio Machado y otros muchos que sería
prolijo mencionar. Te lo repito, muchas gracias, y espero que te
guste ese libro que escribí de un tirón de tres meses en el verana de
2010, porque me lo dictaron los recuerdos que quise fijar por escrito
para cuando llegue, que llegará, la decrepitud mental, pueda
refrescarlos leyendo y volver a revivirlos en compañía de la mujer con
la que el próximo 29 de octubre de éste año, llevo cincuenta años
felizmente casado. Carlos Bermejo San Vicente, 11 de agosto de 2014
CURRICULUM RESUMIDO
CARLOS BERMEJO
Natural de Molina de Segura (Murcia) reside desde mayo del 68
entre Alicante y San Vicente, donde tiene su estudio. Patrón de Yate y
navegante durante más de veinte años, fue Jefe de Prensa del Real Club
de Regatas de Alicante y colaborador del “Diario Información” y de la
revista “Yate y Motonáutica”
Se inicia tardíamente en la pintura y recibe clases de Amparo
Escrivá durante cuatro meses. Después se dedica a copiar a los grandes
maestros, que son los suyos. En un principio toca todos los temas, hasta
que hace unos seis años, impulsado por su amor a la mar se decanta por
las marinas y hoy es considerado un pintor marinista.
Ha realizado diez individuales y más de cincuenta colectivas.
Actual Secretario de la Asociación de Artistas Alicantinos. Escritor,
conferenciante y presentador-divulgador de temas artísticos. Figura en
el libro “Pintores alicantinos 1900-200” y en el “Diccionario de
Artistas Valencianos. Ha escrito y publicado el libro “Mirar un cuadro y
algo más”, y “Sorolla, Pintor de la luz”, en colaboración.
Audiovisual testimonial y memorial del Evento ocio cultural, realizado
los días 21 y 22 de Abril de 2014, en la Casa García de Viedma de
Armilla, durante la Semana Cultural de la ciudad. En el mismo ha estado
disponible durane 48s. para su Lectura Colectiva, un ejemplar de "El
Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha". Dicho volumen fue
facilitado por la Bibliteca Pública Miguel Hernández, de Armilla.
La apertura de la Lectura fue realizada por Doña Sandra García Martín,
Delegada de Gobierno de la Junta de Adalucía, seguida por el Alcalde de
la ciudad, Don Gerardo Sáchez Escudero, los concejales del municipio e
invitados eseciales.
Dicho evento ha sido una iniciativa del ciudadano Don Carlos Pajón
Salgado, quien ha pretendido con esto, fomentar la cultura y la
solidaridad en Armilla.-
Al finalizar la magistral conferencia de María Dolores Barbeyto sobre "La figura Humana a través del Arte", tuve la oportunidad de recitar unos sonetos y comentar el contexto historico en que los escribiera el poeta Miguel Hernández. Ver vídeos en la página de Antonio Pérez (Franchi)
Título": "Los
amores de Miguel Hernández en 6 sonetos".
“Besarse
es tan natural como mear”,escribió Miguel Hernández a su novia Josefina Manresa
en una carta de 27 de julio de 1935
Tú fíjate en que casi todos los que hablan mal de
esas cosas, tan naturales como mear, son solteronas o curas: las dos clases de
personas que menos falta hacen en el mundo porque lo envenenan. Te digo en
muchas cartas que te voy a dar un beso cuando llegue ahí, y tú, como una
hipócrita, te callas, y no me contestas diciéndome que me tienes que dar otro:
o no tienes ganas o te da miedo el que hablen de tí, o finges como las
solteronas que desearían casarse con todos los hombres del mundo. Me gustaría
que fueras más sincera para estas cosas, que no te calles nada de lo que
sientes y piensas. ¿O tú, cuando piensas en mí, piensas solamente para rezar?
Me supongo que no; ni tú eres una santa, ni quiera el diablo que lo seas nunca,
ni yo tampoco. Por lo tanto, es una tontería de las más grandes el pasarse la
vida martirizándose de tanto desear una cosa y no satisfacer ese deseo
pudiendo. Tengo muchas ganas de que me digas sencillamente, como la cosa más
natural del mundo: Miguel, quiero darte un beso. Sin preocuparte de lo que la
gente ha de decir si te ve, porque eso es hacer lo que la gente quiere y no lo
que a uno le sale del alma o del cuerpo. ¿Me entiendes, queridísima Josefina?
Pues no te hagas la pava y habla sinceramente de una vez.
Cuando Miguel llegó a Orihuela parece ser que le dio el beso
prometido en la carta a Josefina, pero en la mejilla, que por su educación
religiosa y civilera (hija de una guardia civil) era muy vergonzosa y tan santa
que eso de besarse era un pecado y un robo de amor, y menos que los vecinos o
la gente pudieran verlos.
De resultado de este desafortunado suceso escribe el siguiente soneto:
Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.
Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquel gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.
El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.
Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.
Se ve que este rechazo no fue
suficiente y Miguel con todas sus artimañas se la llevó a su huerto de la
higuera donde había y crece también un limonero para el servicio de la casa.
Esta vez debió ser en la boca, y la
reacción de Josefina fue muy violenta y le tiró un limón a la cabeza que le
produjo una herida, Miguel escribió el siguiente soneto:
Me tiraste un limón, y tan amargo,
con una mano rápida, y tan pura,
que no menoscabó su arquitectura
y probé su amargura sin embargo.
Con el golpe amarillo, de un letargo
dulce pasó a una ansiosa calentura
mi sangre, que sintió la mordedura
de una punta de seno duro y largo.
Pero al mirarte y verte la sonrisa
que te produjo el limonado hecho,
a mi voraz malicia tan ajena,
se me durmió la sangre en la
camisa,
y se volvió el poroso y áureo
pecho
una picuda y deslumbrante pena.
(Sonetos en El Rayo que no cesa, publicado el 24 de enero
1936)
La relación amorosa se enfrió hasta
tal punto que Miguel Hernández se fue a Cartagena y Cabo de Palo con el
matrimonio Antonio Oliver y Carmen Conde, se ve que estuvo pretendiendo a la
poeta María Cegarra, pues en carta desde Madrid de septiembre de 1935, escribe:
“Quiero escribir pronto a María: sé que le haría un bien grandísimo salir de su
ambiente mineral y familiar. Comprendo su drama, y sería triste verla envejecer
sola en la Unión”. Su hermano el también poeta Andrés había fallecido en 1928.
Sin embargo, María no le escribe, pues no está interesada en Miguel. En una
carta Miguel le mando este soneto dedicado:
¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?
¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?
Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.
Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.
También sucedió que el día de Reyes de 1936, lo detuvo la Guardia
Civil en San Fernando del Jarama (Madrid, hoy San Fernando de Henares), por
indocumentado, pero según Camilo José Cela estuvo en el campo haciendo manitas
con Maruja Mallo. Ella era una mujer experimenta, ocho años mayor que
Miguel. Esta relación acabó rompiéndose. Miguel se sintió engañado, burlado
como un toro, y escribe este soneto a finales de 1935:
Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto. Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
En la Navidad de 1935, muere Ramón
Sijé, y Josefina Fenoll la novia de Sijé, la panadera, hermana de Carlos
Fenoll, queda libre. Miguel intenta tener una relación con Josefina, le
escribe un “Segunda Elegía a Ramón Sijé”, dedicada a la panadera “del pan más
trabajado y fino” donde claramente le pide que se arrime a él. La elegía se la
manda en una carta a Carlos Fenoll. Pero esta no le hace tampoco caso y se
ennovia con Jesús Poveda, que luego sería su marido.
Elegía a la panadera (No se publicó en “El rayo que no cesa”).
Tengo ya el alma ronca y tengo
ronco
el gemido de música
traidora...
Arrímate a llorar conmigo a un
tronco:
retírate conmigo al campo y
llora
a la sangrienta sombra de un granado
desgarrado de amor como tú ahora.
Caen desde un cielo gris desconsolado,
caen ángeles cernidos para el
trigo
sobre el invierno gris
desocupado.
Arrímate, retírate conmigo:
vamos a celebrar nuestros dolores
junto al árbol del campo que te
digo.
Panadera de espigas y de flores,
panadera lilial de piel de
era,
panadera de panes y de
amores.
No tienes ya en el mundo quien te quiera,
y ya tus desventuras y las
mías
no tienen compañero,
compañera...
Miguel envió esta elegía a Caros Fenoll,
hermano de Josefina, en una carta con la intención de mantener una relación epistolar,
pero a Josefina no le gustaba Miguel
Sin amores, y ante la falta de candidatas que le
gustaran, Miguel escribe a Manuel Mansera Pamies (padre de Josefina Manresa) el
1 de febrero de 1936, y le pregunta: “Si cree que Josefina todavía
puede tenerme algún afecto y no está comprometida con ningún otro hombre, vea
la manera de hablarle sencillamente y decirle si está dispuesta a continuar su
amistad de mujer conmigo”. El padre le responde al día siguiente diciéndole
que no tiene compromiso, y si había algo por perdonar, ya todo estaba
perdonado. Iniciaron una relación epistolar hasta que se casaron el 9 de marzo
de 1937. No pensamos que Miguel volviera a atreverse a darle un beso furtivo a
Josefina, hasta que no fuera su esposa por lo civil, ya que como no había curas
en Orihuela no se pudieron casar por la iglesia.
"El rayo que no cesa" y "Silbo vulnerado".
Como cierre y en homenaje a los San Ferminase de 2014
El toro sabe al fin de la corrida,
donde prueba su chorro repentino,
que el sabor de la muerte es el de un vino
que el equilibrio impide de la vida.
Respira corazones por la herida
desde un gigante corazón vecino,
y su vasto poder de piedra y pino
cesa debilitado en la caída.
Y como el toro tú, mi sangre astada,
que el cotidiano cáliz de la muerte,
edificado con un turbio acero,
vierte sobre mi lengua un gusto a espada
diluida en un vino espeso y fuerte
desde mi corazón donde me muero.
Juan CANO BALLESTA Novela, cine y poesía del siglo XX. Ensayos de crítica 39,00 € Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2014, 224 pp. ISBN 978-84-15175-86-5
NOVELA, CINE Y POESÍA DEL SIGLO XX ENSAYOS DE CRÍTICA El
mundo de la literatura es como un inmenso océano que se renueva sin
pausa en un interminable y arrollador oleaje. La novela, la poesía, el
ensayo, el drama, la comedia, la tragedia, etc., viven un incesante
enriquecimiento y cambio de contenidos, estilos y formas de expresión.
Crecen y evolucionan con el correr del tiempo y se convierten en fiel
proyección y reflejo de la realidad social e histórica de un momento
dado, mientras, a veces, tratan también de influir en sus procesos. Como
escribía Mariano José de Larra: “la literatura es la expresión, el
termómetro verdadero del estado de la civilización de un pueblo” o la
“expresión del progreso intelectual del siglo” (“Literatura”, El Español, 18 enero 1836).
JUAN CANO BALLESTA Es catedrático emérito de literatura española de la Universidad de Virginia en EE.UU. Es ensayista, crítico literario e historiador de las letras y ha publicado importantes libros como La poesía de Miguel Hernández 1962, 1978), La poesía española entre pureza y revolución (Gredos, 1972, 1994), Literatura y tecnología: Las letras españolas ante la revolución industrial 1900-1933 (1999), Las estrategias de la imaginación. Utopías literarias y retórica política bajo el franquismo (1994), Poesía española reciente (1980-2000) (2001), La mentira de las sombras. Crítica de cine de Juan Gil-Albert (2003), Nuevas voces y viejas escuelas en la poesía española (1970-2005) (2007), La imagen de Miguel Hernández (Iluminando nuevas facetas) (2009), Voces airadas: La otra cara de la generación del 27 (2013).