POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com.
La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

domingo, 26 de julio de 2026

Es perfectamente lícito que un escritor utilice la IA para localizar información

 


El escritor y la Inteligencia Artificial

Es perfectamente lícito que un escritor utilice la IA para localizar información, buscar errores, mejorar la claridad de un texto e incluso crear borradores, a condición de que, luego, lo adapte a su propia manera de escribir.

Tenemos la impresión de que, en España, existe un cierto recelo hacia la inteligencia artificial aplicada a la literatura. Muchos creen que quien la utiliza para escribir una novela está haciendo trampa. Sin embargo, esa idea parte de un malentendido. La mayoría de los escritores no emplea la IA para sustituir su trabajo, sino para documentarse (como hemos hecho nosotros para escribir este artículo), corregir textos, generar ideas (el famoso brainstorming) o preparar borradores que luego adaptan a su peculiar forma de escribir. En definitiva, la aportación del autor siempre es hegemónica en la definición del estilo, la voz narrativa y la estructura del relato.

¿Y qué hacen los traductores de libros? No es tan seguro que sigan esas pautas. Para ellos es muy cómodo el uso de la IA: se ahorran tiempo y trabajo. La mayoría se limitará a un retoque del texto traducido, pero habrá algunos que ni eso. Y es que, si no lo hacen así, las editoriales van a prescindir de sus servicios. Traducir un libro de 300 páginas tiene un precio de 3000-4000 euros y eso es mucho dinero.

Con la entrada de la IA, se ha producido un fenómeno bastante parecido al que tuvo lugar cuando aparecieron herramientas como el procesador de textos (escribir en la Olivetti era lo auténtico) o cuando la Wikipedia sustituyó a las enciclopedias (buscar información en la red era menos esfuerzo). Hoy nadie cuestiona que un escritor consulte archivos en Internet o escriba en un ordenador.

Es verdad que la IA no solo almacena información: también produce lenguaje, y eso hace que muchos escritores sientan que invade un territorio que consideran exclusivamente suyo. Esa reacción es comprensible. Por eso, conviene saber qué es la IA, cómo funciona, para qué sirve y cómo hay que utilizarla.

Creo que el concepto de IA es algo impreciso para el vulgo, así que hemos buscado en Internet una definición y esta es la que más nos ha gustado: “La IA es un conjunto de capacidades cognitivas e intelectuales expresadas por sistemas informáticos o combinaciones de algoritmos cuyo propósito es la creación de máquinas que imiten la inteligencia humana(Wikipedia, dixit). Aun así, es una declaración un tanto dificultosa. Vamos a intentar aclararla preguntándoselo a ChatGPT:

«La inteligencia artificial no es una única tecnología, sino una familia de tecnologías especializadas: unas hablan, otras escriben, otras dibujan, otras programan, otras conducen vehículos y otras ayudan a científicos y médicos a resolver problemas que hasta hace poco parecían imposibles”.

De una forma amplia, podríamos decir que existen dos grandes familias:

IA conversacional: está diseñada para mantener un diálogo, responder preguntas, ayudar a resolver problemas o actuar como asistente virtual (ChatGPT, Gemini o Claude). Aunque se llamen «conversacionales», también generan texto, por lo que son del tipo siguiente.

IA generativa de contenido: capaz de crear contenido a partir de instrucciones proporcionadas por el usuario: imágenes (Midjourney, DALL·E, Stable Diffusion), video (Sora, Veo, Runway), música y voz (Suno, Udio, ElevenLabs) y texto escrito (ChatGPT, Claude, Gemini, Jasper).
Además, existen otros tipos de IA que solo vamos a citar, ya que se sitúan fuera del ámbito de este artículo:

  • IA para programación. Ayuda a escribir, corregir y explicar códigos (GitHub Copilot, Cursor, Codeium).
  • IA de análisis y decisión. Analiza grandes cantidades de datos para hacer predicciones o recomendaciones. Es la que utilizan bancos, hospitales, empresas logísticas o aseguradoras.
  • IA para robótica y vehículos autónomos. Controla robots industriales, drones, coches autónomos o robots domésticos.
  • IA científica o especializada. Diseñada para resolver problemas muy concretos: descubrir medicamentos, analizar proteínas, estudiar el clima, ayudar al diagnóstico médico, etc.

Eso indica que la IA participa en buena parte de las actividades económicas y científicas de la humanidad. Su aportación al progreso es notable, siempre que se utilice con el objetivo de acrecentar la felicidad del hombre, lo cual no es evidente. Trataremos esta cuestión más adelante.

En este momento, existen más de 2.000 plataformas o servicios de IA conversacional en el mundo:

  • Estados Unidos = 1.500
  • China = 300
  • Resto del mundo = 300

Son cifras aproximadas, puesto que todo depende de lo que entendamos por IA; en estas cifras no se incluyen herramientas empresariales y modelos especializados, solo las conversacionales y las generativas, accesibles a cualquier ciudadano de a pie. Las diez empresas más importantes por el número de usuarios o relevancia tecnológica son las siguientes:

1.- ChatGPT (OpenAI) – Estados Unidos.
2.- Gemini (Google) – Estados Unidos.
3.- Claude (Anthropic) – Estados Unidos.
4.- Microsoft Copilot (Microsoft) – Estados Unidos.
5.- Grok (xAI) – Estados Unidos.
6.- Meta AI (Meta) – Estados Unidos.
7.- DeepSeek – China.
8.- Qwen Chat (Alibaba) – China.
9.- Doubao (ByteDance) – China.
1O.- Le Chat (Mistral AI) – Francia.

Es curioso comprobar el retraso que tiene la Unión Europea en esta actividad. Que cada uno saque sus conclusiones.

Pero ¿qué interés tienen las empresas para meterse en un mercado tan competitivo? Hay que suponer que la tarta a repartir es enorme para justificar las ingentes cantidades de dinero que se han invertido en su desarrollo. Sus fuentes principales de ingresos son las siguientes:

  • Suscripciones. Es el modelo más visible. Ofrecen una versión gratuita y otra de pago con más prestaciones.
  • Clientes empresariales. Este es, probablemente, el más importante. Las empresas pagan por integrar la IA en su atención al cliente, sus departamentos jurídicos, su programación o su gestión documental.
  • Acceso mediante API.??? Muchas empresas no usan la aplicación, sino que conectan sus propios programas a la IA y pagan por cada consulta realizada. Es un negocio enorme y poco visible para el público.
  • Publicidad. De momento tiene un peso menor que en los buscadores tradicionales, aunque comienza a crecer.
  • Venta de otros productos. Para empresas como Google, Microsoft o Meta, la IA también sirve para vender más servicios en la nube, más software o para fidelizar a sus usuarios.

Sin embargo, en general, pocas empresas obtienen beneficios acordes a la inversión realizada; incluso muchas están en números rojos. Entonces, ¿por qué siguen gastando miles de millones si todavía el negocio no es rentable? Porque creen que la IA puede convertirse en una infraestructura tan importante como Internet o el teléfono móvil. Es una carrera por ocupar una posición dominante.

Se podría comparar a lo que sucedió con el ferrocarril en el siglo XIX. Al principio, se invirtieron fortunas enormes para construir vías que apenas daban beneficios. Sin embargo, el que poseía la red ferroviaria acabó controlando una parte importante de la economía. Lo mismo pasa con la IA: el valor está en construir la infraestructura antes que los demás. La verdadera incógnita no es quién construirá la mejor inteligencia artificial, sino quién controlará la infraestructura sobre la que funcionará buena parte de la economía del futuro. Aquí está el quid de la cuestión.

Cómo funciona la IA

La IA no almacena conocimientos como una enciclopedia ni razona exactamente como un cerebro humano. Las respuestas que ofrece son fruto de un entrenamiento profundo, tras haber analizado miles de millones de textos para aprender patrones estadísticos del lenguaje y luego poder elegir entre palabras, conceptos, estilos y contextos. Cuando recibe una pregunta, transforma el texto en representaciones numéricas (embeddings) y así obtiene la respuesta prediciendo, una a una, las palabras más probables según todo lo aprendido, dentro del contexto de la conversación.

Aunque este proceso puede producir razonamientos complejos, internamente sigue siendo una sucesión de predicciones probabilísticas. Es preciso recalcar que no es una búsqueda en una base de datos ni una simulación completa del pensamiento humano. Su funcionamiento se basa en modelos matemáticos que estiman cuál es la respuesta más probable en función del contexto recibido. Esta teoría es la más aceptada en la comunidad científica, aunque todavía no se comprende muy bien su funcionamiento.

En cualquier caso, es evidente que la IA se entrena con enormes cantidades de texto, que pueden estar protegidos por derechos de autor, es decir, ese aprendizaje lo consigue a costa del trabajo previo de millones de personas que nunca van a recibir una compensación económica por el uso de sus obras. De hecho, hay demandas abiertas en varios países y todavía no existe una sola sentencia condenatoria. Los legisladores se preguntan si ese aprendizaje hecho a escala gigantesca requiere autorización de sus creadores. La tesis imperante es que todos los seres humanos aprenden del trabajo de otros que les han precedido; y además, en el caso de la IA. no copia textos completos, solo aprende patrones.

Se dice también que la IA va a causar una debacle en el mercado laboral, pero eso no es tan evidente. A medio plazo, la IA sustituirá muchas tareas repetitivas de oficina, pero los puestos de trabajo no van a desaparecer, tan solo mutarán de contenido. Un ejemplo es el de Estados Unidos: la economía digital representa el 35-40% del PIB y, sin embargo, el paro se mantiene estable en torno al 4%. En España ocurre lo mismo: la economía digital ha crecido en los últimos años hasta alcanzar un valor del 26% del PIB, mientras que el paro se ha reducido del 13,33% en 2021 al 9,93% en 2025.

Mayor problema es el uso intensivo de la IA. Hay gente joven que se aísla de la sociedad y ocupa su tiempo libre con su Chatbot favorito; puede mantener una conversación continuada con él y le va a responder como lo haría una persona, lo que crea la sensación de que “hay alguien al otro lado”. Algunos acaban recurriendo a él para tener un apoyo ante los problemas de la vida y otros para establecer vínculos afectivos que conducen a relaciones sociales poco sanas.

Y esto irá a peor cuando se desarrolle plenamente la IA (lo que se llama Inteligencia Artificial General) con la irrupción de robots humanoides, capaces de imitar la actividad humana (China ya ha enviado una serie de robots para controlar la frontera con Vietnam). Se supone que esto llegará en un plazo de diez años. En ese momento, será capaz de desempeñar cualquier tarea intelectual con igual o mayor habilidad que un ser humano, y entonces sí que podría tener un mayor impacto en el empleo, quizá similar al que produjo la Revolución Industrial en el siglo XIX.

Pero eso no es lo peor. Hay otros riesgos de similar o mayor envergadura.

  • Concentración de poder en las empresas o gobiernos que controlen la tecnología, que podría manipular la conducta humana.
  • Desinformación mucho más sofisticada.
  • Uso militar o ciberataques más avanzados.
  • Herramientas para los hackers que podrán descubrir debilidades en los sistemas informáticos de bancos e instituciones.
  • Problemas de control si los sistemas alcanzan un grado de autonomía muy elevado y no se alinean con los objetivos humanos.

Muchos expertos consideran que el gran desafío no es construir una IAG, sino asegurarse de que actúe de forma segura y alineada con los intereses de la humanidad. Un equilibrio entre protección e innovación es clave. Es la gran tarea que deben asumir los gobiernos de todos los países (de todos, sin excepción), tarea que no parece ser del agrado de los tecnócratas ni de algunos defensores del neoliberalismo; argumentan que la innovación avanza mejor sin la intervención del Estado y que el mercado puede desarrollar soluciones más eficientes. Los magnates de Silicon Valley operan con total impunidad para imponer el capitalismo de la vigilancia. Este es el gran dilema que plantea la IAG.

No se puede negar que la IA tiene grandes virtudes y puede contribuir a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. En el escenario más optimista, una IAG podría contribuir a resolver algunos de los mayores problemas de la humanidad: —enfermedades, pobreza energética o cambio climático.

Si nos dedicamos solo a utilizar la versión conversacional, tendremos respuestas concretas y precisas que nos permitirán prescindir de los buscadores actuales, así como reducir los tiempos de espera. Pero si la utilizamos para encontrar soluciones a nuestros problemas personales, emocionales o de identidad (como hacen muchos jóvenes en la actualidad), caeremos en las garras de la media docena de gurús que controlan las plataformas y que solo persiguen modificar nuestra conducta en su propio beneficio.

En cuanto a la creación literaria, es perfectamente lícito que el autor utilice la IA para localizar información, buscar errores, mejorar la claridad de un texto e incluso crear borradores, a condición de que, luego, lo adapte a su propia manera de escribir. Cuando ChatGPT nos habla en español, usa estructuras sintácticas propias del inglés, prescindiendo de las ricas expresiones de nuestra lengua. Eso se nota y puede afectar al prestigio del escritor. Y si decide transcribir literalmente un texto, tiene el deber de comunicarlo.

Para terminar, dejamos aquí una cuestión que nos surge al tratar este tema: existe gente a la que le gusta saber que la obra que está leyendo es el producto de la imaginación de una persona como nosotros, con la que queremos identificarnos, pero también hay lectores a los que la autoría no les importa si entre las manos tienen un texto bien escrito que les divierte y les cauda placer. La pregunta es ¿son igual de aceptables ambas actitudes?