POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com.
La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

miércoles, 29 de abril de 2020

Un día como hoy 30 de abril nació mi padre hace cien años. José Ramon Fernández (1920-2020)


Con mis padre en San Juan (Alicante) 1994 /Julia y yo



 Un día como hoy 30 de abril de 1920 nació mi padre José Ramón Fernández.  Se casó con su prima hermana Carmen Fernández Fernández y tuvieron 5 hijos.
Con motivo de los cien años de su nacimiento sus 5 hijos hemos publicado un libro de 170 páginas con sus poemas en LULU/Francia.

Estoy muy orgulloso de mi padre que fue Guardia Civil, también trabajó 15 años en destinos ciciles y con 18 años se lo llevaron los nacionales a la guerra civil y estuvo en Sierra Nevada hasta el fin de la guerra, luego 6 años de mili en Madrid. Fue poeta y escribió su biografía.

Recuerdos entre potajes, vino y poesía (inserto en el libro)

      Hoy Viernes Santo de 2020, me he acordado del potaje de vigilia que hacia mi madre por ser Semana Santa. A mi padre le gustaba mucho todo lo que cocinaba mi madre, en especial todos los platos de cuchara. Ella era muy religiosa, y cumplidora de los preceptos de la Santa Madre Iglesia, y mi padre también. Los dos eran religiosos iban juntos cada  domingos a la parroquia de Santa María Goretti a escuchar misa, y santificaban todas la fiestas religiosas y leían la Biblia, libros religiosos y rezaban muchos rosarios.
     El potaje de garbanzos con bacalao y acelgas no podía faltar en un día como este Viernes Santo. Recuerdo que a mi padre le gustaba mucho el bacalao en todas sus variedades: con patatas, con arroz, frito, seco, asada o al pil-pil, como fuera…, porque de niño comían mucho bacalao en El Acebuchal,  era el único pescado que se conservaba bien por falta de frigoríficos. Contaba que cuando estaba en la choza en verano en la Sierra de Almijara cuidando el rebaño de cabras, hacían mucho  arroz blanco con bacalao y unos ajos, que para él era una delicia, por el hambre de los trabajos tan duros del campo.
     Esta tradición del potaje de vigilia se ha mantenido en mi casa de siempre, y lo mismo hace Juli en casa, como una forma de mantener la tradición, porque su madre también lo hacía en Sevilla. La verdad es que cuando era niño no me gustaba el potaje de bacalao, pero con el tiempo, reconozco que es muy nutritivo, y que si se cocina bien está muy rico, y de  postre hacía tortillitas de bacalao rebozadas con miel de caña de Frigiliana.
     A mi padre le gusta el buen comer, entre otros platos preferidos estaban los callos picantes que muchas veces yo compartía con él cuando iba a Málaga. El puchero con la pringá era otro de sus platos  preferidos, el gazpachuelo por las noches, y nunca la faltaba un vaso de vino, que compartíamos, bien dulce del terreno o tinto corriente, pues decía que  era bueno para la circulación. Recuerdo que una vez que se acabó el vino se me ocurrió decirle: «Papá, no queda vino», y muy ceremonioso me respondió: «En la tienda también venden vino». A partir de esta insinuación expeditiva yo empecé a comprar vino en la tienda de abajo.
      Como padre lo recuerdo que nos ayudaba económicamente a todos sus hijos, en lo que podía. Como poeta nos hacía reír cuando nos reunía a toda la familia y nos  leía sus ocurrencias, el más popular de todos era «Ilusión de un año entero» cuando pasábamos  los veranos  en el cortijillo que teníamos en el Mayarín, herencia de mi madre, que compartía pared con el cortijo de mis tíos Antonio y Dolores, ellos 4 hermanos cruzados (mi hermanos me entiende). Yo me lo pasaba muy bien con mi primo Alberto que éramos, más o menos de la misma edad, además de jugar y trabajar en los paseros teníamos que hacer deberes escolares. También estaban Primitiva y Dolorcitas a las que quiero como hermanas.
     Podría hablar mucho más de mis padres, mucho, mucho…, y de los tiempos buenos y no tan buenos, pero las lágrimas me inundan los ojos y no me dejan escribir más.
     ¡Siempre os tengo, a los dos, en mi recuerdo y en mi corazón!
  
                                        Ramón Fernández



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