70º ANIVERSARIO DE LA MUERTE
DE CLEMENCIA MIRÓ
Ramón Fernández Palmeral
El presente año se cumplen los 70 años de la muerte de Clemencia Miró
Maignon (1905-1953) poeta y escritora alicantina, hija del escritor Gabriel
Miró. Una mujer que no quiso ser poeta o no pudo, y no fue.
En
julio de 1953, tras su temprana muerte en Madrid, Carmen Conde escribió en Informaciones:
«Clemencia no buscó, sino que rechazó la
popularidad; se negó ascéticamente todos los goces literarios externos a que
tenía más derecho que ninguna escritora de su edad: la exacta conciencia del
valer de su padre esterilizó precisamente lo que él más deseaba de ella: que se
entregara a su obra, de hermosa apariencia y de estremecido contenido,
olvidándose de que él precedía su paso como precede el resplandor del faro en
mitad de las aguas, el paso frágil de la nave...»
(Manuel Sánchez Monllor,
Diario Información de Alicante, 06-06-017, “Clemencia Miró, el talento
desvelado”).
Tuvo
Clemencia una delicada salud, en vida tuvo todos los contactos de intelectuales
(desde Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, a Pío Baroja, a Carmen Conde… por
nombrar a algunos de los más destacados de
su tiempo para publicar) para ser pronto reconocida; sin embargo, no quiso o no
pudo debido a su delicado estado de salud. Un poeta o escritor/a tanto hombre
como mujer que no publica no existe en el mundo literario, evidentemente, no
obstante a Clemencia se le recuerda por ser la
hija del gran prosista alicantino autor de El obispo leproso. Es como el pintor que pinta en su casa, guarda
los cuadros y no los expone nunca ni opta a premios, no existe. Este es el caso de Clemencia Miró, en vida no quiso
publicar, escribió unos poemas y se quedaron en el cajón hasta una publicación
póstuma. He buscado sus libros en Amazon, no están sus libros, cómo se va a dar
a conocer si no tiene libros, ni se dedicó a la política, era aficionada a la
música. Hace unos días encontré en Iberlibro su libro de relatos breves Pemenato, libro póstumo, escrito para
niños.
Lamento
mucho tener que decir que si un poeta, hombre o mujer, en esta caso mujer, no
tiene libros publicados, no existe en el mundo literario, no hay por dónde
agarrarlo/a, que es el caso de la hija Gabriel Miró Ferrer, llamada Clemencia.
Sin obra, no hay ni poeta ni escritor. Me consta que antiguamente era muy caro
publicar, hoy no lo es tanto gracias a las publicaciones online en plataformas
como Amazon u otras plataformas. En vida, Clemente, tuvo todas las puertas
abiertas para publicar, pero no quiso, tal vez por no estar segura de su
trabajo o no llegar a ser tan bueno como su padre. Hizo traducciones del inglés
del libro titulado Poemas de
Jhon Keat (Selección, versión y prólogo de Clemencia Miró (Editorial Adonais, 1959),
en el que todo cuanto fue la vida de su autora canta con estremecedora
autenticidad.
En
la conferencia de Laura Palomo y Manuel
Sánchez Monllor, el 27 de octubre 1922 en el Espacio Séneca de Alicante,
dijeron que años después de su muerte, en 1959, la hermana de Clemencia y sus
sobrinos publicaron una selección de sus poemas, escritos por ella en
castellano, inglés y francés. En el prólogo que antecede a la obra, María
Alfaro finaliza dejó dicho que "el genio y la inspiración de
Clemencia Miró fueron extraordinarios.
Poema de Clemencia a su padre
Escrito en Suiza el 27 de
mayo de 1937, séptimo aniversario de la muerte de su padre, publicado en Hora de España (1938)
No puedo ver esa montaña alpina
apretada de abetos y de nieve,
donde fue modelando mi deseo
tu figura yacente,
exacto tu perfil en cielo puro,
profunda paz, inmensa, en tu descanso.
No puedo ver tampoco en este Mayo
esa isla gris que encierra tu misterio,
que en su deriva inmóvil recibía
rosas y lágrimas,
y tu silencio, ahogado por la tierra,
nuestro mensaje más desesperado.
Sólo puedo mirar hoy tu mirada
que diste a este paisaje
o en sus caminos encontrar tu paso,
pero te sentiré vital junto a mi vida
sabiéndome hija tuya y escribiendo
con esta pluma que guio tu mano.
(Publicado por Enrique Bolland, La Vanguardia, 05-21-22)
Clemencia tocando el Violín
La música, el violín mágico
Pero
es que el poeta o el escritor ha de ser valiente y publicar, no importa esté
enfermo o que guste o no guste la obra al público, la obra no se mide por los
gustos, sino por el valor intrínseco en el tiempo. Lo suyo no era
ni poesía ni la escritura, sino la música. De 1914 a 1920 vivió en Barcelona
donde tuvo como profesor al compositor y amigo de su padre Enrique Granados.
Cursó casi toda la carrera de violín con el afán de dar conciertos y viajar por
Europa. A partir de 1920 vivió en Madrid con largas estancias estivales en
Polop de la Marina y Alicante, en casa de su tío materno, el pediatra.
Una enfermedad de las llamadas raras que
nunca logró superar, por la que hubo que pasar cuatro años en la “Clinique
Beaulieu” en Leysin de Suiza, entre 1931 a 1934, truncó sus sueños de
concertista. Una vez recuperada, la guerra civil modificó aún más sus aspiraciones,
al tener que emigrar a Inglaterra de 1938 a 1940. Escribió en 1937: “Oh, tierra, abre tus brazos / y a
tu entraña vayan, / para nacer en bosques de silencio, / estos hijos que mueren
en plena / sed de vida, en un ímpetu claro / de victoria.” Retornaría a Inglaterra entre los años 1947 y 1948.
El cronista
Sánchez Monllor, escribe en el
Información, de 6-06-2017:
Ante unos pañuelos de hilo con una
inicial bordada hallados en la casa de su tía-abuela Teresa Miró, viuda del
pintor Lorenzo Casanova, las sensaciones y el recuerdo familiar se posesionaron
de Clemencia: «He sumergido mi rostro entre los pliegues de los pañuelos. He
aquí de nuevo aquel aroma de sus muebles, de su casa en el Paseo de Gadea, de
su huerto, de sus salones llenos de cuadros del marido pintor, de sus balcones
donde temblaban las austeras persianas grises por el aire salino como un dios
coronado de algas? Anhelante respiro ese pasado perdurable en un pequeño
lienzo.
Breves reseña biográfica
Clemencia
Miró Maignon nació el 30 de diciembre de 1905 en Alicante, en el barrio de
Benalúa, "entre pinos y frente al mar". Era la segunda hija de
Clemencia Maignon Marluenda (hija del cónsul de Francia en
Alicante) y de Gabriel
Miró Ferrer, abogado y escritor alicantino. La otra hermana llamada Olympia
había nacido en 1902. En un tiempo que no otorgaba valor a la formación
intelectual de las mujeres, a pesar de ello, estudió con los jesuitas de
Alicante. Recordaba en una de sus cartas a una amiga: "Mi educación ha
sido nula. Un mes, a los cinco años, en el Colegio de Jesús María donde
obstinadamente me ponían ejercicios de palotes cuando yo, con mi hermana ya
devoraba cuentos".
Pero como
hija de un intelectual y su curiosidad innata le proporcionaron una formación
notable y exigente. "No hubo para ella enseñanza reglada", explica
Sánchez Monllor, "pero sí la formación adquirida al lado del padre; el
ambiente del hogar culto fue fundamental". Aún niñas, el padre leía a las
hermanas: La Ilíada y La Odisea, de Homero para que se
helenizaran.
Vivió en
Alicante sus primeros ocho años. Siguiendo los pasos del padre, puesto que en 1914 “buscando consolidar tanto la
economía familiar como la carrera literaria”, según Miguel Ángel Lozano Marco,
la familia se trasladó primero a
Barcelona, donde Clemencia avanzó en sus estudios musicales nada menos que con
Enrique Granados, gran amigo de Gabriel Miró. Cursó casi toda la carrera
de violín con la intención de dar conciertos y viajar. Agradecía a su
madre que hubiera fomentado en ella el amor por la música: "Cuanto te
agradezco mamá, que reanudes tus horas de música! Cada día necesito más de ese
bálsamo de sonidos. Desgraciados los seres que no la comprenden!", le
escribió en una misiva.
Prólogo al libro Imagen y
poesía de Alicante de su padre, libro con fotos de Francisco Sánchez Ors (Caja
de Ahorros del Sureste, 1952), Clemencia habló de la Biblioteca Gabriel Miró en
Alicante “creada con tanto cariño y fervor por la Caja de Ahorros del Sureste
de España (…) ¡Admirable refugio para estudiar y escribir; para pensar y recordar
y hasta para consolarnos!”, gracias a la mediación e interés del historiador
Vicente Ramos que fuera su primer director.
Falleció Clemencia en Madrid
el 26 de julio de
1953, a los 48 años.
Enlace a Alicante Mag, 31 de enero de 2023
Conclusiones
Las oportunidades se
presentan calvas, como dice el dicho
popular, es decir: No
hay que vacilar, sino tener decisión y diligencia para no perder las oportunidades; sin embargo cuando naces
en cuna de escritores, tienes más puertas abiertas que uno que sale al
mundo a codazos. La influencia y los contactos, al principio de una carrera,
son necesarios. Porque la vida es así, el mundo no nos debe nada. Querer es
poder. En el caso de Clemencia Miró se dieron todas las circunstancias
iniciales para ser una poeta o escritora recocida, o concertista de violín, pero la salud no le
acompaña desde su infancia y juventud, de hecho, los padres alquilaron una casa
de campo a las afueras de Polop de la Marina, para “tomar las aguas”, como se
decía antiguamente para salir de las contaminadas grandes ciudades y recuperar
la salud en el campo, se recuperó temporalmente por la calidad de las aguas de
la zona de Aitana.