POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com.
La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

viernes, 20 de mayo de 2022

La figura de Miguel Hernández en José Ángel Valente

 

La figura de Miguel Hernández en José Ángel Valente

El poeta gallego encuentra al poeta levantino

20 mayo 2022,
 
 

 José Ángel Valente, poeta, ensayista y traductor español

La Cátedra José Ángel Valente de Poesía y Estética de la Universidad de Santiago de Compostela me hizo llegar, a través de su director Claudio Rodríguez Fer, el libro Valente epistolar (Correspondencia de José Valente con sus amistades), publicado por la Universidad Santiago de Compostela, 2021, que recoge 14 ponencias a modo de un libro de Actas, y que trata de ser un recorrido por la trayectoria del poeta gallego y la relación epistolar que mantuvo con destacados poetas y artistas con los que coincidió a lo largo de su vida. La ávida lectura de su contenido me llevó a interesarme, a su vez, por otro libro titulado Poesía y poemas de Milagros Polo, 1983, un comentario crítico sobre las obras de José Ángel Valente (1929-2000). En la página 28 escribe Milagros Polo:

…El tercer grupo estaría compuesto por los representantes de la experiencia humana herida por los poderes que ultrajan la dignidad del hombre (la guerra civil con la II República vencida). Experiencia que incita a la creación de un lenguaje nuevo. Conquista y apertura a la que tiene derecho el hombre solidario en cada momento de la historia. En este grupo sus estudios sobre César Vallejo, Miguel Hernández y Rafael Alberti son ejemplares; a ellos habría que añadir estudios de fenómenos históricos que perfilan otras figuras.

Encontrar citado a Miguel Hernández (1910-1942) del que se cumplen actualmente 80 años de su muerte, me llevó, a su vez, a otro libro Las palabras de la tribu, Siglo XXI, 1971, de Valente conseguí la edición de Tusquets, Barcelona, segunda edición de 2002, hasta poder leer el artículo titulado: «Miguel Hernández: poesía y realidad», página 155, que analizo seguidamente...

 Leer completo en la revista Meer.


 

 

jueves, 19 de mayo de 2022

Con Lucía Pastor, Ramón Palmeral y Alicia Merino, 19 de mayo Sede de la Universidad

 


 Con Lucía Pastor, Ramón Palmeral y Alicia Merino, 19 de mayo 2022 Sede de la Universidad. Presentación del libro "80 años de la muerte de Miguel Hernández" de Ramón Fernández Palmeral.


miércoles, 18 de mayo de 2022

LAS ESTATUAS DE BRONCE TIENEN FRÍO, por Ramón Palmeral

 


LAS ESTATUAS DE BRONCE TIENEN FRÍO

 

«…pero debajo de las estatuas no hay amor

no hay amor debajo de los ojos de cristal definitivo».

 

(«Grito hacia Roma» 1929, Federico García Lorca)

 

Nunca estuvo Ulises en Nueva York

cual García Lorca desvocado

no cruzó a nado el Gran Charco

ni luchó contra la cólera de Aquiles

ni se enamoró de Helena -nunca se cortó la

melena por ser la

esposa de Melenao.

 

Un río se puso de pie como un hombre

las ranas aún niñas croaban a un colibrí

sordo como una roca por culpa de amor

desconsiderado de una orquídea.

 

Del Amazonas sacaron lo indios estaño

más un poco de corazones de cobre

con oro en las entrañas, y construyeron

un busto de bronce encima de una acacia.

 

Y el cocodrilo de ojos de cucharas de acero

se preguntaban si los estatuas de bronce

sentían frío, y el bronce habló y dijo que

ellos también tenían alma.

 

Fue cuando el diablo de la cerámica

subió lleno de enfado de los lodos

color cinabrio y violetas vírgenes

y se puso a dar calor al solitario bronce.

 

Era Orellana, desnudo como un indio

quien en bronce se había convertido,

tenía frío como las copas de los árboles

en el rocío del invierno tropical,

tenía en un ojo un trozo de esmeralda

tenía en la mano una espada,

una espada de aluminio.

Tenía un taparrabos y un casco de vidrio.

 

¿Tienen frío las estatuas de bronce?

¿Tienen frío los amores perdidos?

¿Tienen ríos los humanos en sus venas?

¿Tienen fuego los glaciales de la guerra?

 

Ramón Palmeral

 

 

martes, 17 de mayo de 2022

El rey de los moriscos. Novela histórica ambientada en la guerra de Granada s. XVI. Ramón Fernández Palmeral

 


 

 Disponible en Amazon:

 https://www.amazon.es/rey-moriscos-Ramon-Fernandez-Palmeral/dp/1365072312


     PRESENTACIÓN

         

          El mismo año que me licencié en Arquitectura en Sevilla conseguí un contrato laboral como fijo discontinuo o de los llamados temporales en una subcontrata de ACK para trabajar en la Exposición Universal de 1992 (Expo'92) de Sevilla. Mi cargo: ayudante del director de proyectos. La contrata de la empresa consistía en  restaurar el Monasterio de la Virgen de las Cuevas en la Isla de La Cartuja. Dicho monumento del siglo XV se hallaba en avanzado estado de deterioro,  no se le habían puesto un ladrillo desde los tiempos de la desamortización de Mendizábal de 1836, cuando dejó de pertenecer a los cartujos para convertirse, aquel monasterio, en una factoría de porcelanas y cerámicas a cargo del inglés Charles Pickman. El conjunto se encontraba ruinoso desde que Pickman abandonó la porcelana, pero la organización de la Expo'92 quiso reconstruirlo como edificio emblemático del V Centenario, y no se equivocaron, acertaron en su elección. Cuando finalicen las obras de rehabilitación nacerá una nueva Cartuja con el semblante de una renovada hermosura.

         Cuenta la leyenda que la Virgen de Santa María de las Cuevas se les apareció a unos alfareros del Arrabal de Triana cuando recogían arcillas en la isla, y ella se personificó en barro en testimonio de su milagro. A raíz de este hallazgo mariano, en los albores del siglo XV, los frailes cartujos -seguidores de la Orden de San Bruno, fundada en 1084-, aprovechando el magnífico enclave y el milagro, construyeron en la isla, formada por dos brazos del río Guadalquivir, una capilla de estilo gótico tardío para adorar a la Virgen. Y  posteriormente como un verdadero y progresivo milagro se llegó a lo que es hoy,  una joya de la arquitectura religiosa recuperada de la voraz dentadura del tiempo. En La Cartuja existe una capilla, la de Santa Ana, donde estuvieron enterrados los restos de Cristóbal Colón desde 1506 hasta 1536 por deseo de sus herederos, ya que estos tenían gran amistad con los cartujos y con el prior Fray Gaspar. En la puerta del monasterio florece un magnífico árbol, un zapote cuyo semblante ecuatorial fue un regalo de Colón a la capilla, traído  desde Nueva España en uno de sus viajes.

         Fue en la capilla de Santa Ana, en una de las obras a mi cargo, donde se produjo un gran acontecimiento, y donde sentí una de las mayores alegrías de mi vida. Una mañana de mayo dos obreros de Marchena: Pedro y Jesulín, que trabajaban bajo mi dirección, picaban una pared en las proximidades del ábside, cuando, de repente, cayeron al suelo viejos estucos de una hornacina y un poco de  argamasa. Cuando dieron  unos golpes a la pared  sonó a hueco, como si detrás hubiese una cámara vacía, y, por fortuna así fue. Con gran habilidad hicimos un butrón por debajo de la pared hasta poder entrar a gatas. Primero entró Pedro como un valiente espeleólogo en una cueva desconocida, pero salió enseguida como si hubiese visto los ojos encendidos del mismísimo demonio, aterrado,  empezó a persignarse una vez y tras otra, sin parar, sin darle tiempo a la mano derecha a cruzarse ante su rostro de inexpresiva máscara de horror. “¡He tocado a un muerto, os lo juro, es una canina!” –gritó Pedro con la cara blanca como un folio.

          Más tarde, con calma, tomé la linterna y entré yo solo por el butrón. Pedro había ido a buscar ayuda, solamente quedábamos Jesulín y yo. Me introduje agachado por aquella zorrera abierta y, una vez hube avanzado un metro a gatas, me pude poner de pie, era un cubil pequeño, de momento no  veía bien hasta que mis ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y a la luz pobre de la linterna. Me impresionó ver en el suelo, en posición decúbito supino, un esqueleto humano; su faz de momia seca impresionaba terriblemente. El miedo de Pedro unido a su superstición se justificaba, aunque tampoco era para ponerse así de los nervios, de un esoterismo de infarto, pues los muertos no muerden y son aún más inofensivos que los vivos. La momia, de  estatura mediana, quizás mermada por los siglos, tenía el cuello abrazado por un grillete oxidado, un crucifijo de plata entre sus huesudas manos y, junto a él, un pequeño cofre de madera envejecida, cuyas aldabas oxidadas cedieron al abrirlo, y dentro  encontré  unos escudos de plata y un manuscrito con forro de pergamino cual carpeta con  un manojo de cartas apretadas por una correa de cuero. Los indicios indicaban que aquel hombre debió ser condenado al emparedamiento hasta la muerte, posiblemente por la Inquisición u otro enemigo brutal e inhumano. No debemos asustarnos ni engañarnos: la Edad Media no fue más cruel que la actual.

        Salí del reducido cubil y mandé a Jesulín a que fuera a avisar al jefe de obras. Cuando me quedé solo, cogí el manuscrito y lo guardé en mi cartera junto con los planos; mi intención era la de examinar detenidamente aquella joya bibliográfica, con la primera tentación, no nos engañemos, de quedarme con ella, pues lamentaba tener que entregarla al Patrimonio Histórico Artístico,  siempre vigilante, quedarse con el manuscrito suponía un riesgo, sí, pero mi curiosidad me superaba y cegaba. Cuando llegó el jefe de obras y los funcionarios del Patrimonio, les enseñé la momia, los escudos de plata y el crucifijo para saciar su curiosidad, como si fuera carnada para los tiburones. No fui capaz de entregarlo, hasta no examinarlo detenidamente, porque era superior a mi poder de curiosidad y amor a los libros antiguos; de momento me quedé con el mamotreto forrado en piel curtida, y creo que cualquier bibliófilo hubiera hecho 1o mismo que yo, ¿o no?   Era un robo patrimonial, una temeridad, pero no un crimen. Miré el Código Civil y leí los 315 y 352 donde se disponen  que el tesoro oculto, pertenezca al dueño del terreno en que se hallare, sin embargo, cuando fuese hecho el descubrimiento en propiedad ajena o del Estado, la mitad se aplicará al descubridor. Si los efectos descubiertos fuesen interesantes para la ciencia o el arte, el Estado podrá adquirirlos por su justo precio...

 

 

PRIMERA PARTE

 

 

SURA I

 

LAS GALERAS DEL REY  DE ESPAÑA

                              

                Los años son escobas que nos van barriendo hacia la  fosa.

                                                                                                   Proverbio español

         

                                                         

          

              EN EL PUERTO DE AL-MARIYA [Almería]  pasamos la primavera o debería decir padecimos y sufrimos en carne viva la primavera del año de Gracia de Nuestro Señor Jesucristo de 1571 del calendario cristiano, y año 977 de nuestra AH (Año de la Hégira) en unos tinglados infames, engrilletados, putrefactos y hambrientos. Al mismo tiempo, y pese a la desfortuna se recuperaban nuestros astillados huesos de la inflexión de un largo camino de desgracias y humillaciones por malos juegos de la suerte y del Alabado, abandonados  al  caprichoso abuso de la autoridad de unos cristianos viejos y soldados de fortuna, que comían cerdos y sus espadas eran de recta osadía en punta con mango en cruz. Nuestros alfanjes eran de corte, por ello batirse, era un encontronazo desigual.

 

         Ahora estamos en 1587 estoy preso en una cárcel sevillana, soy un viejo de 57 años. Después de lo que he vivido y de mis muchas aventuras, ahora y aquí ya no estoy seguro de nada, el tormento y el hambre me tienen confundido y en permanente insomnio...

 

(270 páginas) 

 

Sigue leyendo comprando el libro en Amazon

 

Mario Argüelles recita un poema del poeta Aldao Renato, el II Certamen Internacional de la estrofa Julia. Alicante 13-05-2022

 

Ramón F. Palmeral en Babelio

 


 

Ramón Fernández Palmeral está en la página Babelio:

 Babelio

 https://es.babelio.com/auteur/Ramon-Fernndez-Palmeral/97279

Poesía o el arte de salvar vidas

 


El arte salva vidas – Beneficios de leer poesía

Beneficios de leer poesía.


Una investigación de la revista neurocientífica, Cortex, nos indica los beneficios de leer poesía, puesto que el esfuerzo mental que se requiere para comprender los cambios de significados de las palabras y metáforas que realizan los poetas en sus versos, incrementa las habilidades cognitivas y la flexibilidad mental de los lectores de poesía.

No siempre es fácil leer poesía, a veces es complicada, hay que saber leer entre líneas lo que el poeta nos quiere transmitir. Tenemos que elegir bien la lectura y el autor.

Los poemas pueden tener varios significados, un poemario puede ser releído con distintas acepciones, esto es lo mejor de la poesía, el poder hacer tuyos los poemas según el estado de ánimo. Con la poesía aprenderás a ver la belleza de las palabras, del sonido y te transmitirá más emociones que cualquier otra lectura.

La poesía hay que sentirla, disfrutarla y deleitarse con su ritmo, hay que hacer de su lectura una experiencia que nos acompañará en nuestro camino.

«La poesía no es de quien la escribe, si no de quien la necesita». Película “El cartero y Pablo Neruda”, basada en el libro de Antonio Skarmeta.

 

Tomado de caprilaediciones.com

Capricaediciones.com. Entrevista con Eva Pelayo.

 


 

Entrevista a la editora de Cáprica

Eva Pelayo: “una buena sintonía entre escritor y editorial es indispensable para poder sacar adelante un proyecto”

La Asociación de Escritores Noveles nos invitó a formar parte de su espectacular congreso de escritores realizado en Gijón, nuestra editora Eva Pelayo junto con David Pérez de editorial Fanes, Eva Olaya de ediciones Versátil y Ramón Alcaraz, formaron una mesa redonda para hablar de las diferencias entre publicar y editar.

Aquí os dejamos la entrevista previa realizada.

 

Pregunta. Todo el mundo se merece una oportunidad, pero ¿Cómo seleccionas los manuscritos con los cuales trabajareis?

Respuesta. Resumiría todo diciendo que es amor a primera vista entre un libro y la editorial. Buscamos conexión no solo con el texto, sino también con el autor, creemos que una buena sintonía entre escritor y editorial es indispensable para poder sacar adelante un proyecto del que todos nos sintamos realizados. Un proyecto tiene que guardar dos características básicas, ser interesante y vendible; conciliar los factores literarios y comerciales. 

P.- ¿A quién admiras?

R.- No soy una gran mitómana, así que más que a una persona en concreto diré que admiro a las mujeres fuertes e independientes. Madres trabajadoras que participan activamente en la educación de sus hijos, mujeres emprendedoras que gestionan sus propios negocios y chicas valientes que no se conforman.

P.- ¿Cómo nació Cáprica Ediciones?

R.- Cáprica ediciones nace desde la ilusión y las ganas de dar una oportunidad no solo a autores de renombre sino a escritores con un gran potencial. Nos divertimos haciendo libros, y queremos transmitir esa sensación a los lectores. La idea inicial fue crear un sello editorial rebelde, que huya de los convencionalismos y de la seriedad del medio. Somos revolucionarios, luchadores y sobre todo amantes del arte. Hacemos libros que todos quieran haber escrito y solo nosotros editamos.

P.- ¿Qué libro recomendarías a la gente que no le gusta leer?

R.- No podría recomendar un libro concreto, parto de la premisa de que a todo el mundo le gusta leer, pero algunos no han encontrado su tipo de libro. Vivimos en un mundo que corre muy deprisa y mucha gente opta por los métodos de entretenimiento más cómodos. Lo que podría recomendarles, es un estilo de narrativa como son los relatos cortos o la poesía actual, algo ligero y dinámico. La gente joven está empezando leyendo poesía moderna, las publicaciones de nuestro sello encajan perfectamente en ese tipo de lector más perezoso.

P.- ¿Te has enamorado alguna vez de un personaje?

R.- Me gusta bastante Pierre Bezukhov de “Guerra y paz” , tiene una personalidad rara y un toque como de proscrito de la Corte del Zar , es un gran personaje.

P.- ¿Cuál es la palabra que más te define?

R.- Rebelde, sigo mis propias normas, por supuesto sin hacer daño a nadie, y me encanta la gente que no sigue a las masas, sino que tiene su propio criterio.

  Tomado de caprinaediciones.com

lunes, 16 de mayo de 2022

A José Angel Valente en el Cabo de Gata de Almería. Ramón Palmeral

 


12

 

 

           A Valente, José Ángel

 

         LLAMADA  DE LA LUZ

 

           A José Ángel Valente

 

Jubilado de la UNESCO

deja la niebla y la lluvia

para buscar el irrenunciable sol de Almería,

vendito sol del Cabo de Gata

con volcanes en silencio de siglos.

 

Una casa de estilo modernista

en el casco viejo, frente a la alcazaba,

encuentra a Valente y a Coral

como dos joyas perdidas:

          estos serán mis complacientes amos.

 

Así salido del infierno de Centroeuropa

les esperan las playas y la luz

la luz naciente del levante

y las tarde de ponientes

con una brisa en Morrón de Genoveses

 

Respira hondo ¡maldigo!

de los desierto sin nombre

de la esperanza agotada

del naciente espacio existencial

en los más hondo de las

cataratas del oro y del esparto.

 

Rodalquilar, la Isleta, San José... esperan

como conejos agazapados en

la atocha del esparto y en los pitados

puesto qu luz rodea a los buenos poetas

y les pone redes de rayos

que empujan horas preciosas

y días únicos en el azul.

 

Ramón Palmeral

Sesenta y nueve poemas eróticos (inédito)

 

......................

..................................................

 

«La irrenunciable llamada de la luz»: así describió José Ángel Valente su pasión por Almería

El poeta gallego se implicó en la vida cultural de la ciudad andaluza, donde adquirió una casa, convertida hoy en un museo

02 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En los alrededores de la Catedral de Almería, a los pies de la fortificación musulmana de la Alcazaba, las calles son sinuosas y estrechas, y la gente hospitalaria. Cualquiera que se adentre y pregunte sin más por la casa del poeta, como si buscase la botica o la panadería, podrá comprobar cómo los vecinos lo guían hasta la mismísima puerta. Por momentos, parece que el escritor habitase todavía allí y fuese a abrir y a dar las buenas tardes. Pero ya no está. Se trata de un bello y efímero espejismo, una ilusión fugaz alentada por el afecto que todavía le profesa el que fue su barrio, porque hace ya más de dos décadas que los restos del gallego José Ángel Valente (Ourense, 1929-Ginebra, 2000) descansan muy lejos, en la otra punta de la península. El poeta quiso recibir sepultura en el cementerio de San Francisco, en su ciudad natal, pero a mediados de los ochenta empezó su idilio con Almería, donde se instaló, influenciado por su amigo y escritor Juan Goytisolo, cuyo vínculo literario con la ciudad y la provincia se remonta mucho más atrás, como reflejan obras como Campos de Níjar (1959) o La Chanca (1962).

Valente describió su pasión por Almería con su inconfundible voz poética y habló de «la irrenunciable llamada de la luz». Lejos de permanecer aislado en su apacible retiro, participó activamente en la vida de la ciudad, arropado por la fotógrafa suiza Jean Chevalier o el fotógrafo Manuel Falces, y por el que por entonces era responsable de Cultura de la Diputación Provincial, José Guirao.

El escritor gallego se implicó en la preservación del patrimonio histórico artístico —el Convento de las Puras, la Catedral o la Alcazaba— y natural — el cabo de Gata o el desierto de Tabernas—, pero sobre todo peleó infatigablemente por la recuperación de La Chanca, que ya no era el barrio de los pescadores que vivían en cuevas que inspiró la novela de Goytisolo, un descarnado relato de la miseria de posguerra y la emigración, y en el que la sencillez de sus gentes asomaba con una dignidad y una belleza conmovedora.

Valente se encontró a finales de los ochenta con un lugar marginal, al que los propios almerienses habían dado la espalda, diezmado por la violencia y el tráfico de drogas. El poeta se rebeló contra el olvido y alzó la voz en una ciudad desmemoriada que creaba barrios mostrencos e impersonales, exportables a cualquier sitio. Tal fue su implicación en La Chanca, que la asociación de vecinos del barrio le nombró en 1996 socio de honor.

Ese mismo año, se quejaba amargamente a su amigo Goytisolo: «No la conocen porque no se asoman a ella, porque tienen miedo a lo desconocido y fabulado». Almería fue también el escenario de la peor de las tragedias: la muerte de su hijo Antonio a causa de una sobredosis en junio de 1989, cuando apenas tenía 34 años, y al que el escritor le dedicó el poemario No amanece el cantor. Arropado por sus amigos, su salud se hizo cada vez más quebradiza, como si de algún modo también hubiese empezado a morir. Su vivienda, conocida como la Casa del Poeta, es hoy un museo que conserva el legado de un escritor que creía que irse de Galicia era el modo de quedarse para siempre, que renegaba de la idea del regreso, y que forjó con Almería un poderoso vínculo que aún permanece vivo. «El sur como una larga, lenta demolición/El naufragio solar de las cornisas bajo la putrefacta sombra del jazmín».