POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com.
La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

lunes, 18 de agosto de 2014

Comentario crítico de "Historia de yo" de Carlos Bermejo. Amazon 2014, por Ramón Fernández Palmeral



     
Para fortuna y gozo de nuestros sentidos, Carlos Bermejo ha escrito una  sorprendente autobiografía-testimonio en prosa narrativa: Historia de yo (Amazon.es,digital, 2014) con gracia y hurgando en los recuerdos más recónditos de su niñez, donde hace un repaso integral y realista de la vida familiar, de  las costumbres de la época, desnudándose interior y exteriormente con una escritura directa,  amena y fácil de leer; pero, que a la vez es difícil de componer desde el yo de la primera persona, puesto que al elegir el yo solamente se tiene perspectiva de uno mismo, no de lo que hacen o dicen los otros personajes.  Con esta obra se ha armado caballero de las letras hispanas, porque es un libro diferente si hemos de aceptar que todas las historias contadas son ciertas y sucedidas en su vida, vivas aún en el recuerdo, llenas de añoranzas y salpicadas de recuerdos, algunos eróticos. Porque, aunque a veces, es cierto que inevitablemente reescribimos nuestros recuerdos­­, para ajustarlos mejor a nuestra forma actual de pensar, siempre tienen la misma matriz: la memoria. Lo eficaz de escribirse uno su autobiografía es que luego no pueden venir otros a inventar o añadir sucesos que, o bien no sucedieron, o sucedieron de otra forma.
     El estilo es la persona, y la técnica hay que aprenderla como en todo arte que se precie de serlo con autenticidad y valía. Ya decía nuestro “Azorín”, que la escritura debe parecer fácil al lector aunque en su composición no lo sea. Y es, en estos esfuerzos de construcción sintáctica  donde despuntan los verdaderos escritores y  poetas. Bermejo se derrama como un vaso de buen vino de reserva con sencillez, a veces con ingenuidad de chaval, metiéndonos como invitado en su azarosa vida interior y sentimental. Cuando uno escribe su autobiografía es porque ya no le caben más recuerdos en la memoria y tienes que darles liberación para dar cabida a otros nuevos. Decía un poeta necesitado de amor como Federico García Lorca, “que escribimos para que nos quieran”.  Y es cierto, escribimos para que nos aprecien.
      El narrador de Historia de yo es también el personaje dentro de la historia lo que se llama técnicamente narrador homodiegético. El destinatario de la narración o narratorio no es otro que el lector indiscreto que quiera abril la pantalla del ordenador para conocer las aventuras y desventuras de Bermejo. Existen tres clases de lectores: el real, el virtual y el ideal.  En el Siglo de Oro, Cervantes empieza en el Quijote diciendo “Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento…”.  Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache, condenado a galeras, empieza diciendo: “El deseo que tenía, curioso lector, de contarte mi vida me daba tanta prisa para engolarte en ella sin prevenir alguna cosa…” De esta guisa, y de una forma elíptica Carlos Bermejo se dirige al lector cómplice para contarle su autobiografía, sin advertir que todo es rigurosamente cierto, aunque así es porque muchos personajes  viven todavía y pueden dar fe de ello. Y porque el camino, la meta de nuestra existencia es dejar recuerdos persistentes de nuestro pretérito, pasos e imagen de nuestras huellas por este mundo (visible e invisible), lo más eficaz y saludable para lo perdurable, es como ha hecho Carlos dejarlos por escrito en libro (digital o papel) que son como esos sillares de catedrales que persisten en el tiempo. Nosotros los constructores de libros, somos uno más de los que colaboraron en la construcción, en la edificación de la biblioteca universal.

       Historia de yo (de título con impacto gramatical) es en realidad un gran fresco diacrónico de una autobiografía escrita con sinceridad sin importar que algunos personajes no lleguen a ser mitos, ni lo serán (así es la vida real no todos podemos ser héroes, aunque eso sí, somos  héroes anónimos cotidianos), a la vez jocoso y realistas,  en una infancia feliz aunque asfixiada  por la religiosidad de postguerra del nacional catolicismo, y que por  haber vivir frente a la iglesia y la religiosidad de su madre. Una vez el cura don José  se enteró de que Carlitos  leía al “impío”  Pío Baroja, considerado anticlerical. Novelas que le prestada por el entonces su cuñado Salvador García Aguilar que fuera Premio Nadal de novela en 1983 por su obra Regocijo en el hombre. La Iglesia Católica y sus inquisidores siempre creyeron y siguen creyendo que toda lectura fuera de las hagiografías y los evangelios, son un envenenamiento de las almas de los fieles, lo que hoy se extiende al cine y a la televisión. En la obra “carlosbermejiana”  vemos las idas y venidas de una multitud de personajes o nómina dramática que los expertos denominan “dramatis personae”, desde sus padres y hermanos y hermanas, primos y primas, amigos y amigas, y, sus amoríos y desamores dispersos,  que, por lo general no culminan por culpa de una férrea educación cristiana y el auto compromiso de llegar virginal al matrimonio. 
     Lo que  aseguramos es que Carlos posee una gran habilidad narrativa que no provoca siesta ni cansancio, sino que nos empuja, llevados por la ley interés –bien construido- a que leamos y sigamos leyendo. Tenemos la suerte de que no es una novela de ficción rosa de las que se alargan más de lo debido de autores que tienen más fama de la calidad que nos dispensan sus obras.  Los gustos de hoy en día pasan por el cotilleo, la vida  privada de los escritores, aunque para ellos, suponga un conflicto de destape y baños de sinceridad, pues nuestra sociedad mediatizada así nos lo demanda; por ello, como en todo Arte, lo que el lector percibe en esta autobiografía son emociones humanas, sentimientos que perduran en el tiempo, porque lo que permanece no son las entelequias literarias, sino lo humano y lo cotidiano, y que a su vez convierte a la obra en única, porque única es la vida de cada cual; pero para ello, se han de tener las herramientas inspiradoras para saber exponerla y presentarla con toda destreza y originalidad, como lo ha escrito Bermejo. Hemos de tener en cuenta que los capítulos se podrían leer por separado, pues son historias que empiezan y terminan, aunque estén entrelazadas, de aquí el uso de los títulos para anunciarlos, aunque los personajes luego se entrelazan.
     Se entiende que la narración como testimonio de lo vivido ha de ser un órgano vivo de estrecha relación entre autor y lector (en una especie de osmosis de confidencias), de aquí surge una connivencia entre ambos. Lo que nos interesa al lector actual es la vida privada y particular (las biografías), pero que estén contadas desde el punto de vista original y propio del autor: estilo propio que llamaríamos en el arte de la pintura. Lo que más nos llega de la lectura son las sensaciones que nos provoca el autor al relatar sus vivencias, dependiendo, evidentemente del estado de ánimo que tengamos en cada momento de encontrarnos con el texto.
   Historia de yo es el resultado de una experiencia personal que nos lleva por la infancia, adolescencia y juventud de Carlos Bermejo (Molina del Segura, 1937) y nos hace vivir amenas anécdotas como la escena de su bautizo cuando ya contaba dos añitos de edad y al levantar el cura el brazo con la concha de agua bendita se imaginó que saludab(a  a Franco con el signo fascista, y vitoreó: “¡Canco, canco!”.   Se van sucediendo anécdotas muy curiosas como que sus hermanas le hicieron creer que fue un niño encontrado por unos mendigos y dado en adopción a la familia, historia negra que tanto le hizo sufrir en su infancia. O cuando era monaguillo y acompañaba al cura a dar la extremaunción a un enfermos de muerte y se encontraron con el vecino ateo y anticlerical (librepensador) que en su lecho de muerte al recibir el Santo Viático del párroco Don Fulgencio, despertó y se levantó de la cama cagándose en Dios y todos los Santos. Luego, como es de esperar este grave blasfemo se muere inmediatamente. O con el timo del azúcar en tiempos de estraperlo que le hizo un soldado a su padre, pero al que el padre le perdonó al no reconocerlo cuando lo detuvieron.

     Carlos es el benjamín del matrimonio de Doña María la de Ignacio, católica practicante que rezaba tantas veces al día como un islamista ortodoxo, y  Don José María, un sastre de derechas de la CEDA, católico, caballero de la “Baba Real” (que el lector debe averiguar), bien situado económicamente con ciertas propiedades inmobiliarias, que tuvieron ocho hijos (cuatro chicas y cuatro chicos). Iremos viéndolo crecer siendo juguete de sus hermanas mayores que, a veces, duerme con ellas, que con cuatro años por poco se muere por una enfermedad desconocida, que va a la escuela hasta los catorce años, que juega a guerrear con sus amigos, que sale  de vacaciones a Escombreras y Puerto de Mazarrón, despertar a la pubertad y a la sexualidad, que acude los baños en el río Segura, la lectura, el cine, sus oficios varios de dependiente de droguero y de vigilante en un  salón de juegos recreativos propiedad del padre donde a veces tenía que sacar pecho y enderezar la cresta de gallito peleón. 
      Llegada la edad del reemplazo forzoso para hacer el servicio militar, opta por anticiparse con el  voluntariado para hacerlo en Madrid, donde quiere ir para estar cerca de la vida cultural más cosmopolita, porque su deseo es el de ser escritor, y, además quedar libre de la vigilancia paterna y sobre todo materna casi inquisitorial.  Una vez en la capital de España va mostrándonos un amplio abanico de personajes que dan fe de un  tiempo histórico pasado de postguerra. Como soldado de Infantería, poco a poco se va adaptando a la responsabilidad de su profesión castrense, deja su apetito de ser escritor por el bronco porvenir de las armas, consigue varios ascensos y durante su testimonio vemos la dura vida del soldado español de postguerra y sus traslados, porque como escribió Calderón de la Barca: “La Milicia no es más que una/ religión de hombres honrados”.
       Le esperaba el maravilloso Madrid de luz velazqueña y de los años cincuenta que ya no volverán y le vemos pasear par la Gran Vía, Puerta del Sol, Plaza de España o Cibeles. Carlos nos hablará del Café Gijón y de los escritores y poetas que allí se reunían en los años cincuenta como Camilo José Cela, José Nieto, Luis López Anglada, o de sus asistencias a conferencias en el Ateneo, los teatros, revistas y varietés, al cine, a los museos y exposiciones donde le viene su afición por la pintura. Época de formación, puesto que se considera autodidacta. Por ello,  nos encontramos ante un joven que ha despertado a la cultura que nos describe con gran exactitud las escenas, describe los lugares y argumenta sus vivencias, enamoramientos tempranos y desengaños, experiencia frustradas con prostituta y “feladoras”, sexualidad amanuense e inapetencia ante las mujeres rubias, hasta que encuentrará a una cordobesa morena “racial andaluza” que lo entiende y le hará sentar la cabeza.

         Como he comentado Historia de yo (escaparate de mundologías y amores) es una autobiografía-testimonio muy singular, una larga confesión, pero hay que apuntar que existen varios tipos o clases de autobiografías. La autobiografía se entendiende como relato retrospectivo en prosa que una persona real hace de su propia existencia, en tanto que pone el acento sobre su vida individual, en particular sobre la historia de su personalidad. Con el  autor del libro coinciden el narrador y el narratorio o personaje en primera persona del yo o narrador interior.  El pacto con el protagonista es como un «contrato» establecido entre autor y lector por el que tácitamente aquel se compromete a contar la verdad sobre su vida, y éste a creer el relato ofrecido en connivencia con él. 

     No debemos confundir la biografía con las memorias, el epistolario con el diario íntimo, ni la autobiografía o prosa narrativa con la novela.  Como me confirma Carlos que lo contado es verdad, por consiguiente no estamos antes es una novela de ficción, sino prosa narrativa, puesto que “la novela –según definición de Carmen Bobes, La Novela, 1998- es un texto narrativo de carácter ficcional, de cierta extensión…”.  Podríamos hablar sobre los géneros literarios y su teoría, pero no es esta crónica el lugar ni el espacio-tiempo para extendernos. Lo que deseamos valorar es que Carlos, a través de su autobiografía consigue provocar un placer estético y nos lleva de la mano por sus vivencias con gracia y sin pudor, como ese amigo suyo que era coleccionista de vellos púbicos de mujeres fáciles. También cuando fue extra en la película “Espartaco” de Kubrick, ya que el Ejército Español colaboró para poner los soldados romanos o como esclavos, junto a Kirk Douglas ¡qué honor!  Y es así como con toda naturalidad vamos conociendo a este chico tímido de pueblo enamoradizo (congelado y reprimido por una fuerte represión religiosa, machacado a pajas) que se fue a Madrid a hacer el servicio militar  voluntario  donde permaneció ocho años con ascenso a Sargento y destinado a Gerona. Estos años en la capital de España fueron un periodo de formación, gastando el poco dinero que tenía en libros que compraba de segunda mano en la Cuesta Moyano,  y dando sueltas a sus deseos de ser escritor, como un Miguel Hernández, pero en un Madrid de los años cincuenta. Además vivió la vida libre de un soltero con otros amigos, aquí llegó a conocer a Carlos Larrañaga y a su paisana Bárbara Rey, y a poetas y escritores.

       Esta autobiografía, sabiamente escrita, es una delicia y es de agradecer por el uso, siempre difícil desde el punto de vista sintáctico, como es el de enlazar las oraciones subordinadas para hacernos cómoda su lectura. En los diálogos recurre el estilo indirecto lo que  le da velocidad a la narración. Pocas veces usa el estilo directo en los diálogos, que por lo general, son vallas con guiones en medio de una carrera de lectura. Posee la fuerza verbal y la capacidad de recreación de un mundo propio y ésta es una característica que no deja de sorprender en el panorama narrativo actual. Su currículum de escritor ha chocado siempre con la publicación, ha escrito múltiples relatos, tiene varias  novelas  guardadas en el cajón y otras en construcción para enviar a premios. Además, con sus treinta años de periodista, más infinidad de artículos, crónica y críticas de arte, le dan a su pluma una agilidad de acción y movimiento  que evidencia su gran experiencia y formación sintáctica de gran altura, para llevarnos por las sendas, a veces infernales y otras amorosas de sus vivencias, o más bien una saga familiar murciana.      Tiene publicado un libro Mirar un cuadro y algo más, Alicante, 2009, sobre las entrevistas y reseñas crítica que hizo de 32 artistas alicantinos en la secciones “Mirar un cuadro”.
    
     Tras la lectura de Historia de yo  me considero un forofo admirador de este estilo erótico de un adolescente que despierta al sexo por varias anécdotas muy bien contadas y simpático pudor en sus escarceos amorosos con su prima A-x (la del gatillazo), o la criada Margarita-x, o con esa mujer rebautizada como  XXX con la que usa símiles de la jerga militares como “fusil en guardia” o “mástil enhiesto” para describir una erección, propios de un joven que ejerce el noble oficio militar; o su desengaño con María Dolores-x, una cría de colegio de monjas con la que comete el error de darle a leer los primeros relatos que había escrito de “realismo sucio” en los bajos fondos de la ciudad X.  Se cuida el autor de señalar los apellidos de los personajes con  una x, para evitar alusiones a personas que se pudieran molestar porque viven hoy día. Al no usar apellidos, el lector puede perderse y confundir a los personajes con otros, pero al no ser una novela con intriga, con argumento, nudo y desenlace, no tiene gran transcendencia, ya que es fácil averiguar quien es quien. Tras encontrar esta larga trinchera de xxxxxx, uno entra un mundo de claves que recuerda a la máquina alemana “Enigma”  que disponía de un mecanismo de cifrado rotatorio que permitía usarla tanto para cifrar y descifrar mensajes. Lo que le da cierto carácter enigmático a la lectura, a la que uno se tiene que aplicar porque te gusta conforme avanzas. Otros recursos utilizados son el de rebautizar a los personajes con apellidos raros o poco comunes como el Sargento Bevilacqua de las novelas de Lorenzo Silva. Los nombres de cinco hermanos se preservan hasta el final: María, Consuelo, Aurora, Juan y José María.
    Al escribir sobre lo que se ha vivido, el personaje nos invita a participar en su mundo privado y nos convertimos en “voyeristas” insaciables, porque así es la condición humana: ver sin ser vistos. Y es este lenguaje del yo, que es una forma de lenguaje sublimar del nosotros, es lo que nos impulsa a leer y leer, sin descanso. Puesto que el modo íntimo al estilo de Proust, del Amiel, y de otros escritores de la llamada auto-ficción ya pasó. Ahora buscamos realidades. También es de agradecer algunos párrafos de prosa poética, citas de poetas románticos y letras de algunas canciones.
    Lo que ha conseguido Carlos Bermejo es un relato autobiográfico, libre confesión, sin tapujos ni tabúes, a veces acrónico, con saltos temporales hacia adelante y hacia atrás, lleno de un emocionante palpitar de situaciones y experiencias sexuales o militares, a veces, insólitas. Abundan descripciones rápidas y eficaces en la compresión de los lugares descritos, sin detenerse en circunloquios para  perder el tiempo en  cómo chirría las bisagras una vieja puerta cuando se abre o qué le recuerdan a Prout las magdalenas, propia de una escritura retórica y neobarroca; es decir, que Carlos va al grano. Usa con frecuencia el recurso fisonomista del retrato comparativo, como el de contrastar a las personas que va conociendo con actores o actrices de cine, e incluso hay una Emperatriz, y con ello los lectores vemos perfectamente la imagen caracterizada de la persona que nos describe.

    Además en el lenguaje metafórico he encontrado algunos hallazgos interesante como esa “higuera grande de higos toreros”, o un billete de cinco pesetas que se los había dado el viento, o “anillos de compromiso que encadenaban el deseo”, al referirse al vello rizado y anillado de la sonrisa vertical, y así unos y otras frases simbólicas de gran ingenio. O de aquella escena con la bella y rubia alemana Elke-x -su Ángel-, donde lloró al escuchar las secretas confidencias  de ella, y, Carlos escribe: “mi corazón lloraba al compás de sus ojos”, expresión que considero una de las diez mejores del libro junto a: “Todas mis cartas estaba bañadas de ausencia…”. Carlos tuvo el atrevimiento de llevar a la alemana por tres días a su casa del pueblo -¿Molina de Segura?-, vetusta y muy noble ciudad murciana de levítica vida cristiana,  donde sus padres y hermanas la conocieron, y donde fue rechazada por un padre de costumbres decimonónicas que le sentenció: “Si te casas con esta mujer, no vuelvas por esta casa”. Es curioso el pasaje de cuando estuvieron a punto de ser detenidos en el tren por un “policía secreta” que quiso darse el bacilón con ellos. Aunque un año después y por falta de regar el huerto a su debido tiempo y el error de divinizar a las mujeres, la rubia Elke (parecida a la  actriz Elke Sommer, de labios de corazoncitos) acabó en brazos de un compatriota germano de origen nazi.

    Opino que Bermejo ha dado en el blanco de lo que podíamos denominar: arte literario contemporáneo de última factura, ágil y espontáneo -sin extraños artificios-, que me recuerda al novelita Manuel Talens en su novela “La parábola de Carmen la Reina” (1992), cuyos sucesos ocurren en el pueblo granadino de Artefa (un pueblo alpujarreño de ficción), pero con más detalles íntimos.  Por el contrario, damos por hecho que las múltiples escenas narradas durante la infancia y juventud, ocurren en Molina de Segura (lugar de nacimiento del “alter ego” Carlos Bermejo), aunque el autor en ningún momento del libro menciona a este pueblo murciano de la comarca media del Segura donde las campanas retumban con el bronce de sus badajos a cualquier hora del día o de la noche hasta despertar a los gallos. El pueblo más cercano que nombra en su libro en el capítulo 15 es Alguazas, que tiene estación de Renfe. Desconozco si ha sido adrede o por omisión. Opino que en una autobiografía debería aparecer el nombre del pueblo donde acuden los recuerdos de su infancia y mocedad del narrador o usar un nombre ficticio; puesto que el lugar, el espacio, el medio ambiente da carácter al personaje, no es lo mismo nacer en un pueblo murciano, que en uno galleo o vasco. Puesto que la luz de la región provoca cambios en el cronotipo de las personas.
     Recordando algunos espacios ficticios-literarios, tenemos a Juan Benet  sitúa la acción de sus novelas en Región, Gabriel García Márquez en Macondo, Antonio Muñoz Molina en Mágina, por citar solamente a autores en castellano. No es una novedad literaria omitir el nombre del lugar de la acción, recordemos que Miguel de Cervantes quiso que toda La Mancha fuera el lugar de donde era originario el Ingenioso Hidalgo Don Quijote.
    
     Por último nos encontramos con el capítulo 16, de gran extensión (bien pudo dividirse en dos o tres capítulos), donde en el otoño de 1961 conoce en Madrid a una bella y joven cordobesa,  bondadosa, morena (es importante lo de morena porque las rubias no le excitaban)  y moldeable, llamada Loli, sin x, es el único nombre de mujer que aparece sin la temida x de trincheras. Loli reside en casa de sus tíos estudiando en la Academia de Corte y Confección de Doña Basi y ayudando en las labores de la casa de los tíos. Surge el enamoramiento,  la relación amorosa se salpican de encuentros en parques, jardines, cines y rellanos de escaleras, un periodo epistolar por la ausencia de ella y de él que, de alguna forma fortalecieron este amor. Es una especie de “Love Story” a la española donde Carlos nos cuenta con “pelos y señales” todo los arrumacos, empujones, carias y erecciones de una pareja de novios, de un amor sin abusar para llegar vírgenes al “sagrado matrimonio”. Donde nos ofrece algunas escenas de precalentamiento al sexo que yo llamaría “sexo decente” y escrito púdicamente. El lector intuye que esta incontinencia es inhumano y frustrante, lo cual le da más interés al relato para seguir leyendo y buscando en las páginas secretas por si en algún momento se consumara el coito prematrimonial. Pues tomando las propias palabras del narrador estos amantes son “cuerpos jóvenes y martirizados por el deseo insatisfecho”. Y además, entre bandolinas a estilo de “La Regenta” de Clarín, parece un confesor de la Iglesia de San José de Madrid donde han de confesar sus pecados de quererse, pero sin propósito de enmienda, caro; ella al arrodillarse en el confesionario tenía que presentarse: “Soy Loli, la novia de Carlos”. Con esta fórmula el confesor ya tenía un antecedente para  sentenciar la penitencia. La frase final del libro es culminante: “para que abriéramos el baile en el que por fin llegaríamos a los más…”. Esposa que le ha dado cuatro hijas.
     La portada del libro presenta la fotografía del autor cuando tenía cuatro años, cogido a un conejito de peluche, con tez de color cetrino con un pelo largo y rizado que semeja al de una niña. Se estructura en dos grandes bloques: Libro primero: infancia y juventud. Libro segundo: pubertad, adolescencia y juventud que suman 16 capítulos.  Ilustrado con una veintena de fotografías que actúan como  notarios del tiempo pasado y fe documental. Contiene 265 páginas según indica Amazón.

     Y para concluir, considero que Carlos Bermejo ha desarrollado una gran capacidad para contar y enlazar historias con una prosa desbordante, por ello, este libro es  una obra muy lograda, emocionante y llena de pasajes humanos que nos ha sorprendido gratamente, y además es de agradecer que se lee de corrido con agrado e interés. Pienso que como un cuadro contemporáneo la narración moderna le va a la zaga con la intención de provocar en el lector una emoción, una provocación y un grato recuerdo. Obra muy lograda donde uno se sorprende, se alegra, se llora  y se emociona a la vez que se extraña de un testimonio lleno de descarnada sinceridad sin tabúes.  Aunque parezca una obra sencilla de escribir, tiene detrás unos artilugios y una tramoya compositiva que solamente los que dominan el difícil arte de narrar, más muchos años de  lecturas y escrituras, saben, y son capaces de utilizar con acierto, que es lo complicado, contar no ya con eficacia sino con estilo propio y convenciendo, donde se vea la diferencia respecto a otros artistas de la palabra.    Usa un yo completo, un yo pleno, un yo rico en anécdotas, porque Historia de yo no es una obra más, perecedera, sino que le auguro muchos éxitos por ser testigo de una época lateralmente murciana y madrileña. Aunque es grotesco comparar, opino que Carlos podría ser nuestro Karl Ove Knausgard, sin tuviera un agente literario y la publicidad mediática del noruego, porque en definitiva los dos hacen lo mismo: escribir descarnadamente sobre sus vivencias.
    Al libro de Carlos simplemente le falta una edición en papel, y le sobra calidad humana y literaria. Es cierto que las versiones digitales sirven para divulgar, y Amazon.es, versión Kindler, es quizás el mejor portal para dar este salto de trampolín al mundo de la publicación virtual; sin embargo, el libro de papel  le espera porque es la persistencia del  mensaje escrito aunque el e-book sirve para divulgar la obra. Auguramos que Historia de yo, está llamado a ser un “best-seller”.  Sería deseable que este autor no tuviera que depender de premios, ni de publicaciones digitales para dar a conoce sus obras.


Escritor y poeta
Alicante, 19 de agosto 2014

 



.........................................................BIOGRAFÍA...........

  Carlos Bermejo Hernández, natural de Molina de Segura 1937 (Murcia) desde mayo del 68 reside entre Alicante y San Vicente.
  Lector empedernido desde la niñez y escritor en la adolescencia, escribió su primera novela a los catorce años.
   Con el secreto deseo de hacerse escritor, marchó a Madrid a mediados de los cincuenta. Frecuentador de tertulias literarias, se presentó a algunos premios literarios, sin éxito. Militar profesional, nunca abandonó su afición por las letras y fruto de ello, son los veinte años que estuvo como colaborador del Diario Información, corresponsal en Alicante de la Revista Yate y Motonáutica y como Jefe de Prensa del Real Club de Regatas.
  Conserva en el fondo de un cajón sin fondo alguna novela, poemas y otros escritos literarios. Escribe y hace crítica de Arte, en diversos medios. Conferenciante, presentador en exposiciones y catálogos, recientemente ha escrito y editado el libro “MIRAR UN CUADRO Y ALGO MÁS”, en el que recoge las semblanzas de numerosos pintores , que pasan por el Taller   que él dirige y presenta en la Asociación de Artistas Alicantinos, de la que es socio y Secretario.
   En 1978 comenzó a pintar y con mayor o menor intensidad según criterios arbitrarios de su voluntad, ha compaginado literatura y pintura y, en esta, es ahora un reconocido pintor marinista.

Carlos Bermejo Hernández

Leer el comentario en versión HTM

domingo, 17 de agosto de 2014

Salvador García Aguila, escritor nacido en Rojales (Alicante). Escritor secreto.

Salvador García Aguilar en su estudio
Salvador García Aguilar en su estudio de Molina de Segura (Murcia)




























    Salvador García Aguilar nace un 21 de noviembre de 1924 en Rojales (Alicante). De niño se traslada con sus padres a Barcelona debido a la enfermedad de su madre. Tras la Guerra Civil, en 1940, fija su residencia en Molina de Segura (Murcia), población donde establece su residencia familiar y donde permanece el resto de su vida.
    Debido a su situación familiar y de la época, guerra y posguerra civil, tiene que abandonar sus estudios en 1936 para buscar trabajo, con apenas doce años. Ejerce diversos oficios, entre los que destaca aprendiz de barbero, pero no abandona su afición a la lectura y se convierte en un lector voraz de autores clásicos griegos como Platón, Aristóteles, Homero y otros por los que siente una especial predilección.

Juventud de posguerra
    A los diecinueve años realiza el servicio militar en Madrid, donde cosecha buenas amistades. Durante su estancia castrense, debido a su buen hacer, sus superiores le proponen continuar en el ejército como profesional, pero Salvador declina dicha opción.
  
Acabado el servicio, encuentra trabajo en la empresa Hernández Rex, S.A. de Molina de Segura, perteneciente al sector de la conserva, llevando acabo tareas administrativas y comerciales. Labor que ejerce durante más de treinta años en la misma empresa.

El escritor autodidacta
    Su trabajo diario no impide a Salvador continuar con su afición literaria y desarrolla su vocación, cultivada desde la adolescencia. Estas circunstancias explican su aparición tardía como novelista, pues hasta 1984 no se da a conocer.
    Su carta de presentación es su premiado libro Regocijo en el hombre, con el que obtiene el Nadal el 6 de enero de 1983. Tras obtener este premio, es nombrado hijo adoptivo de Molina de Segura. A partir de ese momento Salvador abandona el oficio de administrativo que había ejercido durante muchos años para ganarse la vida como escritor.


El escritor secreto:
La personalidad del literato
    Resulta curioso que su pasión por la escritura no fuese conocida por nadie. Así lo señala el jefe de la oficina en la que trabajaba cuando conoció la noticia del premio: “Nunca sospechamos que Salvador escribiera… Si lo hubiéramos sabido, le habríamos facilitado las cosas…”. Y también lo expreso el mismo en una de sus últimas entrevistas, en la presentación de una de sus últimas obras, cuando aseguró al periódico La Opinión de Murcia que ni sus vecinos se hubieran enterado de que era escritor, de no haber sido por el Premio Nadal de Literatura.
    Ramón Jiménez Madrid, íntimo amigo de Salvador, describe su personalidad como “un hombre de pelo blanco y tez tostada, aparentemente parco, algo tímido y seco, que desaloja su austera y franciscana humanidad cuando se le conoce a fondo”.
    La última aparición pública de Salvador fue en  enero de 2004, durante el acto de entrega de los premios del Club de la Prensa de Molina de Segura. Falleció el 13 de enero de 2005 en Murcia, con ochenta años, tras una larga enfermedad.
    El 27 de marzo de 2007 fue inaugurada una biblioteca con su nombre en Molina de Segura su ciudad de adopción, además hay con su nombre un premio literario de novela corta en Rojales, su pueblo natal (Alicante).
  García Aguilar es señalado como uno de los mejores autores murcianos. Cultivó la novela histórica fundamentalmente, cuestión esta derivada de su gran afición a los libros de historia. Algunos críticos literarios se refieren a él como un escritor de la generación de “los niños de la guerra o del medio siglo”, marcados en su infancia por la Guerra Civil Española. A esta generación también pertenecen otros escritores como Juan García Hortelano, Jesús Fernández Santos o los hermanos Goytisolo (Juan, José Agustín y Luis).
    Aparte del mérito de su escritura, hay que reconocer en García Aguilar un hito histórico, por el efecto positivo que tuvo para las letras murcianas conseguir uno de los más prestigiosos premios españoles de narrativa. El premio sirvió de estímulo vital para un puñado de notables escritores murcianos que no solían trascender más allá de las fronteras regionales, salvo en contadas ocasiones.

Premio Nadal de 1983
    Con Regocijo en el hombre, su obra novel, obtiene el Premio Nadal de Novela en 1983. Este hecho resulta anecdótico, porque obtiene el premio con su primera novela y porque se presenta al concurso gracias a que dos amigos suyos, profesores de literatura, le incitan a presentarse.
    El libro es un relato histórico, centrado en el mundo anglosajón y vikingo, que ofrece tres relatos narrados en primera persona por un obispo, un rey y un príncipe. Tres protagonistas con un argumento común, pero a la vez con una perspectiva distinta. El uso y el modo arcaico de su lenguaje, dota a la obra de cierta singularidad que difiere de las obras de la misma temática escritas en esa época.
    Esta obra está emparentada con la novela histórica de moda en aquel momento, que tiene de fondo una admiración por la vida aventurera, la independencia y la libertad. Esta novela tuvo una cogida positiva pero no entusiasta, y en ella sorprende la madurez alcanzada en una ópera prima, derivada de los muchos años que pasó cultivando la afición literaria.

Producción literaria
    Después de obtener el Nadal continúa alejado de la vida pública, lo que impide que su obra sea conocida más allá de la Región de Murcia. Ha escrito una veintena de libros, de los que se han publicado solo la mitad, porque como comentaba el mismo "no porque la obra no merezca la pena, sino porque nunca he ido detrás de nadie para publicar mis libros".
    Entre las obras publicadas se encuentran novelas como Clama el silencio, Granada cajín, Epílogo para una reencarnación (Editorial Región de Murcia), La guerra de los patos, La noche mágica, El tiempo que nos vive. También ha cultivado el género del cuento, recogidas en Relatos y en La flauta hay que tocarla siempre (Cuentos de aquí y de allá). Y una obra de teatro, La noche mágica: La Encantá.
............................ 
Cuñado de también escritor murciano Carlos Bermenjo Hernández, autor de Historia de yo.

sábado, 16 de agosto de 2014

5 Ideas fijas sobre crítica literaria

Septiembre 23, 2013 | Tags:
El crítico y el escritor son dos especies distintas
Con frecuencia, la escritura y la crítica aparecen en el imaginario literario como prácticas antagónicas. Quizá sea verdad que el escritor y el crítico, aunque lo compartan como instrumento y objeto de trabajo, utilicen el lenguaje de manera distinta. Sin embargo, la mayoría de las veces la diferencia demuestra dos necesidades en apariencia básicas en el mundo cultural: la autoafirmación y la denostación del otro. Así, que se califique a un crítico de “escritor frustrado” y que se afirme que los escritores saben poco de literatura –para citar sólo dos lugares comunes al respecto– dice poco del ejercicio de la escritura o de la crítica y mucho de las ganas de hacer ruido de la persona que reproduce las mismas insensateces una y otra vez.

Escribir reseñas me convierte en crítico literario
Antes de comentar sobre esto, la pregunta es: ¿por qué alguien querría convertirse en crítico literario? O mejor, ¿por qué la necesidad de etiquetarse y ser considerado bajo tal categoría? La respuesta simple: autoafirmación y ego. La respuesta compleja: autoafirmación y ego. Actualmente, el mundo está lleno de gente que publica reseñas: algunas son buenas; otras no tanto. Así es todo en la vida. 
La importancia que le hemos dado al género –si es que le hemos dado alguna– a veces impide que veamos la cercanía que hay entre la reseña y otros discursos como el periodismo cultural o la publicidad. Si en tus reseñas te dedicas a exaltar el genio del autor o a despreciar el bodrio que es el libro, entonces eres un publicista con bastante mal carácter. Si en tu texto aparen opiniones de otros escritores a quienes llamaste para preguntarles su parecer, entonces eres periodista. Si en lugar de reseña publicas lo que leíste en la presentación del libro: eso no es crítica literaria, es pereza. Llamar por su nombre de pila al escritor y contar cómo se conocieron no te convierte en crítico, pero sí en buen amigo.
Hay más ejemplos, pero para volver a la idea fija: ¿escribir reseñas me convierte en crítico literario? Qué más da. Es difícil creer que la gente leerá o dejará de leer un libro debido a tu opinión. La mayor parte de los lectores ya tiene los suficientes prejuicios como para decidir, sin intermediarios, a quién leer y a quién no.

Leer a escritores difíciles me hace mejor lector y, por lo tanto, mejor crítico
Hay personas que encuentran un particular gozo en pretender que son mejores lectores que los demás. Frente a eso hay muy poco que hacer: si alguien considera que leer a Proust es mejor que leer a Stephen King, ¡bien por eso! Si no, también. Por fortuna, la cantidad de páginas de ambos escritores son suficientes como para que los lectores de cada uno nunca tengan tiempo de hacer otra cosa. Si los libros se acaban, para eso están Musil y Lovecraft. Si se acaban, para eso están los rusos y Margaret Atwood. Si se trata de concebir la lectura como una serie de elecciones que sólo permiten leer esto y no lo otro, lo importante es que cada quien lea lo que le da la gana.
Sobre si esto te hace mejor o peor crítico, favor de leer la idea fija anterior.

Se necesita formación académica para ser crítico literario
No. De igual modo, la formación académica tampoco impide convertirse en escritor. (Aquí no estaría mal aclarar que, hablando con propiedad, nadie se convierte en nada.) Pasa que como estamos acostumbrados a ver el mundo de forma maniquea, lo más sencillo es conservar los estereotipos heredados en lugar de inventar los propios. 
[A uno le convierten los demás en crítico o valorador de obras, en cuando empiezan a pedirte que le hagas comentarios a sus obras o prólogos a sus libros, luego empiezas y ya no acabas].

La crítica literaria en internet se ha trivializado
Sí, de hecho todo se ha trivializado. El mundo es un amasijo de trivialidades del que ya no hay salida. Ahora, cuando alguien dice eso sin la conciencia de que desde 1580 hay quejas sobre lo trivial que es la crítica literaria, lo que comunica no es indignación, sino falta de imaginación. Si la queja se refiere únicamente a internet, lo que hay que buscar son mejores páginas que leer. Si se han agotado todas las posibilidades, cosa difícil de creer, siempre nos quedan los libros.

Tomado de la web: http://www.letraslibres.com/blogs/el-grafolego/5-ideas-fijas-sobre-critica-literaria

domingo, 10 de agosto de 2014

"Mi lucha", proyecto autobiográfico del noruego Karl Ove Knausgard


imagen
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 114 AGOSTO 2013 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL UNIVERSIDAD DE MÉXICO.

1 / 4

La revolución literaria que está provocando el escritor noruego Karl Ove Knausgård con su obra autobiográfica Mi lucha es revisada por la novelista Cristina Rivera-Garza: una escritura del yo, descarnada y radical, que viene de vuelta de las convenciones de la ficción en Occidente y que busca no expresar sino crear en su lector la emoción y el sentimiento por encima del artificio.
I. EXIGIR LO IMPOSIBLE
“Ya es hora de parar el experimento”, me dijo alguna vez un alumno justo después de un seminario de lo que en Estados Unidos se llama creative writing y que en México, y en gran parte del mundo de habla hispana, sigue siendo denominado “creación literaria”. “¿Podemos aceptar que hacemos esto nada más para que nos quieran?”, insistió con la voz baja, avergonzado y bravío a la vez. La mirada del que implora. La perplejidad me dejó callada, con la boca medio abierta, tratando de sonreír. Algo debí de haberle contestado pero incluso ahora que me lo propongo, tanto tiempo después, no sé en realidad qué le dije. Años más tarde, en otro país, un estudiante de posgrado se me acercó para platicar después de una conferencia. “Necesitamos menos subjetividad y más sujeto en los libros”, aseguró en un español que era claramente una segunda lengua. “Necesitamos verdad, carne, experiencia, literalidad”. Se notaba que la lista era más larga pero que, por cuestiones de obviedad de cortesía, la dejaría ahí. No la perplejidad, sino el reconocimiento me hizo detenerme con interés. “Tú estás leyendo a Knausgård”, le contesté, tratando de atinar. La sonrisa sorprendida y abierta del muchacho me dijo, de inmediato, que había dado en el blanco.




Karl Ove Knausgård
©Astrid Dalum/Politiken.dk
No se trataba, en ninguno de los dos casos, del típico crítico conservador y temeroso que, apoyándose en la autoridad incuestionable de una tradición oficialista y timorata, impugnaba la capacidad de la experimentación para lograr que la escritura entablara una relación estrecha y viva, orgánica, con el lector. Justo lo contrario. A ambos, el joven alumno de licenciatura como el avezado doctorando que ya preparaba su disertación, les interesaba explorar, en total libertad, tantas estrategias de escritura como les fuera posible para producir o leer, según el caso, textos contemporáneos y emocionantes a la vez. Lo que una plétora de libros experimentales o posmodernos, así los llamaron cada uno respectivamente, les habían dado eran retos intelectuales que les resultaban interesantes, incluso apasionantes, pero no necesariamente conmovedores. Y ellos, jóvenes al fin y al cabo, lo querían todo: libros complicados y emotivos; libros con reto y con refugio; libros con los que se pudiera enfrentar la vida y, acaso, vencer la muerte. Todo junto y todo a la vez, eso querían. Nada más, pero tampoco nada menos. No esto o lo otro. Sino esto y lo otro. ¿Podemos parar el experimento ya? Por eso no me extrañó que, al menos uno de ellos, se declarara abierto admirador de la obra más reciente de Karl Ove Knausgård, el autor noruego que, después de haber publicado dos novelas bien comportadas, merecedoras de importantes premios en su país, optara por escribir una larga y escandalosa autobiografía en seis volúmenes a la que tituló, de manera por demás provocadora, Mi lucha.
En diversas entrevistas y en los volúmenes mismos de su detallada novela autobiográfica, Knausgård ha declarado que eligió aproximarse “al núcleo mismo de la vida”, es decir, de su vida, porque había dejado de creer en otros géneros literarios como formas capaces de enfrentar la creciente falta de significado del mundo —una falta de significado evidente ya, de hecho, en la diseminación y dominio de la ficción en todos los aspectos de la vida cotidiana—. “La vida a mi alrededor no era significativa. Siempre quería apartarme, dejarla atrás. La vida que llevaba no era mía. Trataba de volverla mía, ésa era mi lucha, porque por supuesto que eso era lo que quería, pero fracasaba” (volumen 2, p. 469). ¿Qué podría la ficción literaria frente a la ficción en que se ha transformado la existencia misma? Su respuesta, negativa y radical —radical, de hecho, por negativa— lo condujo a las puertas de uno de los más feroces y peculiares trabajos con el lenguaje del yo, que es una forma del lenguaje del nosotros, de nuestros días.

II. LA VERDAD
Una necesidad similar se encuentra, acaso, detrás del surgimiento y creciente popularidad de la así llamada autoficción: libros en que una diversidad de autores asumen el reto de contar la verdad propia a sabiendas, en un mundo que ha pasado ya por el giro lingüístico y el cuestionamiento de las grandes narrativas, de que tal tarea es imposible. Se trata de libros que saben, y lo muestran así, al menos dos cosas: que no hay manera de tener un contacto directo con lo real, no al menos sin el lenguaje; y que el yo no es más que una convención, el acuerdo del cual partimos para colocarnos en modo íntimo, aunque transferible, ante el lenguaje. Son libros listos; libros irónicos; libros que cultivan una distancia cuidadosa, a veces elegante y a veces melancólica, frente a lo que saben no pueden ni conseguir ni prometer: verdad.
Lo que Knausgård se propone y nos propone es a la vez más descabellado y más imposible. Justo como los dos muchachos que, cada cual a su manera, pedían un fin al experimento, Knausgård, que a momentos ha elogiado a la novela como el último territorio en que los adolescentes nihilistas pueden todavía plantearse las grandes preguntas del ser, quiere la médula misma, la médula de sí, y la médula del lenguaje. El núcleo de la vida. El esqueleto mismo de los días. El marasmo. No lo que, pudiendo encontrar forma en algún cauce narrativo, fuera capaz de forjar su propio sitio en “el desarrollo del significado a lo largo del tiempo”, sino lo que, expuesto en una simultaneidad abrumadora, pegado al cúmulo de detalles concretos del cuerpo y de la respiración, escapara cualquier noción preconcebida de lo que es un relato. Atento al anacronismo, Knausgård no pide disculpas por su ímpetu neorromántico o, incluso, romántico, pero sí toma su distancia con respecto a la inocencia teórica o el elitismo cultural.
“Esta pièce de résistance es el humo elevándose en espiral”, así le describe Karl Ove Knausgård el objeto que tiene frente a sí a su hermano. Se trata de una botella de cerveza vacía, en cuyo orificio superior ha introducido unos segundos antes la colilla de un cigarro sólo a medias apagado. Cuando el humo insiste en subir por el cuello de la botella y propagarse así por el jardín revuelto y desordenado que planea limpiar, Karl Ove, como le gusta ser llamado, coloca un pequeño plato, en el que se le han ofrecido algunas sobras de la comida a una gaviota insistente, sobre el orificio de la botella, configurando de esta manera una azarosa escultura de lo diario. “En cierta forma”, continúa, “esto lo hace una pieza interactiva con el medio ambiente. No es tu escultura de todos los días. Y las sobras representan la ruina, por supuesto. Eso también es interactivo, un proceso, algo en flujo. O el flujo mismo. Un contrapunto a la stasis. Y como la botella de cerveza está vacía, ya no tiene ninguna función, ¿y qué es un recipiente que no recibe nada? Es la nada. Pero la nada tiene una forma, ¿lo ves bien? La forma es lo que estoy tratando de enfatizar aquí” (volumen 1, p. 346).
Que Knausgård elabore esta detallada descripción y esta interpretación de peculiar ambivalencia irónica alrededor de un alebrije cotidiano justo cuando, junto con su hermano, se dedica a limpiar centímetro a centímetro la casa en la que su padre acaba de morirse de borracho —una casa llena de botellas vacías de alcohol y mierda y ropa podrida y mugre por doquier— sólo puede ser indicativo de la relevancia que tiene, tanto en su vida como en su obra, la relación entre la realidad y la forma. No en pocas ocasiones a lo largo de estos volúmenes autobiográficos Knausgård introduce referencias críticas a ciertas formas de arte contemporáneo que descalifica como ligeras, distanciadas o indiferentes a la realidad que las origina. Tampoco son pocos los comentarios halagüeños a ciertas obras del siglo XIX o del XX, especialmente aquellas que denotan y provocan emoción. De hecho, aquí y allá, a veces de manera tangencial pero siempre con la misma intención, Knausgård declara que la única medida de valor de una obra de arte es, en sentido literal, la emoción que genera en el espectador. Acaso por eso no son pocas tampoco las ocasiones en que Karl Ove, el autor y narrador y personaje de esta obra, llora o solloza o lagrimea a lo largo de sus muchas páginas.
El autor noruego se aproxima, pues, crítica e irónicamente a esa distancia precavida, a esa ligera indiferencia, que privilegia tanto arte y escritura contemporánea. Su novela autobiográfica surge, de hecho, de un impulso contrario. Ante el apabullante desencanto que le provoca la ausencia de sustancia tanto en la experiencia de todos los días como en el arte del mundo actual, Knausgård empuña en el aire, combativo y seductor a la vez, un texto verdadero. Luego de haber escrito libros que pueden inscribirse con facilidad dentro de cierta tradición de la ficción realista, Knausgård se aventuró, entonces, por otros caminos: escribiría muy aprisa, casi sin darse tiempo a corregir, sobre la muerte de su padre, recurriendo a recuerdos propios y utilizando los nombres verdaderos. Escribiría una autobiografía, sí, pero sirviéndose de los artilugios con los que se escribe una novela. Más que optar por la no-ficción, Knausgård parece haberse visto obligado a refugiarse en ella en el momento mismo de andar huyendo de un mundo en el que la ficción no sólo está en los libros, sino sobre todo, y para mal, en la vida. Por eso, en lugar de inventar un personaje, Knausgård opta por trabajar de cerca con el yo —un yo sin el asidero de un arco narrativo o un tema específico; un yo desparramado sobre los días y sobre el recuerdo—. Un yo del cuerpo. Un yo en pleno y de tiempo completo.

    BIOGRAFIA:

Escrito por Karl Ove Knausgård

Nació en 1968. Debutó en la literatura en 1998 con una aplaudida novela, Ute av verden (Fuera del mundo), gran éxito de crítica y ventas, y por la que recibió el premio de los Críticos de Noruega, que hasta entonces nunca había sido otorgardo a una primera novela. La segunda, En tid for alt (Un tiempo para todo) (2004), también resultó un acontecimiento. Knausgård se embarcó en otoño de 2009 en un proyecto literario sin igual. Su obra autobiográfica Mi lucha es, en más de un sentido, una gran proeza literaria: está compuesta por seis novelas, y la última fue publicada en otoño de 2011. A la primera le fueron otorgados en 2009 el prestigioso Brage Award y el Morgenbladet Award al mejor libro del año, y en 2010, el P2 Listeners’ Prize; los tres primeros volúmenes fueron galardonados con el Sorlandet Literary Prize también en 2010. Este fascinante experimento literario, además de ser un gran éxito de crítica y de recibir numerosos galardones, ha suscitado un gran interés en los medios de comunicación y entre los críticos literarios y los lectores, y el resultado han sido cientos de artículos, comentarios, ensayos, notas en blogs y debates. Cuando fue publicada la sexta novela, las primeras cinco ya habían vendido en Noruega la increíble suma de cuatrocientos mil ejemplares. Esta ambiciosísima gesta literaria ha despertado, además, un enorme interés internacional, con quince traducciones en marcha.
    subir     PDF
.....................
A mí no me ha gustado, empieza hablando de la muerte y de los entierros, y está obsesionado con su epitafio. Tiene mucho de la aburrida lectura de Prout. Sobre los detalles de contidiano vivir, que si entra o sale, que si se quitas  las botas o de las pone. El padre como la figura represora, temida. De vez en cuando como buen nórdico se pega unos chutes de alcohol que pierde la cabeza, está separado como es normal y a volver a empezar.
Dejé e leer autobiografía porque me aburría.
Ramón Fernández Palmeral
Alicante

Amazón. "Historia de yo", de Carlos Bermejo

Querido Ramón, muchas gracias por haber comprado mi libro HISTORIA DE YO, publicado en digital en AMAZON. Tú sabes bien lo difícil que en esta época de crisis es publicar prosa literaria o poesía, vender un cuadro o algo que la gente no considere “de provecho”, en lo que, lamentablemente, siempre ¡siempre! se encuadran los bienes culturales de todo tipo. Por eso he recurrido al libro digital y tengo que decir que el “boca a boca” está funcionando también que mi libro está situándose en el tema “Historia, biografías y hechos reales” del catálogo de AMAZON, entre los puestos 1 a 7 (se actualiza de hora en hora) durante los 15 días que lleva publicado. Supongo que ahora la mayoría de los que me lo están comprando son los compañeros de Asociación, familiares y amigos. Pero por lo visto, hay gente que se deja llevar por el libro que despuntan en las listas de “los más vendidos” y esos también lo están comprando. Eso lo veré en la primera liquidación de derechos que me envié AMAZON y espero y deseo que el libro tenga un mayor alcance, pues modestia aparte, su calidad literaria e interés humano está avalada por las personas que me han instado a publicarlo, todas ellas de reconocido prestigio intelectual y profesional en el tema literatura.
Por eso yo espero tener pronto tú opinión, que la valoro de igual manera, pues todos sabemos tu valía como escritor y divulgador cultural especializado en diversos temas, tales como Miguel Hernández, Antonio Machado y otros muchos que sería prolijo mencionar.
Te lo repito, muchas gracias, y espero que te guste ese libro que escribí de un tirón de tres meses en el verana de 2010, porque me lo dictaron los recuerdos que quise fijar por escrito para cuando llegue, que llegará, la decrepitud mental, pueda refrescarlos leyendo y volver a revivirlos en compañía de la mujer con la que el próximo 29 de octubre de éste año, llevo cincuenta años felizmente casado.
Carlos Bermejo

San Vicente, 11 de agosto de 2014 


CURRICULUM RESUMIDO

CARLOS BERMEJO
Natural de Molina de Segura (Murcia) reside desde mayo del 68 entre Alicante y San Vicente, donde tiene su estudio. Patrón de Yate y navegante durante más de veinte años, fue Jefe de Prensa del Real Club de Regatas de Alicante y colaborador del “Diario Información” y de la revista “Yate y Motonáutica”
Se inicia tardíamente en la pintura y recibe clases de Amparo Escrivá durante cuatro meses. Después se dedica a copiar a los grandes maestros, que son los suyos. En un principio toca todos los temas, hasta que hace unos seis años, impulsado por su amor a la mar se decanta por las marinas y hoy es considerado un pintor marinista.
Ha realizado diez individuales y más de cincuenta colectivas. Actual Secretario de la Asociación de Artistas Alicantinos. Escritor, conferenciante y presentador-divulgador de temas artísticos. Figura en el libro “Pintores alicantinos 1900-200” y en el “Diccionario de Artistas Valencianos. Ha escrito y publicado el libro “Mirar un cuadro y algo más”, y “Sorolla, Pintor de la luz”, en colaboración.


.....................Leer el comentario crítico realizado por Ramón Fernández Palmeral..............

"Un Quijote Solidario". Celebrado en Armilla (Granada)

Audiovisual testimonial y memorial del Evento ocio cultural, realizado los días 21 y 22 de Abril de 2014, en la Casa García de Viedma de Armilla, durante la Semana Cultural de la ciudad. En el mismo ha estado disponible durane 48s. para su Lectura Colectiva, un ejemplar de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha".  Dicho volumen fue facilitado por la Bibliteca Pública Miguel Hernández, de Armilla.
La apertura de la Lectura fue realizada por Doña Sandra García Martín, Delegada de Gobierno de la Junta de Adalucía, seguida por el Alcalde de la ciudad, Don Gerardo Sáchez Escudero, los concejales del municipio e invitados eseciales.
Dicho evento ha sido una iniciativa del ciudadano Don Carlos Pajón Salgado, quien ha pretendido con esto, fomentar la cultura y la solidaridad en Armilla.-

viernes, 25 de julio de 2014

Recuerdos de vendimias y paseros, por Ramón Palmeral





                       

                Los días de mi vida/ son las hoja de la agenda/ que paso cada tarde/ de  una forma mecánica.             
                          Javier Núñez Yáñez (poeta de Torrox, autor de Vendimia)



Mis recuerdos son paseros en la Axarquía,
tierra de mis antepasados cubiertas de olivos
y vides moscateles encaramadas en la pizarra
suplicantes al cielo y clamando lluvias. 

La moscatel son gusanos de seda que tras
la vendimia y soleada en los paseros se convierten
en dulces pasas de exportación. Si se las pisas
en el lagar se convierten en Quitapenas.

Los días de mi vida
son como aviones de pompas de jabón
que pasan la  agujereada tarde
al calor de un hogar cálido, oloroso y conocido.

Son números babilónicos
-qué hago en la gimnasia del aire-
-qué hago aquí escribiendo olvidos-
almanaques muertos en la basura
hojas rotas de árboles en otoño
se hacen costras, escarias del tiempo.
 
Los años se hacen carne dura
parecen cecina, carne seca en la serranía
curada en cerro Lucero –vértigo rojo arriba-
al descubierto de los terremotos y los olvidos.

En el brazo desnudo de una higuera de secano
tatué tu nombre y el mío –sabia blanca venenosa-
con una flecha de Eros y orlado por un corazón
que se reía. Ahora el tiempo –carica de ayer-
lo ha convertido en un lápida de fortaleza de granito.

En el faro de Torrox, sus rocas me anunciaban
siglos romanos y saladeros de fenicios, mientras
la sal con sodio iba de tu casa a la mía,
con puertas estrechas y paredes finas cual pámpanos de vid.

Y por Torre del Mar se fue el Sol acobardado,
caído a pedazos, herido de granadas abiertas
collares de dátiles adueñados de la cuerda de mi alma.

Qué duro es caminar sobre la arena en los Peñoncillos
-carnaval dorado de gaviotas en la tarde-
Arena oscura de paz y de guerra, qué dura la vida,
Qué duro es caminar sobre la arena sin tu amor
y sin corazón, desnudo y lleno de tristeza.

Al final de septiembre llegó la tormenta
y amenazó los paseros y sus racimos de perlas negras
en la metamorfosis de las cepas a la mariposa.
Hubo que poner las tablas y los lienzos.

Parece imposible el olvido en tu caja de los hilos.


Ramón Fernández Palmeral
Torrox, 2007

La acuchillada tarde de otoño, por Ramón Palmeral






(Ermita antigua de la Acebuchal)

La acuchillada tarde de otoño

                               (A mis padres naturales de la Acebuchal)

Cuando los gallos cantaban en alta voz
el Sol fue acorralado por los cerros de la Axarquía
daba pena de ver la carnicería de luces y nubes,
esas que tienen oscuras lagunas solitarias.

El mar en Nerja alarga la noche eléctrica
entre paseos, rocas y corazones jóvenes
mientras las olas, -esas trampas acuáticas-
extendían con música incansable sus brazos
en silencio tal vez sin libertad ni fuerza.

Pensé que seguía siendo joven en la vendimia
de los Mayarines -con el canasto de uvas en la cabeza-
 que esperan secar la dulce moscatel en los paseros de septiembre,
como si el tiempo cortejara el dolor de mi mente,
el recuerdo fondeando en el aire como gaviotas
desplazadas, emigrantes y capituladas.

Incluso hasta las fechas de mi memoria se dan la
vuelta a medio camino antes de llegar a la diana
y se vuelven agujas de recuerdos por el Acebuchal y la
corona de rocas rubias en el Fuerte.

Cuándo volveré a sembrar los gemidos ecos
que me llamen a estar bajo la parra del cortijo…
volverán las acuchilladas tardes sin piernas y
sin un soplo de viento frío.

Y las mujeres harán las migas en el “chupajumos”
que el tiempo de poda dejó lleno los campos
de mi tierras cubiertos de gavillas de sarmientos y espinos.



Ramón  Fernández “Palmeral”
Alicante, 16 de mayo 2014

Publicado en el número 31 de la revista AUCA, de Alicante, verano de 2014