Sección literaria del escritor y poeta alicantino Ramón Palmeral. Ocasionalmente publica textos de otros poetas y escritores
POESIA PALMERIANA
Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com.
La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.
¿Qué cosa hay a un tiempo,
a la vez dulce y amargo,
se convierte en necesario,
te hace sentir esclavo,
te nubla el pensamiento,
que permanezcas atado
y sin embargo feliz?
¿No se te ocurre al pensarlo?
Pues una pista he de darte,
por la A será enervado
por bandera, entre las gentes,
con un oco de olfato
podrás descubrir su nombre,
atañe al enamorado;
con solo pensar en él
te sientes reconfortado.
Aunque te hierva la sangre,
pienses que estás en letargo,
que ya no tienes edad...
estás muy equivocado,
pues ya se encarga Cupido
de encender con fogonazos
las flechas autorizadas.
¿A que ya has adivinado?,
seguro que ya lo sabes,
consigue siempre el milagro
y su nombre es Amor.
Comentario al libro El Cuaderno Carmesí de Ramon Fernández Palmeral.
He
recibido gentilmente un ejemplar del libro El Cuaderno Carmesi (Un
viaje en el tiempo 2016-2020) Seleccion de artículos de prensa, del que
es autor Ramón Fernández Palmeral. Escritor, Poeta, Pintor,
Conferenciante e impulsor de todo lo que eleva a las personas a la
selectividad de la mejor cultura. Ramón Palmeral es una persona
sorprendente y a mí que lo conozco largo tiempo y gozo de su amistad no
ha dejado de impresionarme continuamente. Y ahora nuevamente con su
Cuaderno Carmesi. Me dice en su dedicatoria que "Llega una edad en que
el tiempo se agota y es hora de hacer cuentas de lo escrito digitalmente
porque es volátil. Estamos de acuerdo en que los libros impresos es lo
más eficaz para dejar testimonio de nuestro legado literario".
Y es
cierto y lo comparto sobre todo en aquellos escritores que como Palmeral
han desbordado con sus escritos todos los confines literarios. Es un
libro que hay que leer y recordar con la visión palmeriana tantos y
tantas cosas de ese periodo de los últimos cuatro años en que ha pasado
digamos de todo. Desde Obama y el Brexit llegaremos al "Escritor que
vendió su pluma Montblanc" y a la pandemia en Alicante y Elche. 320
páginas nada menos que de artículo tras artículo.
Y desde Letralia a El
Monarquico y de Información a El Confidencial Digital de Madrid los
comentarios de Palmeral amenos, formativos y cultos de su autor. No
debo decirles más pero si hacen caso de este irredento lector que esto
escribe no dejen de leer este nuevo libro de Palmeral y comprenderán
cómo pueden ir unidos Garcia Lorca y San Juan de la Cruz y hasta "Como
aliviar las preocupaciones". Enhorabuena Ramon con mi fuerte abrazo.
Hace
unos días que vi la película Kon-Tiki de 2012 dirigida por el director noruego Joachim Rønning y Espen
Sandberg, su argumento se centra en la homónima expedición realizada por el
explorador y antropólogo noruego Thor Heyerdahl junto a cinco exploradores más
en 1947 quienes zarparon del puerto de Callao (Lima, Perú) a lo largo y ancho del
océano Pacífico en la corriente del Humboldt, para demostrar que los incas
precolombinos habían podido colonizar la Polinesia desde Sudamérica, y en
concreto poblar la Isla de Pascua (Rapa Nui). En aquella expedición del todo
suicida no pudieron llegar a la isla de Pascua, sino al arrecife de Raroia
donde la balsa encalló. Si entonces la hipótesis del contacto entre pueblos no
fue admitida científicamente, hoy se ha demostrados que sí fue posible...
Nuevo poemario de la poeta María del Pilar Galán García, titulado "Voces silenciadas", Ediciones Palmeral, julio de 2020, publicado en Amazo.es. 49 poemas y 83 páginas.
Voces silenciada es un poemario en
apariencia intimista, tiene mucho de poesía épica, puesto que conforma una
trayectoria lineal con un argumento y un desarrollo que culmina en un estadillo
vital.
Pero
ante todo hay que destacar que la sinceridad del corazón y la apertura del alma
se muestran con todo realismo no exento de belleza.
PILAR
GALÁN GARCÍA
Profesora
de literatura y crítica literaria.
Obras
editadas:
Sorolla. Biografía poética del
pintor de la luz,
2010
Antonio Machado. Biografía poética de una soledad, 2013.
Sta Teresa de Jesús. Biografía poética
de una pasión, 2015.
San Juan de la Cruz. Biografía poética de un místico, 2016.
Regreso al Parnaso, 2016.
La nada ¡Qué frío! 2018 (Finalista del
XXXVIII Premio mundial Fernando Rielo de poesía mística)
Es sabido que las mujeres de todas
las razas encuentran más dificultades que los varones para conseguir
trabajos dignos y se enfrentan a la segregación laboral y brechas
salariales, de oportunidades y de violencia de género. La maternidad no
puede era un lastre para la mujer, en ningún caso porque sin natalidad
los pueblos no tienen futuro y, ellas, son la dotadas genéticamente
para la procreación de la humanidad. Los Estados deben remover los
obstáculos que impiden la natalidad. La igualdad de género no es
únicamente un derecho básico y fundamental, por los múltiples
problemas socioeconómicos de todas las sociedades, sino que es una
obligación universal. Considero que el acceso a la educación
igualitaria y a la becas deben ser un tema intrínseco para todas las
mujeres, puesto que el trabajo es una forma de liberación y sus
estudios no se puede acceder un trabajo de cualificado. Aun así, las
desigualdades de género siguen estando enérgicamente arraigadas en la
sociedad tanto occidental, oriental como en el tercer mundo...
El explorador de la Polinesia domingo, 02 de diciembre de 2018
Por Sebastián Montalva Wainer, desde Rapa Nui Reportaje El Mercurio Radicado
hace cinco décadas en Rapa Nui y viajero infatigable, Edmundo Edwards
es uno de los hombres que mejor conoce la Polinesia. Miembro del
legendario Explorers Club, ha estudiado cientos de sitios históricos en
estas islas, y hoy se desvive por un proyecto que combina astronomía y
la cosmovisión local: el primer planetario de Rapa Nui. Esto es lo que
sabe, y lo que no, de la isla que nunca dejó.
En Rapa
Nui (isla de Pascua), Edmundo Edwards es un koro (chileno) . Es decir, es uno de los antiguos. Un
hombre mayor, sabio, que ha visto con sus propios ojos el devenir de la
isla y que, de una u otra forma, también ha sido protagonista de su
historia. Aunque nació en el continente y por sus venas no corre sangre
nativa ni el linaje de los clanes originarios, Edmundo Edwards es
prácticamente un isleño más. Vive desde los años 60 en la isla, se casó
tres veces -su esposa actual es rapanuí- y es padre de diez hijos, cinco
de los cuales son rapanuí que él mismo adoptó. Hoy
tiene 74 años, el pelo y la barba canosos y, aunque no siempre los deja
ver, tiene unos tatuajes con símbolos polinésicos en el pecho que se
asoman a veces entre los botones de su camisa. El koro Edmundo Edwards
es arqueólogo autodidacta, explorador, guía y aventurero de esos a la
antigua, de los que ya casi no quedan. Pero sobre todo es un gran
contador de historias. Un tipo que, cuando enciende un cigarro y se
larga, es capaz de relatar los más extraordinarios sucesos, llenos de
anécdotas y personajes que perfectamente podrían servir para un guión de
película hollywoodense. "Creo que mi
interés por la arqueología partió como a los 10 años", dice Edwards una
cálida noche de noviembre, sentado en el patio de su casa en Hanga Roa,
donde vive con su esposa, Mara Riroroko, y dos de sus hijas. "Una vez
fui con mi padre a acampar a Huentelauquén, en el norte, y sobre una
duna vi algo que brillaba. Me acerqué: eran dos puntas de lanza
perfectamente talladas, de unos 15 centímetros, y había un esqueleto
enterrado que sostenía una en cada mano. Asombrados, llevamos las piezas
al Museo de La Serena y el director de entonces, Carlos Iribarren, me
regaló un libro sobre la cultura molle. Cuando lo leí no salía nada
parecido a lo que yo había encontrado. Eso me llevó a interesarme cada
vez más en el tema". Décadas más
tarde, y con decenas de expediciones en el cuerpo -principalmente en
Polinesia y Oceanía-, Edmundo Edwards sigue intentando encontrar
respuestas a los grandes misterios de estas culturas antiguas. Pero en
rigor, hoy su trabajo no tiene que ver tanto con la prospección de
nuevos sitios arqueológicos, sino más bien con la cosmovisión del pueblo
rapanuí, un elemento apenas estudiado, pero sobre el cual Edmundo sabe
mucho. "En 1985, Malcolm Clark -un
gringo que trabajaba en la NASA- vino a Rapa Nui para ayudarme a
registrar petroglifos. Estábamos en la costa norte y él me preguntó
dónde vivían los 'astrónomos' rapanuí. Yo le dije: 'En unas torres de
piedra que se llaman tupas '. En ese entonces, yo no sabía mucho de
astronomía de Rapa Nui, así que fuimos a ver otras tupas y él me dijo:
'Fíjate: esta es una línea norte-sur, que es el eje sobre el cual gira
el cielo'. Medimos la orientación de esas tupas y vimos que marcaban el
punto por donde salía y se ponía la Luna, las Pléyades y algunas
constelaciones. Que eso estuviese orientado por casualidad, me dijo, era
imposible. Entonces seguí investigando. Fui a Tahiti, a Raivavae y
otras islas de la Polinesia, y medí la orientación de los altares allá.
Todos coincidían en lo mismo". Esas
investigaciones, registradas en parte en su libro Cuando el universo era
una isla. Arqueología y Etnografía de Isla de Pascua , una autoedición
que publicó en 2010 junto a su hija Alexandra, han sido la base para el
proyecto que lo mueve actualmente: el Rapa Nui Planetarium, cuyo
objetivo es "ilustrar y enseñar la cosmovisión rapanuí y su rol en la
mitología local", sobre todo con énfasis educativo (
RapaNuiPlanetarium.com ). Para eso,
Edmundo y su equipo consiguieron fondos y construyeron un pequeño pero
moderno planetario en el patio de su casa en Hanga Roa, capaz de recrear
el mismo cielo estrellado de la isla y hacerlo coincidir con la
orientación de tupas y altares. El próximo paso es producir una película
que cuente toda esta historia y se proyecte en el domo, la que esperan
esté lista a mediados del próximo año. "No
sabemos mucho de Pascua, porque casi todo es tradición oral. El canto
de la creación está trunco: solo tiene 48 líneas, mientras que el de
Hawái, por ejemplo, tiene cinco mil", dice Edwards. "Hay información de
toda Polinesia y sobre cómo se habría originado la Tierra. Si bien hay
diferencias, en Pascua yo creo que funcionaba de forma parecida. Toda
esa historia queremos contar en esa película". La primera vez que Edmundo Edwards
puso sus pies en Rapa Nui fue en 1957. Por entonces, sus padres se
habían separado, sus hermanos eran mayores y él se había convertido en
algo así como el acompañante en las actividades sociales de su padre, el
destacado escultor y coleccionista Arturo Edwards de Ferrari. Edmundo
Edwards había sido viajero desde niño: siempre salía a acampar con su
padre y, de hecho, un año antes de ir a Rapa Nui, había estado en San
Pedro de Atacama invitado por el padre Gustavo Le Paige, que había
llegado en 1952 a Chile. En San Pedro, Edwards ratificó su pasión por la
arqueología, que se había despertado en Huentelauquén, al encontrar
junto a Le Paige una serie de artefactos en un sitio preincaico. "Eran
jarros y coronas de oro; como 47 figuras en total. El hallazgo fue
noticia nacional", recuerda Edwards. "Las piezas quedaron en la casa
parroquial, pero después nunca más las volví a ver. Desapareció todo.
Hoy debe haber 50 casas arriba de ese sitio". A
Rapa Nui llegó a bordo del Presidente Pinto, un antiguo barco de la
Armada que viajaba una vez al año a la isla. Por entonces, dice Edwards,
había 580 habitantes en Pascua y ellos, por cierto, eran los únicos
turistas. Los isleños los recibieron con langostas, pescados y todo tipo
de artesanías, mientras los visitantes compartieron cinco cajas de ron
que habían traído de Santiago. "Mi
padre les repartió ron en piñas y a las cinco de la tarde estaban todos
cocidos; nunca antes habían tomado alcohol", recuerda. "Acampamos en el
único lugar plano de Hanga Roa -donde hoy está la cancha de fútbol- y
nos movimos en un jeep y también en carreta, guiados por rapanuís.
Fuimos a Anakena, a Rano Raraku, a Orongo, a todos lados. En total
estuvimos 16 días". La experiencia
creó un vínculo profundo con la isla y sus habitantes, que solo fue
creciendo con el tiempo. Unos meses después de volver al continente,
Edmundo y su padre comenzaron a recibir telegramas de los isleños en los
que, además de saludarlos y mandarles buenos deseos, les pedían que por
favor les enviaran algunos artículos como anzuelos, plomos para pescar,
cuchillos, géneros, botones, ollas y, si era posible, una máquina de
coser. "Mi padre entonces consiguió 30 máquinas con el gerente general
de Singer, que era su amigo, y las envió en barco a la isla. Al mes el
barco regresó a Valparaíso y nos dijeron que los isleños nos habían
mandado algunos regalos. Fuimos a buscarlos pensando que eran pocas
cosas. ¡Pero eran 30 vacunos y 20 corderos congelados, más no sé cuántos
sacos de camote, piñas y plátanos! Tuvimos que contratar cinco camiones
para llevarnos todo a Santiago. Lo guardamos un día en el frigorífico
del Club de La Unión y luego los regalamos a distintas instituciones y a
quienes se los quisieran llevar". Pero
los "envíos" desde Pascua no fueron solo materiales. Tiempo después,
alguien tocó la puerta de su departamento en el centro de Santiago.
Cuando abrieron, vieron a dos isleños, Melchor y Raimundo Huki, que
habían venido mandados por sus padres. "Nos dijeron: 'les mandamos a
nuestros hijos a Santiago para que aprendan sus costumbres, y si no lo
hacen, a palos no más'", cuenta Edwards. "En la maleta, ellos solo
traían cuarenta hojas de tabaco. Nada más. Luego llegó Margarita Tepano,
y después unos (miembros de la familia) Tuki. Al final terminamos con
siete isleños alojándolos en la casa. Se quedaron varios años en
Santiago". Interesado cada vez más por la arqueología
, Edmundo Edwards quiso estudiar formalmente esta carrera, que en Chile
por entonces no existía como tal, con ese nombre. En esa misma época, a
fines de los años 50, el arqueólogo estadounidense William Malloy vino a
nuestro país para dictar unos cursos en la Universidad de Chile y él
trató de asistir. Por diversas razones, finalmente eso no resultó, pero
Edwards dice que igual terminó conociendo a Malloy en Rapa Nui, durante
un nuevo viaje que hizo a la isla en 1959, y que trabajó como voluntario
en la excavación y restauración del ahu Akivi, uno de los más
importantes de la isla. Con el tiempo, Malloy se convertiría en uno de
los más renombrados investigadores de Rapa Nui, y Edmundo seguiría
ampliando sus conocimientos de la isla, sobre todo en el registro de
petroglifos. Lo que vino de ahí en
adelante en la vida de Edmundo Edwards daría para otro libro. Al volver a
Santiago, trabajó en el Centro de Estudios Antropológicos de la
Universidad de Chile, como asistente de la doctora Ximena Bunster; luego
partió a México, donde escribió sobre temas científicos para una
revista médica; al morir su padre heredó una colección de cerámica china
que su abuelo había comprado luego del saqueo del Palacio Imperial en
Beijing, piezas que tras varios intentos logró vender a un coleccionista
en Estados Unidos por 50 mil dólares. Ese dinero le permitió regresar
definitivamente a Rapa Nui, donde fundó Hangaroa Press, una agencia de
noticias. Para eso se inscribió en el colegio de periodistas de
Valparaíso y se convirtió en corresponsal de varios medios chilenos y
extranjeros. "Noticias no faltaban,
porque además del interés que despierta la isla por su arqueología,
muchas cosas estaban sucediendo", dice Edwards. "La situación en Rapa
Nui dejaba mucho que desear y los continentales discriminaban a los
isleños, a quienes trataban de ignorantes y tontos. Teníamos a un
gobernador alcohólico que se creía el rey, una base norteamericana
ilegal que observaba vía satélite las explosiones atómicas francesas en
los atolones; la construcción de la pista aérea había generado riñas
gigantescas, que a veces terminaban con los continentales amenazando con
cuchillo a los rapanuí. Yo era odiado por los jefes de servicio, por
mis denuncias sobre cómo se manejaban las cosas en la isla, pero al
mismo tiempo crecía mi amistad con los isleños. Sentía que luchábamos
juntos por un futuro mejor. Ha sido una lucha dura y larga, pero recién
ahora se ha avanzado en ese camino". En
1976 llegaron a la isla los arqueólogos chilenos Claudio Cristino y
Patricia Vargas a restaurar la aldea ceremonial de Orongo. Con el
tiempo, ellos harían uno de los mayores levantamientos arqueológicos de
Rapa Nui, con el registro de más de veinte mil estructuras, tarea en la
cual fueron apoyados por Edmundo Edwards. Juntos fundaron, en 1977, el
Centro de Estudios de Isla de Pascua y Oceanía, perteneciente a la
Universidad de Chile, que funciona hasta hoy. Pero
Edmundo Edwards no se dedicó solo a investigar Rapa Nui. A fines de los
ochenta trabajó varios años para el gobierno de Tahiti, a nombre del
cual registró alrededor de 1.200 sitios en el valle de Papenoo, que iban
a ser inundados por la construcción de una central hidroeléctrica y de
los que apenas se tenía conocimiento. Más tarde, hizo un trabajo
parecido en Raivavae, en Huahine, en Hiva Ova y en otras islas de
Polinesia y Melanesia. "Siempre me ha
gustado la prospección arqueológica", dice Edwards. "Ir a un valle, no
conocer nada del lugar y después de tres meses tener 500 sitios
registrados, con todos los mapas y descripciones. Eso lo hice en 35
valles de la Polinesia Francesa, y en islas como Raivavae, que registré
por completo. Si quisiera hacer lo mismo en todas las otras islas
tendría que pasarme la vida en cada lugar". Su
extenso trabajo en Rapa Nui, Polinesia y Oceanía le valió a Edmundo
Edwards el ingreso al prestigioso Explorers Club, un organismo creado en
1904 en Nueva York que agrupa a destacados científicos y exploradores
del mundo. Junto a Claudio Cristino, Edmundo es el único chileno que ha
integrado este club, en cuyas filas han figurado ilustres nombres como
Roald Amundsen, Neil Armstrong, Edmund Hillary o Thor Heyerdahl, entre
otros. Portando la bandera de ese
club, Edmundo ha hecho diversas expediciones por la región. Una de ellas
en 2008, cuando fue, junto a un grupo de exploradores (entre ellos, la
recientemente fallecida antropóloga estadounidense Nancy Sullivan), a la
parte alta del río Karawari, en Papúa Nueva Guinea, uno de los lugares
más desconocidos y salvajes del planeta. Allí, acampando en medio de la
selva tropical, entre serpientes y baratas gigantes, pudo registrar más
de seis mil muestras de pinturas rupestres elaboradas por los meakambut,
que es considerada una de las últimas tribus cazadoras-recolectoras que
aún viven en cavernas. Este y otros
trabajos le valieron, en 2011, el prestigioso premio Lowell Thomas, que
el Explorers Club entrega a aquellos científicos y aventureros que han
hecho una destacada contribución para dilucidar "los grandes misterios
del mundo". Y luego, en 2016, recibió otro importante galardón: la
Citación al Mérito, por sus notables aportes a la exploración humana. De todo lo que ha visto e investigado en Polinesia,
Edmundo dice que nada es tan particular como Rapa Nui. "Si bien en
otros lugares hay estatuas que representan figuras humanas, no hay nada
parecido a un moái. En Raivavae, por ejemplo, hay figuras de tres a
cuatro metros de altura, pero la mayoría son hembras. Y en cuanto a
altares, lo único parecido que vi a Vinapú (el ahu más particular de
Rapa Nui, debido a sus piedras simétricamente encajadas, como las de
Machu Picchu) fue en Hiva Ova, una de las islas Marquesas, donde hay un
altar con piedras perfectamente esculpidas, y en Huahine. Claro que allí
eran bloques de coral fósil, que es más fácil de tallar. En cambio
Vinapú es basalto, que es muy duro". Quizá
por eso, entre tantos ires y venires, nunca dejó definitivamente Rapa
Nui, isla de la que dice estar optimista respecto de su presente. Ve con
buenos ojos, por ejemplo, el trabajo que ha hecho la Comunidad Indígena
Ma'u Henua, que hace un año se encargó de la administración del parque
nacional, generando ingresos que ahora, en vez de irse a Santiago se
quedan en la isla. "Ma'u Henua se ha llevado un montón de críticas por
el manejo del dinero (que está entrando a la isla), pero todo lo que han
presentado está claro y yo no tengo ninguna prueba en su contra
tampoco. Ellos son el mayor empleador de la isla, ya que tienen
alrededor de 250 personas trabajando para el parque; han estado
financiando programas de investigación y restauración. Solo diría que
sus arqueólogos son cabros jóvenes rapanuí, que todavía no tienen mucha
experiencia, aunque ya la van a tener". ¿Queda
más por investigar en Rapa Nui? Edmundo Edwards no tiene dudas. "Hay
para investigar 100 años más", dice. "En sitios como el volcán Poike te
cuentan sobre la guerra entre los orejas largas y los orejas cortas,
pero tú excavas eso y no encuentras ni un carbón. Las historias de la
tradición oral no corresponden con la realidad. El último estudio grande
se hizo hacia los años 90, pero después no se continuó, y esto depende
básicamente de financiamiento y de interés". Por eso, el koro Edmundo Edwards no tiene dudas: "La isla todavía es un misterio".
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La
pasión de Edmundo por la arqueología comenzó a los doce años al
descubrir artefactos de oro en un sitio preincaico en San Pedro de
Atacama, Chile, pero tras una visita a Rapa Nui en 1957, fue cautivado
por la cultura Rapanui, y retornó a la isla en 1960 con el arqueólogo
americano William Mulloy. Desde entonces es que Edmundo vive y trabaja
en Polinesia. En 1977 Edmundo co-fundó el “Centro de Estudios de Isla de
Pascua” donde realizó trabajos arqueológicos y etnográficos para la
Universidad de Chile hasta 1985. Aquel año viajó a Polinesia Francesa,
donde realizó prospecciones arqueológicas y trabajos de restauración en
las islas Sociedad, Marquesas, y Australes, regresando a Rapa Nui in
1994. Desde entonces se ha dedicado a la investigación científica y
conservación del patrimonio cultural y arqueológico de las culturas
oceánicas. Edmundo es co-fundador del Pacific Islands Research
Institute (PIRI)
y co-propietario de Archaeological Travel Service (ATS). Edmundo es
miembro activo del Explorers Club y en el 2011 le fue otorgado el premio
Lowell Thomas por su destacada contribución al conocimiento humano a
través de su valioso trabajo científico en Polinesia, y el 2016 fue
galardonado con la Orden al Mérito.
Portada del libro «When the Universe was an Island»
Las casi mil estatuas monolíticas de Rapa Nui o Isla de Pascua son un
extraordinario testamento al ingenio humano y varias teorías han sido
formuladas respecto de la historia y evolución de la notable cultura que
las originó, reflejando las distintas maneras en que Rapa Nui ha
capturado nuestra imaginación en los últimos 300 años. Los autores del
libro «When the Universe was an Island» (es decir, «Cuando el Universo
era una Isla»), integrados por un equipo de padre e hija radicados en la
isla y quienes han pasado toda una vida realizado trabajos de
investigación allí desde la restauración de monumentos arqueológicos a
la publicación de artículos sobre la arqueoastronomía Rapanui, llevan al
lector por un viaje exhaustivo a través de la etnografía, mitología, y
arqueología Rapanui comenzando con los orígenes de este pueblo polinesio
hasta la caída del Culto del Hombre Pájaro a fines del siglo XIX.
Acompañado de 117 fotografías e ilustraciones, los autores entregan un
relato fascinante sobre la enigmática Rapa Nui, otorgando una
perspectiva nueva con respuestas actualizadas a las interrogantes más
persistentes.
Este libro es el complemento perfecto para quienes piensan visitar la
isla así como para quienes buscan expandir su conocimiento a través de
un volumen accesible y entretenido alejado de la falsa capa de misterio y
especulaciones que generalmente acompaña este tema. En los próximos
meses estará disponible también en español.
Los autores
Los autores Edmundo y Alexandra Edwards
Edmundo Edwards
La pasión de Edmundo por la arqueología comenzó a los doce años al
descubrir artefactos de oro en un sitio preincaico en San Pedro de
Atacama, Chile. Luego de viajar a Rapa Nui en 1957, fue cautivado por
la cultura Rapanui regresando a la isla en 1960 para trabajar con el
arqueólogo estadounidense William Mulloy en la restauración de Ahu
Akivi, radicándose en la isla ese mismo año. En 1977 Edmundo cofundó el
“Centro de Estudios de Isla de Pascua” donde realizó trabajos
arqueológicos y etnográficos para la Universidad de Chile hasta 1985.
Aquel año viajó a Tahiti para trabajar en el Departamento de
Arqueología del Centre Polynésien des Sciences Humaines Te Anavaharau
(CPSH). Durante los próximos nueve años Edmundo realizó prospecciones
arqueológicas y trabajos de restauración en las islas Sociedad,
Marquesas, y Australes. Edmundo regresó a Rapa Nui en 1994, donde
colaboró en la restauración de Ahu Tongariki. Desde entonces se ha
dedicado a la investigación científica y conservación del patrimonio
cultural y arqueológico de las culturas oceánicas. Edmundo es el
cofundador de dos fundaciones exentas de impuestos: la Eastern Pacific
Research Foundation (EPRF) y la Pacific Islands Research Institute
(PIRI), cuyos propósitos son descubrir, analizar, documentar, y proteger
las culturas y reliquias arqueológicas del Pacífico sur. Sus misiones
incluyen proyectos multidisciplinarios relacionados con temas sociales
como la medicina y educación. Edmundo es además copropietario de
Archaeological Travel Service (ATS), ofreciendo expediciones culturales
en Rapa Nui y Atacama tanto para grupos privados como para la National
Geographic Society, el Smithsonian Institution, y otras instituciones de
renombre con programas de viaje premium. Edmundo es un miembro activo
del Explorers Club y en el 2011 le fue otorgado el premio Lowell Thomas
por su destacada contribución al conocimiento humano a través de
su valioso trabajo científico en Polinesia.
Alexandra Edwards
Alexandra nació en Santiago, Chile, pero vivió varios años en Nueva
York y Washington DC antes de volver a Rapa Nui in 1995. Titulada en
Cine y Estudios Latinoamericanos de la Wesleyan University, Alexandra ha
realizado documentales, investigaciones etnográficas, y trabajos
arqueológicos de campo en distintos lugares de Latinoamérica y Oceanía,
participado en cuatro expediciones del Explorers Club y colaborando en
la filmación de documentales en lugares tan diversos como Rapa Nui,
Papua Nueva Guinea, Raivavae, y las Islas Marquesas. Alexandra
actualmente trabaja para el Pacific Islands Research Institute,
dedicándose a divulgar el conocimiento del patrimonio histórico y
arqueológico de las culturas del Pacífico. Le interesan especialmente
la mitología y creencias religiosas de los pueblos antiguos y el
sincretismo cultural presente en las sociedades latinoamericanas y
oceánicas de hoy.
Comentarios
«Ofrecer una nueva perspectiva sobre un tema conocido a menudo puede llegar a ser una tarea de ilusos, pero When the Universe as an Island evita
esa trampa, principalmente gracias a la admirable hazaña de lograr
presentar un marco de tiempo complejo dentro de una misma publicación:
desde las habilidades de subsistencia y liderazgo de los primeros
pioneros y canoeros polinesios, a la adaptación cultural, a la llegada
de exploradores y comerciantes extranjeros en siglo XVIII, y finalmente a
la continuidad — Rapa Nui hoy. La publicación describe las distintas
etapas de la vida en Rapa Nui enlazándose entre sí con gran detalle,
claramente basado en un toda una vida de esfuerzo conjunto e
investigación y entendimiento exhaustivo del tema. When the Universe was an Island describe
el origen de los polinesios y la colonización de la isla, la religión y
cosmogonía rapanui, la organización social y política, la
etnoastronomía rapanui y el ciclo agrícola, y por supuesto los ahu y moai,
así como también el Culto al Hombre-pájaro. La profundidad de la
investigación es impresionante, y parecieran tomarse en cuenta todos los
elementos de la vida en la isla, desde ‘El Cosmos Rapanui’ a ‘Las Casas
De Orongo , Sus Nombres y Propietarios’, y ‘Clanes Con Hombres-pájaro
Que Vivieron En Orohie, Hanga Ho’onu, Anakena, Tongariki, y Ovahe’ a ‘Un
Breve Glosario De Palabras Rapanui Que Aparecen En El Texto’. Después
de leer When the Universe as an Island uno se queda abrumado,
sintiendo una gran paradoja, entre colisiones y encuentros
cataclísmicos, y de continuidad y supervivencia, entre la transición del
Culto a los Ancestros al Culto al Hombre-pájaro y la destrucción de
las plataformas ceremoniales, a las colisiones después del contacto
europeo con la llegada de esclavistas y epidemias, la explotación y
colonización extranjera, las armas y las enfermedades, y la codicia. Sin
embargo la publicación presenta una lección, recordando al lector que,
si bien existe una tendencia mundial de parte de los pueblos originarios
por recuperar su identidad cultural, ésta no es estática. Este es
claramente el caso de Rapa Nui — los rapanui han sobrevivido a pesar de
todo.»
En las antiguas culturas polinésicas se desarrollaron relatos
cosmogónicos denominados “Cantos de la Creación”, los cuales en todas
sus islas -incluida Rapa Nui- comparten similares mitos de la creación y
deidades, aun cuando guardan diferencias en sus interpretaciones
locales. En el libro ‘When the Universe Was an Island’, sus autores,
Alexandra y Edmundo Edwards describen que en la Polinesia, el origen del
universo era concebido como un proceso de evolución desde lo
intangible, oscuro, hasta un estado tangible y lleno de luz. Estos
mismos elementos preexistentes fueron generando progresivamente a los
Dioses y al Cosmos. En el caso particular del Canto de la Creación Rapa
Nui se han rescatado 48 estrofas desde la tradición oral, resultando
incompleto en comparación con otros relatos cosmogónicos como el
hawaiano, que tiene más de 5 mil estrofas. Aun así, tradiciones orales
que permanecen vigentes en la actualidad, como el culto a los ancestros y
la creencia en los espíritus guardianes denominados Aku Aku, han
permitido esclarecer en parte su cosmovisión.
Anuncio Destacado
Los autores especifican que en los diferentes Cantos de la Creación,
el Universo se concebía como una esfera dividida en dos partes inversas:
el Ao, la sublime luminosidad, ubicada arriba de los cielos donde
habitaban los dioses de la creación y otras fuerzas sobrenaturales que
generan los poderes de la luz , del amor y la paz, y el Po, la oscuridad
o las fuerzas oscuras y guerreras que habitan en la profundidad del
mar, el hogar de muchas criaturas mitológicas y el lugar de donde los
humanos vienen antes de nacer, y donde van después de morir. Ambas
partes coexisten y son cuidados por sus respectivos sacerdotes. El
balance entre luz y oscuridad debe ser mantenido en las comunidades.
Existe un respeto por lo opuesto. Ahora, entre el Ao y el Po, se
encuentra el Kainga, que es el mundo material, la tierra donde la gente
nace y vive. El Kainga es dueña de nosotros. Nos llama a trabajar sus
tesoros y secretos mientras estemos vivos. Después de la muerte del
cuerpo físico viajan finalmente hacia la espiral de la vida espiritual,
la sagrada espiral de la luz y la oscuridad.
Por tanto, el Ao y el Po, son universos poblados por fuerzas
espirituales invisibles para aquellos que viven en el Kainga. Todos
nacen en el Po, y vuelven allí cuando fallecen, si es que logran entrar.
Por esta razón, las familias de los difuntos dejan ofrendas para que
ellos se lleven y puedan entregar a los espíritus guardianes de los
distintos círculos del Po. Si una persona era asesinada, no lograba
llegar al Po a menos que los sacerdotes intervinieran para que fuera
encausado hacia allá.
Los Dioses Rapa Nui
Para los pueblos polinésicos existían incontables tipos de dioses y
entidades espirituales, dependiendo de su podery protagonismo que habían
tenido en el proceso de la creación y quién los había engendrado. En
Rapa Nui tenían vital importancia tanto los dioses de la creación como
sus ancestros deificados, a los cuales rendían devoción, para así ser
salvaguardados: “El panteón de los dioses polinésicos es gigantesco, ya
que cada familia tenía sus antepasados que también se transformaban en
dioses y así cada clan tenía su representante. Para invocar a estos
seres superiores, los antiguos rapanui se presentaban recitando el Canto
a la Creación. Esta letanía asemejaba a un árbol genealógico comenzando
por los dioses de los cuales descendían, hasta llegar a su actual Jefe
Supremo, el Ariki Mau”, expresa Edwards.
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Los dioses de la creación eran temidos e invocados para tareas
específicas. Eran los mismos en todas las islas polinésicas, pero con
distintos nombres, siendo Make Make el dios de la creación en Rapa Nui,
del cual se maneja la mayor cantidad de información. Make Make era
conocido en la Polinesia como Tane, Tiki o Kane, creador del hombre, de
bosques y aves, hijo de la madre tierra (Papatuanuku) y del padre cielo
(Ranginui). Según los reportes de Routledge, era el dios más importante
de Rapa Nui, creador de la humanidad, tras copular con la diosa Hina que
habitaba en la luna, el primer elemento femenino de acuerdo a la
tradición oral.
Make-Make es el dios que regía el Culto del Hombre-Pájaro que luego
tomó prevalencia sobre el Culto de los Ancestros (1680 – 1860). “En este
culto se seguía pensando que los ancestros deificados proveerían todo
lo necesario a sus descendientes, pero la manera de acceder a su Mana ya
no sería a través de los Moai, sino marcado por el ganador de una
difícil competencia, elegido por Make Make para ser el comunicador entre
el mundo de los vivos y el de los muertos”, detallan los autores.
Deidades de los clanes Rapanui y su distribución geográfica
Los dioses son los 70 hijos de la madre tierra y el padre cielo, de los cuales 8 fueron llamados
a integrar sus vidas. Los principales, fuera de Make Make e Hina,
son: Tangaroa, el dios de los mares y productor de las aguas a quien
probablemente se celebraba en periodos de siembra y cosecha; Rongo, el
dios de los cultivos, de la paz y prosperidad; Hiro, el dios principal
de las tormentas, lluvias, vientos y fuerzas oscuras; era también
adorado por los criminales siendo el responsable de introducir la maldad
en la humanidad; Tu’u, el dios de la guerra, siendo la información de
su culto en Rapa Nui casi inexistente y Ruaumoko, el dios de los
terremotos y la actividad volcánica, y algunos otros desconocidos en
Rapa Nui. En el caso particular de los ancestros deificados, los autores
de ‘When the Universe was an Island’, consideran que el culto hacia
ellos era mayor que al de los dioses de la creación, la prueba serían
justamente los numerosos Moai, las estatuas que los representan y están
presentes en todo el territorio de Rapa Nui.
Dibujo de Ramón Palmeral 2005 para el IV Centenario del Quijote
El poder de las palabras es una verdad
absoluta, es tan evidente que no requiere explicación, es decir, que es
un axioma verdadero. No es lo mismo decir gente que ciudadano, no es lo
mismo está lloviendo que pasó un huracán. Del asunto de las palabras y
su compresión se encarga la Semántica, toda una señora Ciencia de los
significados y significantes. Por ello, debemos de darle mucha
importancia al uso de las palabras adecuadas. Cuando no son
convenientes se usan eufemismos...
¿Te imaginas la posibilidad de
que Rapa Nui sea aún más mágica? No sigas soñando, porque en febrero hay
dos semanas en donde la isla y sus antiguas costumbres vuelven a la
vida, en uno de los carnavales culturales más importantes de la
polinesia: la Tapati Rapa Nui. En este artículo, te explicamos en qué
consiste esta fiesta, quienes son parte y las actividades que se llevan a
cabo en esta maravillosa celebración.
¿Qué es la Tapati Rapa Nui?
La Tapati Rapa Nui o Semana de Rapa Nui,
es una celebración que se realiza en la primera quincena de febrero,
donde se puede observar diferentes competencias deportivas, culturales y
rituales, entre dos grandes alianzas que se disputan el título de representantes de la cultura rapanui.
Para que entiendas un poco más esta fiesta, te la explicaremos desde el principio. El primer paso es la elección de las candidatas a reina. En la isla, esto es muy importante porque cada candidata representará a su familia o clan ,
y deberá movilizar a muchas personas para que se unan a su alianza y
demostrar que es la indicada para representar a la cultura rapanui.
Foto: Claudio Alvarado Solari / Flickr
Por otra parte, un puñado de hombres jóvenes se preparan para competir en las actividades deportivas.
Esta suerte de Olimpiadas, representan la manera en que sus ancestros
elegían a su líder, quien era aquel que demostraba ser valeroso y
fuerte. A pesar de que los competidores no pertenezcan a la familia de
las candidatas, deberán ofrecer su competencia a una de las dos.
La participación en la Tapati es masiva.
Todo el pueblo se hace parte de la fiesta, ya sea ayudando en los
preparativos que duran todo el año, participando en los bailes o
agasajando a los viajeros. Este 2017 la Tapati se realizará entre el 27 de enero y el 12 de febrero.
Si quieres ver el programa de la Tapati 2017 puedes verlo aquí.
¿Qué actividades se hacen en la Tapati Rapa Nui?
Si vas a esta fiesta no te faltará qué
hacer ni qué ver. Ya sea siendo testigo de las competiciones deportivas o
participando en una de la candidaturas, puedes empaparte del espíritu
de la isla con la gran cantidad de actividades que la Tapati tiene para
ofrecerte.
Foto: Imagina Isla de Pascua
Debido a que esta fiesta dura dos
semanas, se hace difícil explicar todas las actividades en profundidad,
por lo que las dividimos en tres categorías: Deportes Ancestrales, competencias culturales y demostraciones artísticas.
DEPORTES ANCESTRALES
Antiguamente, estas competencias se realizaban en honor a su dios Make Make, para elegir al Tangata Manu
u hombre pájaro, que le daría la posibilidad a su clan de tener mejor
acceso a los recursos y ocupar mejores terrenos dentro de la isla.
Actualmente, estas competencias constan de varios deportes, pero destacan el triatlón de Isla de Pascua (Tau’a Rapa Nui) y el Haka Pei.
Foto: Álvaro Valenzuela/ Flickr
El triatlón pascuense consta de tres etapas al interior del cráter del volcán Rano Raraku. En la primera etapa, denominada Vaka Ama, se debe cruzar remando la laguna del cráter en pequeñas balsas hechas de totora, parecidas a las que se pueden ver en las islas de Uros en Perú.
Luego, los hombres deben correr con unos manojos de plátanos que pesan
20 kilos por la ribera de la laguna. Por último, se debe volver a cruzar
la laguna encima de unas canoas más pequeñas llamadas Pora.
Foto: Lorena Moreno Berroeta
Si eres de los que aman los deportes extremos, te encantará el Haka Pei. En esta actividad los hombre se lanzan en un trineo hecho de tronco de plátano por la pendiente del Cerro Pui. Este pequeña montaña tiene 45° inclinación y los trineos pueden llegar a alcanzar los 60 kilómetros por hora.
photoshelter.com
COMPETENCIAS CULTURALES
Porque no todo es deporte, en la Tapati
es muy importante el conocimiento de la cultura ancestral rapanui. Para
mostrar estos saberes se realizan un conjunto de pruebas vinculadas al
arte, la agricultura y la gastronomía.
Estas competencias tienen una estrecha relación con el entorno de la isla. Una de las actividades más llamativas es el tallado en piedra y madera.
Esta habilidad ha pasado de generación en generación, manteniéndose
intacta hasta el día de hoy. En la Tapati Rapa Nui, podrás ver hermosas
réplicas de moais y jeroglífos, además de mangais (anzuelos típicos) y otros íconos rapanui.
Foto: Gregory Boissy / Flickr
También se puede ver el tingitingi y pintura en mahute. El mahute es un arbusto autóctono de la islautilizado
para crear papiros y vestimentas. El tingitingi es la acción de golpear
la corteza, aplanándola para poder usarla. En la Tapati, se pinta el
mahute representando el arte rupestre de la polinesia.
taringa.net
Además, se realizan competencias gastronómicas con deliciosos platillos locales como el “Umu tahu” o curanto tradicional, el Tunu Ahí, pescado sobre piedra caliente, el cebiche pascuense o el po’e o un bizcocho a base de plátano.
DEMOSTRACIONES ARTÍSTICAS
Uno de los grandes atractivos de la
Tapati son las hermosas demostraciones artísticas que se llevan a cabo.
Grandes grupos de baile y canto, que pueden llegar hasta las 150 personas,
compiten para hacer ganar a su candidata. La comunidad entera se hace
parte de estos bailes deleitando a todos los viajeros. Imagina a más de
cien personas vestidas con los hermosos trajes de pluma, mahute y
totora, bailando la alegre música típica ¡Es un espectáculo
impresionante y mágico!
Foto: Claudio Alvarado / Flickr
Otra demostración hermosa es el takona, donde algunos pintan sus cuerpos con tierras y pigmentos naturales, utilizando motivos rapanui.
Pero esto no es todo, porque estas pinturas deben tener un significado y
evocar las historias de sus antepasados. Para este concurso, los
participantes deben contar la historia retratada en sus cuerpos.
Foto: Chile.Travel
También destacan los carnavales callejeros,
donde la gente sale con sus cuerpos pintados a apoyar a su candidata.
En estos grandes procesiones tú también puedes participar, debido que
los locales invitan a los viajeros a formar parte de la fiesta. Con
espectaculares carros alegóricos, cientos de personas pintadas y música
alegre, hacen de esta fiesta una experiencia inolvidable.
Consejos y recomendaciones
El primer y más importante consejo de todos es que te tomes tu tiempo en disfrutar esta fiesta. Si bien es difícil, trata de organizar tu viaje para estar por lo menos una semana en isla. Aunque con la Tapati no te faltaráqué
hacer, Rapa Nui tiene varios lugares impresionantes para conocer, tales
como la Playa Anakena o el volcán Ranu Raraku, ambos imperdibles si
visitas la isla.
En cuanto al cómo llegar a Isla de Pascua, solo se puede llegar en avión desde Santiago de Chile.
Debido a esto, es bueno que compres tus vuelos con mucha anticipación,
porque la Tapati Rapa Nui es la temporada más alta de la isla. Antes de
comprar tus boletos aéreos, te recomendamos utilizar Google Flights para revisar los días donde encontrarás los vuelos más baratos.
Otro tópico importante es el alojamiento.
En la Isla de Pascua existe un solo pueblo llamado Hanga Roa, por lo
que la disponibilidad de habitaciones es limitada y hace necesario
reservar alojamiento con meses de anticipación. Si viajas con niños esto te servirá, debido a que te ahorrarás toda la búsqueda de hotel, en una época tan caótica como la Tapati.
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Tapati Rapa Nui: la fiesta más grande de Isla de Pascua,
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.................................... CONTACTOS DE LOS POLINESIOS CON LOS AMERICANOS EN LA EDAD MEDIA
En 1947, una expedición dirigida por el explorador noruego Thor Heyerdahl
zarpó de las costas de Perú en una balsa de madera llamada «Kon-Tiki»
para probar una atrevida teoría. Heyerdahl estaba convencido de que
pobladores procedentes de Sudamérica podrían haber llegado hasta las
islas de la Polinesia ya en tiempos precolombinos. La tripulación navegó
durante 101 días en un viaje de 7.000 kilómetros hasta llegar a las
islas del Pacífico, demostrando que la idea no era en absoluto
descabellada. De esta forma, Heyerdahl desafiaba la hipótesis más
aceptada en la época, que suponía que esa remota zona del mundo había
sido poblada solo por viajeros de Asia. A pesar de su hazaña, sus
teorías fueron criticadas por la mayoría de los expertos.
Ahora,
un equipo internacional de investigadores puede haber puesto punto final
a esta controversia, dando la razón a Heyerdahl, gracias a un amplio estudio genético
en el que se han recolectado datos del ADN de más de 800 indígenas
vivos de América y la Polinesia francesa. Por primera vez, los
científicos han encontrado firmas genéticas comunes que revelan el
contacto entre los dos pueblos antes de la llegada de los europeos a
Sudamérica. Ese encuentro pudo suceder solo una vez, alrededor del año
1200 d.C. en el este de la Polinesia entre los isleños y un grupo
estrechamente relacionado con los indígenas de la actual costa de Colombia.
El nuevo estudio, publicado esta semana en la revista «Nature», pone de
relieve que la Isla de Pascua no fue el primer punto de contacto, como
se ha sugerido en algunos informes anteriores.
De la batata al ADN
La
posibilidad de contactos prehistóricos entre polinesios y nativos
americanos ha sido muy debatida. Uno de los argumentos en su defensa ha
sido un tubérculo: la batata. Esta planta de origen americano tiene una
larga historia de cultivo en el este de la Polinesia. Además, la palabra
para decir batata en los idiomas polinesios parece estar relacionada
con la palabra utilizada por los indígenas de los Andes. En la Isla de
Pascua hay evidencias de antiguos campos de batatas y otras pruebas de
intercambio cultural: extraordinaria mampostería antigua y un culto
específico al hombre pájaro, todas características en común con América
del sur.
Estatuas Moai en el sitio Rano Raraku en Isla de Pascua - Javier BlancoAlguno
investigadores han recurrido a la genética de la batata, con la
esperanza de demostrar que las papas domesticadas de América del Sur y
Polinesia eran genéticamente iguales. Pero no han conseguido confirmar
la propagación mediada por el ser humano. Otros estudios han analizado
ADN antiguo de huesos pertenecientes a nativos americanos y polinesios.
Las muestras antiguas a menudo se degradan, así que estos estudios
tampoco pudieron proporcionar evidencia suficiente de que las dos
poblaciones compartieron un momento de la historia.
En general,
los detractores de estos encuentros han considerado todas estas pruebas
poco concluyentes, aduciendo que se trataba solo de conjeturas y que los
dos grupos estaban separados por miles de millas de océano abierto.
Pero
el nuevo estudio va mucho más allá, al ser el primero en aportar
sólidas pruebas genéticas. Los investigadores visitaron las comunidades
indígenas para explicar sus propósitos, evaluar el interés en la
participación y solicitar el consentimiento. Luego, recolectaron
muestras de saliva de 807 participantes en 17 islas polinesias y 15
grupos de nativos americanos a lo largo de la costa del Pacífico de las
Américas desde México hasta Chile, realizando análisis genéticos para
buscar fragmentos de ADN que son característicos de cada población y
segmentos que son «idénticos por descendencia», lo que significa que se
heredan del mismo antepasado hace muchas generaciones.
«Encontramos
segmentos idénticos por descendencia nativa americana en varias islas
polinesias», afirma Alexander Ioannidis, investigador postdoctoral en la
Universidad de Stanford y coautor principal del estudio. «Fue una
evidencia concluyente de que hubo un solo evento de contacto
compartido», afirma. En otras palabras, los polinesios y los nativos
americanos se conocieron en un momento de la historia, y durante ese
tiempo las personas de las dos culturas tuvieron niños con su ADN.
Encuentro en las Marquesas del Sur
Los
análisis estadísticos confirmaron que el evento ocurrió en la Edad
Media, alrededor del año 1200 d.C., que es «alrededor del tiempo en que
estas islas fueron originalmente colonizadas por polinesios nativos»,
apunta Ioannidis. Utilizando métodos computacionales, el equipo localizó
la fuente del ADN de los nativos americanos en la actual Colombia.
Estudios
genómicos anteriores se han centrado en el contacto en la Isla de
Pascua, porque es la isla polinesia habitada más cercana a América del
Sur. Sin embargo, el nuevo estudio respalda la idea de que el primer
contacto fue en uno de los archipiélagos del este de Polinesia (como
las Marquesas del Sur), según lo propuesto por Thor Heyerdahl. Estos
hallazgos sugieren que el contacto ocurrió antes de lo que se pensaba
anteriormente y se extendió a través de múltiples islas en Polinesia, lo
que sugiere que los nativos americanos tuvieron una influencia genética
y cultural en Polinesia durante más de cinco siglos antes de la llegada
de los europeos a la región.
«Si piensas en cómo se cuenta la
historia para este período de tiempo, casi siempre es una historia de
conquista europea, y nunca escuchas realmente de todos los demás»,
razona Ioannidis. «Creo que nuestro trabajo ayuda a contar esas
historias no contadas, lo que resulta realmente emocionante».