Alfredo Bryce Echenique, adiós al escritor que vivió bajo las sombras
Torres-Remírez | @jostorresremrez
El 10 de marzo fallecía el laureado escritor peruano, Alfredo Bryce Echenique (1939-2026). Se había retirado de la ficción hace casi veinte años, pero aún resonaba su nombre entre los amantes de la lectura y aparecía, de cuando en cuando, en las quinielas para el Premio Cervantes, el Princesa de Asturias o el Premio Nobel.
Ahora que hemos perdido a Alfredo Bryce Echenique muchos descubrirán lo injusta que fue la vida con él y empezarán a valorarlo tanto como se merecía
La prosa de este escritor siempre llamaba la atención y sus historias encandilaban a todos los lectores; sin embargo, Bryce Echenique siempre tuvo un problema: siempre estuvo bajo la sombra de muchos. Una de estas fue la alargada sombra de Mario Vargas Llosa. Cuando se pensaba en escritores hispanoamericanos y más especialmente peruanos, en la lista Bryce aparecía en segundo lugar. Todos llamaban a Vargas Llosa, y cuando este no podía, entonces se acordaban del autor de “Guía triste de París”. Este olvido por parte del mundo de las letras tiene mayor transcendencia en España; ya que el autor peruano se trasladó a vivir a nuestro país durante más de veinte años.
La obra de Bryce Echenique comienza como una respuesta al boom hispanoamericano que ocurre en la década de 1950 y 1960. El autor peruano, aunque publicó su primer libro de cuentos en 1968, no es hasta 1970 en que se atrevió a que viera la luz su primer libro: Un mundo para Julius. Aunque más que su primer libro, fue el libro de Alfredo Bryce Echenique. Nunca pudo quitarse la sombra del gran éxito que tuvo su primera novela. Al igual que autores como el ya mencionado Vargas Llosa o Eduardo Mendoza, sí consiguieron tener obras que compitieran en popularidad y éxito frente a su primera obra, Bryce Echenique no.
Siempre ha sido mencionado como “el autor de un mundo para Julius”. Una afirmación que, aun siendo verdad, es injusta con el resto de su obra. Tanto sus once novelas restantes, como sus cuentos, tienen tanto valor por sí mismos, que no necesitan de la primera novela de su “creador” para ser recordados. No hay que olvidar que, entre los numerosos premios recibidos por Alfredo Bryce Echenique, se encuentra el Premio Planeta (cuando premiaba la buena literatura).
Galardón que consiguió con la obra “El huerto de mi amada”. Uno de los libros más divertidos y entretenidos que han salido de la generación del boom y el post boom hispanoamericano. Ni Borges, ni Vargas Llosa, ni García Márquez, ni Rulfo, ni Puig, llegaron a cotas tan altas con la comedia romántica como sí lo consiguió “El huerto de mi amada”. Y no sólo obtuvo ese premio, también el Premio Nacional de narrativa de España por “Reo de Nocturnidad”.
Esta obra, que parece menor, fue uno de los libros más importantes publicados en España en la última década del siglo XX. Hasta la publicación de “El Hereje” de Miguel Delibes, premio Nacional de narrativa de España en 1999, la novela de Alfredo Bryce Echenique, era considerada la mejor novela de la década en conseguir tan prestigioso galardón. Como siempre, el autor peruano estuvo a la sombra de otro gigante.
Y tanta sombra tuvo en su vida, que los últimos años se ha visto empañada su reputación por la sombra de la duda del posible plagio periodístico ¿cómo tan gran escritor pudo hacer tal bajeza? Hasta sus últimos días el autor peruano negó siempre tal acusación, pero la sombra no desapareció. El comité del premio FIL de literatura, fue uno de los pocos jurados valientes a los que no le importó tal sombra y le dieron el homenaje a toda su vida de escritor en el año 2012.
No fue el primer peruano en ganarlo, ya lo había conseguido Julio Ramón Ribeyro en 1994. Incluso muchos críticos compararon a Bryce Echenique con Ribeyro mostrando cuántos más méritos tenía el segundo frente al primero, menospreciándolo de paso. Por lo que, sin saberlo, Ribeyro también proyectó su sombra sobre él.
Ahora que hemos perdido a Alfredo Bryce Echenique muchos descubrirán lo injusta que fue la vida con él y empezarán a valorarlo tanto como se merecía. Nos quedan sus novelas, así que, olvidemos sus sombras, y leámosle