POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

miércoles, 6 de abril de 2011

Los japoneses están dado una lección inigualable de civismo

Dar prevalencia al bien común sobre el egoísmo individual es sinónimo de grandeza y la grandeza es patrimonio del espíritu humano, el de los japoneses y también el de los doscientos mil voluntarios que murieron en Chernobyll y de los bomberos que entraron a las torres gemelas. Honramos a los japoneses y tomamos su ejemplo si comprendemos que despertar del egoísmo es tarea de TODOS. En todo ser humano mora oculto un samurai, en todos hay un Hércules que es capaz de vencer obstáculos inimaginables, un David que puede alzarse contra una central nuclear y vencerla con su honda. Ser capaz de desplegar esa fuerza heroica para el bien común es la esencia misma del corazón humano. Esa fuerza no es otra que la fuerza del alma.

La mayoría de nosotros jamás dará la vida en un escenario dramático como el que hoy mantiene al mundo en vilo y sin embargo el ejemplo de los héroes de Fukushima nos concierne. Goliat tienen muchos rostros, la radiación con todo su horror no es el más terrible. Tomemos la lección que Japón nos ofrece, veamos la enorme belleza que siempre resplandece detrás del dolor, no nos quedemos con las sombras. Lo que el pueblo japonés en general y los liquidadores de la central muy en particular nos recuerdan es que el peor rostro de Goliat es el egoísmo. Sólo enfocándonos al bien común podemos ascender al alma, sólo si ascendemos ella desciende y nos infunde su belleza, su poder, su calma.

No podemos seguir considerando que el alma es algo abstracto, poco probable, poco demostrable... No podemos justificarnos con razonamientos trasnochados que persisten en que lo que es invisible e intangible no puede ser objeto de nuestra reflexión, ni nuestra búsqueda. También la radiación del uranio y el plutonio de Fukushima es invisible y no por ello damos por nulos sus efectos. La radiación del alma humana, igual que la del átomo, se mide por sus efectos.

Los efectos de nombrar el alma, son poderosos. Nombrémosla. Redefinamos nuestra identidad, nos convertimos en aquello que pensamos de nosotros. Si nuestro pensamiento concibe la grandeza, la grandeza nos concebirá y seremos alumbrados por ella.