POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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sábado, 17 de febrero de 2018

José Ángel Valente y Almería

José Ángel VALENTE DOCASAR


VALENTE DOCASAR, José Ángel (Orense, 1929 - Ginebra, 2000). Escritor.


      Criado en el seno de una familia numerosa católica y conservadora, pasó su infancia y adolescencia en su ciudad natal y llega al uso de razón justo durante la Guerra Civil, apareciendo esta condición de "niño de la Guerra" reflejada, a menudo, en su obra literaria. Su padre, hombre de profundas convicciones cristianas, tuvo problemas durante la contienda con las autoridades de su propio bando, por negarse, con actitud ejemplar, a participar en la represión de retaguardia. Particular importancia en el cuidado y formación del niño Valente tuvo también su madrina Lucila, la “siempre madre” a la que desde que falleció dedicaría numerosos poemas.

      Tras iniciar en la adolescencia su andadura poética en su Orense natal e, incluso, cultivar el gallego en su juventud universitaria compostelana, continuó su itinerario académico y literario en Madrid. Allí se casó en 1953 con Emilia Palomo, compañera en la Facultad de Filosofía y Letras, con la que habría de tener cuatro hijos: Lucila (Ceuta, donde su padre realizaba la milicia universitaria), Antonio (Oxford-Ginebra), Patricia (Ginebra, apadrinada por Vicente Aleixandre) y María (Ginebra), fallecida al poco de nacer.

      Desde Madrid colabora en numerosos medios y ejerce, durante dos años, como secretario de la revista Índice, donde publicará numerosos poemas, ensayos, reseñas y crónicas. Su revelación como poeta tuvo lugar con A modo de esperanza (1955), de tan intensa sobriedad como rotunda precisión.

      Precisamente harto del pobre y opresivo panorama de la España franquista, Valente se instaló en 1955 en la Universidad de Oxford, donde entabló amistad con el exiliado Alberto Jiménez Fraud y, desde 1958, ejerció como funcionario de la ONU en Ginebra. En este tránsito nació Poemas a Lázaro (1960), con composiciones netamente metapoéticas, pero también con poemas de carácter eminentemente histórico, político y social.

      Radicado ya en Ginebra, conoció directamente el mundo del exilio y, aunque colaboró en algunas de sus empresas, le pareció un círculo anquilosado del que sólo valoró a intelectuales como Alberto Jiménez Fraud, el novelista Max Aub y la filósofa María Zambrano, con quien mantuvo estrecha amistad y colaboración durante un largo período. Trabajando en Ginebra, Valente fijó, durante un tiempo, su residencia familiar en Collongues-sous-Salève, localidad ubicada en la Alta Saboya francesa. En Ginebra conocerá, en los años setenta, a la que habría de ser su segunda esposa, Coral, con quien se casará en París en 1984.

      En el primer lustro de los sesenta escribió La memoria y los signos (1966), pero buena parte de sus poemas habían sido ya adelantados en la antología Sobre el lugar del canto (1963). La intención del poeta es ahora la denuncia de lo falso y la revelación de lo oculto, por lo que en estos versos predominará lo histórico, lo social y lo político, sirviendo la contienda civil española como telón de fondo para muchos poemas. En los años sesenta publicará todavía dos libros de configuración monográfica: Siete representaciones (1967), que articula en torno a los siete pecados capitales, utilizándose en él un lenguaje irónico y un tono violento; y Breve son (1968), que contiene poemas de pequeña extensión en sintonía con la canción tradicional.

      A finales de los años sesenta Valente escribió dos obras que se publicarán en 1970: Presentación y memorial para un monumento y El inocente, libros ambos instalados en el exilio, en su sentido más profundo y radical, aparte de que el segundo fue publicado en Méjico. El breve opúsculo Presentación y memorial para un monumento es una crítica demoledora de toda represión, independientemente de la ideología que la practique, y El inocente supone el regreso a la pureza de la inocencia después del viaje infernal por el tiempo de la historia.

      En 1972 -y, ampliado, en 1980 y 1999- publica con el título de Punto cero una reunión depurada de todas sus obras anteriores, incluyendo además el poemario inédito, «Treinta y siete fragmentos», que no se publicaría en edición individual hasta 1979 y que tiene como elemento unificador la concepción fragmentaria de la obra poética, pues ésta no puede ser más que un resto o jirón del absoluto al que se aproxima. La técnica del fragmento reaparece en Interior con figuras (1976) y Material memoria (1979), libros heterogéneos, pero conectados entre sí y llenos de resonancias de su obra anterior, acaso en sintonía también con su estima por el aforismo filosófico contemporáneo, género éste que el propio Valente cultivó en diversas autopéticas reunidas en Notas de un simulador (1997).

      En 1980, al disertar en Ginebra sobre las Cántigas galaico-portuguesas de Alfonso X el Sabio, Valente se reencontró con la lengua originaria, producto de lo cual será el poemario Sete cántigas de alén (1981), luego ampliado en Cántigas de alén (1989), y que, complementado con otros escritos en prosa de motivación galaica, compuso el corpus de su última edición, publicada en 1996.

      El descubrimiento de la Cábala judía provocó toda una revisión filosófica y creativa en Valente, cuyo resultado más significativo fue el libro, de extraordinario hermetismo simbólico, Tres lecciones de tinieblas (1980). Pero al ya demostrado interés por las místicas cristianas y judías, Valente sumó también una gran atención a las islámicas y a otras tradiciones orientales, todo lo cual se manifiesta expresamente en los ensayos de La piedra y el centro y Variaciones sobre el pájaro y la red. Además, en los años noventa intervino en numerosas ocasiones sobre temas juanistas, prologó Cántico espiritual y Poesías. Manuscrito de Jaén y editó, con José Lara Garrido, las actas tituladas Hermenéutica y mística: San Juan de la Cruz.

      A partir de 1982, Valente ejerció en París como funcionario de la UNESCO y, en 1985, por influencia de su amigo Juan Goytisolo, estableció residencia en Almería, compaginándola con las de Ginebra y París, que mantendría hasta el final. Su aproximación a la mística sufí no fue ajena a su retiro a Almería, “principal foco del sufismo esotérico de Al-andalus” y “metrópoli espiritual de todos los sufíes españoles”, al decir del arabista Asín Palacios. De hecho, Valente se instaló en una casa tradicional almeriense con vistas a la Alcazaba y desde ella describió, en el ensayo “Perspectivas de la ciudad celeste”, su casa y su entorno hispano-árabe, así como el legado cultural y espiritual del pasado islámico de la ciudad.

      En una entrevista que yo mismo le hice en los años noventa declaró cuales eran para él los lugares más emblemáticos de Almería, sobre los que escribió u opinó en diversas ocasiones: “Mi casa, la Alcazaba, el desierto de Tabernas, el Cabo de Gata, la Isleta del Moro, que es un sitio donde yo iba mucho, que es muy bonito, pero que lo están estropeando, como todo el paisaje almeriense, porque están construyendo indebidamente”. Esto último refleja también su insobornable carácter cívico ante la sociedad almeriense, que no dudó en criticar, en forma constructiva, del mismo modo que lo hizo con su tierra natal o con sus otros lugares de residencia.

      Además, en Almería hizo muy buenos amigos y colaboró con la peña flamenca Los Tarantos y con los fotógrafos Jeanne Chevalier -con quien realizó los libros Calas (1989) y Campo (1995)- y Manuel Falces, con quien compartió Las ínsulas extrañas. Lugares andaluces de San Juan de la Cruz (1991), Cabo de Gata. La memoria y la luz (1992) y el póstumo José Ángel Valente. Para siempre, la sombra (2001).

     En sintonía con su vinculación al Sur, publicó dos obras deslumbrantes por la fuerza de su luz: Mandorla (1982) y El fulgor (1984), libros sobre la trascendencia a través del cuerpo o sobre la materia a través de una mística materialista que alcanza su plenitud en la unión erótica.

      Toda su obra poética escrita desde 1979 se compiló bajo el título de Material memoria en 1992 y, actualizada, en 1995 y 1999, incluyendo la primera Al dios del lugar (1989) y las últimas No amanece el cantor (1992), libros que, seguidos del primero opúsculo y luego libro Nadie (1994 y 1996, respectivamente), incluido a su vez en el póstumo Fragmentos de un libro futuro (2000), representan al último Valente. Al dios del lugar entra de lleno en el ditirambo sacro y mantiene la química erótico-mística. En No amanece el cantor insiste en la absoluta desposesión, inspirándose ahora, en buena medida, en la dura experiencia del dolor. Finalmente, Fragmentos de un libro futuro, concebido como un abierto itinerario lírico, identificable con el último itinerario vital del autor, resultó ser una especie de estremecedor diario en marcha hasta la inevitable doble extinción biográfica y poética.

      Pero las excelencias de Valente como poeta no deben hacernos olvidar las que lo caracterizan como prosista, tan valoradas por su perfección borgeana como temidas por los poderes totalitarios que fustiga. En efecto, cultivador de la más rigurosa y demoledora prosa narrativa, su primera obra en este género, Número trece, fue secuestrada por la censura franquista y le ocasionó un auto de procesamiento, pero los cuentos que la componían fueron rescatados posteriormente y reunidos en el conjunto «El fin de la edad de plata» seguido de «Nueve enunciaciones» (1995). Como ensayista y crítico literario colaboró muy asiduamente en la prensa cultural y diaria, a veces de modo polémico, pero siempre valiente y esclarecedor. Buena parte de sus primeros ensayos literarios fueron reunidos en Las palabras de la tribu (1973), mientras que muchos otros relacionados con la mística están incluidos en «Variaciones sobre el pájaro y la red», precedido de «La piedra y el centro» (1991) o aparecieron a propósito de sus ediciones de Miguel de Molinos y sobre Juan de la Cruz. Póstumamente apareció una compilación de sus artículos sobre arte y estética, Elogio del calígrafo (2002), y otra de artículos sobre literatura y cultura, La experiencia abisal (2004).

      Es necesario no olvidar tampoco su importante labor como traductor de diversas lenguas al castellano, como evidencian sus versiones, desde el inglés, de Donne, Keats, Hopkins o Dylan Thomas; desde el alemán, de Celan; desde el italiano, de Montale; desde el francés, de Aragon, Péret, Jabès y Camus, y desde el griego, del evangélico Kata Ioanem y de Cavafis, así como su traducción de Hölderlin desde el alemán al gallego, reunidas todas las poéticas en el libro Cuaderno de versiones (2002).

      En cuanto a su relación con la más fructífera avanzada artística europea, puede recordarse que fue autor de libros de arte en colaboración con pintores y grabadores como Antoni Tàpies, Antonio Saura, Paul Rebeyrolle, Jürgen Partenheimer o Eduardo Chillida, y aún después de su muerte incluyeron textos suyos nuevos libros de artistas como el orientalista Cima del canto (2001), de su esposa Coral. Todo ello dio origen a una exposición en Santiago de Compostela sobre sus relaciones con el arte, recogida en el catálogo A palabra e a súa sombra. José Ángel Valente: o poeta e as artes (2003).

      Por supuesto, sus múltiples aportaciones a la cultura contemporánea no pasaron desapercibidas a la hora de ciertos reconocimientos, tantos y tan importantes que no podemos enumerar aquí. Baste recordar que, tras obtener el Premio Adonais en 1954, Valente recibió por dos veces el Premio de la Crítica, así como el Premio de la Fundación Pablo Iglesias, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, por dos veces el Premio Nacional de Poesía y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Además, traducida y reconocida mundialmente en los más exigentes medios intelectuales, su obra mereció la atención de importantes estudiosos y escritores relacionados con significativos ámbitos de Europa, de África y de América, como puede comprobarse en la ya muy nutrida bibliografía existente sobre aquella y en los encuentros internacionales que suscitó. Al final de su vida participó también en la elaboración de Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española (1950-2000), publicada póstumamente (2002).

      Poco antes de morir en Ginebra (18-VII-2000) fue investido en 1999 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad de Santiago de Compostela, de la que había sido alumno y a la que legó su archivo y biblioteca personal, para cuya custodia y estudio se creó la cátedra “José Ángel Valente” de Poesía y Estética, todavía en vida del autor. De este modo, la Galicia en la que nació y la Almería en la que decidió finalmente establecerse son quizá el alfa y omega de una espiral bioliteraria que ya jamás tendrá fin.



Rodríguez Fer, Claudio

jueves, 15 de febrero de 2018

Angel Valente, un poeta gallego residente en Almería

Qué grande el gallego José Ángel Valente (1929 -  2000), monumental poeta y ensayista español.
De la Generación del 50 pasó a formar parte de la “poesía del silencio”. Heredero de la tradición mística española, evolucionó su poesía hacia campos más profundos tomando como base las tradiciones culturales, históricas y tendencias filosóficas.
Os dejamos, a continuación, un poema bellísimo de Valente. Un poema para, después de leerlo, levantarse y aplaudir. Un verdadero hallazgo. Sé tú mi límite.



Jose Angel Valente poesia El monumental poeta José Ángel Valente


Sé tú mi límite
Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.
Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.
Si tu acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.
Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.
Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.
No te alejes jamás:
Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado.

.........................................ooooo.......................

José Ángel Valente. (Orense, 25 de abril de 1929 - Ginebra, 18 de julio de 2000). Poeta español, ensayista y abogado.
Cursa estudios en la Universidad de Santiago de Compostela obteniendo el título de licenciado en Derecho y en la Universidad Complutense de Madrid, donde se licencia en Filología Románica. Da clases en la Universidad de Oxford y en Ginebra ejerce de traductor de organizaciones internacionales; posteriormente trabaja en París en la sede de la UNESCO. En los años 80 vuelve a España,fijando su residencia en Almería, y continúa con su actividad docente como profesor visitante en diversas universidades extranjeras. En sus últimos años alterna su residencia suiza con la española, y recibe múltiples distinciones como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras o el Premio Nacional de Poesía.

Su trayectoria profesional comienza cuando aún es un estudiante que despunta como poeta, formando parte del “Grupo Poético de los 50”, dentro del cual representa a la poesía como una vía del conocimiento. En la década de los 60 su poesía evoluciona siguiendo una corriente llamada "poesía del silencio", desligándose así del movimiento poético de mitad de siglo. En este periodo destacan obras como A modo de esperanza (1954), Premio Adonais en ese año, Poemas de Lázaro (1960), Premio de la Crítica, La memoria y los signos (1966) o Siete presentaciones (1967).
Heredero de la tradición mística española, José Ángel Valente asimila tradiciones culturales, históricas y tendencias filosóficas creando textos cada vez más profundos y complicados. Uno de sus cuentos, El uniforme del general (contenido en el libro El número trece) le lleva ante un consejo de guerra en 1972 por la forma en que describe al Ejército.
La obra poética que escribe en gallego es primero reunida en Sete cántigas de alén (1981) y posteriormente en Cántigas de alén (1989). Realiza también trabajos como traductor de poesía alemana y francesa; además escribe ensayos relacionados con la pintura, la mística y la literatura española. Entre ellos destacan títulos como Las palabras de la tribu (1971), Ensayos sobre Miguel de Molinos (1974) o La piedra y el centro (1983). Su última obra es Fragmentos de un libro futuro, texto en el que se recogen sus últimos poemas y que se publicó después de su muerte al igual que Palais de Justice, en el que recoge el intenso e íntimo dolor sufrido durante el proceso de divorcio de su primera mujer. El autor dio orden de no publicar el texto hasta la muerte de ésta.

lunes, 5 de febrero de 2018

Despedida del poeta alicantino Francisco Alonso Ruiz

Despedida del poeta alicantino Francisco Alonso Ruiz

Se no ha ido un gran amigo, una gran persona y un grandísimo poeta que llevaremos siempre en el recuerdo con su vozarrón inequívoco y sus magníficos poemas.
Retrato a lápiz de Francisco Alonso. / R. Palmeral
Retrato a lápiz de Francisco Alonso. / R. Palmeral
Hoy sábado, 3 de febrero de 2018, a las 12.15 de la mañana hemos despedido en el tanatorio Cristo de la Paz de San Vicente del Raspeig al amigo y poeta alicantino Francisco Alonso Ruiz, nacido en Alicante en 1948, fallecido ayer 2 febrero tras una larga enfermedad. El sacerdote del tanatorio oficio un breve responso, no misa, tras la bendición del féretro con tres golpes de hisopo, se proyectó un video con fotos  narradas por Mercedes Rodríguez. Luego varios poetas del grupo AUCA de las Letras leyeron poemas de Paco Alonso como homenaje a la gran persona que fue, y  leídos por Mercedes Rodríguez, Julia Climet, Manuel Parra, que cerró Luis Taza, presidente de la revista AUCA.
Asistimos una numerosos representación de poetas de otros grupos alicantinos en un último adiós, también grupos de amigos, poetas, escritores, y, por supuestos su hermana y sobrinos, ya que Alonso era solero.

Homenaje de la revista AUCA
Recuerdo que en el mes de diciembre de 2015, la revista AUCA de las Letras de Alicante le dedicó el número 35 de dicho mes. De esta revista entresaco un texto mío, que se publicó:
Paco Alonso y yo (redacto de esta crónica) nos conocimos en el año 2002 cuando nos reuníamos en la Tertulia de Frutos del Tiempo en el Café Español en la Avda. de la Constitución, que dirigía Juan Ángel Castaño, que venía desde Elche. Por aquellos años Paco había publicado Soledad del alma, 2001, en la colección Lunara de poesía de Elche de la Acción Cultural Frutos del Tiempo, y para mí, que por entonces no tenía  nada publicado, Paco representaba un consumado poeta que ya tenía libro, un poemario a la altura de Ángel Valente o Blas de Otero. Porque un poeta sin libro publicado es como un pintor sin exposiciones o un boxeador al que se le entrena y no se le da un combate.
Para mí Paco representa un poeta a imitar, y eso que él es un año menor que yo, o sea, que es un año más joven que yo. Con la lectura de Soledad del alma, aprendí algo fundamental de la poesía, como es la sinceridad y autenticidad, porque el poeta debe escribir con el alma en la mano. Es elogiable y de agradecer su lenguaje directo, sin florituras ni artificios engaños. Es una poesía de la experiencia contundente donde toca los temas esenciales de la vida y la muerte, y las eternas dudas y angustias que todo ser humano nos preguntamos, y que solamente tienen repuesta en el razonamiento filosófico y en la expresión poética. Él es un hombre humilde, gran poeta de voz contundente y eficaz. A la derecha  de la página iba el retrato a lápiz que ilustra esta necrológica .

Breve bibliografía
En los años 70 y 80 conoció y se relacionó con los poetas alicantinos de la época, ente ellos con Manuel Molina, que hemos celebrado, recientemente el centenario de su nacimientos.
Los cuatro poemarios publicados de Paco Alonso son: Acento humano, Testimonio de tiempo (1982), Soledad de alma y Cuaderno de ahora mismo, y tiene cientos de poemas tan dispersos publicados en revistas como AUCA, ESENCIAS, PALMERAL o PERITO, así como conserva numerosos poemas inéditos.

Epílogo
Recordaremos a Paco para siempre con su vozarrón potente, sus sonetos limpios, y sus poemas existencialistas. Buena gente y noble amigo siempre dispuesto a colaborar donde se le pedía, tanto por escrito como en recitales, le recuerdo en Numen o participando en homenajes de otros poetas conocidos: Hernández, Lorca, Alberti...
Nos volveremos a ver amigo poeta porque la muerte no es el final de nuestra existencia, porque en realidad la muerte es una metáfora, una licencia poética, nada más. @mundiario

viernes, 2 de febrero de 2018

A la caza de las palabras poéticas de Jaime Soler. Seis poemas


                                                                 (Camino de esperanza)


A la caza de las palabras poéticas de Jaime Soler

De vez en cuando me llegan poemas que me hacen reflexionar, pensar, cavilar, que merecen la pena invertir nuestro tiempo en ellos. Algunas veces son poemas dedicados a terceras personas, como pueden ser los poemas amorosos; sin embargo, los seis que he recibido de Jaime Soler Bonet, son poemas dedicados a él mismo o sobre sí mismo. Jaime es un poeta existencialista, que acaba de aterrizar en este mundo complejo como es la poesía. Y que en realidad no sabemos definir con determinación ni exactitud.
 Jaime Soler ha  entendido muy bien qué es poesía, y la abstracción del pensamiento que representa, que yo entiendo como la arquitectura verbal que disponemos para expresar nuestros sentimientos y emociones, para salvaguardar esas ideas que a lo mejor nos llegan en una milésima de segundo y deben ser escritas para que  no se olviden. La poesía debemos entenderla como una de las artes, que el poeta como artista de la palabra sabe modelar como si de un cuadro se tratara, usando como materia la palabra. 
Observo en Jaime que se deja llevar por una idea y la sustenta en el tiempo verbal hasta encontrar un camino de esperanza y de salvación, que no son más que la materialización en versos de sus preocupaciones y anhelos.  Algunas estrofas pertenecen a la poesía surrealista o automática, que de alguna forma sutil enriquece su lenguaje poético personal. Quizás, pienso, que en la singularidad del poeta reside su grandeza y particularidad, siempre hemos de leer entre línea para llevar a la comprensión un paso más allá de lo que nos dice, porque la totalidad de un poema solamente reside en la mente de quien lo escribe.
 Este breve abanico de seis poemas de Jaime Soler son una muestra, parte de un todo, una cata de su cosmovisión poética, cual si fuera semilla que florecerá en buena tierra cuando escriba un futuro poemario.

En el poema que he número con el 1.- titulado “Vocablo de esperezan” donde el poeta bucea y lucha consigo mismo para encontrar una palabra o vocablo que llene sus expectativas, y encuentra un vocablo, que es realidad una tabla de salvación como: Esperanza.  La esperanza es siempre una virtud optimista.

En el poema número 2.- titulado “Ocaso”. Es un poema de lucha diaria para fortalecerse, hasta el ocaso, que es un fin, pero el ocaso de los días no es más que un punto efímero porque mañana llegara un nuevo día. En el segundo verso donde escribe “de un mar de emociones profundas / y su justo punto de fuerza y de intensidad”, percibo que el mar es solo un estado de ánimo una metáforas de grandeza profunda.

En el poema número 3.- titulado “Una pena y una sonrisa”, nos muestra un antónimo de sentimientos opuestos entre pena y sonrisa. Miguel Hernández era el gran poeta de la pena y de los pesares. En los poemas sobre pena y tristezas lo poemas llegan a una gran altura, en este poema número dos el poeta se encuentra en momentos difíciles al borde de un vacío, de donde ha de sacar valor que no tiene para fortalecerse: “…en vez de reír sufría/ era adicto al dolor “. (vs. 11 y 12).

En el poema número 4.- titulado “Vida y muerte”, es el más tétrico de los seis poemas, y el que más hace pensar, donde el poeta parece estar listo a marchar con la señora de la guadaña, llevado por un decepción que ignoramos. A lo largo de diecisiete versos su razón de ser y su destino se quiebran, pero al fin se da cuenta que “la muerte no es el final sino mi principio” (v.11).  El viaje a lo eterno no es más que una licencia poética, una metáfora de un viaje del que nadie ha regresado, pero un camino que todos algún día hemos de recorrer, pero cuando Dios quiera.

El poema número 5.- titulado “En la trinchera”, me viene a la cabeza un poema existencialista porque todos estamos en la misma trinchera de la vida. Todos tenemos una cruz, todos, como escribe el poeta: “… en mi pecho llevo señales de guerras pasadas/ que dejaron sus mordiscos de perra en celo.”  Llevamos tatuadas señales, cicatrices, a veces heridas mal curadas, y una sublime metáfora como esta de: “mordiscos de perra en celo”, con la esperanza de que no está con la rabia.

En el poema 6.- titulado “Río valiente” cuenta el paralelismo entra las vicisitudes de las aguas de un río que “sufre y se lastima” en su recorrido saltado márgenes, y el poeta, que nos sorprende al final para decirnos que quiere llenar un botijo pequeño que lleva dibujado en un papel, lo cual es siempre un sorpresa, porque como he dicho en el preámbulo la poesía es arte y sorpresas.



Conclusión.-
Pienso sinceramente que Jaime Soler tiene madera de poeta, madera de boj, que ha de ir puliendo con trabajo autónomo, pues cada cual ha de sacar de sí mismo con exigencia y esfuerzo lo mejor que pueda aportar a la poesía.

Ramón Palmeral
Poeta y escritor
Alicante, 3 de febrero de 2018


SEIS POEMAS DE JAIME SOLER


1.- Vocablo esperanza

Voy buceando entre papeles,
descubriendo palabras nuevas,
sacadas de los libros de caballería,
que me animan a imitar a los soldados en batalla,
en esta lucha por ser auténtico que jamás termina,
Veo vocablos indiferentes y otros más sugestivos,
Pero el que más se parece a mi palabra soñada
Es el vocablo esperanza.
Dos mitades separadas y un solo camino que las une,
es la vida que se encarga de unir las palabras,
en una canción que se oye en cualquier lugar,
donde falte un sueño por cumplir.


                                   2.- Ocaso

                                    Sublime como la sal en mis labios,
                                     de un mar de emociones profundas,
                                     en su justo punto de fuerza y de intensidad,
                                     que corta el aire y le pone belleza,
                                     y por fin se despide sin dañar  su verdad.
                                     Ese es mi espíritu, fortaleza en la lucha diaria,
                                     donde dejé un arco pongo una flecha,
                                    y un oleaje choca de lleno contra mi libertad,
                                    y a la tercera ola me libero de la espera,
                                    y salgo de nuevo a luchar.
                                    Tengo los ojos rasgados de comprender,
                                    sé que no hay final más allá de donde voy,
                                    que soy mi ángel guardián,
                                    mi último defensor.



                                   3.- Una pena y una sonrisa

                                   En un oasis de palmeras invencibles,
                                   en una duna de arenas sutiles,
                                   en un mar de peces azules,
                                   estoy yo en estos momentos difíciles.

                                   Estatua de sal mirando al vacío,
                                   que contempla la vida desde dentro,
                                   subido a un tío vivo,
                                   pero estoy contento.

                                   Voy sacando de mí el valor que yo tenía,
                                   soy capaz de comprender mejor mi corazón,
                                   en vez de reír sufría,
                                   era adicto al dolor.

                                   De una manera circunstancial cojo del viento su fuerza,
                                   soy una cometa que baila en el aire,
                                   y así pruebo mi fortaleza,
                                   mientras que dure el baile.

                                  
                                   4.- Vida y muerte
                                  

                                 Si viniera la muerte a visitarme con su guadaña,
                                 no escondería mi cuello a su filo,
                                 ni le daría motivos para irse de balde,
                                 que si la muerte me reclama yo estoy de su parte.
                                 Mi esperanza me habla de otra vida,
                                 una vida sencilla y transparente como el canto de un niño,
                                 con un punto de vista nuevo y moderno,
                                 con una raíz que bebe de lo eterno y se centra en el cambio,
                                 donde lo pleno  es su razón de ser y el todo su destino,
                                 me iría ya mismo cerca de ese mar profundo,
                                 por eso digo que la muerte no es mi final sino mi principio,
                                 que vivir no me da igual pero añoro esa vida,
                                 pues me encuentro desterrado y sin guía,
                                 con los dos ojos en esta vida mientras espero la futura,
                                 que estoy arrojado a este mundo desde un principio,
                                 y aquí comienza el futuro ya en esta existencia,
                                 en nuestra amada tierra.







                                   5.- En la trinchera


Voy arengando a mi tropa con frases encendidas,
a mis manos, a mis pies, a mi pecho, a mis oídos,
a toda mi vida y a mi alma dorada y cautiva,
en mi pecho llevo señales  de guerras pasadas,
que dejaron sus mordiscos de perras en celo,
y mis manos quieren imitar a Cristo cuando curaba.
Son mis pies soporte de mi cuerpo lisonjero,
y en ellos he puesto cartuchos de artillería,
mis oídos opacos por el silencioso pensamiento,
responden con vivas y aleluyas.
¿Dónde quedó ahora el invierno?
de entre tus manos partió con prisa de mancebo,
y donde quedaba el frío cautivo,
se abrió una exclusa de esperanza,
y un adiós.





                                   6.- Río valiente


Baja el agua del río hacia la fuente
saltando los márgenes,
llega mansa y sin prisa y se encauza,
y no sufre ni se lastima por ser obediente,
es el agua del río fecunda como mi vida,
que cada segundo aparece nueva y va llenando la balsa,
sueña el río con ser grande y fuerte como su padre,
y ensaya sus gestos en los cristales del hielo,
se atusa el bigote y se sube los pantalones,
y baja riendo por las laderas del monte,
hasta llegar a la fuente.
Me espera el río cada mañana y al atardecer,
y yo voy corriendo a su encuentro y me baño en él,
le hablo de cosas banales que el sabe comprender,
y le pido permiso para llenar un botijo pequeño,
que llevo dibujado en un papel.