POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

viernes, 27 de noviembre de 2020

"Poemas humano" de César Vallejo.

 


 

 

Tengo un miedo terrible de ser un animal
de blanca nieve, que sostuvo padre
y madre, con su sola circulación venosa,
y que, este día espléndido, solar y arzobispal,
día que representa así a la noche,
linealmente
elude este animal estar contento, respirar
y transformarse y tener plata.

Sería pena grande
que fuera yo tan hombre hasta ese punto.
Un disparate, una premisa ubérrima
a cuyo yugo ocasional sucumbe
el gonce espiritual de mi cintura.
Un disparate... En tanto,
es así, más acá de la cabeza de Dios,
en la tabla de Locke, de Bacon, en el lívido pescuezo
de la bestia, en el hocico del alma.

Y, en lógica aromática,
tengo ese miedo práctico, este día
espléndido, lunar, de ser aquél, éste talvez,
a cuyo olfato huele a muerto el suelo,
el disparate vivo y el disparate muerto.
¡Oh revolcarse, estar, toser, fajarse,
fajarse la doctrina, la sien, de un hombro al otro,
alejarse, llorar, darlo por ocho
o por siete o por seis, por cinco o darlo
por la vida que tiene tres potencias.

 

Barcelona, 1939

Antologia aperta. Traduccion al italiano del poemario de "Antología abierta" del poeta Ramón Fernández Palmeral

 


 

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 Dopo trentadue (32) anni di poesia con pubblicazioni disperse, tanto quelle individuali quanto quelle collettive, su riviste, blog e altre poesie inedite, è arrivato il momento in cui bisogna fare un riesame di quanto si è seminato.D qui è nata questa Antologia aperta (1983-2015), perché come recita il titolo resta con la porta aperta, dal momento che il poeta ha intenzione di continuare a comporre altre poesie, perché la poesia è per lui una necessità, un’esalazione o respiro indescrivibile dell’anima e della stessa vita.Per questo motivo, questa prima antologia del poeta Ramón Fernández Palmeral resta aperta per altre eventuali antologie.Ramón Palmeral, così come anche si fa chiamare, è un poeta dell’esperienza, di difficile catalogazione, un poeta dai stili molto dissimili tra loro, guidato dal proprio istinto, dove accoglie la poesia dal verso libero e la conduce oltre ogni possibilità e conoscenza.È stato diverse volte premiato, sebbene i premi non sono, forse, il suo principale anelito. Si trova nell'antologia: “Cántiga. Poeti della provincia di Ciudad Real. Primo quarto del XX secolo " Lendoria, (2016).È stato direttore delle riviste Palmeral e Perito (letterario-artistico) ad Alicante, città nella quale risiede attualmente.In questa quinta edizione si sono riunite le poesie dedicate a Miguel Hernández e, inoltre: Tutti i fiori sono morti, finalmente uniti.Lavoro poetico:-Desolación sin nombre (1983)-Homero en Tarsis (2004)-Antologia abierta (2016)-Bocadillo de balas(2017)-La cólero de Aquiles (2017)-Lagrimaa ebrias de melancolía (2019)Traduzione italiana di Vincenzo Paglione & Roberto Sapienza.

 

Epílogo o postprefaze

 

Correspondencias

de Vincenzo Paglione

 

¿Cómo se puede clasificar a un poeta que escapa a cualquier forma de clasificación? Fueron los cubistas quienes alrededor de 1911 comenzaron a pegar trozos de papel en sus lienzos, dando lugar al collage, una forma de expresión utilizada por todos los artistas del siglo XX. Técnica que alcanzó su punto más alto con los surrealistas, quienes dieron libre expresión a la asociación de imágenes, el onirismo, el componente lúdico, el automatismo. La obra poética de Ramón Palmeral sin duda podría incluirse en la categoría de este tipo de artistas, ya que la complejidad e infinidad de las interpretaciones a las que dan lugar sus versos, muchas veces remiten a los pioneros de esa temporada artística.

El suyo es un proceso que se ocupa de la aparente distancia que existe entre la realidad de cada cosa, de cada experiencia y la impresión como posibilidad no menos distante y comprensible de esa realidad. La unión de estos elementos sugiere al lector una sucesión de imágenes contradictorias que se superponen hasta transformarse en una representación simbólica de la experiencia individual y social del autor. Él es crítico, a veces sutilmente, del comportamiento humano, la irracionalidad, la violencia y la locura que lo invaden. En otras circunstancias se expresa sin ningún tipo de autocensura, evitando ceñirse a lo políticamente correcto, para hacer evidente su abandono a las transfiguraciones que ofrece la palabra. Lo prosaico corresponde a la necesidad de incorporar diferentes sujetos y tiempos en el discurso poético, de coordinar la urdimbre poética en un orden sintácticamente complejo. En las composiciones, por tanto, emerge la inspiración más personal del autor, que es la que se nutre de la experiencia para convertirse en creación intelectual, donde se definen las características de la precaria aventura del hombre, marcada por la duda y el dolor cotidiano.

La poesía española de los primeros cuarenta años del siglo XX había llamado la atención de todos sobre el tema del conflicto entre el individuo y la sociedad, entre la razón y el sueño, entre la coherencia y la revuelta creativa, caracterizándose por ser diferente a la europea. Ramón Palmeral es un verdadero continuador de esta “tradición” que no deja de sorprender a quienes entran en contacto con ella. Sin embargo, en sus versos se observa, a diferencia de las generaciones anteriores, la falta de correspondencia con la figura del autor poeta que se valora a sí mismo como ideólogo y moralista y que había prevalecido a partir de 1939 hasta bien entrados los años sesenta. Los mejores representantes de esta época tuvieron que afrontar la muerte, el exilio y el ostracismo interno como precio a pagar contra un régimen que quiso adornarse con una literatura más acorde a su naturaleza, ávido de no rendirse hacía aquella otra que había florecido en la época de la República.

Una vez aclarada esta valoración, cuando se afirma que Fernández Palmeral sigue los pasos de las generaciones pasadas de poetas, es porque éstos supieron descubrir la forma de expresar su experiencia poblada de nostalgia, cadencias modernistas, tedio combinado con elegante lirismo, el mundo de los afectos privados, la amarga ironía del amor, la amistad, un cierto patetismo, la muerte, el surrealismo simbolista (que en el autor pretende colmar los huecos que deja el desenlace poético de una generación) y, finalmente, la sutil presencia en la vida de un Dios invisible, pero claramente personal, con el que se dialoga afablemente.

En la trayectoria poética de este poeta se observa un recorrido coherente y sólido hacia lo que podría definirse como los meandros de la cotidianidad onírica, muchas veces desagradable, pero que en todo caso marca la variedad de temas y tópicos, como prueba de un enriquecimiento de casi cuarenta años de labor.

 El tono, el ritmo, el léxico y la sintaxis de los temas tratados en esta colección están, por tanto, imbuidos de una cotidianidad vivencial subjetiva que exige participar en el devenir universal del arte poético, sin desesperación, pero con la conciencia del límite del vivir. Un hilo conductor en el que el autor ha mantenido su fe a lo largo de este tiempo, ligado a la experiencia del mundo y a las constantes referencias y correspondencias entre la realidad y la práctica del lenguaje.

 

23 de noviembre 2020

Vincenz0 Paglione

 

                Postfazione

Corrispondenze

di Vincenzo Paglione

            In che modo si può classificare un poeta che sfugge a ogni forma di classificazione? Sono stati i cubisti che intorno al 1911 cominciarono a incollare pezzi di carta nelle loro tele dando origine al collage, una forma di espressione di cui fecero ricorso tutti gli artisti del XX secolo. Tecnica che raggiunse il suo punto più elevato con i surrealisti, i quali diedero libera espressione all’associazione delle immagini, l’onirismo, la componente ludica, l’automatismo. L’opera poetica di Ramón Palmeral senza dubbi potrebbe rientrare nel novero di questa tipologia di artisti, poiché la complessità e l’infinità delle interpretazioni cui danno luogo i suoi versi, spesso si richiamano ai pionieri di quella stagione artistica.

Il suo è un processo che affronta la distanza apparente che intercorre tra la realtà di ogni cosa, di ogni esperienza e l’impressione come possibilità non meno distante e comprensibile di quella realtà. L’accoppiamento di questi elementi suggerisce al lettore una successione d’immagini contraddittorie che si sovrappongono fino a trasformarle in rappresentazione simbolica dell’esperienza individuale e sociale dell’autore. Egli si mostra critico, a volte in maniera sottile, nei confronti del comportamento umano, l’irrazionalità, la violenza e la follia che lo pervadono. In altre circostanze si esprime senza alcuna autocensura, evitando di attenersi al politicamente corretto, in modo da rendere evidente il proprio abbandono alle trasfigurazioni offerte dalla parola. Il prosaico corrisponde alla necessità di conglobare nel discorso poetico diversi soggetti e tempi, di concertare in un ordine sintatticamente complesso l’ordito poematico. Nei suoi componimenti affiora dunque l’estro più personale dell’autore, ovvero quello che si nutre dell’esperienza per tramutarsi in creazione intellettuale, dove si definiscono i connotati della precaria avventura dell’uomo, segnata dal dubbio e dal dolore quotidiano.

La poesia spagnola dei primi quarant’anni del Novecento aveva sottoposto all’attenzione di tutti il tema del conflitto tra individuo e società, tra ragione e sogno, tra coerenza e rivolta creativa, nei confronti di una cultura che si è sempre contraddistinta per il suo essere altra a quella dell’Europa. Ramón Palmeral rientra a pieno titolo come- continuatore di questa “tradizione” che non ha mai smesso di stupire a chi ne entra in contatto. Tuttavia nei suoi versi si osserva, diversamente da quelli delle generazioni precedenti, la mancanza di corrispondenza con la figura del poeta artefice che valuta se stesso come ideologo e moralista e che era prevalsa a partire dal 1939 sino a ben inoltrati gli anni Sessanta. I migliori rappresentanti di questa stagione dovettero affrontare la morte, l’esilio e l’ostracismo interno come prezzo da pagare nei confronti di un regime che voleva ornarsi di una letteratura più confacente alla sua indole, desiderosa di non demeritare al confronto con quella fiorita al tempo della Repubblica.

Fatta questa valutazione, quando si afferma che Fernández Palmeral segue le tracce delle passate generazioni di poeti, è perché essi seppero scoprire il modo di esprimere la loro esperienza popolata di nostalgie, di cadenze moderniste, il tedio unito a un lirismo elegante, il mondo degli affetti privati, l’amara ironia dell’amore, l’amicizia, il patetismo vago, la morte, il surrealismo simbolista (che nell’autore è destinato a supplire i vuoti lasciati dalla fine poetica di una generazione) e, infine, la sottile presenza nella vita di un Dio invisibile, ma chiaramente personale con il quale si conversa in maniera bonaria.

Nel percorso poetico di questo poeta si può osservare un coerente e solido viaggio verso quelli che si potrebbero definire i meandri della quotidianità onirica, sovente sgradevole, ma che comunque segna la varietà di tematiche e argomenti trattati, a riprova di un arricchimento temporale pressoché quarantennale.

 Il tono, il ritmo, il lessico e la sintassi dei temi trattati nella presente silloge sono, quindi, intrisi di una quotidianità esperienziale soggettiva che reclama di partecipare al divenire universale dell’arte poetica, senza disperazione, ma con la consapevolezza del limite del vivere. Filo conduttore a cui l’autore ha tenuto fede lungo tutto questo tempo, legato all’esperienza del mondo e dei continui rimandi e rispondenze tra realtà e pratica del linguaggio.

 

                                                                                           23 novembre 2020

 

 


 

                    Curriculum Vitea

 

Ramón Fernández «Palmeral» è nato a Piedrabuena (ciudad Real) nel 1947. Malaghegno di adozione, dove ha trascorso la sua infanzia e la sua gioventù, risiede ad Alicante dal 1990. Collabora con i mezzi di comunicazione e riviste specializzate dove ha pubblicato studi monografici su Miguel Hernández, Ramón Sijé e Carlos Fenoll.

Ha realizzato studi di Geografia e di Storia a Castellón de la Plana, ha seguito studi di Diritto a Granada. Ad Alicante è stato fondatore delle riviste illustrate PALMERAL (di carattere Poetico-Artistico), PERITO (di carattere Letterario-Artistico), le riviste digitali NUEVO IMPULSO e Miguel Hernández. Multimedia-centenario. Partner d'onore di specchio di alicante. Parner Adeneo de Valencia. È direttore dell’editrice Palmeral. Ha collaborato con articoli di opinione nei quotidiani Información, La Verdad, Noticias de Alicante e in riviste: Utopía (Axarquía), El Eco Hernandiano (digital empresa), Estudios Monoveros (illustrazioni). Ha partecipato anche nella pagina digitale della Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Orihueladigital, Baquiana (Miami), Alicante hoy, Perito, Mundo Cultural Hispano; riviste stampate quali Anthropos, Auca, Ágora, Letralia, Numen, Diario de Alicante, El Monárquico, Hoja del lunes.com, Wall Street International Magazin. Ha partecipato nei recital della provincia di Alicante.

 

Dirige il blog POESIA PALMERIANA.

 

http://poesapalmeriana.blogspot.com/

 

 

POESIA

 

·         Desolación sin nombre (1983)

·         Homero en Tarsis (2004)

 A  Antología abierta (2016) (En castellano)

·         Antología abierta (2016) (Tradotto in italiano)

·         Bocadillo de balas (2017)

·         La cólera de Aquiles (2017)

·         Lágrimas ebrias de melancolía (2019)

 

Ha pubblicato i seguenti volumi di saggistica: Encuentros en el IV Centenario del Quijote (2004), Buscando a Azorín por la Mancha (2005), Tras los pasos de Juan Goytisolo por los Campos de Níjar (2005), Singladuras por la comarca de Vinalopó (2006); Buscando a Anonio en Soria y Baeza (2006); il romanzo breve El héroe de Nador, El rey de los moriscos, El cazador del arco iris. Buscando a Antonio Machado en Soria y Baeza (2006) La princesa Anuati-Matua (2020), La baronesa desnuda (2020); i volumi Monográfico Lorquiano. Federico García Lorca Poeta en Nueva York (2019). Secretos para escribir novelas y relatos (Amazon, 2016). De la creación poética, Exégesis de las Elegias de Duino de Rilke, Glosada de candente horror de Juan Gil-Albert. Glosada de Canto de Teresa de Espronceda.

 

È autore di testi su argomenti hernandiani: El hombre acecha como eje de la poesía de guerra (2004), Simbología secreta de «Perito en Lunas» (2005), Doce artículos hernandianos y uno más (2005), Simbología secreta de la decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas de Ramón Sijé (2006), Monográfico Hernandiano (2010), Simbología secreta de Viento del Pueblo (2010), Carlos Fenoll: Trayectoria vital y poética (2012), Ramón Sijé, el Estigmatizado (2013), Miguel Hernández, el poeta del pueblo en 40 artículos (Editorial ECU, 2019), Miguel Hernández, el poeta de las tres heridas (Amazon, 2013 e 2019), Herméutica de Hombre a la deriva de Manuel Molina, Centenario de Vicente Ramos Elegías de Guadalest.

 

Ha partecipato a congressi e presentato diverse conferenze intorno alla tematica hernandiana, Juan Gil-Albert y Marino Bendetti.

 

Biografia in Wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_Fern%C3%A1ndez_Palmeral


 

 

jueves, 26 de noviembre de 2020

La novela experimental de Zola

 

La novela experimental de Zola

Categoría (El libro y la lectura, Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el 26-11-2020

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El realismo literario aparece en Francia a mediados del siglo XIX, como reacción a los excesos del Romanticismo precedente, circunscrito a la presentación de mundos fantásticos, países exóticos y tiempos pasados. El idealismo romántico ha perdido fuerza y la sociedad francesa se deja seducir por el racionalismo que Descartes (1596-1650) había enunciado en el siglo XVII. La clase media surgida a partir de la Revolución Francesa se interesa ahora por una literatura que refleje la actualidad de la vida circundante y se haga eco de los conflictos sociales que la industrialización está provocando en Europa, sobre todo, con la aparición de las nuevas organizaciones obreras a partir de la Revolución de 1848. Ese mismo año, Marx y Engels publican El Manifiesto, que sacude la conciencia de la clase obrera y de buena parte de la intelectualidad.

La novela es el género preferido para describir las preocupaciones de la burguesía que defiende un nuevo modelo de vida, en el cual el progreso y los descubrimientos científicos poseen la máxima prioridad. El auge de las ciencias, el avance de la medicina y los albores de la psicología facilitan la renovación de los motivos literarios y se prestan a la creación de personajes sugestivos acordes a la nueva realidad. La lectura se generaliza gracias al desarrollo de la prensa periódica que ofrece entregas coleccionables de folletines muy del gusto de todas las clases sociales.

La nueva corriente se impone en toda Europa. En España, el éxito tardó en llegar. La sociedad tradicional miraba con recelo los cambios revolucionarios y las innovaciones científicas y filosóficas. Solo a partir de la Revolución de 1868 (La Gloriosa), se afianzan las ideas liberales y aparece una pléyade de escritores que cultivaron el género con notable solvencia, entre los que destacan Galdós, Clarín, Pardo Bazán, Valera y Blasco Ibáñez.

Pero es en Francia donde adquiere el máximo esplendor. Stendhal, Balzac y Flaubert son sus intérpretes más conocidos, a los que se incorpora más adelante la figura poderosa de Zola (1840-1902), defendiendo un nuevo estilo literario. Proponía intensificar los principios de realismo, adoptando la visión determinista del evolucionismo y la genética mendeliana que predice la conducta de los individuos en función de su ascendencia. El ser humano no es libre, ya que está condicionado por su herencia biológica y su entorno. Bajo esos presupuestos, el escritor trata de descubrir las leyes que rigen su comportamiento, y lo hace aplicando los métodos de la ciencia experimental, que tanto éxito había obtenido en otros campos del saber.

Es difícil entender el Naturalismo sin conocer el contexto cultural e ideológico que existía en Francia en la segunda mitad del siglo XIX. El positivismo de Comte (1797-1858) —que solo considera conocimiento verdadero al que proviene del hecho experimental— había arraigado con fuerza en la mentalidad más o menos ilustrada de la época. Este concepto había sido llevado al campo de la ciencia con notable éxito y el sueño mesiánico de dominar la naturaleza asomaba como una posibilidad cercana.

La fe en la ciencia desencadenó en Francia —y luego en todo Europa— un entusiasmo sin precedente y, al mismo tiempo, enconadas discusiones, que trascendieron el ámbito intelectual y llegaron a todas las capas de la sociedad. También a Zola, que abrazó con ardor la teoría cientifista. Al anhelo de observar y pintar la realidad, sucede el deseo de comprenderla y explicarla, para lo cual nada mejor que el experimento científico. En esto se basa el Naturalismo literario que, como doctrina completa y coherente, se debe exclusivamente a Zola, que inició su discurso en el prólogo a la segunda edición de Thérèse_Raquin (1868) y, más tarde, lo desarrolló en Le roman expérimental (1880).

Zola comienza su ensayo con estas palabras: “En mis estudios literarios, he hablado a menudo del método experimental aplicado a la novela y al drama. Es cierto que la idea de que la literatura esté dominada por la ciencia ha sorprendido a mucha gente. Por eso, me parece conveniente explicar con claridad lo que yo entiendo por novela experimental”. Para ello, se va a servir del libro Introducción al estudio de la medicina experimental, escrito por Claude Bernard (1813-1878) un erudito cuya autoridad nadie discutía, que luchó para hacer de la medicina una ciencia, a pesar de que, a los ojos de la mayoría, no dejaba de ser más que un arte, como la novela.

Pero antes, plantea las diferencias que existen entre las ciencias de la observación y las ciencias de la experimentación. Llega a la conclusión de que la experiencia es básicamente solo una observación provocada: «En el método experimental, la búsqueda de los hechos, es decir la investigación, va siempre acompañada de un razonamiento, ya que el experimentador ejecuta el experimento para comprobar o verificar el valor de una idea preconcebida, con lo cual, podemos afirmar que el experimento es una observación provocada con el propósito de controlar el resultado«. En resumen, podríamos decir que la observación muestra, mientras que la experiencia instruye.

En la medicina, el objetivo del método experimental consiste en estudiar los fenómenos para conocer las leyes que los rigen, con el fin de preverlos y dirigirlos. Y pone un ejemplo: No basta con que el médico sepa que la quinina reduce la fiebre; lo que importa es saber qué es la fiebre y cuál es la causa que la produce. En el momento en que lo sepa, ya no será una curación empírica, sino una curación científica. Es lo que ocurrió con la sarna: al ser conocida la causa que la produce, la enfermedad se cura siempre, sin excepción.

Zola pretende demostrar que el método experimental es válido para la ficción literaria. Puesto que la medicina, que era un arte, se convierte en ciencia, ¿por qué no ha de suceder lo mismo con la literatura? Al final, el terreno es el mismo: el cuerpo humano; en el primero caso, el de sus órganos fisiológicos; en el segundo, en el de los fenómenos cerebrales y sensuales, tanto en su estado sano como en el mórbido.

Percibe que el novelista posee las dos facetas: El observador describe los hechos tal como los ha observado, define el punto de partida, establece el espacio en el cual se van a mover los personajes y se van a desarrollar los fenómenos. Entonces, aparece el experimentador y, basándose en la experiencia, hace que los personajes se muevan en una determinada dirección, para demostrar que la sucesión de los hechos está determinada por las circunstancias que preceden.

Pone como ejemplo la figura del barón Hulot, en La prima Bette, de Balzac (1799-1850). El hecho observado por Balzac es el caos que el temperamento amoroso de un hombre trae a su hogar, a su familia y a la sociedad. Al elegir ese tema, parte de unos hechos observados, pero luego se vale de la experiencia sometiendo a Hulot a una serie de pruebas, haciéndolo recorrer ciertos círculos, para revelar el funcionamiento del mecanismo de su pasión. El desenlace no podría ser otro más que una familia entera destruida y un drama para todos sus miembros, como consecuencia del temperamento amoroso de Hulot. Es evidente que aquí no solo hay observación, hay también experimentación.

A pesar de su entusiasmo, Zola reconoce que el novelista se enfrenta a un problema serio. A diferencia de otros ramos de la ciencia, el estudio de la psicología humana no está todavía desarrollado, de forma que no es posible saber a ciencia cierta qué efecto produce una pasión, surgida en un determinado ambiente, tanto en el plano individual como en el conjunto de la sociedad. Pero eso es debido a que la novela experimental es más joven que la medicina experimental. En ese sentido, aparece como un proyecto factible a medio plazo en el que solo es posible exponer el método. Pero es innegable que la novela naturalista, tal y como él la entiende, es un experimento verdadero que el novelista hace con el hombre, apoyándose en la observación. Si el experimentador es el juez instructor de la naturaleza, el novelista es el juez instructor del hombre y de sus pasiones.

Esto es lo que constituye la novela experimental: comprender el mecanismo que regula el comportamiento del hombre y mostrar la forma en que se manifiesta, bajo las influencias de la herencia y del medio social que lo rodea; luego describir el efecto recíproco que surge entre la sociedad y el individuo. Y finalmente, comparar cómo se comportaría el hombre que vive aislado y el que vive en sociedad. La novela experimental se apoya pues en la ciencia; es la literatura que corresponde a la era científica del momento, de la misma manera que la literatura clásica y romántica corresponden a las eras de la

Entre otras cosas, a Zola se le acusó de ser un renovador. Él se defiende diciendo que no está aportando nada nuevo, que simplemente intenta aplicar el método científico —inventado hacía tiempo— a sus novelas: “El naturalismo no es una fantasía personal mía; es la aplicación de un criterio científico que solo reconoce el valor de los hechos, frente a la interpretación subjetiva del individuo. Se trata de adaptar la teoría a los dictados de la naturaleza y no al revés. No es por tanto una doctrina, sino un método científico que fomenta la libertad de pensamiento. No hay orgullo ni jactancia; al revés, el experimentador comete acto de humildad al negar su propio conocimiento y someterse a la autoridad de la experiencia y las leyes de la naturaleza. Por eso, el naturalismo carece de filósofos brillantes, solo posee trabajadores más o menos dinámicos”.

Aun así, Zola admite que el hombre no puede escapar a la curiosidad que le impulsa a conocer la esencia de las cosas. No cabe duda de que la filosofía provoca la inspiración para aprehender lo desconocido, mantiene la controversia en las regiones más elevadas y proporciona al pensamiento científico un rigor que lo vivifica y lo ennoblece. Pero no hay que pasar de ahí; al final, los principios filosóficos no son más que pura poesía. “Para nosotros, los novelistas experimentales, que apenas hemos salido del estado larvario, las hipótesis son fatales”, remata Zola en su opúsculo.

Es por eso que el novelista experimental puede solo arriesgar conjeturas sobre las leyes de la herencia y sobre la influencia del medio en la conducta humana, siempre que respete lo que la ciencia ha descubierto hasta ese momento, ¿Qué pasaría si un poeta adoptara la vieja creencia de que el Sol gira alrededor de la Tierra? Solo los profetas se atreven a cuestionar las nociones más elementales de la ciencia, misión delicada hoy en día, en que la gente ha perdido la fe. El hombre metafísico ha muerto; ha sido sustituido por el hombre psicológico. El método experimental, tanto en las ciencias como en las letras, se ocupa de reflexionar sobre los fenómenos naturales, individuales y sociales, mientras que la metafísica solo alcanza a ofrecer explicaciones irracionales y sobrenaturales.

El Naturalismo de Zola no deja de ser un intento de meter la literatura en el campo de la ciencia, una pretensión que hoy nos parece un tanto ingenua, un sueño de época, expresión del deseo de “una construcción fantasmática de la teoría del relato”, (Henri Mitterand, Zola et le Naturalisme). Su discurso se compone de una serie de sospechas difícilmente comprobables, que se aparta de la noción de novela como obra de ficción, producto de la imaginación del autor, destinado a “deleitar enseñando”, según la definición que nos legó Horacio en su Arte Poética en el siglo I.

Sin embargo, su producción literaria no es una aplicación fiel de su reflexión especulativa y está libre de las incoherencias que contiene. Zola es uno de los más grandes escritores del siglo XIX, aunque su extensa obra sea poco conocida. Sigue la estela de la escuela realista, pero intensifica su visión de la realidad incorporando el factor determinista, que condiciona el libre albedrío del hombre a su herencia genética y al entorno en que se ha criado.

Apoyado en Claude Bernard, Zola afirma que la libertad de los cuerpos vivos no se opone al uso de la experimentación y, por tanto, existe un determinismo absoluto en las condiciones de existencia de los fenómenos naturales, tanto para los cuerpos vivos como para los inanimados. Él llama «determinismo» a la causa que determina la aparición de tales fenómenos. El objetivo del método experimental consiste pues en encontrar las relaciones que unen cualquier fenómeno a su causa próxima, o, en otras palabras, determinar las condiciones necesarias para que tal fenómeno se manifieste. La ciencia experimental no debería preocuparse por el porqué de las cosas, sino simplemente por el cómo.

La saga de Los Rougon-Macquart es quizá el libro que mejor refleja ese determinismo fisiológico que condena a los sucesores a padecer las taras de sus progenitores. Consta de veinte novelas escritas entre 1870 y 1893, en las que relata la desdichada vida de los descendientes de una familia en el Segundo Imperio, marcados por su origen: la locura incipiente de la primera dama, que termina en el manicomio tras la muerte de su nieto; la ambición de su primero marido, cuyo único hijo le despoja de todos sus bienes; y el alcoholismo del segundo, un contrabandista perezoso, con el que tiene dos hijos.

Los temas de sus novelas son siempre extremos: ambientes sórdidos, personajes deleznables lacrados por el vicio o entregados a sus pasiones más viles. Su intención es descubrir lo más abyecto de la sociedad, sin esconder nada; no como fin en sí mismo, sino para que sea corregido. Germinal quizá es una de sus mejores novelas, junto a La Taberna y Nana. En ella, relata con maestría la existencia miserable en un poblado minero en el Norte de Francia, en el que varias generaciones malviven sin poder escapar a su destino: hombres y mujeres analfabetos, resignados a trabajar diez horas al día, a seiscientos metros de profundidad, con salarios despreciables, desde los diez años hasta el día de su muerte, casi siempre prematura. La escena se repite inexorablemente en cada generación: un hijo en la escombrera a los quince años, un matrimonio no deseado y una familia numerosa para criar hijos que aseguren la fuerza de trabajo en la explotación carbonera, mientras el hombre se emborracha en la taberna y la mujer sufre el azote. Un cántico lamentoso de gran belleza sobre la explotación humana que sirvió para crearle adeptos incondicionales y enemigos poderosos e irreconciliables.

En España, la influencia de Zola fue escasa; solo Emilia Pardo Bazán, Galdós y Blasco Ibáñez lo ensayaron, aunque con limitaciones. Los escritores realistas no terminaron de asimilar el determinismo materialista, ni entendieron cómo aplicar el método científico a la producción de una novela. Su gran valedora fue la escritora gallega, a la que sus enemigos calificaron de sectaria naturalista. En 1882, escribió una serie de artículos en La Época, —recogidos más tarde en un libro publicado bajo el título La cuestión palpitante—, en los que analizaba la naturaleza del mensaje de Zola, señalando “el abismo que media entre mis ideas filosóficas y religiosas y las suyas”. Pero de nada le sirvió, ya que las duras críticas siguieron acosándola, aunque quizá más por defender los derechos de la mujer que por practicar un determinismo moderado como el que se aprecia en sus dos grandes obras: La Tribuna (1882) y Los pazos de Ulloa (1886).

Si algo caracterizó la vida de Zola fue la controversia. Admirado por unos y odiado por otros, su obra y sus opiniones fueron objeto de enconados debates. Fue un hombre valiente para defender la verdad. En el caso Dreyfus —un juicio que había polarizado la sociedad francesa en dos bandos opuestos—, se posicionó en defensa de Alfred Dreyfus, un militar de origen judío-alsaciano que había sido acusado injustamente de espionaje (fue absuelto en 1906). En 1898, escribió en el periódico L’Aurore un artículo bajo el título Yo acuso, en el que, con argumentos contundentes, denuncia el antisemitismo de un núcleo influyente de la sociedad francesa alentado por una prensa sumisa a los intereses del poder.

Por ello, Zola fue acusado de difamación y condenado a un año de cárcel, amén de pagar una cuantiosa multa. Pero antes de conocer la sentencia, se exilió a Londres y solo pudo volver al año siguiente, cuando se demostró su inocencia. La muerte le sorprendió en la bañera el 29 de septiembre de 1902. Aparentemente, se había asfixiado por un escape de la chimenea, pero muchos creyeron que había sido asesinado.

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Realismo literario

¿Qué es el realismo literario?

El realismo literario es un movimiento del siglo XIX que se propuso representar y analizar la realidad de manera objetiva y crítica, en oposición al idealismo romántico.

Los escritores realistas se detenían a observar las contradicciones surgidas en su contexto y deseaban mostrar la realidad en ciernes. Por ello, rechazaban el idealismo del movimiento romántico, considerado evasivo y egocéntrico.

La novela fue la expresión más difundida y más popular del realismo literario. Sin embargo, también se expresó en el cuento, el teatro y la poesía. En todas sus manifestaciones, reivindicaba el lenguaje directo y la realidad concreta como tema.

El origen del realismo literario puede situarse hacia mediados del siglo XIX en Francia. Desde allí se extendió a otros países de Europa occidental y América. Entre ellos, Inglaterra, Rusia, España, Portugal, Alemania y Estados Unidos, entre otros.

El programa del realismo literario penetró también las artes plásticas. Sin embargo, la pintura realista no tuvo la misma receptividad que la literatura, que influyó en otras corrientes como el naturalismo y se mantuvo vigente por varias décadas.

Características del realismo literario

El realismo literario se caracterizó por su compromiso social, la representación de la realidad tal como era percibida, el afán de objetividad y la claridad del discurso. Todo esto se despliega en los siguientes puntos.

Compromiso moral, político y humanitario

Preocupado por los problemas sociales, el realismo literario se caracteriza por un declarado compromiso moral, político y/o humanitario. Piensa en el escritor como alguien con la responsabilidad de denunciar las contradicciones sociales y las injusticias.

Representación de la realidad

La realidad concreta es vista como materia de creación, sin excluir los elementos desagradables. Los escritores prefieren aquellos aspectos evadidos frecuentemente en el arte romántico, tales como los problemas y contradicciones sociales.

Para el realismo, todo elemento de la realidad es digno de representación. No se oculta nada solo porque pueda parecer desagradable, pobre, feo, escandaloso o inmoral. Esto no quiere decir que el realismo sea grotesco o vulgar. Por el contrario, la objetividad en la descripción favorece el cuidado de la forma del discurso.

Cientificismo y objetividad

La investigación científica fue parte de los recursos que utilizaban los escritores para garantizar la objetividad. Ningún detalle podía quedar sujeto a la especulación. Un ejemplo es Flaubert, quien para narrar con detalle la muerte de Madame Bovary, se documentó en la literatura médica de la época.

Verosimilitud

El cientificismo y la objetividad narrativa están atadas a la búsqueda de verosimilitud. Ni la fantasía ni la elucubración tienen cabida en el realismo. La realidad descrita debe ser creíble, percibida como una posibilidad real para el lector, ya sea porque se identifique en ella, ya sea porque le obliga a reconocer la realidad social silenciada en el orden establecido.

Predominio del narrador omnisciente

La literatura realista prefiere el narrador omnisciente. Esto se debe a dos factores. Por un lado, el narrador omnisciente sabe más que los personajes y esto permite abundar en detalles o enfoques. Por otro lado, como el narrador omnisciente no participa en la acción, favorece la sensación de objetividad, sea que se limite a narrar los hechos o que los sancione.

Linealidad narrativa

La estructura narrativa del realismo suele ser lineal. Significa que la línea temporal del relato acostumbra ser cronológica, sin saltos temporales. Esto no impide que puedan ser presentados al lector antecedentes, recuerdos o pensamientos del pasado que expliquen una determinada acción.

Lenguaje claro, objetivo y directo

Los escritores del realismo optan por el uso del lenguaje directo. Prefieren describir las cosas de manera clara y objetiva, aun cuando puedan abundar en detalles explicativos y descripciones pormenorizadas. Se prescinde de la ambigüedad discursiva y se exponen claramente las cosas tal como son entendidas por el autor.

Personajes comunes

El realismo fija su atención en los personajes comunes. Suele preferir los personajes de la clase media y burguesa o de los sectores populares. Los personajes nobles dejan de ser centrales o reciben un tratamiento diferente. Los personajes mitológicos o legendarios, tan presentes en la literatura del pasado, son retirados del realismo.

Temas del realismo

Los realistas se ocupan de representar la realidad social. Sin embargo, el tema que concentrará la mayor atención será la burguesía. Son presentes asuntos como las transformaciones sociales, la pobreza y la exclusión; las tensiones entre la aristocracia y la burguesía; la ambición y el ascenso social; la crisis de las instituciones sociales –como el matrimonio (adulterio y divorcio)–; el rol social de la mujer; etc.

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Autores más importantes del realismo literario

  • Henry Bayle "Stendhal" (Francia, 1783- 1842). Obras más conocidas: Rojo y negro; Amancia; La cartuja de Parma.
  • Honoré de Balzac (Francia, 1799-1875). Obras más conocidas: Eugenia Grandet; La piel de zapa; Papá Goriot.
  • Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880). Obras más conocidas: Madame Bovary; La educación sentimental; La tentación de San Antonio.
  • Charles Dickens (Inglaterra, 1812-1870). Obras más conocidas: Oliver Twist; Cuento de navidad; David Copperfield.
  • Mark Twain (Estados Unidos, 1835-1910). Obras más conocidas: Las aventuras de Tom Sawyer; Las aventuras de Huckleberry Finn; El príncipe y el mendigo.
  • Fiodor Dostoyevski (Rusia, 1821-1881). Obras más conocidas: Crimen y castigo; Los hermanos Karamazov; El idiota.
  • León Tolstoi (Rusia, 1828-1910). Obras más conocidas: Guerra y paz; Ana Karenina; La muerte de Iván Ilich.
  • Antón Pavlovich Chejov (Rusia, 1860-1904). Obras más conocidas: El jardín de los cerezos; Tres hermanas; La gaviota.
  • Benitó Pérez Galdós (España, 1843-1920). Obras más conocidas: Doña Perfecta, Misericordia, Fortunata y Jacinta.
  • Eça de Queirós (Portugal, 1845-1900). Obras más conocidas: El crimen del padre Amaro; El primo Basilio; Los Maia.
  • Theodor Fontane (Alemania, 1819-1898). Obras más conocidas: Effi Briest; Errores y extravíos; Irreversible.
  • Alberto Blest Gana (Chile, 1830-1920). Obras más conocidas: Martín Rivas, El loco estero y Durante la Reconquista.
  • Emilio Rabasa (México, 1856-1930). Obras más conocidas: La bola, El cuarto poder y La gran ciencia.

Obras más importantes del realismo literario

Rojo y negro, de Stendhal: es la historia de Julien Sorel, un joven hijo de un humilde carpintero que destaca por sus habilidades intelectuales. En medio de la transición entre el Antiguo Régimen y la revolución, la historia muestra a un Sorel ansioso por ascender socialmente.

Eugenia Grandet, de Honorè Balzac: Eugenia Grandet es hija de un rijo inversionista. Su corazón pertenece a su primo Charles, pero dos familias de alcurnia se disputan la mano de la joven. Eugenia se rebela contra el dictamen social.

Madame Bovary, de Gustave Flaubert: Madame Bovary, de posición económica modesta, es una infatigable lectora. Deseosa de una vida cosmopolita y apasionada, como los personajes librescos, se casa con el médico Charles Bovary. Pronto, descubre que está condenada al mundo doméstico.

Oliver Twist; de Charles Dickens: Oliver Twist es un niño huérfano que se enfrenta a un mundo hostil. Oliver escapa a la ciudad de Londres, y allí conoce el submundo del hampa. El joven demostrará sus inconmovibles valores éticos.

Crimen y castigo, de Dostoyevski: Rodión Ramanovich Raskolnikov es un joven estudiante, perteneciente a una familia con escasos recursos. Para evitar que su hermana se case por dinero para ayudar, Rodión decide asesinar y robar a una vieja rica y despiadada. Pero todo se complica.

Guerra y paz, de León Tolstoi: la novela inicia en el contexto de la invasión napoleónica a Rusia. Se trata de una novela de dimensiones monumentales, en la que se registran las experiencias de varias familias nobles rusas a lo largo de medio siglo.

El jardín de los cerezos, de Antón Chejov: es una pieza de teatro que retrata a una familia aristocrática rusa arruinada. Deberán decidir entre rematar su hacienda o convertirla en un centro vacacional, lo que implica destruir el jardín de los cerezos, símbolo de la tradición familiar.

Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós: Doña Perfecta es viuda y madre de Rosario, decide casarla con su sobrino Pepe. Entre los jóvenes nace un natural afecto, pero Pepe, ingeniero citadino, choca con la intolerante Doña Perfecta y el cura del pueblo, vigilante de sus propios intereses.

El crimen del padre Amaro, de Eça de Queirós: Amaro es un joven sacerdote encomendado a una parroquia tradicional portuguesa. Amparado en el clericalismo de la aristocracia local, se entrega a sus pasiones y corrompe a Amelia, una joven devota e ilusa, arrastrada al sufrimiento.

Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain: el joven huérfano Tom Sawyer vive en un pueblo de Misisipi a cargo de su tía Polly. Tom choca con el orden establecido de los adultos. La experiencias que vive junto a su amigo Huckleberry Finn, lo llevarán a convertirse en un adulto.

Historia del realismo literario

El contexto histórico del realismo se sitúa a mediados del siglo XIX. Se caracterizó por una acelerada transformación como consecuencia del triunfo de la revolución industrial, la aparición del proletariado, la división de la burguesía, el desarrollo de la prensa y la concurrencia de nuevas teorías sociales e ideologías (nacionalismo, liberalismo, socialismo, positivismo, marxismo, etc.).

La aparición de la prensa en el siglo XIX, favorecida por la alfabetización de la sociedad, le dio a la novela realista amplia difusión. Divulgada inicialmente por capítulos, la novela realista encontró buena acogida, pues trataba los temas que preocupaban a los lectores (mayormente burgueses) y al periodismo.

Los primeros autores del realismo en formarse una reputación sólida fueron los franceses Henri Beyle –mejor conocido como Stendhal–, Honorè Balzac y Gustave Flaubert. La rápida internacionalización de la información que posibilitaba la prensa, favoreció la influencia de estos autores en el resto de Europa y en América.

Con el tiempo, el espíritu crítico del realismo puso en duda la objetividad del movimiento. Esto dio lugar a una nueva corriente llamada naturalismo. El naturalismo no significó el fin del realismo, sino que ambas corrientes convivieron.

La diferencia programática estaría en que le naturalismo se propondría retratar y mostrar la realidad circundante sin hacer juicio moral o ético sobre ella. Algunos de sus grandes exponentes fueron Émile Zola y Guy de Maupassant.

Fecha de actualización: 06/10/2020. Cómo citar: "Realismo literario". En: Significados.com. Disponible en: https://www.significados.com/realismo-literario/ Consultado: 26 de noviembre de 2020, 10:29