POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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jueves, 15 de junio de 2017

8 poemas sueltos de mi poemario: LÁGRIMAS EBRIAS DE MELACOLÍA. Ramón Palmeral, poeta de Piedrabuena










1.-LA LUZ ILUMINADA


Golpearé este folio de papel hasta que grite
y se convierta en juicioso instrumento entre árboles
como “profanadores de címbalos sagrados”
que me den olas cerca de este mar de Ulises.
Casi agotada las estancias,
                                    que antes eran sombras,
fueron: ¡Oh tú maldito olvido!
entre los grietas de mis anhelos destrozados,
derramados de mar,  espanto de tu fe,
no soy capaz de enderezar una solo idea
sin tu compañía diaria de aluminio.

Abre tu aliento con palabras escritas
en este mes de marzo guerrero enquistado:
         tras el cristal que llora
         tras el cristal que se dobla:
la ácida envidia malquerida me impide
tener palomas ligeras entre el nido de la ideas…
entre el útero bajo la sombra transparente.
El pábilo de la lámpara como la oscuridad
con una hebra de luz espléndida
                       por sí misma,
en mares despoblados de posidonia y algas
cuyos colores huelen a casas despobladas.

Se ve llegar la primavera con nuevos mástiles:
                               ebrios del viento entre gaviotas
como si la sal tomara cuerpo de guerrero troyano,
de senos endurecidos por la maldad.
Golpearé este papiro hasta que grite
y me suplique de rodillas sublimes que
                  –una vez más–
le escriba la epopeya de los que perdieron
todas las batallas que el amor de centauros
esperando sentados en la única roca del cosmos.
Golpearé mis nudillos llenos de rabia
porque tu coroza de mujer dura  como un
sótano de plomo me perdone,
y yo
          como mi yo, sin mi yo
                        destronado pudiera ver con
                        -tus ojos-
 la luz iluminada de mis errores.

Dejaré de besar tus pies lunados
sin sembrar yo mi semilla, semilla, semilla,
mil veces arrepentida
de los paisajes sin horizontes…
y la flecha de la acacias de tu piel
perforándome en la lluvia.

Me sé el lenguaje de las tormentas
el color invisible de tu llanto
el sabor de la música silenciosa
la sombra en el acto percibida.





2.- LÁGRIMAS EBRIAS DE MELANCOLÍA

Hay lágrimas que escapan de tu pena
Hay lágrimas que escapan de tu dolor
Hay lágrimas que escapan de tu llanto
Hay lágrimas como olas de espumas

Hay penas profundas como si tuvieran
un cuerpo y dos ojos con
unas alas para caminar

Hay penas que nunca terminan de tejer
su encaje de disgusto y lacerías

La vida se agota como las pilas
cuando la Parca asoma su cuello de jirafa

Veneno frío casi caliente llega a tu alma
ebria de melancolía como silbando
cuando la aurora deja su rastro de música

Las venas de tu cabeza se calientan
como una silla sobre tus pena sin límite
que esperan el amor de las tristes
agujas del consuelo largas cuales
rayos de sol en rodillas

Antes de que amanezca los muertos
no se quedan quietos y tocan la luz
de tus lágrimas que todas ya se han ido

Tienes dolor abisal en las profundidades
de ti misma sin localizar su nido de llanto
ya secas cuales bandera inmóviles

Tú sufres cuando gritan los cristales
de la noche eterna, pues rojo es el color
del viento
de ese viento de color miserable
por el que las lágrimas caminan de rodillas
a un ritmo de tristeza y un parpadear
de ojos que ya no te miran
Y si te quedara una lágrima más
evadida de la cárcel de tu corazón roto
cuando la olas del cielo se alinearan con la orilla
 tu llanto ¡todo! será una herida para siempre  









3.- LA FURIA

La furia –dentro de mí- se fue en tus ojos
en la rabia del perro del día 
                       y
más como telesillas sin nieve
se va mi corazón como una telecabina
       -tras de ti: lavandera del amor-
igual que la nieve de la curva de los montes
                       y
ahora ¿qué nos queda?
sino ese instante de fuego con nubes vacías.

Sedimentos del día
en el fondo de la noche de tiburones
que persiguen mis sueños
    -únicamente mis sueños-
esos traidores momentos del subconsciente
que son cosmos ardiendo en el
sabor del chiquero que escupe volcanes.

Y en el cielo se refleja el río
de la lava helada de recuerdos 
que como una vieja llave se fue
a las entrañas de tu corazón.

A las entraña de los sesos.
A las ricas rías gallegas.
de senos como vacas para ordeñar
tu silencio y tus desprecios: amor

Amor que subrayado está 
en la zona de la miel de otro
hombre con cara cubista
montes y casas deformadas:
       Si sabes que te quiero por qué abusas
 de mí como si yo fuera el último de la fila…
Tu boca se ha convertido no ya como:
          – “espadas como labios”–
sino como labios de cepos para cazar lobos
en la noche: esperanzas en la deriva.
Tus manos lanzan órdenes como armas,
tu palabras saltan, saltan y saltan…
piñas verdes me lanzas con furia
entre agujas caigas de las gárgolas
de los tempos fenicios.
Únicamente, furia de mujer, plata siempre
encendida navegando en la argenta nave, luna.





4.-TU CUERPO ENCARCELADO

                      A Miguel Hernández en 75º aniversario de su muerte

Tu cuerpo anillado  como el de un cimbel –palomo- cual señuelo a una vara, canta la canción del soldado miliciano:
         en las trincheras que ocultan los racimos de la enfadadas balas calientes,
             o caso
eres un joven que la atrajo con su urgente mirada tu perito en lunas.

Eres clamor de un lamento
 en la ausencia de un grito que es como un derecho entre las puertas apretadas
de cerrojos de oro, la uñas apretadas entre  las manos que no pueden escribir cartas a Josefina, tu musa en el paraíso de la miseria contenida de Cox.

Estás en el frío de la otra orilla
 de la Nada, con una sentencia a muerte injusta como injusto es el grito de los mulos cuando
 los capan: sangre convertida en la sombra salían de un destino: poeta de la vida, de la muerte y del amor.

Y como un fuego radioactivo del cosmos:
 la luz del día atormentado entra por el tragaluz como si fuera la matriz brillante de una ceniza caliente: furia.
Pides agua cuando la sed se ha convertido ya en la estéril majestad de una derrota extensa.
Y tú Miguel, una vez más convertido
en inagotable rayo que construye una alegría de la pena en blanco  iris    –insoportable llanto–
   

 convierte las duras piedras de los patios
 encarcelado, en una senda donde habita la esperanza de    nuestra liberación.
Y el cielo se va cegando, cegando, cegando,
“lunipoeta” de Orihuela, bajo el palmeral
y los conejos blancos empieza a volar
entre los mirtos amarillo del desenlace se ahoga.

Desde la enfermería
desde la herida
Barbero
sangrador
muerto
de rodillas.





5.- DORADA INGRAVIDEZ DEL TIEMPO


               A Manuel Molina en el I centenario de su nacimiento

Como “Hombres a la deriva” de un sueño imposible
de un navío que navegara lleno de las piedras,
de un navío cargado de esperanzas
con mástiles de versos vuelan como las hachas
veloces que los pinos derriban.

Tu amigo Miguel -guadaña 1942-
hacia las ocho orillas brillantes de las cuevas
donde habitan la almas de los ruiseñores
que cantaron sobre sus fusiles azules.
En un charco dormido como un sueño leve
siguen escribiendo las y canciones
                               que
se revuelcan en la tierra deshecha en surcos
dominados por un arado de plata hiriente
sin “espadas como labios” de tu amigo epistolar
Aleixandre, que se fue tras la sombra transparente
para dormir bajo el cetro de cal y piedra viva.

Tu centenario no parece desprenderse
de las alas marchitas. Los relojes se ajustan
a sus horas, minutos y segundo,
Caminas ligero entre el palmeral oriolano
con fiebre de los besos que son rojos
         como Domingos de Pasión
                             bajo:
          “El viento una llama enamorada”
que hasta el farragoso silencio del martirio
huyen  como una libre loca
      que se refugia en tu herida de poeta grande.
Y tú Manolo  recordarás al poeta enjaulado tras las rejas
           –la de la pantera Rilkeana–
 que la mirada torturada, apretado el corazón que galopa
en el anhelo por ser poeta del pueblo.
 Dolor sonoro de las olas en el estío
 del este mar de Ulises que nos ahoga entre las boyas
que flotan de un puerto amigo salvajemente
 olvidado en una bahía de Leuka.

Compras un salvoconducto de un argonauta
para el fin del mundo entre los sargazos y los atunes
dibujados en una crátera griega.
    “Me sé todo el lenguaje de los ángeles” hablo contigo
entre
 enturbiados  tracios y troyanos personaje:
                         de la tierra era en el surco de la vida.
camina sin descanso a hacia los 100 años,
 con magnolios temblando en el agua fría.




6.-BESOS Y LIRIOS
                                  A mi mujer Julia Hidalgo

Los lirios declaman su luz sobre la noche ausente en la arcilla de los seres
que se han fundido, que habitan en los clemencia
de nuestra locura amorosa.
Hermosa eres como líquido almibarado de tus besos que se cuelgan de  sauces en sauces en un jardín del paraíso primitivo,                                     y
como acogedoras manos con la temperatura
de la sangre amable me miras.

                         Se alejaron los navíos y las galeras a remo enardecidas por los mares del Ponto, de pétalos salados en corales blancos en la punta adormecida
del Cabo de Santa Pola flotante bajo un cielo cubierto de címbalos y lirios.
¿Sabes tú que eres?
serás siempre mi danzarina sevillana:
            de los sueños que tomaron el camino de aquellas palmeras que se convirtieron en vigilantes inmóviles  de nuestro aposento como protectoras águilas vegetales de los ogros,
que locas, de su vuelo sacuden a las parejas en un momentáneo olvido del universo vengativo cuando les robaron algunas viejas estrellas.
Tras la puerta sin discordia en el hogar, el pan siempre a cobijo, reluce
como la sonrisa  de un niño, de una niña.
El sol bajo la lluvia construye un nido
 de arco iris dobles o triples, mientras la
nube vengativa pone un Whasaps urgentes
al rayo para que no hiera
los bronces forjados de nuestros amores.


7.- GENIOS LATENTE EN LA HERIDA: LLUVIA

 Aladas rosas con plumas de besos,
sustantivadas en la cúpula palpitante de la dicha,
batiente como seno distantes…
todo era azul en mi juventud anidada
en la cálida hornacina interior del yo mismo.

Se fueron los años como genios latentes en la herida
plumaje o hueco sin luces en los hombros,
como la piel prominente que los tiñe de rojos
del sol cuando expira.
Las florestas de los jardines colgantes
se fueron de rodillas.

Llegaron, densamente culpados de una savia
con la temperatura de la muchacha desnuda
en la tierra optimista para el cultivo
de mi semilla, pujante, dura cual acero.
¿Acaso habitaba un misterio en mí?
¿Acaso habitaba un Apolo en mi reino?
¿Acaso eran placeres misteriosos?

Tus labios rojos quemaban como ascuas encendidas,
todo tu cáliz de mujer se me abrió caliente
sagradamente distante, inalcanzable, suspendido
mientras la gran rosa, piedra o flor: respira y
 se acumula sobre montañas despiertas
sobre toda el agua derramada del mar,
cálidas como cuerpos sudorosos de gozar las auroras.

La espuma volcó su lava de lirios en huida,
con la precipitación de la fuerza vital contenida.
Tú te reías con un gesto fresco del rocío:
              atravesada laguna de la noche.

Nosotros sueños  realizables de la vida: lluvia
presentinos el primer despertad de la pubertad: lluvia
como cubiertos bellas ninfas alocadas: lluvia.
Un muchacho
solo, cansado,
mientras la joven huía lozana por la arena
que cubre el mar cerca del malecón,
penetrando en el mar inundado
hacia las estrellas en el horizonte: lluvia.

Consumado el amor, la gran playa se abanicó
con rosas que parecían nardos sobre conchas de nácar;
sentí una vibración rozándome las alas
de este ángel al que pertenezco de virginal lluvia.
Ahora pecador cándido seré castigado y expulsado
del mágico lugar, espacio celestial, nubes redomadas
sin que mis ojos húmedos sean perdonados
y mi pelo rubio de querubín cortado
y puesto otra vez en la hornacina exterior de
la concatedral de San Nicolás de Bari.

El frío de la angustia deshizo mis cabellos
de piedra esculpida como un Banuls irritado
tan tuyo, tan nuestro, tan ciego astro cegador
desde los siglos imperdonables
desde mi mano pecadora
manejando el espejo
del que soy, eso…
un ángel de piedra enmudecido.






8.- ¿HACE FALTA LA LLUVIA?


Primavera, deberías llover
cuando el cielo promete descender con su beso,
para caer en las aceras, solo en la aceras,
no en la calles de nombres coyunturales,
caer hasta que el aire se haga musgo en los pechos
de las doncellas de bocas entreabiertas
bocas sensuales mordiendo manzana azules.

¿Acaso hace falta la lluvia de aguas frías?
¿Acaso hace falta la lluvia cuan te llamas Matilde?
Me llaman abril por no decirme mayo
de hojas limpias como cubiertos de hoteles
en la Costa Blanca.

Pero soy optimista con el gallo: amanecer
                Habrán cerrado las nubes incómodas sus senos
                de siempre, siempre, siempre.
¿Hace falta la lluvia cuando el torrente
no puede más con la tortura del agua
y se llevó a un coche con la familia dentro?
Siempre llueve
en domingo o en calles con  palmeras,
solamente con palmeras…
 como árboles ultrajados en su longitud
un río de cabellos mojados entre criaturas,
el gemido se ocultó tras la luz de una espuma
los frutos enmudecidos esperan agónicos
en las ramblas amargas del eterno invierno
la carne se hacen versos alejandrinos,
               quizás sea el eterno de lo divino
me oculto bajo las heridas cicatrizadas...

¿De verdad que hace falta la lluvia?
¿De verdad que hace falta elogiar a la gente?
¿De verdad crees que es necesario llegar a la hora en punto?

La lluvia siempre llega con sus novios de nubes
tijeras en mano,  para corta cortinas: cortas
con las que se hace un vestidos
secos de lágrimas hasta la llegada
del atrevido viento de rodillas.

 De verdad, ¿hace falta que llueva?