POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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martes, 17 de agosto de 2010

LA BAÑERA MÁGICA

LA BAÑERA MÁGICA



ESPECTATIVAS:

Cada mañana al levantarme aparecía el mismo problema de siempre: agua en el suelo de la bañera, en el comedor y en la biblioteca. Primero recogía el agua con la fregona, después me lavaba, me afeitaba y me iba al trabajo. Por las tardes venía mi amiga Julia a casa, leíamos, veíamos la televisión o charlábamos un rato sobre nuestros proyectos futuros. Cuando descubrimos lo que pasaba, lo vimos como lo más normal, incluso me preguntaba ¿Quiénes se bañaron anoche? Y yo le contestaba: pues Dikens, Cervantes, Muñoz Molina o Kafka...

Y así pasaban los días, cada mañana la misma faena, me tocaba limpiar con la fregona el agua del suelo, un agua enjabonada y resbalosa.

Una noche que no podía dormir por culpa del estómago, pesadez, me levanté para tomar bicarbonato y al pasar por el cuarto de aseo me encontré a un grupo de escritores del romanticismo en la bañera: Espronceda, Larra, Zorrilla y el Duque de Rivas, no me dieron ni las buenas noches, ellos a lo suyo, a bañarse. Luego me dormí y desperté, a las 8, una hora más tarde de lo normal, me había quedado dormido, llegaría tarde al trabajo y no limpié al agua de la bañera, como siempre, ni del comedor, ni la que inundaba la biblioteca.


Cuando por la tarde llegué del trabajo, Julia me echó la bronca.

- Tu sabes que esto no puede seguir así, esto es una locura. Además no limpias el agua y alguien se puede dar un resbalón.

- Tienes razón, hay que ser realistas, razonemos, pidamos consejo a un psiquiatra, porque esto es de psiquiatría, ¿digo yo, o no?

La casa se llenó de especialistas en parapsicología. Nadie entendía que mi bañera se hubiera convertido en unos baños termales para escritores. Pero no encontraron solución alguna al caso y todo siguió igual.



RESOLUCIÓN INESPERADA:

Julia volvió a la carga, lo que no puede ser -me regañó- es que cada noche los libros salgan de las estanterías, se bañen tranquilamente y al salir no se sequen, y mojados vuelvan a sus sitios. Lo normal es que cuando se bañen se sequen con la toalla. No pido más, esto es muy peligroso, un día me voy resbalar y me voy romper la espalda.



(Ramón Fernández Palmeral)