POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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martes, 16 de julio de 2013

“El cura verdugo de Ocaña”, de Miguel Hernández

15 enero 2009  El poeta Miguel Hernández, preso al final de la guerra civil, es trasladado al Penal de Ocaña en noviembre de 1940. Miguel Hernández daba clase a los reclusos analfabetos, y compuso este poema a hurtadillas de las autoridades carcelarias. En aquella prisión, proporcionaba consuelo espiritual a los condenados a muerte un cura especialmente sádico, conocido como el verdugo de Ocaña. Dicen de este piadoso cura que se reservaba el placer de dar el tiro de gracia a los fusilados (a veces los remataba a martillazos). El poeta muere de una tuberculosis en la enfermería de la prisión de Alicante el 28 de marzo de 1942, a los 31 años de edad.
Muy de mañana, aún de noche,
Antes de tocar diana,
Como presagio funesto
Cruzó el patio la sotana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Llegó al pabellón de celdas,
Allí oímos sus pisadas
Y los cerrojos lanzaron
Agudos gritos de alarma.
“¡Valor, hijos míos,
que así Dios lo manda!”
Cobarde y cínico al tiempo
Tras los civiles se guarda,
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Los civiles temblorosos
Les ataron por la espalda
Para no ver aquellos ojos
Que mordían, que abrasaban.
Camino de Yepes van,
Gigantes de un pueblo heroico,
Camino de Yepes van.

Su vida ofrendan a España,
Una canción en los labios
Con la que besan la Patria.
El cura marcha detrás,
Ensuciando la mañana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Diecisiete disparos
Taladraron la mañana
Y fueron en nuestros pechos
Otras tantas puñaladas.
Los pájaros lugareños
Que sus plumas alisaban,
Se escondieron en los nidos
Suspendiendo su alborada.
La Luna lo veía y se tapaba
Por no fijar su mirada
En el libro, en la cruz
Y en la “star” ya descargada.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Seleccionado y comentado por Manuel Saco