POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

lunes, 22 de julio de 2013

70 años de la muerte de Carlos Arniches. Nació en Alicante calle Golfín.


Carlos Arniches, dibujo retrato a lápiz de Palmeral, en homenaje a los 70 años de su muerte en 1943.

Hace 70 años que murió el comediógrafo Carlos Arniches.
Tuvo tres hijos Carlos y dos hijas Rosa y Pilar, la primera casa con José Bergamín, la segunda casado con Eduardo Ugarte (Fundador con García Lorca de  "La Barraca")




Carlos Arniches Barreda (Alicante, 11 de octubre de 1866 - Madrid, 16 de abril de 1943) fue comediógrafo español y yerno de José Bergamín, al que no hay que confundir con su hijo, el arquitecto del mismo nombre (véase Carlos Arniches Moltó).
Fecundo autor de sainetes y comedias, al que se recuerda sobre todo como pintor de los ambientes populares de Madrid, cuyo chulesco y castizo lenguaje supo recrear de forma inimitable, inspirándose en el género chico o zarzuela y en el teatro por horas del siglo XIX. Desde entonces, los peculiares personajes madrileños de su teatro son interpretados siempre hablando de una forma característica muy redicha y con la sílaba recortada, pese a que la intención del autor era caricaturizar ese madrileñismo de baja estofa que sin embargo tan bien supo destilar. Recogió algunos sus sainetes en Del Madrid castizo y creó un género cómico nuevo que denominó tragedia grotesca', donde expresaba sus inquietudes sociales y regeneracionistas; en palabras del mismo autor, aspiraba "a estimular las condiciones generosas del pueblo y hacerles odiosos los malos instintos, nada más". Destacan especialmente Es mi hombre (1921), sátira del machismo y La señorita de Trevélez (1916), donde se critica a la juventud burguesa, ociosa y desocupada, que con sus crueles bromas no toma en consideración los sentimientos de los demás .
Entre otras obras del autor cabe mencionar Casa editorial (1888, su primera obra), Los aparecidos (1892), El cabo primero (1895), El santo de la Isidra (1898), Doloretes (1901), El puñao de rosas (1902), El pobre Valbuena (1904), Alma de Dios (1908), Mi papá (1910), La primera conquista (1910), Genio y figura (1910), El amo de la calle (1910), Gente menuda (1911), La casa de Quirós (1915), Serafín, el pinturero (1916), La venganza de la Petra (1917), Que viene mi marido (1918), Los caciques (1920), No te ofendas, Beatriz (1920), La chica del gato (1921), Don Quintín, el amargao (1924), El último mono (1926), El señor Adrián, el primo (1927), El solar de Mediacapa (1928), Para ti es el mundo (1929), El señor Badanas (1930), La diosa ríe (1931), Yo quiero (1936), El Padre Pitillo (1937), El tío Miserias (1940) y su última obra Don Verdades (1944).
Arniches dominaba la técnica teatral y los recursos cómicos de la acción y sus comedias son ágiles y entretenidas; sabía bien cómo mezclar la tragedia y lo jocoso y cómo sacar partido de cualquier situación dramática, no sólo por su vis cómica y por su magistral uso del lenguaje, aunque se le reprocha que triture la gramática y el vocabulario y su abuso de los ambientes vulgares. Colaboró también como libretista de zarzuelas para los maestros Ruperto Chapí, Federico Chueca y José Serrano (El trust de los tenorios, 1910 y El amigo Melquiades, 1914).

Filmografía parcial


La muerte de Arniches  (Por Vincente Ramos)


Con el fallecimiento, en Méjico, de su hija Rosario, casada con José Bergamín [poeta de la generación del 27], ocurrido el 22 de febrero de 1943, se quiebra mortalmente la existencia del insigne comediógrafo alicantino. La ausencia, primero, tan dilatada; la trágica noticia, después, hirieron hasta lo más profundo el corazón dolorido del padre amantísimo, del hombre que vivía casi totalmente entregado al cariño de sus hijos [Bergamín no le dijo a su suegro que Rosita había muerto]. 
Evocando aquellos días amargos y la nobilísima figura del padre, su hija Pilar, hoy, señora viuda de Ugarte, me escribe lo que sigue: «Este dolor fue, sin duda alguna, el que le provocó la muerte. Mi padre solía decir siempre: "Yo sería capaz de soportar todo en la vida la ingratitud, el desengaño, los ataques de la opinión pública, la calumnia, todo. Todo menos la muerte de un hijo mío". Y así fue. Mi padre, fiel a los sentimientos de su alma, perdió la vida por el dolor de la vida truncada de s u primera hija muerta».

Aquel infinito y radical dolor de toda su vida de padre se refleja con patética evidencia en la carta que, con fecha 27 de marzo, escribió a su hija Pilar, y cuyo texto dice así:

«Adorada hija Pilar (ya supondrás este singular, con qué desgarradora tristeza lo escribo) : El día que recibimos -a la una de la madrugada- el primer radio de Eduardo, avance fatídico de una catástrofe inevitable, se nos desgarró el alma. Luego, el otro radio; luego, a nuestras preguntas, el silencio, y, por fin, un radio de Santiago de Chile de Juan Ignacio Luca de Tena, dándonos el pésame. Esto fue todo. Desde ese día, vivimos porque Dios quiere. Ni hay para nosotros consuelo ni resignación; hay esa conformidad cristiana, que es la única reacción ante lo inevitable. Y, luego, este laconismo de los radios y el silencio de la enorme distancia, agravado por la anormalidad de los correos. Aún no sabemos qué día murió nuestra hijita inolvidable, ¡ni cómo ni cuáles fueron sus sufrimientos! Todo son conjeturas tan amargas como pueda ser la realidad misma. Suponemos tu enorme sufrimiento, la desolación de todos, de la tía Mercedes, de los niños, de Pepe, de Eduardo... Os hemos acompañado en todas las horas de nuestro vivido dolor con una pena y una amargura imponderable. Nos conocéis, ¿qué deciros? Mamá y yo y los hermanos sufrimos la crueldad de esta ausencia impensada y trágica.

Soneto de José María Peman a Arniches
De su nacimiento


    Llegaste de Alicante, de aquel fino


cielo de claridad, honda y entera,


donde dibuja, en alto, la palmera


un arrobado gesto palestino.



   También del Norte, don Miguel nos vino,


y, de Monóvar, Azorín. La austera


verdad de esta Castilla, prisionera.


Se abrió siempre esa flor al peregrino.



   Así es España: un corazón alzado,


requebrado de gentes levantinas


y de gentes norteñas requebrado.


¡Oh, las leves y ocultas gracias finas


de este Madrid, cercado y cortejado


de naranjas, de rosas y salinas!