POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

jueves, 30 de marzo de 2017

Poemas de Ramón Palmeral dedicados a Miguel Hernández












                 1.-   Lágrimas por Miguel Hernández


                                 I
Hoy visito tu tumba en el alicantino cementerio,
heladas piedras recuerdan que aquí yace tú cuerpo,
segué los cardos silvestre, los matojos secos y
               los jazmines negros
           tomé tus manos frías y las puse en mi pecho
          y supe que no estabas muerto.

¡Qué tiempos aquellos del 31, de Orihuela partiendo
a Madrid en tren viejos!, dejaste
a tu compañero del alma Ramón Sijé.
Conoces a otros nuevos amigos:
a Pablo Neruda,  Aleixandre, a Federico,
a Alberti y a los gongorinos del 27.
De Madrid a la guerra y en Huelva preso.

Aguardaste Miguel, con inútil ansiedad la libertad,
y mientras esperaba en las cárceles oscuras
jugabas con su lápiz de bambú
y su cuadernito nuevo,
     cartas a Josefina y a tu hijo pequeño
     patios y pasillos de juramento
     letrinas sucias y pestilentes,
     lóbregas enfermerías
     y amigos con sus lamentos,
     no te pudieron cerrar los ojos,
     un día de frío invierno.  

       
                               II
Que sola se quedó la luna
sin su perito-arquitecto
agrimensor de higueras
cabrero de firmamentos.
Un rayo se volvió loco y no cesaba de gritar
Un rayo  partió la luna.
                       Un rayo partió sus cuernos.
Un rayo de desconsuelo.
Un rayo loco no cesa de llorar.
Un rayo de luna nueva.
Un rayo de luna tuerta.
                       Un rayo de luna afligida
                       Un rayo de luna herida.
                       Un rayo de luna muerta.
Qué triste se quedó la luna
tras Miguel se fue gimiendo
lloraba de desconsuelo
con los angelitos del cielo.
Se murió la luna de pena,
triste y menguando lento
camino de un corral que el Orihuela
                                      le abrieron.

                                 III
¡Qué desmedida amargura!
           el Segura se quedó seco
¡Qué inmenso desconsuelo!
            sin riveras de verdes versos
¡Qué dilatada aflicción!
          piedras amarradas al suelo
¡Qué vigoroso sufrimiento!
           máquina de hilar sueños
¡Qué intensa repugnancia!
         esclavos de la tierra sin aliento        
¡Qué aumentada tristeza!
          forja caliente de sentimientos
¡Qué descomunal requemor!
       y santo Domingo se quedó huérfano.

            

                       IV
Hoy visito tu tumba en el alicantino cementerio
heladas piedras recuerdan que aquí yace tu cuerpo
segué la hierbas amargas y recé un padrenuestro,
qué pena más grande tengo,
qué pena más triste en el alma llevo,
ríos de lágrimas derramo por ti y un lamento
qué dolor tan intenso, qué sufrimiento....

                        Alicante, 30 de Octubre 2003






         2.-  Al alba murió Miguel Hernández

Al alba murió Miguel Hernández.
A las cinco y media al alba.
Eran las cinco y media en punto al alba.
Un guardián trajo la blanca sábana,
cubrieron su cuerpo y su cara, pero no le pudieron,
a la cinco y media al alba, cerrar las gemas de sus ojos,
sus ojos de violetas encendidas, sus marrones ojos,
azules soles llenos de Miguel.
A las cinco y media al alba.
Un río rompió sus amarras.
Un mar se desbordó de llanto.
Un alma subió como un rayo.
Un cuchillo salió volando.
Un perito en lunas sembró su llanto.
Un hombre entero echó a correr.
A las cinco y media al alba.
¿Qué nos queda de aquel Miguel que como un
poeta soñador partió en el 31 para Madrid?
¿Qué nos queda de su auto sacramental,
de su teatro de guerra o de su cancionero de ausencias?
¿Qué nos queda de sus camaradas en las trincheras
en Madrid, en Andalucía, en Extremadura o en Teruel?
¿Qué fue del niño yuntero…?
¿Qué ha sido de aquellos aceituneros altivos?
¿Qué ha sido de los dramaturgos combativos?
¿Qué ha sido de nosotros, pobres poetas, sin ti...?
A las cinco y media al alba...,
la luna se quedó huérfana en el Reformatorio de Adultos de Alicante
y sola se fue llorando tras dos caballos de muerte.
Y no le pudieron cerrar los ojos..., no, no se los pudieron cerrar.
Llenos estaban de libertad, de un vacío de lágrima
ya sin fuego, ya sin el hogar, hartos de martillar en la vida.
A las cinco y media al alba. A las cinco y media en punto.

(Recitado el día 28 de marzo de 2007 en la Sede de la Universidad de Alicante,
y en el Patronato Municipal de Cultura de Alicante el 11 de junio Poetas del Mundo)





   3.- Quiero empuñar el alma cuando canto

                       A Miguel Hernández en el I Centenario de su nacimiento

 Miguel,  siento tus poemas de lucha,
de compromiso, los comparo con los míos
y siento amarga vergüenza
 ¿cómo digo yo que soy poeta?
 ¿cómo digo yo que escribo versos?
Quiero como tú empuñar el alma cuando canto,
Traspasar las fronteras del más allá,
 alcanzar la  emoción vital a través de las palabras.

Versos como armas de lucha, como  fusiles de palabras,
ser vocero de la injusticia, auriga de las libertades,
fustigador del opresor, reivindicador de los jornaleros
 del proletario sometidos al sueldo de la esclavitud.

De ti he aprendido: el poeta no solo es testigo de sí mismo,
sino secretario de su tiempo.
De ti he aprendido: el poeta es viento del pueblo.

España sufre una herida que no se cierra.
Ayudar a España supone ayudarnos a nosotros mismos.
Nos fustigan con ruina los poderosos y
su largo látigo invisible se hace sentir en nuestras espaldas.
Confiábamos en los que prometieron defender
siempre nuestros derechos
ahora, ya, en estos tiempos delincuentes
 han vendido al único hijo que tenían: la razón.

Tu Viento del pueblo releo con los dientes
esa cántico salomónico de la verdad
a la espalda de  los milicianos
en mochilas llenas de disparos
llenos de balas sin esperanzas, fuego cruzado entre hermanos
almas  heridas en la misma sangre.

Ahora, cuando la crisis canta sobre los más débiles,
los tiburones con sus guadañas de aletas torpedean
la esperanza, la fe en el trabajo, pero aquí tenéis mi
 sangre de pensionistas, para que os enceléis en la herida.

Se pedieron mis sueños, ¡he perdido mis sueños!
¿adónde están mis sueños?
¿Quién me ha robado mis sueños?
¿Quién trae la sombra sobre mis hijos?
ilusiones
mundos sin guerras
de nada sirvió tu muerte
desilusión
mejor amar la locura

Camino en la oscuridad sin olvidar mi honda pena
soñé en un mundo más social y solidarios,
perdí mi sueño, me queda la memoria amarga
de confusiones y largos elipsis de los poetas.

Yo, como tú, oriolano universal,
quiero empuñar el alma cuando canto.
¿Y qué consigo, solo arena, lágrimas, esperanzas marchitas?
Quiero y no puedo, no tengo sueños.
Quizás me falte valor, quizás solo soy…
eso… una raya trazada por el ala de un pájaro al rozar
la superficie plana por un estanque.

La nada…
el fondo de un vaso
gaviota herida por el anzuelo
azul
tardes con crepúsculos
azucenas rojas
y cuerpos, lamentable cuerpo nada más.

Llega la luna creciente de los poetas de guerra,
el ruiseñor canta sobre los fusiles
las palabras se vuelvan agudas hoces
de afiladas botellas rotas.

Una vez más la bota de Napoleón, de Mussoline
han vuelto a pisar nuestra España de trigales verdes,
de sudor y de jornaleros altivos, de aceituneros,
soleados páramos de hoces, martillos y horcas.

Nuestro enemigo son los tiburones o inversores mundiales.
Unos enemigos ocultos tras los escudos de los ordenadores.
Nos han invadido los griegos y troyanos con sus virus.
Sus diminutas armas nos ha lacerado.
A merced vivimos de una puñalada diaria.


                            Alicante, junio de 2010