POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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La mayor satifacción que tengo al escribir es saber que alguien me lea cuando yo esté muerto.

lunes, 13 de febrero de 2017

"Uno" poema de Carlos Alcorta de su poemario "De Sutura". Un poeta mediocre.




Autor: Carlos Alcorta Cayón (Torrelavega, Cantabria, 1959)


Libro "De Sutura" (Madrid, Hiperión, 2007)

UNO

                         Cada acción conlleva una responsabilidad.
                                                                  SLAVOJ  ZIZEK

Sobre la alfombra que decora el suelo
enlosado se elevan altas dunas
que el sol poniente vuelve anaranjadas,
crecen profundas sombras que convierten,
a vista de pájaro, el arenal
desierto, en piel de tigre desteñida
surcada por errantes
manadas de bisontes, sanguinarios
felinos que la sed ha vuelto dóciles,
exhaustos paquidermos que la mano
del niño inmoviliza
o desplaza al compás que su albedrío
le dicta.

Sí, procede con frecuencia
como un voluble dios que juguetea
con el destino de los seres vivos.
 Sin saber, con intuir los siente suyos,
porque aún no es consciente
del alcance que entrañan sus acciones
 y no entiende las leyes naturales
 que gobiernan el mundo,
pero la práctica indiscriminada
del soborno o la angustia del castigo
 mitigan su dominio, la aparente
aflicción que muestra ante los accesos
 de violencia infundada.

Acaso su franca temeridad,
 su falta de experiencia determinan
 las proporciones incorrectas de hombres
 y animales, la desafortunada
orientación con que una blanda luz
artificial señala el camino de vuelta
 hacia la negra paz del envoltorio.

Quienes permanecen a la intemperie,
 esas desorientadas muchedumbres
 de plástico que esperan cerca de los motores
inservibles que el cielo
 vierta sobre sus rostros
 secos la miel mirífica del aire
 de marzo, restablecen la secreta
 correspondencia con la realidad,
 responden a las formas que los sueños
 multiplican y su presencia, rota
 la inmaculada red de la virtud,
consuma el triunfo de lo imaginario.

Quien aprende a mirar, aprende a ser.

 (pps 244-245. del libro "Voces de Cantabria" de Luis Arberto Salcines). pdf

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COMENTARIO crítico del Ramón Fernández Palmeral (poeta y escritor). En preparación:

"EL COLUMNISMO"



   El poema “UNO” del poeta cántabro Carlos Alcorta que he encontrado en la red en PDF, me ha decepcionado en la medida de que es un poema facilón del llamado “Columnismo” que se está convertido en una plaga entre los poetas contemporáneos, consiste es escribir un texto en prosa y luego se pasa a la barra de herramientas y se le pasa a una columna, y luego se le hacen unos ajuste. Para verlo mejor el artificio lo he pasado a prosa y vemos el truco, recompuesto. Este sistema  convierte convierte al poema  en un seudo-poema, que tiene simplemente forma de versos.  Es concretamente en el poema “UNO”, habría que examinar con detenimiento los otros poemas del poemario, o de otros libros, que se hará debidamente.
    Como se puede observar el texto se inicia en un escenario de dunas, hombre y animales entre ellos un tigre ente manadas de bisontes, pero el resto se convierte en una especie de escritura automática que no nos dice nada en concreto, porque después aparecen los plásticos y motores que no sabemos de dónde han salido.
   Siento tener decir esto, pero estoy en mi libertad de expresión, y digo esto en bien de la poesía, Una vez  Ortega y Gasset dijo de los jóvenes creadores españoles en El Espectador, sobre  "los poetas que salivan su poemilla". Es conveniente rectificar para no convertirse en un poeta mediocre.

Ramón Fernández Palmeral
(Poeta y escritor)
14 de febrero 2017




 ..............Poema UNO, pasado a texto para verlo mejor. Ustedes juzgarán...........................



   Sobre la alfombra que decora el suelo enlosado se elevan altas dunas que el sol poniente vuelve anaranjadas, crecen profundas sombras que convierten, a vista de pájaro, el arenal desierto, en piel de tigre desteñida surcada por errantes manadas de bisontes,  sanguinarios felinos que la sed ha vuelto dóciles, exhaustos paquidermos que la mano del niño inmoviliza o desplaza al compás que su albedrío le dicta.
   Sí, procede con frecuencia como un voluble dios que juguetea con el destino de los seres vivos.  Sin saber, con intuir los siente suyos, porque aún no es consciente del alcance que entrañan sus acciones  y no entiende las leyes naturales  que gobiernan el mundo, pero la práctica indiscriminada del soborno o la angustia del castigo  mitigan su dominio, la aparente aflicción que muestra ante los accesos  de violencia infundada.
    Acaso su franca temeridad,  su falta de experiencia determinan  las proporciones  incorrectas de hombres  y animales, la desafortunada orientación con que una blanda luz artificial señala el camino de vuelta  hacia la negra paz del envoltorio. Quienes  permanecen a la intemperie,  esas desorientadas muchedumbres  de plástico que esperan cerca de los motores inservibles que el cielo  vierta sobre sus rostros  secos la miel mirífica del aire  de marzo, restablecen la secreta  correspondencia con la realidad,  responden a las formas que los sueños  multiplican y su presencia, rota  la inmaculada red de la virtud, consuma el triunfo de lo imaginario.
Quien aprende a mirar, aprende a ser.