POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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jueves, 13 de diciembre de 2012

Centenario de la visita del poeta checo Rainer María Rilke en España en 1912



 (Rainier María Rilke en Roda (Málaga, diciembre de 1912). Escribió en alemán. Celebramos el Centenario de su viaje, estuvo en Toledo, Córdoba, Sevilla y Ronda, otoño de 1912, hace ya cien año.  Estuvo en España desde primeros de noviembre de 1012 hasta mediados de febrero de 1913.

A la estancia de Rilke en España (invierno de 1912) le dedica Antonio Pau uno de los capítulos de su libro:

La vida de Rainer Maria Rilke. La belleza y el espanto.

Es el más extenso del libro, analizan muy bien las distintas claves de este viaje que había nacido de una “llamada” del más allá que había tenido en Duino. Los ángeles, que ya se habían manifestado en el arranque de la primera de las elegías, regresarán para ir trasladándole a una realidad más trascendente. Ya en Toledo, se encontrará caminando por la Calle del ángel y, en concreto, los ángeles de El Greco adquirirán para él tintes de realidad. Unos días antes, en el Museo del Prado, esos mismos ángeles le revelan que la sangre puede llegar a ser “música”. Pero será sobre todo el torturado paisaje de los alrededores de Toledo -también revelado a través de otro cuadro de nuestro pintor- el que desencadenará nuevos poemas; nada menos que la sexta de las elegías, la cual brotó de la contemplación de una higuera de aquellos campos (“perfecto secreto” fruto de la “labor más dulce”).

Bajo aquellos cielos se le revela en suma “lo invisible”, que es aquello en lo que reconocemos “el más alto grado de la realidad”. Otros lugares, como la ciudad de Ronda, serán manifestación de símbolos humildes -un pastor de resonancias leopardianas, la raíz-, que le llevarán a los poemas de la Trilogía española. Pero sobre todo en Toledo fue testigo, desde el puente de San Martín, de la caída de aquella estrella que fundió para él, de manera ideal, la realidad exterior y la interior. Unos años después, esa presencia celeste volverá a su memoria obsesivamente -como volvería el caballo desbocado que un día vio avanzar por la estepa rusa- para fijarse en nuevos versos: “Oh estrella precipitada en el abismo,/que una vez vi desde un puente:/ no he de olvidarte nunca.” No sabemos muy bien qué es lo que pasó por su ánimo al visitar las ciudades de Córdoba y Sevilla, porque no sintonizó con ellas. ¿Acaso le faltó en ellas la perspectiva celeste, el vuelo que a la mirada le ofrecieron las otras? 


Antonio COLINAS | Publicado el 26/07/2007 (Comentario del libro de Antonio Pau, vale 35 €)


En Ronda (Málaga), se alojó en el Hotel Reina Victoria, y es cribió una carta a su querida Lou Andreas Salomé, fechada el 19 de diciembre 2012 :


Por fin, de la perplejidad, del instinto, y de una inclinación arrastrada durante años,  surgió la decisión de este viaje por España, en realidad sólo para una estancia en Toledo, y llegando allí, al lugar aguardado tan infinitamente de veras, y, sin embargo, puesto mucho más allá de toda excepción, hasta dejar sin aliento, casi me creí arrancado del aturdimiento, y en marcha hacia una mayor participación; en lo que existe definitivamente; no hay palabras con pudiera decirte cómo se me presentó delante, por encima de todo, esta ciudad, en medio de su paisaje desencadenado; absolutamente inmediato, lo que un momento antes todo no hubiera sido soportable, castigando y alentando a la vez, como Moisés cuando bajó de la montaña con cuernos de luz; y, sin embargo, a su vez, poco a poco, recordando todo lo que alguna vez hubiera sido en mi vida necesario, fuerte, puro y de fiar, Pero ya en esto (estuve allí cuatro semanas), en no haberme quedado, en que el frío, y mis antiguos dolores, la opresión de la sangre en la frente y los ojos, en que estas y otras molestias hayan surgido, al lado de una presencia tan grande y tan elocuente en mí, ocupándome mucho y distrayéndome, puedes ver que lo que estaba destinado quizás a realizar la nouvelle opération, no lo conservé; salí hacia el Sur, me quedé pasmado en Córdoba, tuve tiempo de ver que Sevilla no es nada para mí, y algo me atrajo a Ronda; y aquí estoy, y en este lugar inaudito aguardado, ante todo, una mejor situación de mi sangre, con el influjo del puro aire de altura, que, desde las montañas en círculo, se mete en la ciudad, elevada abruptamente por su parte.
 Al despertar por las mañanas aparece ante mi ventana abierta la montaña tranquila, tendida en el espacio puro. ¿Cómo me las arreglo para que esto no me conmueva lo más mínimo? Hace cuatro o cinco años nada más, un amanecer, durante la travesía de Capri en dirección a Nápoles, era capaz de transformarme de arriba abajo en puro gozo, en un gozo completamente nuevo, nunca antes experimentado, un gozo que brotaba de mí y llegaba a todos los seres como el hallazgo de una fuente...



Traducción de José María Valverde.


(Lou Andreas Salomé)

  Enamorado de esta tierra, atraído por el clima y por su mágica situación, Ronda le inspiró para escribir "Epistolario Español", donde dice:
“... el incomparable fenómeno de esta ciudad, asentada sobre la mole de dos rocas cortadas a pico y separadas por el tajo estrecho y profundo del río, se correspondería muy bien con la imagen de aquella otra ciudad revelada en sueños.
El espectáculo de esta ciudad es indescriptible, y a su alrededor, un espacioso valle con parcelas de cultivo, encinas y olivares.
Y allá al fondo, como si hubiera recobrado todas sus fuerzas, se alza de nuevo la pura montaña, sierra tras sierra, hasta formar la más espléndida lejanía.”
"...por eso fue un maravilloso acierto haber dado con Ronda, en la cual se resumen todas las cosas que yo he deseado: una ciudad española atalayada de un modo fantástico y grandioso..." 


RONDA CONMEMORA EL CENTENARIO DE RILKE.  Sur. es 

Estando en Toledo presencio la caída de un meteorito.

 «Es en Toledo –escribió Rilke- donde puede aprender la realidad de los ángeles. Porque no hay nada como Toledo —si uno se abandona a su influjo— que dé una imagen tan elevada de lo suprasensible; las cosas tienen allí una intensidad que no es común, y que no es visible a diario: la intensidad de una aparición».