POESIA PALMERIANA

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lunes, 17 de julio de 2017

LA FÁBULA DEL PASTOR Y EL ZORRO (poema en verso)




                                 (Monaterio de la Fuensanta. La Roda (Albacete)



LA FÁBULA  DEL PASTOR Y EL ZORRO
 Por Ramón Palmeral

Hacía una tarde-noche gris, monótona, caía una lluvia fina, delgada y vaporosa sobre la llanura inmensa de un día de finales de la primavera. Los zarcillos de las parras se enroscaban y reptaban por  las rocas húmedas. Las uvas aún menudas como esferas verdes cinabrio se acurrucaban bajo los pámpanos.

 Un pastor con una puntilla de ovejas, sacó de su vianda las sobras del gazpacho con tortas cenceñas y un palomino de añadidura que del medio día le había sobrado.

  A lo lejos, en el inmenso llano albaceteño, dos diminutas luces brillantes se movían, eran los ojos de una zorro escuálido y hambriento que se acercaba al olor de la vianda del pastor. La menuda lluvia abatía la tierra con un bochorno parecido al abrazo de una zamarra y unas polainas de pieles sin curtir.

  El zorro listo y sigiloso se acercó al zagal quien para asustarlo y alejarlo dio un sonoro golpe con el cayado sobre un canto de piedra. El zorro, lejos de huir se acercó con el rabo entre las patas, cabeza baja y con los ojos cerrados, y le propuso un trato:
   «Si me das un poco de gazpacho para mi crías te contaré un gran secreto».

El pastor pensó, «cómo es posible que un zorro hable, ¡yo debo estar delirando!». Pero el zorro continuó con su disertación: «hay un potente luz extraña cerca de una fuente…» Esto de la luz llamó la atención del zagal, que le dijo el zorro que le llevara hasta esa luminosidad.

    El pastor dejó su rebaño y siguió al zorro como media legua de distancia, a lo lejos se veía un gran y extraño resplandor, sintió miedo, pero no se podía volver porque era como abducido por una fuerza potente. Cuando se aproximó, vio a unos diez pasos de distancia, sobre una hinchada roca
a modo de altar,  la imagen brillante de una mujer joven rodeada como por una aura de fuego.
    –¿Quién soy vos Señora?
    –Soy la Virgen de los Remedios y quiero que me hagas aquí un templo
    El pastor se postró de rodillas cabizbajo sin poder siquiera mover un músculo.
    –Sí Señora, pero yo solo soy un pobre pastor de La Robda (La Roda)
    –¿Acaso hijo mío, no crees en los milagros? Y la luz que envolvía a la Virgen desapareció de inmediato.
    El pastor apesadumbrado le dio mil veces gracias al zorro por haberlo llegado hasta allí le dio todo el gazpacho manchego que le quedaba. Pero más que un zorro creo que eres un ángel peludo que me ha enviado Dios. «Ciertamente no soy un zorro, sino una zorra madre de tres cachorros que tengo que alimentar.

Fuensanta 1482