POESIA PALMERIANA

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España). Publicamos gratis portadas de los libros que nos envían. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
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viernes, 6 de junio de 2014

Lo que el poeta José Hierro le dijo al Principe Felipe en 1981

Cuando el poeta José Hierro acababa de recibir el premio Príncipe de Asturias de Literatura el 3 de octubre de 1981 y era la primera convocatoria de estos galardones que llevan el nombre del título del heredero que ahora va a ser Rey. A Hierro le correspondió hablar en nombre de los premiados.


El autor de Cuaderno de Nueva York, que había sufrido cárcel en el franquismo y que condujo toda su vida una existencia espartana y comprometida, sintió que era momento para explicarle al príncipe una lección de convivencia democrática y de respeto a la cultura en un país que había sufrido la dictadura. Le dijo: “No soy tan impertinente --ni tan sabio-- como para permitirme dar lecciones. Quiero nada más llamar la atención sobre un acto que, tal vez, cuando sea un descendiente vuestro quien ostente el título de Príncipe de Asturias, quede desvaído en vuestra memoria. Este acto es significativo porque supone un reconocimiento de algo que no siempre los gobiernos toman en cuenta: los valores de la cultura. Las dictaduras”, prosiguió el poeta, “ponen la cultura –una sola, la suya—al servicio de su política. Las democracias se ponen al servicio de la cultura, la aceptan como es. En el fondo es una tarea inteligentemente política. Porque de la misma manera que constituía una torpeza la pregunta de Stalin refiriéndose al Papa, ¿Con cuántas divisiones cuenta?, resulta poco inteligente preguntarse con cuántas divisiones cuenta un investigador, un músico, un poeta”.
El poeta, por ejemplo, parece un adorno del “pináculo de un edificio”, añadió Hierro. “Pero ese objeto considerado poco menos que objeto decorativo, y al que se rompe y arroja al vuelo despiadadamente, puede causar enormes daños en su caída. Pongamos un nombre a esa voluta –Federico García Lorca—y sabremos, desde el punto de vista público, el daño que hizo al ser derribado”.

Diario "El País", 6 de junio 2014