POESIA PALMERIANA

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lunes, 1 de octubre de 2012

Poema de Jesús Poveda publicado en 1940



“…Y sé yo bien que muero
Por sólo Aquello que morir espero”
GARCIALSO

No hay pedazo da mundo que no habites.
      La sombra de mi interno eres presente,
oh materia de la sangre y del ocio,
 sementera de la nada y la tierra, 
apropiado lugar para lo hombres

a donde van con crucen infinitas.


    No hay pedazo de pan que no haya visto


    sobre unas cíanos o mesas de tristeza,
    sobre una boca larga sin lengua y sin aliento.

Asi eres tu cuando no duermes sola.
del fondo del suspiro
del ancho fondo, al labio,
con suprema expresión
de tu saliva oculta,
vas llegando a los días y a las noches,
vas llegando a los polos,
al norte y sur de la creación del mundo.


Acállate en la guerra,
acállate en tu nombre,
que no pronuncien labios tu presencia
ni en los pechos se ahonde la desgracia.
te lloran sumergido lagrimales,
emergidas ojeras.


La forja de los hombres la detienes
estrangulando las venas y las rosas,
los metales preciosos,
la panoja y la avena,
los pelo que no se crispan con los trigos
cuando en verano duerme
una siesta de sol a sol sin amo.

Por qué ha de ser la muerte
 precisamente el tiempo
donde la vida toa se cosecha?

Los hombres no se explican
no se explican en fin de su principio.
Y vienen los poetas,
los hombres que al hablar se arrancan venas,
a descifrar el eco
y el porqué de las voces que retumban.

La soledad suprema
tiene la sempiterna el esqueleto,
la pura realidad de lo que existe
sin sastre ni figura.

No me explico la lluvia ni el rocío
ni el porqué tantos mares se convocan
cuando viene el final de cada vida.

Y si el hombre aún no sabe
el porque de las cosas que pronuncia,
por qué la dice en vano,
con la misma torpeza que los mares,
que quieren tercamente
salirse con sus aguas de la tierra?

Espero la presencia de los llantos,
llegar hasta el aliento,
hasta el umbrosos mensaje del alma.
hasta el diente futuro de la tierra.

Espero sobre todo el desenlace,
la presencia segura de los gritos,
de estas que no surjan en el alma
cuando la muerte venga
con cara indiferente.

Jesus Poveda, 1940. “Sobre la misma tierra”


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