POESIA PALMERIANA

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viernes, 11 de septiembre de 2015

Juan Antonio Urbano publica “Las palabras rompen los silencios”, Diario la Verdad

Felicitamos a Juan Antonio Urbano por su publicación “Las palabras rompen los silencios”, el domingo, 6 de septiembre. "La Voz de Espejo"



LAS PALABRAS ROMPEN LOS SILENCIOS
Las flechas de los abecedarios cruzan los cielos. Van abriendo caminos a las palabras que rompen los silencios. Esos silencios dormidos por las poderosas estructuras del dominio con las que los fuertes acallaron los ánimos inertes de los “hijos del hambre”, estructuras que surcaron los tiempos de la historia atándoles con férreos vínculos a sus señores a quienes pertenecían.
Las condiciones de dominio siempre fueros atroces. Los bosques arrodillados rendían pleitesía entregando sumisos  a condes… y barones toda la vida natural que ellos poseían. Y todo eso bajo una oscura atmósfera que chirriaba por no poder repartir aire fresco a la ingente multitud que tenía la entrada prohibida.
Los “hijos de la tierra”, entre las cosechas doradas, de sudor desmedido y exceso de dolor y sacrificio, morían. Y durante el período que la existencia regalaba a sus vidas, moraban encadenados al destino que unas mentes sutiles habían forjado en su propio beneficio, indicando con quién estaba Dios y, con quién, el alma esclava y desheredada de la tierra.
Pero las flechas de los abecedarios cruzan los cielos y van abriendo caminos a las palabras que rompen los silencios de las épocas. Aunque siempre surgen los “señores” que buscan esas flechas para romperlas por miedo a que las ideas que transportan diluyan su grande y poderoso estatus que se otorgaron a través de  la historia ellos mismos, “hijos de la avaricia ciega”.
Los señores feudales de nuestra época tienen nombre, “santo y seña”. Son los dandis del feroz capital que asfixia en los bosques de la miseria bajo una oscura atmósfera que chirría por no poder repartir aire fresco a toda la tierra, a todos los estratos de la sociedad permitiendo que la dignidad de los “hijos de la tierra”, entre las doradas ciudades, atrapados por la maraña u olvidados en las aceras, muera. Pero también son los dueños de las obsoletas dictaduras que siguen ahogando con cadenas y embaucando a los “hijos de la tierra” con falsos sueños de horizontes de plata y yugo, de serpentina y acero, que introdujeron en una urna de cristal ahumado la historia y el tiempo.
Hoy se está oyendo la voz del papa Francisco con visión moderna, por encima de los poderes fácticos y de las voces más antiguas de la iglesia. Coge su arco de cristal y hace tañer su cuerda para que el viento esparza sus flechas, palabras que rompen los silencios para escribir en las jóvenes páginas del siglo XXI el respeto y la predilección que los silencios siempre tuvieron guardados parar los desheredados y para la protección de la naturaleza.
El papa Francisco habla con soltura y decisión de lo que representan las dictaduras: “Las ideologías terminan mal, no tienen en cuenta al pueblo. Fíjense lo que ocurrió con las ideologías del siglo pasado, terminaron siempre en dictaduras”. “Las dictaduras no sirven. No asumen al pueblo”. Esto recuerda a la historia de hace más de doscientos años cuando el Despotismo Ilustrado estaba en su apogeo: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Y también opina de lo que significa el capitalismo desbocado: ”El modelo económico necesita sacrificar vidas humanas en el altar del dinero y de la rentabilidad”. Y añade: “En la economía, en la empresa, en la política lo primero es la persona y el hábitat en donde vive”. Además, aborda el tema del consumismo desmedido y advierte contra este peligro en el que es tan fácil caer”. Y del cambio climático. Sobre esto último el papa comenta que hay que tomar medidas para frenarlo, si no se reducirá el agua potable, dañará la agricultura, conducirá a la extinción de algunas plantas y animales. También habla del peligro del aumento en los niveles de los mares que podrían inundar muchas ciudades.
 Todos estos factores erosionan al ser humano, sus libertades, sus principios éticos y deterioran su casa, la naturaleza, casa de todos y no dominio de unos pocos en su provecho.
Francisco está asumiendo su responsabilidad como líder mundial y da un paso al frente, y desde su posición, toma cátedra de opinión e intenta poner en orden el “sin rumbo” que veía en la iglesia y en el mundo.
Las palabras rompen los silencios que anidan en el corazón y abren puertas. En forma de flechas cruzan los cielos de esperanza para el hombre, con su libertad y sus derechos; y para su casa, con su plenitud de vida, colorido y belleza.
                                                                                 Juan Antonio Urbano Cardona